Los muertos del halconazo

La vigilancia, las amenazas y los secuestros que siguieron a la matanza del Jueves de Corpus lograron su objetivo perverso: que la mayoría de los familiares de las víctimas se intimidaran y, dispersos, prefirieran guardar silencio para siempre Dejaron atrás incluso el agravio que sufrieron cuando hombres armados los vigilaron hasta en los panteones al momento de enterrar a sus muertos
En su afán de acabar con quienes consideraba sus enemigos, el régimen de Luis Echeverría Álvarez no solamente dejó como herencia su ignominiosa cuota de muertos, sino que trascendió del tal modo que el miedo aún domina a muchos de los deudos y sobrevivientes de la matanza del 10 de junio de 1971 Tal es la razón por la que sólo unas cuantas personas, apenas media docena, se atrevieron a denunciar ante la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp) a quienes planearon y ejecutaron la masacre
Estas acusaciones de quienes decidieron rendir su testimonio sobre lo que vivieron la tarde de aquel Jueves Corpus, y que acreditaron su “interés jurídico directo”, hicieron posible la consignación por genocidio del expediente de los hechos que provocaron la muerte, lesiones y heridas a decenas de jóvenes
En consecuencia, fueron muchos los que no respondieron al llamado de la fiscalía “Todavía faltan como 100 muertos, pero los familiares no quieren denunciar”, asegura Dalid Moncada Sobreviviente de la masacre, su denuncia fue por daño moral y psicológico y por la muerte de su novio, Josué Moreno Rendón, que fue atacado por Los Halcones dentro de la Escuela Nacional de Maestros

Conocer el número exacto de víctimas fatales se ha imposibilitado, incluso para la propia fiscalía Un informe de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) estableció que habían sido 40 los muertos, pero en las indagatorias ministeriales numerosas de las actas de defunción no aparecieron Y es que muchos de los estudiantes asesinados eran de provincia Padres y hermanos vinieron por los cadáveres para llevarlos a sepultar a su tierra De otros no se sabe nada Por eso, además de las demandas por homicidio y lesiones, se denunció por posibles desapariciones Para la fiscalía, esos hechos constituyeron un genocidio, delito por el que el 23 de julio pasado consignó ante la justicia a 12 de los señalados como responsables
El temor ha impedido incluso que exista una organización de familiares de víctimas o sobrevivientes del 10 de junio de 1971, a diferencia del Comité del 68 y de las asociaciones de familiares de víctimas de la guerra sucia, como la Asociación de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos en México o el Comité Eureka, que preside Rosario Ibarra y que acaba de cumplir 27 años
“La gente sigue teniendo miedo Habla de un temor a retroceder, de no querer que su familia corra riesgos o de tener problemas en su trabajo Muchos me dicen que prefieren cerrar la boca que conocer al que mató a su familiar”, relata Dalid Moncada sobre su experencia con los familiares, amigos o testigos que se negaron a denunciar ante la fiscalía
El trabajo de la Femospp, paradójicamente, se facilitó porque las evidencias sobre las responsabilidades del 10 de junio estaban más concentradas que los datos de la matanza de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968 y de la guerra sucia
Por eso extrañan los recientes señalamientos del fiscal Ignacio Carrillo Prieto respecto de la falta del documento original que permitiría comprobar la imprescriptibilidad del delito de genocidio, dice Jesús Martín del Campo Castañeda, quien hizo posible la apertura de la investigación del Jueves de Corpus al presentar la primera denuncia ante la Femospp por la muerte de su hermano Edmundo, uno de los primeros en caer aquel día
Acusó directamente al expresidente Luis Echeverría; al exsecretario de Gobernación Mario Moya Palencia y al exprocurador general de la República Julio Sánchez Vargas También a los generales Jesús Castañeda Rodríguez, jefe del Estado Mayor Presidencial de Echeverría; Manuel Díaz Escobar, jefe y entrenador de Los Halcones, y a Rogelio Flores Curiel, exjefe de la policía del DF y exgobernador de Nayarit
En su consignación, la fiscalía incluyó al excapitán del Ejército Luis de la Barreda Moreno, exdirector de la DFS, al exsubdirector de ésta Miguel Nazar Haro, así como a cinco personas identificadas como Halcones que actuaron y operaron antes o durante el 10 de junio El futuro de todos ellos está en manos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que en las próximas semanas deberá resolver en definitiva sobre la prescripción o no del delito y, en consecuencia, el procesamiento o la libertad de los acusados
La averiguación se inició el 10 de junio de 2002, 31 años después de la masacre En su denuncia, Martín del Campo, ahora subtesorero de Administración Tributaria de la Secretaría de Finanzas del Distrito Federal, fue el primero en asociar penalmente los hechos del 10 de junio con los del 68, argumento que hizo suyo la fiscalía “Lo establecí como delitos continuados, como una acción deliberada jurídica y políticamente realizada por las mismas personas en contra de una misma generación”, explica
Junto con Edmundo, en 1968 Jesús logró salir vivo de la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, pero en la manifestación del 10 de junio de 1971 sólo supo de su hermano hasta la noche, cuando sus amigos le dijeron que había muerto en una vecindad de la colonia Anáhuac, cruzando la Avenida de los Maestros En la confluencia de ésta con la calzada México-Tacuba había sido herido por una bala expansiva de uno de los rifles M1 de Los Halcones apostados como francotiradores en algunas azoteas de los edificios del área
Con apenas 20 años de edad, Edmundo fue una de las primeras víctimas porque iba a la vanguardia de la marcha Sus amigos lo cargaron y llevaron a la mencionada vecindad, ubicada en el número 18 de la calle Tláloc, donde al poco rato murió La bala penetró de arriba abajo y lastimó varios de sus órganos Como parte del “peinado” que hizo la policía en la zona, llegó una camioneta julia y se llevó el cadáver a la Novena Delegación, hacia el poniente de la México-Tacuba Luego al Servicio Médico Forense (Semefo) Fue el comienzo de las amenazas y el trato indigno Afuera de la delegación y del Semefo, agentes intimidaban a Jesús Martín del Campo y a sus compañeros: “les va a ir peor”
Le dispararon a “bocajarro”
Dalid Moncada y varios de sus compañeros sufrían las mismas advertencias en su pretensión de no perder el cadáver de Josué Moreno Rendón, otro de los primeros caídos, pero él dentro de la Escuela Normal de Maestros, hacia donde disparaba uno de Los Halcones, protegido en una caseta telefónica Dalid era una estudiante de 17 años de la Normal Josué, su novio de 20, ya había terminado su carrera de profesor A la marcha asistió recién inscrito en la Escuela Nacional de Antropología e Historia
Al salir la manifestación de la Normal, se encontró con Josué Cuando avanzaban sobre la calzada México-Tacuba empezó el ataque En la dispersión, los normalistas corrieron de regreso a su escuela Ella y Josué se brincaron la reja de la Normal, que terminó por ceder ante el tumulto Corrían, tomados de la mano, cuando de pronto él cayó Con el jalón, ella quedó bajo el tropel de la muchedumbre que corría a refugiarse
“Como pude fui hacia donde estaba tirado, bocabajo Ya no se movía Le ví una mancha de sangre en la cintura A pesar de las pisadas de los que huían y de que él era alto y corpulento y yo muy delgada, pude ponerlo bocarriba y me di cuenta de que tenía un balazo en el pecho Había muerto desde que recibió el impacto Tres amigos me ayudaron a levantarlo y llevarlo hacia el edificio que entonces era la torre de la Normal, donde estaba la enfermería”, rememora Adalid
Allí fue testigo de los muertos y heridos que llegaban Y de atrocidades: “En el lugar se había escondido una estudiante de la Escuela de Enfermería del Politécnico Tres individuos fueron por ella Dos la tomaron por los brazos y un tercero le disparó a bocajarro Nunca supe cómo se llamaba, pero sabía que era del Politécnico porque coincidíamos en una cafetería de la zona” Al poco rato llegó una ambulancia de la Cruz Verde Josué fue el primero al que los paramédicos sacaron de la enfermería A Dalid y a sus compañeros les dijeron que lo llevaban al Hospital “Rubén Leñero”
Pasaban de las ocho de la noche cuando se reunieron con otros compañeros Sólo dos horas después se dejaron de oír los balazos Habían pasado cinco horas desde el comienzo del operativo represor Dalid y sus compañeros fueron a sus casas para avisar que estaban vivos y cambiarse la ropa manchada de sangre A pesar de la angustia de sus padres, salieron de madrugada hacia la Colonia Huichapan, a la calle Lago Tana número 50, para avisarle al papá de Josué lo sucedido
Se dirigieron entonces al Rubén Leñero, pero el cadáver de Josué ya no estaba Lo buscaron en la Cruz Verde, en la Novena Delegación, la Cruz Roja, el Semefo y nada No supieron de él en los siguientes cuatro días hasta que, por mediación de un diputado -de quien Moncada lo único que supo fue que vivía en Xochimilco-, les informaron que el cuerpo estaba en el Servico Médico Forense
Les dijeron que esperaran, que el cuerpo estaba por llegar “Mientras esperaba vi llegar una julia con cádaveres que fueron poniendo en el piso Los lavaron con mangueras Dos o tres horas después nos pasaron a identificar a Josué Primero entraron los familiares, luego nosotros Fue cuando le moví la cabeza y le sentí un hoyo en la sien Le habían dado el tiro de gracia ya muerto”
Con Edmundo Martín del Campo el trato fue más humillante Su cuerpo lo recuperó su familia en el Semefo dos días después de la masacre “Al momento de entregárselo, un empleado del servicio le dijo a mi mamá: ‘qué chulo estaba su hijo, hija de la chingada'”, recuerda Jesús con la voz entrecortada al pie de la tumba de su hermano
Allí, en el panteón San Nicolás Tolentino de Iztapalapa, en el Cerro de la Estrella, una “V” de la victoria de medio metro esculpida en piedra negra se erige sobre la tumba de Edmundo Fue una decisión de sus padres, pero también un desafío al régimen, que se metió hasta el velorio y el panteón con sus policías judiciales y madrinas para mantener la vigilancia
“Nadie se atrevía a hablar con los otros deudos Las fosas estaban muy cercanas, pero con la vigilancia encima ninguno nos atrevimos a dar el paso para acercarnos El mismo día del entierro de Josué, el martes al mediodía, seputaban a Rafael, un estudiante del Politécnico No era posible hablar con los otros deudos por la intimidación de los empistolados La vigilancia duró por lo menos dos meses”, relata Moncada
Enterrados con un solo día de diferencia, a Edmundo y Josué los separan tres lotes En la misma hilera está la tumba de Jorge Callejas Contreras, un estudiante de secundaria de 15 años que murió de un tiro de Los Halcones Su padre le había pedido un mandado, sin saber lo que ocurría en la calle Los familiares del adolescente nunca quisieron hablar; no interpusieron ninguna denuncia, ni antes, durante el priismo, ni ahora ante la fiscalía especial En la misma línea también fueron enterradas otras tres víctimas de ese grupo paramilitar, pero sus familiares tampoco quisieron saber más de lo ocurrido
Así, los deudos se diluyeron y sólo algunos tratan de reconstruir lo que ocurrió, pero la información que existe es contradictoria o falsa, como el acta de defunción de Josué Moreno En el dictamen del médico forense se señala que el fallecimiento fue causado por una bala expansiva de M1 Precisa que el trayecto del proyectil fue de arriba hacia abajo, que el tiro entró por la tetilla izquierda y alcanzó al rinón Muerte instantánea entre las cinco y las cinco y media de la tarde del 10 de junio Sin embargo, en el acta de defunción se cambiaron los datos: muerte a las 21:15 horas por neumonía y paro cardiaco; no por arma de fuego y menos con un tiro en la sien Lo único en que coincide con el forense es que la muerte ocurrió en la Normal
Dalid Moncada demandó también por lesiones, pues recibió varillazos de kendo en la espalda que le han causado males neurológicos Sus males físicos fueron menores comparados con los que padecieron otros de sus compañeros normalistas Emilio Reza camina mal por un balazo en una pierna A David Roura una bala le destrozó la nariz Ambos se sumaron a las demandas contra los autores intelectuales y materiales de la matanza

Comentarios