“México/Argentina”

Guillermo Pérez M :
México/Argentina/Architects
Coedi Mex; México, 2002
Como su nombre lo indica, el presente libro no pone el acento (pienso, a manera de ejemplos) en una idea, ni en una tipología, ni en un país, ni en una tendencia, ni en un período, sino en el arquitecto profesional liberal que, él solo, desde el siglo XVIII produce en su despacho obras geniales
Ésta es la apuesta del libro, ésta su aportación y también su debilidad Es una antología variopinta de edificios de oficinas, centros comerciales, casas habitación y corporativos, acotados sólo por el origen y las personalidades
De la selección de creadores y sus trabajos destaca el contraste de ambientes obtenido en la casa Tauro de Mauricio de la Peña Lusso y Enrique Martorell Gutiérrez, pues creo que de entre la legión de imitadores de Luis Barragán, aquí hay una buena lectura y reinterpretación de sus soluciones adecuadas a contextos nuevos La morfología del edificio República de César Pelli es interesante, pero llama más la atención el neoclacisismo no obvio de sus soluciones Obsérvense las cornisas-aleros-terrazas, su vestíbulo y las escalas de este edificio El condominio Vientos Cardinales es notable por las espléndidas fotografías de Fernando Cordero, quien otra vez demuestra aquí que para lograr una buena foto de arquitectura no hace falta un buen referente El Resort Madison de Santiago Luis Sánchez Elia es rescatable por su actualización de una arquitectura tradicional
Pero de entre todos estos ejemplos, prefiero los menos protagónicos, los que parafrasean con sus obras que la arquitectura es un servicio El modesto kinder Tlaneci de Daniel Pérez y Gil de Hoyos, por la simpleza de su diseño lúdico adecuado a su destino y por la equilibrada utilización de algunas soluciones high tech La casa en el río Paraná de Juan Andrés Villalba evoca la arquitectura improvisada (hoy se dice virtual) y espontánea de los cobertizos y las lonarias; es una arquitectura que transpira tranquilidad El conjunto Playa Quieta de Mario Lazo con sus cuidadosos estudios del paisaje y los sembrados de las casas que le conocemos
Sin embargo, el culto a la personalidad y a las instituciones, en política o en arquitectura, produce excesos fuera de escala y de tiempo: ¿cuál fue el criterio para incluir en el presente libro la glorificación máxima al Ejército Mexicano por medio de un edificio como es el Colegio Militar en nuestra ciudad? Qué diferencia con la espléndida casita de adobe del mismo arquitecto Agustín Hernández ¿Qué tan perversos son Sara Gramática, Jorge Morini, José Pisani y Eduardo Urtubey, los arquitectos que realizaron la exaltación de la justicia argentina (la ley de Obediencia debida y Punto final), por medio de un Palacio de Justicia como el que levantaron en Córdoba? En el dintel (¿lo hay?) de ese acceso deberían escribirse, para el visitante necesariamente enano y perdido, los versos de la puerta del infierno del Dante: “¡Oh los que entráis! Perded toda esperanza”
Dos comentarios finales Primero, el prólogo es por lo menos descuidado Un par de perlas; traduzco libremente: “América es conquistable y colonizable, desde el lenguaje y la religión, hasta las vanguardias artísticas y arquitectónicas: todo es importado” “Noticias, modas, ideas se reciben tarde o incompletas” Su autor, Fernando Vasconcelos, no ha leído a Octavio Paz; no sabe qué es el muralismo, no sabe que un mexicano descubrió el sonido 13, ni que otro inventó la televisión a color (lo cual es explicable), pero lo que no tiene disculpa es que en su profesión, la arquitectura, se mantenga tan refractario: el urbanismo mestizo del siglo XVI, ¿no aportó nada? ¿Juan O’Gorman tampoco? ¿De qué cultura o país puede decirse que es químicamente pura(o) y no ha recibido importaciones? ¿Es eso posible y deseable? Por lo anterior, el prólogo me parece simplista y falto de reflexión Segundo, los planos del presente libro, información complementaria a las fotografías para que un arquitecto entienda cabalmente lo que ve, se imprimieron muchas veces sin norte, sin escala y sin identificación de los espacios, lo cual es una pena l

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