Raúl Prieto (1918-2003)

Bendice una mala noticia si viene sola”, dice un proverbio turco Y sí, quién sabe por qué las calamidades tienden a aglomerarse El mismo día leí en el periódico que Raúl Prieto y Pancho Liguori ya no están con nosotros Dos amigos a los que no sólo quise, sino admiré Por razones muy diferentes porque muy distinto era el genio de cada uno de ellos De mi maestro Liguori no voy a hablar en esta ocasión, pero hablaré otro día porque su recuerdo gratísimo me acompañará mientras yo viva
Raúl Prieto, que firmaba sus artículos en su columna Perlas Japonesas como Nikito Nipongo, tenía el genio de la indignación Qué cóleras las suyas Supongo que los grandes escritores satíricos, Juvenal o Swift, eran así, como él, gente arrebatada y, a la vez, minuciosa Y como ellos, Nikito es chistosísimo Leyendo sus columnas, muchas veces se reía uno, no sonrisas urbanas, se reía uno a sonoras carcajadas Sabía trasmutar la furia en humor, ¿y qué podemos agradecer más que una buena y reconfortante risa?
Sus ojos Su mirada era brillante, apasionada El mejor cazador de aberraciones que ha dado México En algún lugar, Raúl dijo que su columna Perlas Japonesas, “curiosamente nadie la ha imitado” Imitado, no sé, pero es evidente que esa columna es antecedente, por ejemplo, de la divertidísima de Carlos Monsiváis Para documentar nuestro optimismo
Raúl era hijo del gran matemático y maestro don Sotero Prieto, el prometeo mexicano, como lo llamó Alberto Barajas, quien en el siglo XX echó a andar por buen camino en México las ciencias exactas Esa historia, brillante, con toques heroicos y toques trágicos, está como tantas cosas en México, aún sin escribir Piénsese sólo que al inicio de los años treinta no había en México ni Facultad de Ciencias ni institutos de matemáticas o física, pero ahí estaba ya dando clases en ingeniería y en otras partes don Sotero Prieto, que era autodidacta
Como toda persona inteligente, Raúl estaba lleno de curiosidades, y como todo curioso diligente acabó por poseer rara erudición Una tarde lo oí hablar de árboles, los árboles de la Ciudad de México, ciudad que, por cierto, conocía muy bien, y fue delicioso Me impresionó su precisión Esa precisión fue la que lo hizo famoso en sus escritos, y también, en un país como México donde la vaguedad opinativa es ley, letal con los ineptos Los ineptos y los engolados, porque Raúl era hombre sencillo, auténtico y aborrecía toda impostura y falsedad
Disfrutaba todo lo bueno que tiene la vida Pero no era hombre fácil y siempre acechaba la posibilidad de caer en su cólera, a veces por motivos que juzgaríamos baladíes ¿Con cuánta gente no peleó Nikito? Pienso, por ejemplo, su combate, desigual, él solo, contra el engranaje internacional de la Real Academia de la Lengua Tres libros publicó contra la vetusta institución: Madre Academia (1977), Nueva Madre Academia (1981), Vuelve Madre Academia (1985), el primero muy voluminoso No sé si este encarnizamiento esté justificado, pero eso sí, los libros son divertidísimos
Nikito escribió novela, cuento, ensayo, 17 libros en total, pero era, ante todo, periodista Muy trabajador, “atado como los santos a una columna”, como decía Díez Canedo Columna diaria, a veces dos columnas diarias Que es muchísimo, enorme y angustioso trabajo que sólo personas muy diligentes y organizadas pueden sacar adelante Me pregunto a veces si Nikito no se sentiría en ocasiones desesperado de emplear su talento en eso No porque el periodismo sea efímero, “está más muerto que el periódico de ayer”, dice un personaje de Chandler, dado que a fin de cuentas, como recordaba Mencken, otro periodista, la inmensa mayoría de los libros son todavía más efímeros que el periódico y los lee mucho menos gente
No, no por eso, sino por eso de planear con calma un libro complejo y tener tiempo y sosiego para ir escribiéndolo poco a poco El periodismo no lo permite: como “literatura bajo presión” definía al diarismo otro escritor y periodista, Fernando Benítez
Pero, bueno, no sabemos Lo que sabemos es que lo que hizo Nikito lo supo hacer muy bien Larga y fructífera fue su vida, y ahí están sus libros, que con el tiempo serán clásicos del periodismo satírico mexicano Pero no está él y para los que lo quisimos a él, su fuerte personalidad, su figura vigilante, no, no va a ser fácil hallar consuelo

Comentarios

Load More