Íker Larrauri, una vida en los museos

México, D F, 6 de noviembre (apro)- Cuando se habla del hito que marcó en la historia el Museo Nacional de Antropología (MNA), muchos piensan de inmediato en las aportaciones arquitectónicas de Pedro Ramírez Vázquez Pero en el magno proyecto museístico participó también un equipo de especialistas, encabezado por Íker Larrauri
Nacido en la Ciudad de México en 1929, el arquitecto, antropólogo, museógrafo y artista plástico recibió un homenaje por sus 50 años de labor, en una ceremonia realizada en el Auditorio Jaime Torres Bodet del MNA, a la que acudieron sus colegas y amigos: Jorge Angulo, Lina Odena Güemes, Carlos Navarrete y Beatriz Barba de Piña Chan, el pasado 25 de octubre
Hace ocho años, Larrauri recibió el reconocimiento anual del Comité Nacional de México del Consejo Internacional de Museos (ICOM por sus siglas en inglés), por sus casi 40 años dedicado a la museografía
En aquella ocasión, el autor del Museo del Centro Cultural Tijuana, del de la Isla de Cozumel, del de Ciencias Naturales de Villahermosa, así como el Museo Nacional de Kuwait y el Olímpico de Lausana, Suiza, conversó con esta reportera sobre su pasión por los museos y el coleccionismo De esa entrevista se extraen ahora algunos fragmentos

Haría un museo de cada objeto que le rodea, incluso una corcholata, dijo entonces, pues consideró que hasta de algo que parece insignificante se puede contar cómo se hizo, para qué, con qué material; hablar de las minas en las cuales se extrae el hierro, del que se hace la hojalata y en fin
“Me encantan los museos, me fascinan; son una maravilla, están llenos de cosas hermosas; ahí te encuentras con tus viejos amigos Aquí veo a mi amiga Coatlicue y, cuando viajo, voy al Museo del Prado y está La Maja esperándome, como la quiera: vestida o desnuda, sé que siempre está ahí A mi hijo le digo: `cuando vayas a Madrid, no dejes de ir al Prado y, por favor, buscas a la señora Maja y le das un saludo de mi parte; le dices que la amo`”
Contó también cómo se inició en el área de museografía con Miguel Covarrubias, hacia mediados del siglo XX:
“Estudiaba arqueología en la Escuela Nacional de Antropología, que estaba en Moneda 13, en el Centro El era mi maestro en la clase de arte primitivo, y mis compañeros de estudio eran algunos museógrafos ya en activo como Mario Vázquez, de quien aprendí muchísimo Fue mi maestro en la práctica porque trabajamos juntos”

Antes, dijo, había trabajado en la zona arqueológica de Palenque, donde se descubrió la Cámara Secreta del Templo de las Inscripciones:
“Como tenía la preparación de arquitecto Alberto Ruz, que era el arqueólogo jefe de los trabajos, me pidió hiciera un nuevo levantamiento de la cámara
“Ya existía uno, pero se había hecho cuando el sitio estaba inundado y lleno de estalactitas y estalagmitas Los estucos estaban tan embebidos en agua, si se tocaban se deformaban; eran como esponjas Cuando fui ya habían pasado dos años del descubrimiento y ya se había aireado y limpiado el lugar Entonces, hice el levantamiento
“Al volver, le hablé a Covarrubias de esa maravilla, y él me decía: ‘Qué barbaridad, qué lastima que esa belleza, esa obra tan importante, la pueda ver poca gente’ Entonces llegar a Palenque era como ir a la Antártida o algo así; tardaba uno por lo menos dos días No imaginábamos que, años más tarde, podría llegarse en un ratito desde Villahermosa”
Así fue como, por petición de Covarrubias, Larrauri hizo una réplica de la Cámara Secreta en el antiguo Museo Nacional de Antropología, de Moneda 13, donde hoy se encuentra el Museo Nacional de las Culturas
Un año después, en 1956, la UNESCO otorgó al arquitecto una beca para estudiar la organización de diversos museos de Europa y Estados Unidos, y el diseño de exposiciones
Su primera experiencia luego de haber hecho aquellos estudios, fue justamente la dirección técnica del equipo que elaboró el programa arquitectónico del MNA, entre 1961 y 1964, del que se desprendió el diseño de Ramírez Vázquez, y en el cual participaron Mario Vázquez, Jorge Angulo, Alfonso Sotosoria, Francisco González Rul y María Teresa Dávalos Sobre su participación en aquel proyecto, Larrauri rememoró:
“Siento mucha satisfacción, sobre todo porque demostró que no se puede hacer un buen proyecto arquitectónico –no digo sólo de museo, de un hospital o de un hotel– sin un proyecto bien establecido Eso lo saben los arquitectos Es como hacer una película sin un buen guión”

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