Un poder en la sombra

Lucía Hiriart, la esposa del exdictador Augusto Pinochet, fue también un acicate para ejercer el poder sin contemplaciones y cómplice de sus excesos políticos y económicos Maternal y autoritaria, influía en las decisiones del militar a partir de su mentalidad superficial y frívola Finalmente, el derroche que la caracterizó tuvo consecuencias: La semana pasada fue detenida junto con su hijo Marco Antonio por ser “copartícipe de fraude tributario” Tal actuación se agrega al proceso judicial abierto contra Pinochet por millonarias cuentas secretas encontradas en bancos de Estados Unidos y Europa En un capítulo del libro Mujeres de dictadores (ediciones Península, Barcelona 2002), el periodista argentino Juan Gasparini da cuenta de datos y hechos que describen tal cual a Lucía Hiriart Con autorización del autor se reproducen algunos fragmentos sustanciales
Una noche de junio de 1973, en Santiago, cuando el general Augusto Pinochet resolvía irse a dormir, su esposa Lucía Hiriart se le acercó, lo tomó de la mano y conduciéndolo hasta el dormitorio de los niños le dijo: “Ahí están sus hijos Ellos caerán bajo la tiranía comunista por su culpa, porque usted no se atreve a actuar”
Pinochet la miró inquieto y replicó: “Me sorprende, señora, que después de tantos años casados usted ahora dude de su marido Hay que tener mucha fe, porque las cosas se van a arreglar”
Envueltos por las respiraciones sosegadas del sueño, Lucía, Augusto, Verónica, Marco Antonio y Jacqueline asistían silentes al acto en que su madre demolía las reticencias del padre militar para que saltara a la cabeza del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 que enlutaría a Chile, derrocando al presidente constitucional Salvador Allende Goznes ()

A principios de 1974, al rememorar en la Televisión Nacional ante un público femenino cuánto le costó convencer a su marido para que se embarcara en voltear a Allende, la confesión de Lucía fue rotunda Aquella escena nocturna con sus hijos dormidos como testigos, destapada oportunamente por la prensa, no sólo tuvo lugar, sino que debió repetirse hasta que el marido se encarriló como ella quería “Yo le había dicho muchas veces: ‘Mira, Augusto, yo no sé hasta cuándo los militares van a seguir aguantando a estos rotos (pobres) ¿No te das cuenta de lo que significa el desabastecimiento? ¿No te das cuenta de las colas? ¿Dónde tienes puestos los pantalones? ¿Me lo quieres decir?’ Terminó por hacerme caso”
El estrujón culpabilizando al marido era su instrumento de dominación Federico Willoughby, asesor de prensa de Pinochet durante años, afirma que Lucía “siempre le estaba exigiendo que escalara, desde mucho antes del golpe Ella es el único personaje influyente en él”
Según Manuel Araya Villegas, biógrafo oficial de Pinochet, a la influencia de Lucía se añade la de Avelina, su madre, cuya figura se agigantó en Pinochet cuando su padre abandonó el hogar detrás de otra mujer Lucía achacaría todos los males del país a los “extremistas, ateos y perversos”, regañando a su esposo por no ser más enérgico con ellos, incluso doblegándolo en público A veces lamentaba haberse casado “con un milico (militar)”, reprochándole que, de no ser su esposa, “a lo mejor podría haber sido senadora, como mi padre” (Osvaldo Guido Hiriart, quien también fue ministro del Interior)

Familia militar

Cuando Lucía se puso de novia, en septiembre de 1941, la familia residía en una casa quinta en el paradero 30 de la Gran Avenida, en el extremo sur de Santiago () Ella era una colegiala regordeta de 16 años que estudiaba en el liceo de San Bernardo, un pueblo muy cercano, en cuyo cuartel desfilaba un oficial de 25 años, Augusto José Ramón Pinochet Ugarte, alias Tito El encuentro se dio en la plaza Lucía participaba de una colecta para la Cruz Roja Al verlo pasar, ella se le acercó, pidiéndole una contribución “Lo que me atrajo fue la apostura Tenía espléndida facha, como llamábamos Era abanderado de la Escuela de Infantería Durante un año, no tuvimos nada más que una relación de miradas” () hasta que Pinochet “logró que un amigo en común nos presentara en su casa Desde ese momento, seguimos unidos sentimentalmente”
() Lucía contaba que en el colegio fue una buena alumna, con facilidad para las matemáticas Una vez terminada la educación media, según una versión oficial que circuló durante la dictadura, realizó estudios vinculados con la educación parvularia y la administración de empresas, una vaguedad difícil de confirmar Desarrolló predilecciones por la danza, la música melódica, algunas óperas, la plástica y la artesanía Le atraen los libros biográficos, de ciencias y arqueología Es alérgica a los perfumes y para las fiestas prefiere los zapatos color rosa y los despampanantes sombreros () Lucía llegaría a ser una compradora compulsiva de productos importados y, ya primera dama, se hacía abrir las tiendas libres de impuestos por las noches para desatarse a solas en el desenfreno del consumo
Al pedir Pinochet la mano al padre (de Lucía), el futuro suegro exhaló algo de su reticencia, pero terminó cediendo () El matrimonio civil se concertó el 29 de enero de 1943 y la ceremonia religiosa se realizó el día siguiente, en la iglesia Sagrados Corazones de los Padres Franceses de la Alameda, en pleno centro de la capital () Recién casados, los ingresos de la pareja eran paupérrimos En línea con una biografía inédita de 1989, del historiador de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), Eduardo Devés, ambos “necesitaron un financiamiento especial que no proviniese de los padres Ese fue el momento en que Edgardo Portales, que había sido apoderado de Pinochet en la Escuela Militar, puso una propiedad a nombre de ellos” Sin embargo, el dinero seguía sin alcanzarles, dado el nivel de gastos que imponía Lucía Desesperado, Pinochet solicitó licencia al Ejército, pidiendo “un permiso temporal para entrar a trabajar en una industria Pero esta aventura no duró mucho Al cabo de unos meses, desilusionado de su incursión en la empresa privada, volvió a la familia militar”
Por falta de medios, la pareja tuvo que vivir un tiempo en una casa prestada, en la acomodada zona oriente de Santiago, hasta que en junio de 1943 se instalaron en un modesto y céntrico departamento en la capital chilena Apenas salían a bailar, a comer o al cine Lejos estaban de amasar propiedades por 17 millones de dólares, como disponen hoy a lo largo y ancho de Chile

La primera dama

Cuando su marido entró al poder para matar, Lucía Hiriart lo celebraría sin remilgos “Sentí alegría en el primer momento Nos habíamos liberado de la anarquía imperante Por tres largos años, el caos y el desorden habían imperado en nuestro pueblo Luego aquilaté la tremenda responsabilidad que debería asumir, pues jamás pensé ser esposa adorno del presidente, sino activa, con claro sentido del papel que debía desempeñar para ayudar a mi esposo en su ardua tarea, que iba a comenzar a gobernar el país” ()
Lucía Hiriart lo acicateaba tironeándolo a su antojo, porque la mujer de un militar “le hace la mitad de la carrera a su marido”; el día que dejaran de influir sobre ellos “va a ser medio trágico” Tal fue así que ella quebró los cánones establecidos por los sociólogos de la “femineidad clásica” Sobrepasó la fórmula de limitarse a ser fiel a su esposo, sin competir ni brillar con luz propia A su aire, marcaba posición disidente, siempre para peor:
Dio un portazo en septiembre de 1977, abandonando la residencia presidencial por varios días, cuando Pinochet disolvió la DINA y destituyó a su jefe, Manuel Contreras, para aplacar las protestas internacionales por las atrocidades que este organismo de seguridad cometía desembozadamente Disintió abiertamente con su esposo, yendo a casa de los Contreras para trasmitirles su lealtad
Del mismo tenor fueron sus reprimendas en 1984, exigiendo el estado de sitio para frenar las protestas populares y advirtiendo que si ella fuera gobierno “sería mucho más dura que mi marido”
Como prueba de su inclemencia viene a colación el desopilante episodio narrado por la exministra de Justicia de Pinochet, Mónica Madariaga, a quien le tocó presenciar a Lucía “correteándolo (a Pinochet) por el patio con una escoba para pegarle De pronto, en el medio de la huida, a él lo picó una abeja Pegó un grito Ella se detuvo, lo calmó, le arrancó la lanceta y cuando todo volvió a la normalidad, volvió a tomar el palo de escoba y le pegó”
Sin duda Pinochet no era libre de elegir A merced de su esposa, rígida, doméstica y artificial, cuando viajaban en avión y pedía vino, Lucía lo corregía: “No, tráigale un juguito o agüita”
Los subordinados del general le temían, intuyendo su astucia como ariete manipulador, en su condición de mujer de un oficial del ejército, la menos cosmopolita de las ramas de las fuerzas armadas
El viernes 21 de marzo de 1980, Lucía se embarcó junto a su marido y su hija Lucía, el canciller Hernán Cubillos y una numerosa comitiva rumbo a Filipinas El dictador Ferdinand Marcos había invitado a Pinochet en visita oficial a su país Se trataba de un acontecimiento especial, ya que el jefe de Estado chileno y su esposa habían salido de América en una sola oportunidad, en noviembre de 1975, al concurrir a los funerales del generalísimo Franco en España El largo viaje incluía varias escalas en el Océano Pacífico A pocas horas de haber despegado de Santiago, Pinochet fue notificado de que la visita había sido cancelada Hasta hoy es un misterio la causa por la cual Marcos decidió, a última hora, no recibir a su homólogo chileno () El viaje de regreso de la comitiva presidencial fue una pesadilla En el avión la atmósfera era de irrespirable tensión y pronto madre e hija señalaron al canciller Cubillos como responsable del bochorno Al hacer escala de madrugada en el archipiélago de las Fidji, los trabajadores del aeropuerto se negaron a cargar combustible y aprovisionar comida al avión chileno () Cuando el presidente y su mujer se fueron a dormir al hotel Regent, les llovieron huevos y tomates lanzados por manifestantes A las cuatro de la tarde, el avión fue autorizado a levantar vuelo rumbo a Tahití, con la primera dama fustigando en voz alta la ineptitud del canciller y del servicio diplomático Su hija Lucía hizo aflorar la teoría del chivo expiatorio: “Al presidente lo engañaron Le ocultaron información ¡Esto debe terminar!” () Las opiniones de madre e hija fueron determinantes para propiciar la salida fulminante del canciller Cubillos del gabinete dictatorial

Lucía para presidenta

CEMA Chile, la organización nacional de los Centros de Madres, fue la gran tribuna de Lucía Su marido se la confeccionó a medida Por decreto 226 del 12 de junio de 1974, se transformó en Fundación Graciela Letelier de Ibáñez, recuperando la gesta del Ropero del pueblo ()
Reservorio de las preferencias de una femineidad centrada en la familia, Lucía consagró CEMA Chile a la beneficencia y a la caridad, paradigmas del rol adjudicado a mujeres con conocimiento del hogar y comprensión del dolor ajeno A la par, capturó la Secretaría Nacional de la Mujer, dependiente de la Secretaría General de Gobierno, conectada directamente con su marido Pasó, por tanto, a digitar un sinnúmero de instituciones femeninas de acción social, teniendo bajo su mando un ejército de miles de mujeres incondicionales que realizaban distintos programas de tipo asistencialista a lo largo del país, capacitando voluntarias, difundiendo los valores familiares y destacando su importancia como madre, cónyuge y dueña de casa () En la práctica, CEMA se convirtió en una organización social de voluntarias adeptas al régimen, practicantes del culto a la apariencia () Sus subordinadas debían abstenerse de participar en Cáritas, la organización de la Iglesia católica, adversa a la dictadura, desde la cual se conocían las denuncias de violaciones a los derechos humanos perpetradas por los esbirros de las fuerzas de seguridad
Desde 1978, Pinochet dotó a los CEMA de un suculento presupuesto, derivándole 20% de las ganancias de la Lotería Nacional, mientras que los bomberos recibían 15% y la Cruz Roja 2% Sus finanzas terminaron horadadas por la corrupción En el año 2000, una auditoría parlamentaria demostró que en sus balances faltaban “claramente los beneficiarios de los recursos”, destacándose que fueron gastados arbitrariamente, desconociéndose si el dinero había servido para auxiliar “al sector vulnerable de mujeres de bajos ingresos” ()
Para Lucía (la derrota de Pinochet en el plebiscito de 1989) fue, literalmente, un “terremoto” Incapaz de detectar las causas del descalabro en la actuación del régimen militar, que incrementó la pobreza e hizo estragos con los derechos humanos, y abordar una autocrítica, sacó sus demonios por la boca Despechada, ametralló con reproches apuntando a Estados Unidos () y a la Iglesia católica ()
(Pero) la mujer del dictador dobló la apuesta y huyó hacia delante: Los Misioneros de Pinochet, una célula de nostálgicos de la criminalidad ideológica, abrió fuego y juntó 20 mil firmas, proponiendo la candidatura presidencial de Lucía Hiriart en las elecciones generales que, a consecuencia del referéndum, debían convocarse para el año siguiente “Si el pueblo lo pide, ella debería aceptar”, apostó César Retamal, cabecilla de esos misioneros () Lucía no los acompañó en la cerrazón política y el globo de ensayo se desinfló en los folclóricos cielos de la extrema derecha chilena Tal vez presintió que del ridículo nunca se vuelve

“Libre de drogas”

Lucía Hiriart se vanagloriaba de que su marido había dejado el gobierno de su país “libre de drogas” No debía referirse a las que presuntamente trasegó Focus Chile Motors, la compañía que enlazó a (su hijo) Marco Antonio (Pinochet) con los cárteles colombianos de la cocaína, y con Yamal Edgardo Batich, el primo chileno del narcoterrorista sirio Monzer al Kassar, pariente del expresidente argentino Carlos Menem, con residencia permanente en España, condenado en Ginebra por vender armas a los Balcanes violando el embargo de la ONU
Tampoco debía referirse a los abominables comercios de armas y de drogas que sellaron la DINA y la CNI, siglas sucesivas de la policía secreta de Pinochet, en cuyas redes se insertaron unas 14 bandas distintas de narcotraficantes en el correr de 17 años de dictadura, siendo uno de sus jefes Álvaro Corbalán, protector de su hijo mayor, Augusto Jr, por su parte involucrado en la fabricación de blindados con el chileno Carlos Cardoen, el mayor empresario de material bélico en América Latina
Augusto Jr, recurrió a su padre para neutralizar los rumores acerca de 3 millones de dólares de comisiones ocultas por vender fusiles del ejército y para contrarrestar una acusación judicial por haber estafado al fisco en 1 millón de dólares en 1993, al operar como intermediario en la venta de una empresa del ejército, donde ostentaba el grado de capitán Dos años más tarde, Augusto Jr, dejó impaga la compra de cuatro vehículos, integrando a su vez la lista de morosos por evasión fiscal al Estado por más de 2 millones de dólares
Cuando el diario Clarín de Buenos Aires resumió algunas de estas noticias, Marco Antonio y Augusto las desmintieron, prometiendo una lluvia de querellas judiciales que siguen brillando por su ausencia
El proclamado desapego por los bienes materiales afichado por Lucía se contradice con la declaración de bienes por 270 mil pesos que el dictador asumió en 1974, a poco de arrebatar el poder: un magro racimo de dólares de cara al faraónico parque inmobiliario que dispone la familia en Bucalemu, Viña del Mar, Valparaíso, Santiago y El Melocotón, en una de las laderas de la cordillera de los Andes, cuyo financiamiento se desconoce, sospechándose la comisión de delitos en perjuicio del Estado Todos ellos fueron comprados o construidos bajo la batuta arbitraria de la primera dama, obsesionada por el lujo, nadando en el despilfarro
Para la más conocida residencia particular de la pareja, situada en El Melocotón, un paradisíaco sector del Cajón del Maipo, a una centena de kilómetros al sureste de Santiago, ella llegó incluso a solicitar que la levantaran en un predio diferente al delimitado en los registros del catastro Sus marchas y contramarchas en el diseño de los planos y en el programa de construcción encareció el presupuesto inicial, tensando el clima con el gabinete de arquitectos A la casona la protegen 51 hectáreas de plantíos y bosques, y sus habitantes pueden guarecerse en un búnker subterráneo artillado con ametralladoras pesadas, todo controlado por un circuito cerrado de televisión Para borrar vestigios de los sucios negocios que rodeaban la obra, un grupo de desconocidos saqueó las oficinas del diario Fortín Mapocho, que se aprestaba a publicar el dudoso origen de los fondos conseguidos por la pareja para edificar el palacete Su director, el abogado y hoy senador demócrata cristiano Jorge Lavandero, fue golpeado y quedó en coma durante varios días La documentación sustraída salió a luz por otro conducto Quedó probado que Pinochet compró esas tierras de El Melocotón al Estado por un valor seis veces inferior al legal Eso fue en 1984, brotando así mismo una transacción anterior de parecida naturaleza pero en sentido inverso, en la cual Pinochet compró a particulares un terreno en 1978, vendiéndoselo a las fuerzas armadas a un precio seis veces superior
Restan por conocer los fondos transitados por las dos cuentas bancarias detectadas en el extranjero, una en el banco Riggs de Washington, y otra en la filial de las islas Bermudas de la Standard Life Assurance Company de Canadá, uno de los mayores grupos de compañías aseguradoras del mundo Seguidamente debe contabilizarse la operación que habría llevado a cabo en el sistema bancario helvético una “fundación” de Liechtenstein, tapadera detrás de la cual se agitan los espantajos de Augusto Pinochet y Margaret Thatcher No es temerario reflotar que, por todo ello, sea preceptivo anexar los viajes a Suiza, Brasil, Uruguay y Estados Unidos de las dos Lucía Pinochet (madre e hija) durante los años ochenta, con pasaportes diplomáticos falsos otorgados oficialmente a las identidades apócrifas de María L Rodríguez, para la madre, e Inés L P de Aravena, para la hija, según reposa en los inútiles anaqueles de un juzgado de Santiago desde hace 12 años l

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