La última entrevista de Carlos David Ortigosa

México, D F, 3 de marzo (apro)- Al medio día, en una oficina de la colonia Cuauhtémoc, la mente de Carlos David Ortigosa estaba postrada en lo que ha sido una de sus principales inquietudes: su voz
Hace más de 60 años, esa voz dio vida, en español, al mismísimo Gregory Peck; posteriormente, sus habilidades y experiencia en la locución le ayudaron a convertirse en un pilar del doblaje mexicano
Durante la entrevista, don Carlos, de 92 años, batallaba por hacerse escuchar, y explicaba que sus cuerdas vocales no estaban lo suficientemente tensas; así pues, su voz sonaba débil, pero sorprendentemente su mente aún presentaba muchísima lucidez Y su cuerpo todavía aguantaba una jornada de oficina:
“Llego a las doce y me voy a las dos y media”

Desde que estudiaba Derecho en la UNAM (1935-1939), don Carlos tuvo la inquietud de ser locutor:
“Tenía la comezón de hablar, de la locución Entonces cuando iba en cuarto año de derecho, El Bachiller Álvaro Gálvez y Fuentes dejó su plaza como locutor; hubo un concurso y yo gané el puesto Ahí comenzó mi carrera”
Al año de estar en la Universidad como locutor, la XEW lo contrató, para hacer radionovelas Ahí realizó la famosa serie radiofónica: Anita de Montemar
Durante esa época, don Carlos coqueteó también con el periodismo en la sección deportiva de El universal y con el arte teatral Pero en 1945 su vida cambió totalmente:
“En ese año me casé Luego de eso viene gente de Nueva York para llevarse a trabajar a la Metro Goldwyn Meyer a una serie de actores mexicanos para iniciar el doblaje de películas americanas al español Esto fue al final de la guerra, pero el cine americano había perdido los mercados latinoamericanos: El cine mexicano y el argentino se los habían robado Y queriendo influir y para reconquistarlos, les da por doblar las películas al español Entonces no se conocía el doblaje en México Yo fui escogido para doblar la voz de Gregory Peck”
En Estados Unidos don Carlos aprendió no sólo las artes del doblaje, sino también, al lado de José Ángel Espinosa Ferrusquilla, los pormenores del séptimo arte en la Universidad de Columbia, en Nueva York
Pero la cosa no prosperó, porque el gobierno mexicano no permitía que se pasaran cintas dobladas Luego de cuatro años, La Metro le pasó la estafeta a Emilio Azcárraga, pues quizá éste, con sus influencias, podría hacer algo al respecto
Así pues, se abrió un estudio de doblaje en los estudios Churubusco, don Carlos se fue para allá, pero los permisos siguieron sin aparecer, entonces se quedó “con una mano adelante y otra atrás”
El señor Ortigosa coqueteó de nuevo con su antigua profesión: la abogacía, y trabajó un tiempo para los estudios en dicho rubro
Afortunadamente, tiempo después, el gobierno mexicano permitió el doblaje de las cintas animadas; Edmundo Santos obtuvo un contrato para doblar las películas de Disney y llamó a don Carlos para que dirigiera el proceso de La cenicienta, Peter Pan y La noche de las narices frías
Posteriormente nació la televisión Y los permisos, por así decirlo, se extendieron al formato televisivo, lo cual se convirtió en un refugio para don Carlos, quien en 1957 formaría su nueva compañía, Cinematográfica Interamericano SA de CV, junto con Bob Lerner
En este lugar se doblaron serie como Don gato y su pandilla, Los Intocables, Hechizada, El avispón verde, Batman y Robin, etcétera, pero también se realizaron producciones teatrales (el otro giro de la empresa, propiamente la especialización de Lerner) como Mi bella dama y Evita
Dentro de las anécdotas curiosas que aquella época, resalta una que involucra a Gabriel García Márquez:
“En 1964 vino a México a través de un gran amigo, Álvaro Mutis Yo contraté a Álvaro para narrar Los intocables Y como era muy amigo de Gabriel García Márquez, él lo trajo a México y aquí vivió en su casa, lo llevaba al estudio y García Márquez se sentaba a ver trabajar a Álvaro Y mi secretaría, una señora muy inteligente, muy culta, Sarita López Figueroa, lo admiraba mucho, pero éste roncaba Y le dijo: ‘Usted será muy escritor y muy García Márquez, pero aquí no se ronca, por favor salga del estudio’”
En 1981, Bob Lerner falleció de cáncer, una gran pérdida emocional para don Carlos, así que para 1983, cuando Emilio Azcárraga le hizo una propuesta de negocios muy buena, don Carlos vendió todo: “Ya estaba cansado”, comentó
Durante el paso de don Carlos por los medios, el doblaje mexicano gozó de excelente reputación:
“En aquella época los que doblaban eran actores, el doblaje ha sido menospreciado, cualquier pelado que habla puede doblar No Para doblar como Dios manda hay que ser buen actor, mejor que un actor común: porque no puedes llorar, tienes que llorar al ritmo del que llora en la pantalla, porque para reír hay que reír al ritmo del que están en la pantalla Y no puedes hablar, sino al ritmo del que está en la pantalla”
Carlos David Ortigosa falleció el 27 de diciembre de 2007 a los 92 años

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