Los nuevos virreyes

México, D F, 27 de abril (apro)- El texto “Los nuevos virreyes”, escrito por Leo Zuckermann, publicado en la edición 1393 del semanario Proceso, fue seleccionado por el jurado del Premio Nacional de Periodismo correspondiente al 2003, como el ganador en la categoría de artículo de fondo/opinión A continuación lo reproducimos integro:
Poco se ha hablado del papel de los gobernadores en la elección del 6 de julio Es hora de hacerlo, porque definitivamente se han convertido en personajes políticos fundamentales, quizá los que más poder han capturado a raíz de la democratización del país De hecho, se ha comenzado a caracterizar a los gobernadores como una especie de nuevos virreyes del sistema político mexicano Y es que los mandatarios estatales ahora gozan de una gran autonomía y capacidad de operación, aunado a un creciente manejo de recursos públicos que se han descentralizado hacia los estados
En el ámbito electoral, los mandatarios estatales juegan en dos importantes pistas Primero, como líderes naturales de sus partidos que intervienen para echar a andar las respectivas maquinarias electorales en sus estados Un gobernador eficaz en la arena electoral se mete hasta la médula en los aspectos internos de su partido: apoya a sus cuadros para que se conviertan en candidatos, nombra y mueve a los funcionarios partidistas, reparte dineros públicos a las clientelas del partido y se encarga de movilizar a los votantes duros el día de la elección No es poca cosa De hecho, este tipo de operaciones fueron fundamentales en los últimos comicios donde, debido al alto nivel abstencionista, pesó más el voto de las maquinarias partidistas que sí asistieron a las urnas
El otro asunto donde influye un gobernador es en su popularidad, sobre todo para el segmento no corporativo del electorado Un mandatario que cuenta con grandes tasas de aprobación en las encuestas influye para que la ciudadanía se anime a votar a favor de su partido Resalto lo de altas tasas porque tiene que ser, al parecer, más de 70% de la población estatal la que apruebe la gestión del gobernador Una de las conclusiones más importantes de esta elección es que los votantes castigan a los malos gobiernos y premian a los buenos, entendidos malos como los impopulares que no entregan resultados a la ciudadanía y viceversa

Para observar el desempeño electoral de cada gobernador, hay que analizar los resultados de los 300 distritos de mayoría relativa en las 32 entidades federativas, que es el ámbito donde los gobernadores pueden influir (los resultados aquí presentados son todavía preliminares, basados en el PREP del IFE y en información que ha aparecido en la prensa y que todavía deben ser sancionados por la autoridad electoral)
Antes de comenzar la clasificación de los gobernadores, vale la pena mencionar que, desde el punto de vista de partidos, con respecto a la elección de diputados que representan distritos, hubo dos ganadores de la jornada (PRI y PRD) y un perdedor (el PAN) El PRI ganó en 159 distritos (53% de los 300), 21 más que en 2000, equivalentes a una ganancia de 15% El PRD salió airoso en 55 distritos, 18% de los 300, pero tuvo un incremento de 35 diputaciones más que en 2000, un aumento impresionante de 175% Por su parte, el PAN perdió 59 diputados comparado con 2000 (una merma de 42%) para alcanzar 83 escaños, 28% del total que estaban en juego el 6 de julio El PVEM, al parecer, recibirá tres diputados de mayoría por su alianza con el PRI, equivalentes a 1% de este tipo de diputaciones
¿Cómo le fue a cada gobernador? ¿Qué tan eficaces demostraron ser en el ámbito electoral? ¿Quién es quién en las urnas? El análisis de distritos de mayoría demuestra que hay siete tipos de mandatarios electorales: las estrellas, los zapateros, los titiriteros, los neutrales, los perdedores, los desastres y los raros Veamos cada uno de ellos
Las estrellas
Estos son los gobernadores que lograron algo verdaderamente extraordinario El PRD tuvo dos mandatarios de este tipo Por supuesto, y a riesgo de aburrir el primerísimo de ellos es Andrés Manuel López Obrador, jefe de Gobierno del Distrito Federal, que logró que su partido ganara 21 diputaciones más que en 2000 en la capital, 70% de ganancia y que representa, nada menos y nada más, que 60% de las ganancias totales del perredismo en la elección de diputados de mayoría
En segundo lugar está Ricardo Monreal que logró que el PRD ganara cinco de los cinco distritos en juego de Zacatecas, el único carro completo perredista, para una ganancia de 60% comparado a 2000, equivalente a tres nuevas diputaciones
Por su parte, en el PRI hay también dos estrellas En primer lugar, Manuel Ángel Núñez Soto, de Hidalgo, que logró que su partido ganara en todos los distritos de su estado, al igual que en 2000 Repitió otro carro completo, lo cual, con la volatilidad que caracteriza al electorado mexicano, no es ninguna menudencia
El otro priista estrella es el tan criticado gobernador de Oaxaca, José Murat En el año 2000, en esa entidad el PRI se llevó 10 de los 11 distritos en juego Ahora, en 2003, logró capturar los 11, una cantidad nada despreciable de diputados que llegarán a San Lázaro Dígase lo que se diga de Murat, lo cierto es que, a la hora de la hora, entrega resultados y, en esta ocasión, hay que decir que la elección se hizo bajo la vigilancia del IFE, por lo que la posibilidad de fraudes estaba mucho más acotada
Finalmente, la única estrella panista es Eugenio Elorduy, de Baja California, quien se anotó un triunfo similar al de Núñez Soto en Hidalgo El panismo se llevó carro completo, al igual que en 2000: de seis distritos en disputa, seis capturados De hecho, podría decirse que, por la magnitud de esta victoria en dos ocasiones seguidas, Elorduy al lado de Núñez Soto son las dos estrellas más importantes del firmamento de los gobernadores A Elorduy, su partido y el gobierno federal, deberían estudiarlo y tomarlo mucho más en cuenta si se considera que logró dos victorias contundentes seguidas
Para terminar con este rubro, nótense dos asuntos Primero, que los dos gobernadores estrellas del PRI representan, uno, al ala moderna de ese partido (Núñez) y, otro, al tradicional (Murat) Esto quiere decir que los dos modelos le están funcionando al PRI, dependiendo el contexto regional Segundo, que algunos de los gobernadores estrellas se han mencionado como posibles candidatos a la Presidencia Parecería que el incentivo por llegar a Los Pinos los lleva a trabajar con enjundia a fin de conseguir buenos resultados electorales A fin de cuentas, ser estrella en el ámbito estatal podría convertirse en una buena plataforma para saltar al escenario nacional
Los zapateros
En el segundo escalón de honores de gobernadores con eficacia electoral se encuentran los zapateros Estos se refieren a los que lograron carros completos en sus respectivos estados: sus partidos ganaron todos y cada uno de los distritos en juego Hay tres priistas (Joaquín Hendricks, de Quintana Roo; Ángel Sergio Guerrero, de Durango; y Manuel Andrade, de Tabasco) y un perredista (Leonel Cota, de Baja California Sur) Por supuesto que todo partido quisiera tener zapateros de este tipo que aseguren tal contundencia en las victorias
Los titiriteros
Siguen los gobernadores que se caracterizan, como un buen titiritero, por tener firmemente controlados los hilos del poder de sus estados Aunque no ganan carros completos, sí aseguran victorias contundentes de más de dos terceras partes de las diputaciones de mayoría Ahí están cinco del PRI (Juan Millán, de Sinaloa; Enrique Martínez, de Coahuila; Patricio Martínez, de Chihuahua; Tomás Yarrington, de Tamaulipas; y Melquíades Morales, de Puebla), dos del PAN (Juan Carlos Romero Hicks, de Guanajuato, e Ignacio Loyola, de Querétaro) y uno del PRD (Lázaro Cárdenas Batel, de Michoacán) Al igual que los zapateros, los partidos gustan de este tipo de funcionarios que sí entregan resultados abultados en las urnas
Los neutrales
Esta categoría se refiere a los mandatarios que no perdieron, pero que tampoco tuvieron grandes ganancias con respecto a 2000, ni lograron una victoria de más de dos terceras partes de las diputaciones en juego como los titiriteros Son cuatro del PRI (Miguel Alemán, de Veracruz; Armando López Nogales, de Sonora; Fernando Peña, de Colima; y Arturo Montiel, del Estado de México), uno del PRD (Alfonso Sánchez Anaya, de Tlaxcala) y uno del PAN (Patricio Patrón, de Yucatán) Estos gobernadores no destacan ni para bien ni para mal
Los perdedores
Aquí la historia se empieza a complicar Estos gobernadores fueron los que perdieron diputaciones de mayoría con respecto a 2000 Hay tres priistas (René Juárez, de Guerrero, que dejó ir tres escaños al PRD; José Antonio González Curi, de Campeche; y Fernando Silva, de San Luis Potosí) y dos panistas (Felipe González, de Aguascalientes, y Sergio Estrada, de Morelos) Este estatus perdedor es particularmente preocupante para los gobernadores de Guerrero y Aguascalientes, entidades que tendrán comicios para renovar a sus ejecutivos estatales el próximo año
Los desastre
Aquí no hay vuelta de hoja Por donde se vea, estos gobernadores presentaron pésimos resultados en las urnas Son dos casos y los dos son panistas En primerísimo lugar está el gobernador de Nuevo León, Fernando Elizondo, aunque lo más correcto es decir Fernando Canales Clariond, exgobernador y hoy secretario de Economía, quien fue el verdadero gobernante en aquella entidad y que fue relevado de su cargo en un intento desesperado por capotear el vendaval que ya se venía venir Por donde se vea, la gestión de Canales fue un desastre que terminó en la debacle panista en aquel estado El PAN sólo ganó uno de los 11 distritos en juego (los 10 restantes se los quedó el PRI), una pérdida de 55% con respecto a 2000 y que representa 10% de las pérdidas totales de diputaciones de mayoría de Acción Nacional
El gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez, no se queda atrás En su estado, el PAN perdió nueve diputaciones equivalentes, nada menos y nada más, a 15% de las pérdidas totales de Acción Nacional Hace tres años, la principal fuerza electoral de Jalisco era el PAN con 16 de 19 diputados de mayoría Hoy es el PRI, con 12
Estos dos desastres son un verdadero cataclismo para el PAN, sobre todo si se aúna a la pérdida de diputados panistas en el Distrito Federal (en 2000, capturó 24 distritos; en 2003, sólo tres) Resulta que Acción Nacional donde más perdió fue en las tres entidades más modernas, urbanas y acaudaladas de la República: el DF, Nuevo León y Jalisco
Los raros
Finalmente, hay dos casos que son difíciles de clasificar Se trata de dos gobernadores que llegaron al poder por una alianza multipartidista oposicionista al PRI, pero que se encontraron con sendas victorias priistas en sus estados Se trata de Pablo Salazar, de Chiapas (donde el PRI ganó 11 de las 12 diputaciones en juego) y Antonio Echevarría, de Nayarit (donde el PRI arrasó con 3 de 3) Al parecer, estos gobernadores no han podido construir una alternativa partidista que compita con la fuerza que sigue teniendo el priismo en sus respectivas entidades En muchos sentidos, se les podría clasificar como perdedores
Conclusión
Las elecciones, hasta las federales, cada vez se están volviendo más locales Los factores particulares de cada región están pesando cada vez más en el ánimo de los votantes Y ahí el papel de los gobernadores es fundamental Con más dinero y autonomía que nunca, los mandatarios estatales tienen toda la posibilidad de influir en los procesos electorales
Los gobernadores se han convertido en una especie de virreyes que han sustituido al gran monarca que caracterizaba al presidencialismo priista Ciertamente hay de virreyes a virreyes Los que sí se meten en sus partidos y sí gobiernan bien, producen buenos resultados electorales Los que se mantienen al margen de la actividad partidista o gobiernan con deficiencia, acaban siendo repudiados en las urnas El 6 de julio se demostró que, en cuanto a gobernadores, el PRI y el PRD tienen mucho mejores cuadros que el PAN A ver si este partido acepta, por lo menos, esta realidad, por más dura que sea
(leozuckermann@cideedu) Profesor-investigador del CIDE

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