1973: Cuando las FRAP secuestraron al cónsul

El 4 de mayo de 1973, Terrance George Leonhardy, cónsul de Estados Unidos en Guadalajara, fue secuestrado por un comando de las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP) Por su liberación se pidió la libertad de un grupo de presos políticos, quienes fueron exiliados en Cuba Treinta años después, quienes participaron en el hecho cuentan su versión de lo ocurrido y su vida en el exilio Y en un documento desclasificado del Departamento de Estado, el diplomático estadunidense narra su cautiverioLa operación duró ocho minutos desde que lo interceptaron hasta que lo encerraron La precisión fue resultado de estudiar y practicar las variantes que, con seis meses de antelación, un comando de las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP) diseñó para secuestrar el 4 de mayo de 1973 al cónsul estadunidense en Guadalajara, Terrance George Leonhardy
Treinta años después, el episodio es recreado, en su contexto político y social, por dos de los fundadores de las FRAP, y narrado por el diplomático estadunidense, quien dejó su testimonio escrito en el archivo del Departamento de Estado, en un documento “confidencial” de 19 páginas del cual Proceso obtuvo copia
Las FRAP surgieron en 1973 en Guadalajara de la convergencia de varios grupos con orígenes en diferentes partes del país, los que habían quedado aislados debido a la detención de varios de sus integrantes durante la represión de los primeros años de la década de los setenta Había jóvenes que venían de las normales rurales de Mapimí, en Durango; de Roque, en Guanajuato, y de Atequisa, en Jalisco Eran contemporáneos de la Liga Comunista 23 de Septiembre, el otro grupo guerrillero que apareció en el mismo año, pero de quienes se distanciaron desde antes de comenzar sus operaciones
Divididos los dos grupos, las FRAP llevaron adelante el plan de secuestrar a Leonhardy -quien además de ser cónsul de Estados Unidos en la ciudad en la que se fundaron las organizaciones guerrilleras, había sido operador de la política de Washington hacia Cuba-, un plan que se había concebido antes de que se rompieran las pláticas para unir a la insurgencia

Las FRAP surgieron “de la necesidad de conformar una organización política que concentrara y coordinara a las diferentes corrientes de grupos que durante los tres años anteriores habían estado desarrollando la lucha político militar”, explica en entrevista Rubén Ramírez González, uno de los fundadores de la organización
El “bautismo operativo” de las FRAP fue el secuestro del diplomático, un acontecimiento que encendió focos rojos en el gobierno del presidente Luis Echeverría, debido a que la Dirección Federal de Seguridad (DFS) no tenía información sobre el grupo
La precisión de su operación y la exigencia para que liberaran a 30 presos políticos recluidos desde años atrás en la prisión de Oblatos, en Guadalajara, tendió un mapa con la ruta de quienes podrían haber confluido en la organización En la lista de presos que los guerrilleros pedían poner en libertad estaban los hermanos Alfredo y Carlos Campaña López, dos jóvenes que habían militado en el Frente Estudiantil Revolucionario (FER) de Guadalajara; dos de sus hermanos, Ramón y Juventino, se habían unido a las FRAP y habían intervenido en la operación que mantuvo en cautiverio al cónsul durante tres días
El escenario
La coyuntura juvenil era de total efervescencia Por un lado, la burocracia del Partido Comunista Mexicano (PCM) no dejaba margen a la llamada Juventud Comunista (JC) A principios de la década, se incrementó el intercambio con los países socialistas Cada vez eran más los jóvenes que acudían a Alemania Oriental, la Unión Soviética, Cuba y Corea del Norte, a estudiar o recibir preparación armada e ideológica
Por ese entonces regresaban a México alrededor de 90 personas, agrupadas en cinco contingentes, que habían estado en Corea del Norte durante ocho meses en campos de entrenamiento Se habían preparado en tácticas maoístas, guerra de posiciones, inferioridad estratégica e inferioridad táctica, todo centrado en la guerra de guerrillas Ese grupo sería el núcleo del Movimiento Armado Revolucionario (MAR)
Los preparativos
Terrance George Leonhardy había sido señalado como agente de la CIA en algunas publicaciones periodísticas antes de su llegada a Guadalajara Su presencia en la capital tapatía en 1972 no pasó inadvertida para la cúpula de las FRAP El estudio de sus itinerarios llevó seis meses de labor continua, se trazó un mapa de cuatro kilómetros en los que el funcionario se movía con cierta frecuencia Se escogieron los posibles puntos de intercepción y las calles por donde huirían, calculando cada instante de tal forma que a los vehículos les tocara la luz verde en los semáforos
Para ocultarlo se buscó una casa dentro de una zona donde no despertaran sospecha: el fraccionamiento Vallarta San Jorge En ese lugar se pudo alquilar otra vivienda contigua y ahí se instaló el grupo encargado de su custodia
Originalmente, la operación estaba prevista para finales de abril, pero debido a que el cónsul variaba sus recorridos se hizo necesario postergar su realización Desde el 20 de abril algunos integrantes de las FRAP que intervinieron en el secuestro estaban apostados en diferentes puntos de las rutas que usaba
“Era un tablero de ajedrez donde una pieza podía moverse 50 veces, todas las variantes estaban consideradas”, indica Ramírez González, quien como integrante de las FRAP pasó casi 10 años en prisión
El informe
Aquella mañana del 4 de mayo de 1973, el cónsul Leonhardy había asistido a una ceremonia en la estación central de la policía de Guadalajara En el informe del Departamento de Estado, ahora desclasificado -y obtenido mediante la organización no gubernamental estadunidense National Security Archive-, el funcionario escribió:
Yo habría querido llegar a la residencia temprano, ya que mi esposa estaba en Estados Unidos, y tenía unos invitados a las siete de la noche Regresé al Consulado General para recoger mi correo y algún trabajo para el fin de semana, y entonces le dije al chofer que se fuera Me sentí muy seguro manejando yo solo, entonces me apresuré a casa por una avenida muy ancha, que era la De las Américas, pero cuando llegué al semáforo de la calle que se une con Colomos, decidí tomar la vuelta izquierda Ésta es una ruta alterna que tomaba como promedio una de 15 veces, ya que las luces y las condiciones del tráfico son justo las buenas No noté a nadie detrás de mí cuando dí la vuelta, los dos carros enfrente de mí iban despacio, viajé rápidamente una cuadra abajo hacia avenida López Mateos, esperando que pudiera cruzar esta calle de seis carriles antes de que la luz cambiara, pero empezó a cambiar una vez que me acerqué y entonces tuve una larga espera antes de que la luz se pasara a verde, para ese entonces había carros detrás de mí Una vez que crucé López Mateos, no noté ningún auto siguiéndome a través de Colomos, esta calle está muy congestionada porque más adelante hacia abajo se encuentran el club deportivo Guadalajara y el Colegio Americano, y los carros usualmente están y estuvieron en este caso estacionados en ambos lados de la calle, aunque el estacionamiento del lado derecho es ilegal, llegué a ese punto a unas 15 o 20 yardas debajo de Colomos cuando un carro nuevo, amarillo, de dos puertas, que parecía un pequeño Chevrolet Malibú o Plymouth, se cortó enfrente de mí y bloqueó el camino
Pensé que era otro de los cafres locales, noté que el chofer usaba una playera corta color claro, que estaba limpio, rasurado, de piel clara y cabello negro En unos pocos segundos se paró un joven de estatura corta, de pelo largo y vestido de azul, saltó del lado del chofer, la puerta no tenía el seguro, con una pistola me forzaron y abrí la puerta derecha, y una persona más alta vestida muy similar, con una cinta en la cabeza, abrió la puerta de atrás y se metió Cuando el primero entró, dijo en español: “Somos guerrilleros, somos revolucionarios, esto es político” El tipo más pequeño trató de prender el carro oficial pero no pudo; no es muy común con este vehículo, entonces los dos del asiento de enfrente me forzaron para salir del carro oficial hacia el carro que había bloqueado la calle Mis secuestradores inmediatamente me taparon la boca con sus manos y me empujaron hacia el asiento trasero del otro lado, tratando de acostarme en el piso; al mismo tiempo me pusieron cinta adhesiva en los ojos y lentes oscuros encima
Les pregunté qué estaban tratando de hacer y me dijeron que eran revolucionarios y que mi captura era política, agregaron que no me iban a lastimar si me conducía bien y no me resistía Después de dos minutos, se pararon, me forzaron para que saliera del vehículo y me pusieron en el asiento trasero de otro carro En ese segundo vehículo viajamos tres minutos y cambiamos a otro; en el último vehículo viajamos por seis minutos, la última parte por terreno duro y ondulado, finalmente hicimos una parada repentina y fui forzado a salir del carro, y noté que pisé lo que parecía ser un camino pavimentado Fui empujado y llevado más o menos seis pasos y subimos una escalera de concreto, alrededor de seis escalones, entonces fui llevado por una distancia corta sobre lo que parecía ser un piso, subimos unas escaleras en círculo con alrededor de una docena de escalones, a un segundo piso
Entramos a un cuarto y fui acostado en una como mesa de aluminio y me fueron quitando toda mi ropa, excepto la interior Se llevaron mi reloj de oro y me dijeron que todo sería regresado una vez que fuera liberado, ellos me colocaron lentes oscuros en los ojos tapados, sellaron mi boca con cinta adhesiva y taparon mis oídos con algodón La luz fue apagada, y estaba en completa oscuridad Cuando traté de hablar, me exhortaron a estar quieto “Procure no hablar”, me decían Aunque mi boca estaba sellada, el sello estaba lo suficientemente flojo de tal manera que yo podía hablar, y por varias horas intenté sacarle a mis captores alguna idea de qué querían de intercambio por mi libertad
Había en el cuarto un tipo que parecía estar sentado junto a mi cama, cuando pregunté por qué ellos me habían tomado, me dijo que había sido detenido para que pudieran liberar a algunos de sus compañeros, quienes estaban siendo torturados en prisión por el opresivo gobierno de México Los ennumeró en miles Le comenté que si ellos me iban a tener ahí hasta que toda su gente fuera liberada, entonces yo nunca sería liberado Su respuesta fue que lo único que querían era que liberaran a un pequeño número de gente, el número no fue mencionado
En su relato, el diplomático recoge las posibles dimensiones del lugar donde lo mantuvieron en cautiverio, habla de los ruidos que escuchaba, como de motores en un taller mecánico, del paso del tren y del tráfico de autos que circulaban por alguna avenida próxima Lo que siempre tuvo presente fueron las campanas de alguna iglesia cercana
Leonhardy prosigue:
Pregunté varias veces durante la noche acerca del progreso que llevaban sus demandas con el gobierno, más tarde en la noche se me informó que el gobierno había recibido las demandas y que mi destino dependía de su respuesta Hablé por un rato muy corto con uno de mis captores, a quien más tarde tuve razón en creer que se llamaba Jorge, mientras mi boca estaba descubierta para comer En ningún momento me indicó el nombre de su organización Algún tiempo durante esta conversación le comenté que estaba contento de estar en sus manos en lugar de estar en poder de terroristas árabes
El 5 de mayo no dormí nada durante la noche Alrededor de las ocho de la mañana, Jorge me dijo que tenía buenas noticias para mí, que el gobierno mexicano había aceptado los términosLo primero que supe fue que el número de sus compañeros para ser liberados era de 30 Me dije a mí mismo que era la primera vez que había escuchado que a un americano lo compararan con 30 mexicanos Más tarde, en la noche, Jorge me dijo que dos de sus compañeros, pero en realidad fueron tres, habían salido de Guadalajara para reunirse en la Ciudad de México con el resto de los liberados
Para el 7 de mayo, Leonhardy sólo había dormido cuatro horas Los interrogatorios de un hombre de escasa educación y rudimentario adoctrinamiento comunista, lo colocaron en situación de defender la política de su gobierno Los problemas con su presión arterial hicieron que fuera supervisado médicamente con cierta periodicidad por Aída, una de sus captoras Conforme se acercaba el momento de su liberación, el funcionario fue preparado para salir de la casa de seguridad, se le aisló de nuevo, se le vendaron los ojos y en una hora imprecisa que después ubicó alrededor de las ocho de la noche, cuando escuchó la radio en el auto donde lo llevaban, supo que su puesta en libertad era inminente
Detalla que lo dejaron en unas calles céntricas de Guadalajara, que eran la esquina de Morelos y Bernardo de Balbuena Ahí un grupo de personas lo reconoció y le ofreció su ayuda para contactar a funcionarios mexicanos y estadunidenses, quienes fueron por él y lo trasladaron a un sitio seguro
Los exiliados
El día anterior a su liberación, del penal de Oblatos fueron llevados al Campo Militar Número Uno en la Ciudad de México 30 guerrilleros de diferentes organizaciones, entre quienes estaban los hermanos Alfredo y Carlos Campaña Entre la noche del 6 al 7 de mayo fueron sometidos a una sesión de preguntas por personal militar, que registró todos sus datos; al amanecer los llevaron al aeropuerto y en un avión cubano fueron trasladados a La Habana Ahí el recibimiento estuvo a cargo de José Luis Piñeiro, el mítico Barbarroja, quien como ministro del Interior fue comisionado por Fidel Castro para hacerse cargo de los mexicanos, a quienes recibían sólo por cuestiones “humanitarias”
Alfredo Campaña, quien da clases en la Universidad de Guerrero en Acapulco y está retirado de la militancia política, cuenta que los hospedaron con sus escasas pertenencias en el hotel Nacional, de La Habana Barbarroja les recordó que no podían viajar al interior de la isla ni hacer vida política, ya que estaban bajo resguardo del gobierno cubano, que mantenía estrechos vínculos con el régimen mexicano
En los primeros meses de su estancia se les propuso trasladarse a vivir a un pueblo del interior, aislados de todo contacto con los cubanos, para su mayor tranquilidad No aceptaron y entonces fueron cambiados de residencia, al derruido hotel Regis, en La Habana Vieja, donde estaban sujetos a vigilancia constante
Los primeros cinco años fueron los más difíciles, cuenta el tercero de los hermanos Campaña Estaba prohibido tener radio o mantener algún tipo de comunicación con el exterior Sobrevivían con 20 pesos que cada mes el gobierno les entregaba como ayuda para su estancia Cuando algún funcionario del gobierno de México visitaba Cuba, como ocurrió unos años después con Echeverría, los 30 exiliados eran sacados del hotel y llevados a una isla mientras duraba la visita Así pasó durante la visita presidencial: Un grupo de agentes de seguridad cubana rodeó el hotel y se apostó a las afueras de todas las habitaciones Los sacaron y, sin decirles nada, los trasladaron a la Isla de Pinos, donde estuvieron poco más de una semana Cuando estaban de visita otros personajes, los citaban en las oficinas de inmigración y ahí los encerraban
Tres décadas después
Su hermano mayor, Ramón, quien radica en Chilpancingo, estuvo encarcelado desde 1976 hasta 1982, cuando el último grupo fue amnistiado a finales del sexenio de José López Portillo
Ramón, quien formó parte de las FRAP, recuerda que durante los cuatro días que mantuvieron en cautiverio al cónsul siempre se le respetó y se le procuraron todos los cuidados Junto a su compañera de lucha y de vida, Trinidad Cuevas, este hombre de 66 años rememora que en aquella época las condiciones sociales y políticas no les dejaron otra opción que la vía armada para buscar cambios en la realidad del país
Las consecuencias las padecieron desde que en 1976 fueron detenidos por agentes de la DFS que los mantuvieron en sesiones continuas de tortura: los hacían comer excremento, les aplicaban toques eléctricos en las partes blandas, les daban golpes constantes en todo el cuerpo y los mantenían bajo terror psicológico
En ese grupo en el que estaban los hermanos Ramón y Juventino, en la misma época en que Alfredo y Carlos vivían el exilio en La Habana, estaba también Rubén Ramírez González, quien ahora se dedica a su profesión de ingeniero civil en el estado de Quintana Roo Conocido entre sus compañeros de las FRAP como El Chihuahua, recuerda que cuando en 1974 fue detenido en Culiacán, Sinaloa, los hombres de Miguel Nazar Haro lo torturaron para que delatara al resto de sus compañeros
Durante una prolongada sesión de interrogatorio, los golpes hicieron que se le aflojara la venda que cubría sus ojos, y “pude ver que estaban sentados en un semicírculo, como en una media luna; estaban todos trajeados y junto a ellos estaban Fernando Gutiérrez Barrios y Nazar Haro”

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