El gran golpe contra la izquierda

Durante el régimen del presidente Adolfo López Mateos, Estados Unidos veía con preocupación el resurgimiento de la izquierda en México, el cual había sido alentado por el triunfo de la Revolución Cubana y estaba siendo impulsado por el Movimiento de Liberación Nacional, cuyo fundador fue el general Lázaro Cárdenas Pero Washington pasó rápidamente de la preocupación a la acción Documentos de archivos estadunidenses desclasificados -que se dan a conocer aquí- revelan que López Mateos cedió a la presión de Washington para que disuadiera al general Cárdenas respecto de su activismo nacionalista, para que reprimiera a los movimientos disidentes y “procomunistas”, y para que retocara su política hacia Cuba Tras el éxito de su intervención, Estados Unidos pudo respirar “con alivio” unos años después
La Revolución Cubana constituyó una conmoción para el sistema político mexicano En el plano internacional, México se vio obligado a negociar, en relación con Cuba, una posición que le permitiera conservar cierta independencia respecto de Estados Unidos -que ya en 1960 se había declarado como acérrimo enemigo de Fidel Castro- y evitar al mismo tiempo un conflicto serio con su poderoso vecino (Proceso 1374)
Pero México enfrentaba un problema igualmente desconcertante en casa, donde nuevas políticas radicales emergieron al calor del triunfo de Castro De manera notoria, Cuba impulsó una revitalización de la izquierda mexicana por primera vez desde el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas (1934-40) Y aunque el gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) continuó utilizando la retórica de la revolución después de la caída de Fulgencio Batista en la isla, sus dirigentes consideraron el resurgimiento de la izquierda como una seria amenaza a la hegemonía del PRI
El dilema del régimen se complicaba todavía más por el hecho de que uno de los principales impulsores de este nuevo activismo era nada menos que Lázaro Cárdenas en persona, adalid de los campesinos mexicanos y el poder detrás de la nacionalización de la industria petrolera del país Inspirado por el triunfo de Fidel Castro, el expresidente rompió la regla toral que exigía una absoluta lealtad hacia el PRI, al fundar, en 1961, el Movimiento de Liberación Nacional (MLN), una organización cívica diseñada para agrupar bajo un mismo techo los dispersos esfuerzos de la izquierda mexicana

Enfrentado con el creciente radicalismo de uno de los héroes vivos de México, el presidente Adolfo López Mateos necesitaba encontrar una vía para contener a Cárdenas y al MLN, sin traicionar las raíces revolucionarias del PRI Y así lo hizo, mediante una calculada política de cohecho y cooptación, y valiéndose de una brutal represión contra la izquierda, al tiempo que evitaba, hábilmente, cualquier afectación al frágil equilibrio político, del cual dependía su partido para conservar su poder
La manera como López Mateos manejó ese acto de equilibrismo, así como la forma en que lo percibió Estados Unidos, es contada con detalle en documentos estadunidenses desclasificados que fueron encontrados en los Archivos Nacionales y en la biblioteca presidencial de John F Kennedy El expediente describe, antes que nada, a un régimen fundamentalmente incapaz de tolerar intentos legítimos de reformar el sistema político fuera de los canales aprobados por el PRI
Los oficiales estadunidenses reconocieron las tendencias autoritarias del partido gobernante Pero los documentos muestran que su temor ante la expansión del comunismo castrista en el hemisferio hizo que no estuvieran dispuestos a cuestionar su apoyo hacia el PRI Como resultado, Washington y la Embajada de Estados Unidos en México interpretaron a través de los lentes distorsionados de la Guerra Fría todos los esfuerzos del MLN por promover un cambio político o social Así, la reforma se convirtió en radicalismo y la coercitiva respuesta del gobierno fue transformada en un razonable anticomunismo
El ascenso de la izquierda
Galvanizado por los acontecimientos en Cuba, el general Lázaro Cárdenas -quien había estado relativamente inactivo en el aspecto político durante casi dos decenios, luego de abandonar Los Pinos- se convirtió en uno de los mayores apoyos de Fidel Castro en México Cárdenas celebró con el líder cubano en la Habana en julio 1959 y retornó a casa para hablar ante enormes multitudes sobre la esperanza que significaba la Revolución Cubana para México A su voz se sumó la de muchos otros prominentes mexicanos, también emocionados ante la victoria de los jóvenes revolucionarios cubanos
Estados Unidos reaccionó con alarma a esta evolución de los acontecimientos No sólo Cárdenas y sus seguidores parecían seguir la senda del socialismo, sino que el presidente López Mateos no mostraba intención de detenerlos En un cable enviado a Washington el 11 de agosto de 1960, la embajada estadunidense anotó que la “vacilante actitud” del mandatario mexicano, su “pobre conocimiento de los asuntos internacionales y su poca comprensión en materia económica” explicaban la incapacidad de su gobierno para anular la influencia de la izquierda
Al mismo tiempo, con preocupación la embajada tuvo que admitir que los mexicanos que exigían un retorno a los principios de la revolución tenían un argumento
“En su mayor parte -registró en uno de los documentos-, la dirigencia del PRI ha perdido su fervor revolucionario Los líderes políticos y los miembros de la oligarquía gobernante han obtenido posiciones económicas y sociales Su perspectiva es la de un burgués que ha prosperado bajo el sistema imperante y que no desearía verlo perturbado o alterado en ninguna forma”
Pero el PRI garantizaba la estabilidad, por lo menos hasta entonces Inquieto por lo que percibía como un soterrado radicalismo del gobierno de López Mateos, Thomas Mann, el embajador de Estados Unidos, sugirió presionar de manera directa al presidente para revertir el curso
El 17 de julio de 1961, Mann envió un cable confidencial al Departamento de Estado para discutir un préstamo de 400 millones de dólares que México estaba buscando para promover nuevas iniciativas de desarrollo El embajador proponía que se pidiera a los mexicanos poner en marcha un callado programa de acción, a cambio de la asistencia de Estados Unidos Además de que al gobierno mexicano se le demandaba ratificar su apoyo a la inversión privada y que aplicara ciertos programas económicos, se planteó pedirle lo siguiente:
Un claro y consistente rechazo a la infiltración comunista en la vida política de México, acompañado de medidas concretas para remover discretamente de las oficinas públicas a conocidos miembros del Partido Comunista; combatir la influencia comunista en instituciones educativas y sindicatos; ejercer un efectivo control sobre la importación de propaganda comunista del bloque chino-soviético y de Cuba, y la publicación en México de propaganda con financiamiento chino-soviético; eliminar la propaganda comunista de libros de texto y otro material de lectura utilizado por estudiantes de escuelas primarias y secundarias; y asumir responsabilidad en la participación de la defensa hemisférica
“Si México no se muestra receptivo”, escribió Mann, “podríamos retirarnos de las pláticas de la manera más amigable y relajada posible, expresando nuestra comprensión por la política mexicana y, luego, simplemente poner a alguien lento para que atienda las solicitudes mexicanas de apoyo”
Las fricciones entre López Mateos y Cárdenas se intensificaron cuando, en marzo de 1961, el expresidente organizó la Conferencia Latinoamericana para la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Paz La conferencia -que, según un cable enviado por la embajada en junio, el régimen “trató de ocultar bajo un manto de silencio”- demandaba el progreso social en el continente Americano, la paz mundial, reformas económicas que beneficiaran a las mayorías y la defensa de la Revolución Cubana Como resultado directo de estas resoluciones, cinco meses después Cárdenas y un grupo de sus seguidores lanzaron el Movimiento de Liberación Nacional
Pese a que miembros del Partido Comunista y otros reconocidos izquierdistas, como Heberto Castillo, Eli de Gortari y Manuel Marcué Pardiñas, se sumaron a Cárdenas para fundar el MLN, la organización buscaba recomponer el sistema, no derribarlo El movimiento propugnaba la expansión de la reforma agraria, una distribución más justa de la riqueza, el control sobre los recursos naturales y una política exterior independiente Según escribió Olga Pellicer de Brody en su libro México y la Revolución Cubana (México: El Colegio de México, 1972, p 107), era un programa “redactado con el vocabulario de los movimientos reformistas”
Pero Estados Unidos no lo vio así En cada cable que enviaban a Washington, los oficiales de la embajada denostaban al MLN por su plataforma radical, su abierto apoyo a Fidel Castro y su crítica al imperialismo estadunidense Tanto el FBI como la CIA -que rutinariamente se referían al MLN como “un frente rabiosamente antiestadunidense y procubano-comunista”; así lo hicieron, por ejemplo, en su telegrama del 26 de mayo de 1962- monitorearon de cerca al grupo En su empeño por “infiltrar” los escenarios políticos locales, los consulados estadunidenses en todo el país siguieron también sus movimientos y pasaron sus reportes a la Ciudad de México
Lo más preocupante para la embajada de Estados Unidos era que, según su creencia, el MLN conspiraba secretamente con el Partido Comunista Mexicano para influir en la elección del candidato presidencial de 1964 y convencer a López Mateos de designar a un extremista de izquierda como su sucesor
De tal padre, tal hijo
Mientras Lázaro Cárdenas constituía una figura de proa para el MLN, su hijo Cuauhtémoc era miembro de su comité nacional y, como tal, era responsable de viajar por el país para promover la creación de oficinas regionales Uno de los primeros objetivos del grupo era el Valle de Mexicali, en el norte de Baja California Ahí, miles de campesinos pobres batallaban por sobrevivir ante la aplastante escasez de tierra, el abandono rutinario del gobierno y un problema peculiar de la región: un abastecimiento crítico del Río Colorado, contaminado por los desechos salinos de los campesinos estadunidenses, que tenían previo acceso a él
Para los campesinos mexicanos, cuyos cultivos resultaban dañados por la salinidad del agua, se trataba de un problema doméstico; pero éste se tornó en una enredada disputa bilateral cuando, en noviembre de 1961, México presentó una protesta formal contra Estados Unidos Le demandó que encontrara una forma de controlar la salinidad del agua, antes de que entrara a su territorio
Este contexto explica por qué los funcionarios estadunidenses reaccionaron con alarma cuando Cuauhtémoc y el MLN arribaron a Tijuana, a mediados de 1962, y parecieron alentar a un líder agrario local, Alfonso Garzón -entonces dirigente de la Liga Agraria Estatal, que agrupaba a 12 mil campesinos- para que contendiera por el Congreso estatal
En un largo cable sobre la situación, enviado el 19 de julio, el cónsul estadunidense, Kennedy Crockett, hizo notar que Garzón había estado bajo los reflectores a principios de ese mismo año por reunir a miembros de la Liga Agraria en torno del asunto de la salinidad, en nombre del gobernador del PRI, Eligio Esquivel Cuando a cambio de sus servicios Garzón no obtuvo la esperada nominación para un puesto político por parte del partido gobernante, enfadado dejó el PRI y anunció su candidatura como independiente
“Dado que Garzón no puede ser elegido, surge la pregunta de por qué el MLN lo está ayudando y alentando, y por qué Esquivel creó ese Frankenstein que le está causando al PRI tantos problemas y agitación,” escribió Crockett en su misiva a Washington La conclusión del cónsul: El MLN, mediante una complicada maniobra y con ayuda de Esquivel, estaba planeando retirar su apoyo a Garzón, con la condición de que, a cambio, el PRI nombrara a Cuauhtémoc Cárdenas para encabezar el distrito de riego del Valle de Mexicali El cargo no sólo colocaría al joven Cárdenas en una posición clave para negociar con Estados Unidos el asunto de la salinidad, sino que le daría también al MLN su primera posición significativa fuera de la Ciudad de México
Tanto Estados Unidos como México reaccionaron a esta perceptible amenaza en forma inmediata En un cable enviado poco después de la advertencia del cónsul, el embajador Mann hizo ver al Departamento de Estado que si Cuauhtémoc Cárdenas era nombrado director de distrito, estaría a cargo de un proyecto programado para recibir un préstamo mayor de Estados Unidos, que había sido prometido a México como parte de una solución al problema de la salinidad: “Por consiguiente, los fondos estadunidenses para el importante programa de Mexicali estarían contribuyendo a proyectar en la política, a nivel nacional, a Cuauhtémoc y sus simpatizantes comunistas” Mann concluía: “No podemos permitir el nombramiento de Cuauhtémoc para este puesto clave”
Con aprobación de Washington, el embajador estadunidense le envió al presidente López Mateos un recado sobre la situación, y éste inmediatamente llamó a su oficina a Lázaro Cárdenas para discutir el asunto En un telegrama subsecuente del 8 de agosto, Mann escribió: “Hemos tenido conocimiento de que como resultado de la conversación de López Mateos con Cárdenas, se acordó definitivamente que Cuauhtémoc retiraría su intención de buscar el puesto en Mexicali”
El gobierno mexicano tuvo una respuesta adicional El problema de la divergencia de Alfonso Garzón con la línea partidaria se resolvió repentinamente cuando, en el último momento, se retiró de la contienda por el Congreso De acuerdo con un cable secreto, enviado por el cónsul de Estados Unidos en Tijuana el 24 de septiembre, la decisión de Garzón fue resultado de presiones poco sutiles ejercidas sobre él desde el régimen
El cónsul le informó a Washington que “apenas unos cuantos días antes de la elección, un militar mexicano de muy alto rango fue enviado a Mexicali para disuadir a Garzón Tropas federales en número suficiente para apoyar a este oficial fueron desplegadas en el Valle de Mexicali Mi fuente, que estuvo presente durante el encuentro, cuenta que a Garzón se le dieron dos opciones: (1) apaciguarse y desaparecer del escenario o (2) convertirse en una figura nacional, junto con Rubén Jaramillo Después de algunos titubeos, Garzón optó por la primera alternativa, persuadido por la aseveración de que, en su caso, se le sacrificaría más bien ahorcándolo que dándole un simple tiro”
El cónsul estadunidense, Kennedy Crocket, llegó a la conclusión de que el entusiasmo del MLN por operar en Baja California se vio considerablemente mermado por la acción gubernamental “Una excelente fuente que estaba en posición de saber, me aseguró que se había desplegado un programa para contener al MLN en Baja California y que las órdenes para su ejecución fueron dadas a autoridades militares competentes en el área, directamente desde Los Pinos”
El MLN en Guerrero
Algunos meses más tarde, la embajada estadunidense advirtió que no sólo Baja California, sino también el estado de Guerrero, era proclive a ser infiltrado por un MLN controlado por los comunistas La noche del 31 de diciembre de 1962, disidentes políticos atacaron el Palacio Municipal de Iguala Intentaban evitar que los candidatos del PRI tomaran posesión, después de una elección presuntamente fraudulenta Entre los atacantes estaba Genaro Vázquez Rojas, dirigente del grupo opositor estatal Asociación Cívica Guerrerense (ACG)
Tropas del ejército -que ya habían tomado posiciones luego de una llamada de alerta de la Procuraduría General de la República- aplastaron fácilmente la sublevación: mataron a siete disidentes e hirieron a más de una docena Dos cabecillas fueron capturados, pero Vázquez escapó y comenzó a ser buscado por toda la entidad
Según los oficiales estadunidenses, el MLN y Lázaro Cárdenas constituían las fuerzas que estaban detrás del ataque subversivo José María Suárez Téllez, el candidato de la ACG al ayuntamiento derrotado y uno de los líderes capturados por los militares, era miembro del comité nacional del MLN
En un cable fechado el 3 de enero de 1963, que describía los incidentes ocurridos, la embajada reportó al Departamento de Estado: “Parece bastante claro que la ACG es uno de los partidos estatales o grupos cívicos locales que el MLN está fomentando para oponerse al PRI en los niveles municipal y estatal, en tanto que ésta continúa reclamándose como una simple organización cívica leal al PRI, sin ninguna aspiración de convertirse en partido político”
Capturados Suárez Téllez y otro dirigente, el derrotado candidato a la alcaldía de Iguala, Andrés López Velasco, y arrestados más de 150 miembros de la ACG, la embajada consideró que la resolución del incidente fue “favorable a nuestros intereses aquí, dado que constituye una clara indicación de que el gobierno, utilizando la fuerza combinada del Ejército, la Procuraduría General de la República y las autoridades estatales y municipales, está preparado para emprender una operación cuidadosamente planeada que desarticule a los cardenistas y al MLN”
La visita de Kennedy
La fracasada invasión de Bahía de Cochinos, en abril de 1961, exacerbó las tensiones entre México y Estados Unidos, luego de que el gobierno mexicano criticó al estadunidense por su intento de derrocar a Castro Los dos países todavía estaban tratando de encontrar una solución viable a sus diferencias sobre Cuba cuando, a finales de 1961, se planteó la idea de un viaje a México por parte del popular presidente John F Kennedy, recién elegido
A pesar de que el embajador Mann celebró la oportunidad para mejorar las relaciones, en un cable del 6 de diciembre hizo notar que la decisión de oponerse a una acción colectiva contra Cuba, asumida dos días antes por México en la Organización de Estados Americanos (OEA), era poco provechosa para Estados Unidos A menos de que la posición de México mejorara, escribió Mann, él recomendaba que la visita se pospusiera por tiempo indefinido Adicionalmente, Estados Unidos debería retrasar cualquier crédito pendiente hacia México y ejercer influencia sobre las instituciones internacionales de crédito para que mantuvieran sus reservas sobre las solicitudes de préstamo mexicanas
El viaje se pospuso y durante los siguientes meses sobrevino una serie de tortuosas conversaciones entre el embajador estadunidense de línea dura y el ambivalente presidente mexicano, sobre cuál era exactamente la postura de México frente a Cuba Estados Unidos se topó con dificultades para lograr que López Mateos hiciera un pronunciamiento claro que los estadunidenses pudieran entender
Por una parte, el presidente aseveró, durante una de esas conversaciones (el 18 de diciembre de 1961), que él no podía hacerse responsable de revertir la histórica posición mexicana de la No Intervención Por otra, “López Mateos hizo énfasis en que esto no significaba una simpatía por parte de México hacia Castro o la doctrina comunista” Frustrado, Mann comentó al Departamento de Estado: “Mejor opción para inducir un cambio en la actitud de México es mantener una actitud firme, pero amistosa, hasta el momento en que México se percatara de que la cooperación debe ser una avenida de dos vías y de que México necesita más a Estados Unidos de lo que nosotros necesitamos a México”
Lo anterior tomó su tiempo, pero hubo concesiones La visita de Kennedy fue programada para finales de junio de 1962 Pese a que México no podía y no iba a romper públicamente relaciones con Castro o apoyar ningún intento de la OEA para sancionar a Cuba, López Mateos tenía otros favores que ofrecer
En primer lugar, mostró su gratitud hacia los estadunidenses al cercar a todos los subversivos reconocidos o sospechosos de serlo -incluyendo a miembros del MLN- y meterlos a la cárcel mientras duraba la visita, de tal manera que no pudieran perturbar las ceremonias con protestas y pancartas En segundo, el presidente permitió a miles de miembros de un nuevo grupo anticomunista hacer valla durante el recorrido de los Kennedy, así como brindar seguridad contra cualquier alborotador que sus propios servicios hubieran pasado por alto
Inclusive, encontró fórmulas para ser flexible sobre la cuestión de Cuba Si bien, el memorando de la conversación entre los dos presidentes en relación con el tema de Cuba es vago, el secretario de Estado Adjunto, Edwin Martin, quien estuvo presente en las pláticas, escribió más tarde en sus memorias que López Mateos aceptó al final que, “si existían medidas concretas que con toda seguridad pudieran dañar a Castro (), él podría cooperar, siempre y cuando se llevaran a cabo de manera discreta y no le causaran problemas políticos” (Kennedy and Latin America, Lanham, MA: University Press of America, 1994, p 165)
Martin también destacó que, en el comunicado conjunto firmado por los presidentes al final de la visita, México ratificó la doctrina de la No Intervención, pero con “un nuevo espíritu” No sólo apoyaba la soberanía nacional, sino también “los ideales de la libertad individual,” haciendo un llamado a oponerse a “las instituciones y actos totalitarios, que podían ser incompatibles con los principios democráticos que sustentaban”
“Todo dirigido -escribió Martin- hacia el nuevo enemigo: el comunismo mundial y su nuevo abanderado latinoamericano, Cuba Era una advertencia por parte de México hacia Cuba y sus simpatizantes de que desistieran de sus intentos de promover una revolución o amenazar militarmente a cualquier país latinoamericano” (p 168)
Para 1963, México ya había emprendido pasos más concretos, que incluían un control más estrecho sobre los movimientos entre México y Cuba de presuntos subversivos, el incremento de la vigilancia hacia los diplomáticos cubanos que se encontraban en el país y, posteriormente, la canalización de información de inteligencia a Estados Unidos en cuanto a los asuntos internos de Cuba, a través de sus diplomáticos destacados en La Habana
Díaz Ordaz, un “alivio”
Pese al éxito de López Mateos en la represión de la disidencia, y no obstante sus concesiones con relación a Cuba, Washington mantuvo una abierta suspicacia hacia el presidente a lo largo de todo su sexenio Su equívoca postura frente a Castro, su ambivalencia hacia la inversión privada y su frecuente tolerancia hacia el radicalismo de Lázaro Cárdenas y sus simpatizantes confundían a los oficiales estadunidenses
Sólo cuando López Mateos eligió como su sucesor al conservador secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz -un hombre a quien los estadunidenses consideraban un firme aliado y un decidido anticomunista-, la embajada pareció captar el complejo juego político que el presidente había practicado para preservar el poder del régimen
Se acercaba el momento de nombrar al candidato para la siguiente elección y cada vez se veía más probable que el elegido fuera un conservador En un telegrama enviado a Washington el 30 de julio de 1963, la embajada de Estados Unidos finalmente aceptó que López Mateos había mantenido a lo largo de toda su administración un hábil equilibrio entre las presiones de la extrema izquierda y la extrema derecha
“Aparentemente -señalaba el reporte-, hasta ese momento su diestra manipulación política ha tenido éxito, y muchos observadores creen que ahora López Mateos tiene el suficiente poder como para elegir a su sucesor prácticamente a voluntad”
Cuando Díaz Ordaz resultó finalmente designado, el embajador Mann reportó “un cierto nivel de euforia en la Ciudad de México, particularmente entre los estadunidenses Creo que fue sobre todo una señal de alivio de que el PRI no hubiera elegido a un candidato procomunista” (5 de noviembre de 1963)
El embajador advirtió a Washington que debía estar preparado para una postura nacionalista de Díaz Ordaz semejante a la que se podía esperar de López Mateos Pero también dijo al Departamento de Estado: “Nosotros, aquí en la embajada, compartimos esta sensación de alivio”
(Investigación: Michelle Chase Traducción: Lucía Luna)
Para los interesados en leer los documentos, consultar el sitio Web del Nacional Security Archive: wwwnsarchiveorg/mexico

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