El día que ondeo la bandera de Estados Unidos en Palacio Nacional

Chapel Hill, Carolina del Norte – En la colección de libros raros de la Biblioteca Louis Round Wilson de la Universidad estatal existe un curioso documento intitulado The history of the raising of the first American flag on the capitol of México (La historia del izamiento de la primera bandera norteamericana en la capital de México)
Se trata de una publicación de 1856 del Senado de los Estados Unidos que contiene los testimonios de los militares estadunidenses que participaron en tan desgraciada ocasión para nuestro humillado país Recordamos el hecho con motivo de la celebración del Día de la Bandera
El 14 de septiembre de 1847, temprano por la mañana, al rendirse el último bastión de la Ciudadela, el general J A Quitman entró al zócalo al frente de una columna militar y se formó mirando al Palacio Nacional
“Después de entrar al palacio por unos momentos, ansioso de impresionar a la inmensa multitud de mexicanos que observaban el espectáculo desde balcones, ventanas y azoteas de los edificios, con la importancia que tiene la ceremonia, ordené a la columna que se alineara con los oficiales al frente con el propósito de saludar a la orgullosa bandera de nuestro país tan pronto como fuera desplegada en la asta bandera al centro del palacio, y al mismo tiempo instruí a mi principal edecán, el teniente M Lovell, que colocara la enseña nacional de las barras y las estrellas, y no cualquier insignia de algún regimiento Mientras se disponían a hacer estos arreglos, vi que la bandera del regimiento de los rifleros era llevada por un oficial que entraba por la puerta principal del palacio, y antes de que pudiera evitarlo, esa bandera por un momento fue agitada desde el balcón del segundo piso del edificio”

El testimonio escrito del general Quitman, dirigido al presidente de Comité senatorial de Asuntos Militares, agregó:
“Mi edecán eligió al capitán Roberts para colocar nuestra bandera en el palacio, quien de inmediato procedió a hacerlo y para ello utilizó una pequeña bandera Cuando este símbolo del dominio de nuestro país sobre la capital de nuestro enemigo fue elevado y cuando flotaba orgullosamente, toda la línea presentó sus armas, los oficiales mostraron el saludo y fueron inclinadas las insignias de los regimientos”
Pero poco después cambiaron la bandera chica por una más grande, pero finalmente colocaron otra más, según Quitman
“La pequeña bandera en cuestión permaneció ondeando por casi media hora, cuando el general Worth, que había avanzado desde el camino de San Cosme hasta la Alameda, tuvo la amabilidad de enviarme una bandera más grande, la misma, tengo entendido que flameó en Fort Brown, en el río Grande, cuando su pequeño pero gallardo pelotón se encontraba sitiado hasta que se dio el regreso del general Taylor Esta bandera, siendo de dimensiones más apropiadas para ocupar tan orgullosa posición, fue sustituida más tarde por órdenes mías por la más chica, y permaneció ondeando sobre el palacio hasta que una nueva enseña, confeccionada por las buenas manos de varias damas norteamericanas residentes en México, fue colocada en la capital por instrucciones mías bajo la dirección del capitán Naylor, de los voluntarios de Pennsylvania, quien había actuado con gran valor en la Garita y quien fue nombrado superintendente del Palacio Nacional, y ahí flotaba en forma triunfal hasta que la capital fue evacuada por nuestras tropas al concluir las negociaciones de la paz”
Así pues, correspondió al capitán B S Roberts izar la primera bandera de la Unión Americana en el asta central del Palacio Nacional Desde entonces han pasado casi 155 años, más de siglo y medio, y el país no aprende las lecciones de la historia Continuamos en el subdesarrollo educativo con graves disparidades económicas y sociales
Tiene que venir a México un dignatario extranjero como el canciller alemán Gerhard Schroeder para recordarnos lo que no queremos reconocer ni resolver: la excesiva dependencia económica con un solo país es peligrosa Y no hacemos nada para evitarlo
Ahora, como hace siglo y medio, nos quedamos pasmados ante el avasallamiento de la influencia norteamericana que hoy se da en forma menos burda pero más profunda, como si los mexicanos estuviéramos condenados a mirar impotentes

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