LOS PASOS PERDIDOS: Felipe Segura, una vida dedicada a la danza

México, D F, 7 de junio (apro)- Para los médicos, Felipe Segura, figura central de la historia de la danza en México, murió de un paro respiratorio Para sus amigos más cercanos, se murió de tristeza
Con una carrera en la que abarcó todos los géneros de la danza y ocupó todas las posiciones posibles –bailarín, coreógrafo, director artístico, regisseur, diseñador de vestuario y, finalmente, investigador–, Segura, de 78 años de edad, poco a poco había ido perdiendo lo que más le interesaba y quería
Fue la muerte de su hermana, a raíz de un cáncer terrible, lo que inició su depresión A esa pena se unió la desaparición de la presea “Una vida dedicada a la danza”, creada por él en el Cenidi-Danza “José Limón” para destacar la trayectoria de la gente del medio
Se dice que la eliminación del reconocimiento se debió a que no discriminaba a los elegidos para recibir medalla y diploma en una ceremonia en Bellas Artes Lo mismo resaltaba la importancia de quien vendía mallas, a bailarines prácticamente retirados del medio desde hacía muchos años, que a las grandes figuras Esto no fue bien visto por las autoridades del INBA; se cuestionó la unilateralidad de sus decisiones y se decidió cancelar es reconocimiento para siempre

Decidió entonces recluirse en su casa y encontró en ella refugio, hasta que en una ocasión, al regresar de un banco, en la propia puerta de su casa y a plena luz del día, dos asaltantes que sabían que había retirado dinero lo golpearon a mansalva para quitárselo Fue tal la golpiza que ni siquiera se pudo incorporar, algunos vecinos lo ayudaron y estuvo hospitalizado Su recuperación fue muy larga, pero, de hecho, no logró reponerse
Sus desgracias no terminaron ahí: No hace mucho tiempo, una tarde en la que descansaba en su casa de la colonia Condesa, tocaron a la puerta y un par de hombres afirmó tener un paquete para él Tenían su nombre completo y llevaban una caja
Segura los dejó entrar, los tipos aventaron la caja, lo medio mataron a golpes y arrastrándolo del pelo lo subieron por las escaleras y lo encerraron en un cuarto Los delincuentes tuvieron tiempo para revisar todo lo que el anciano coleccionaba desde años Se llevaron vajillas, joyas, antigüedades y todo lo de valor posible
Desde su encierro, Segura pudo saltarse desde una ventana a un estacionamiento aledaño, desde ahí llamó a la policía Cuando llegó la patrulla los ladrones ya se habían ido
Segura nunca pudo reponerse ni de la paliza, ni de haber perdido objetos que había atesorado su familia por varias generaciones Poco a poco se fue enfermando cada vez más Dejó de salir de su casa, e incluso tenía miedo de abrir la puerta o contestar el teléfono Vivía incomunicado
Con múltiples premios internacionales como la medalla de oro del Festival Mundial del Folklore, la medalla de oro como bailarín y coreógrafo otorgada por la Presidencia de México, la medalla de oro del INBA por sus cincuenta años de vida artística (1995), el premio “Guillermina Bravo” (1999), Felipe Segura vivía o sobrevivía apenas con una magra jubilación del ISSSTE y con sus recuerdos
Como les ha sucedido a múltiples figuras del gremio dancístico, murió solo, triste, decepcionado y sin el menor reconocimiento de las instituciones culturales

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