La mentira y la fe

México, D F (apro)- A unas semanas de que venga el Papa a canonizar a Juan Diego, Proceso da a conocer un estudio sobre la imagen de la Virgen de Guadalupe que, sin duda, contrariará aún más a la endurecida jerarquía de la Iglesia católica, pues la exhibe en uno de sus más graves y persistentes pecados: la mentira

Mientras la avaricia y la soberbia del obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda, se empeñaba en bajar de su nicho la escultura de Santa Clara de Asís para sustituirla por una de Juan Diego –el “santo” de moda aún sin ser canonizado–, el defenestrado abad de la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenburg, preparaba la publicación de un libro donde, fundado en el análisis del cuadro de la Virgen de Guadalupe, sostiene que éste “no es de origen sobrenatural”, sino “una obra pictórica humana” (Proceso 1332)

Este lunes, cuando Onésimo Cepeda tuvo que ceder ante la rebelión de la feligresía de Santa Clara Coatitla –reabrió la parroquia ante las protestas de la gente a la que había amenazado con la excomunión–, Proceso difunde por primera vez el estudio que, en efecto, demuestra que la imagen de la Guadalupana es una pintura y no producto de un milagro protagonizado por Juan Diego

Realizada en 1982 a iniciativa del abad Guillermo Schulenburg, la investigación profesional -–encabezada por un exdirector del Centro Nacional de Registro y Conservación para Obra Mueble del INBA– es contundente: la tela de la imagen guadalupana es una combinación de lino y cáñamo (no de algodón ni henequén, como afirma la leyenda), es decir, un lienzo ordinario, normal entre los pintores del siglo XVI

La tela fue preparada con unos brochazos de pintura blanca y la imagen se elaboró con varios colores obtenidos del hollín del humo de ocote, del sulfato de calcio, de óxidos de cobre y de hierro, de un compuesto de azufre y de mercurio, así como a partir de la cochinilla mexicana

Luego de asentar que se trata de “una pintura al temple de estilo bizantinizante”, el experto José Sol Rosales agregó que la obra ha tenido incluso varios repintes, realizados en diferentes épocas, sobre todo en la cara y las manos que, dice, fueron modificadas respecto de su anatomía original Así mismo, advierte, “se detectan repintes en el fondo, manto y a lo largo de la unión de los lienzos”

En entrevista con Proceso, Sol Rosales, quien en sus análisis contó con la tecnología requerida y el apoyo de varios especialistas, considera que dichos retoques de la pintura fueron hechos en el siglo XX, hace unos 70 años, y refiere que él y su equipo, por instrucciones de Schulenburg, tuvieron que trabajar con el máximo sigilo, bajando del altar la imagen de la Virgen Morena por las noches

Según Sol Rosales, otro estudio parecido fue efectuado en el siglo XVIII por Miguel Cabrera, y “su reporte –afirma– coincidió en mucho con el mío, en la descripción de las técnicas pictóricas y en otras cosas Sólo que ellos, por las circunstancias sociales de su tiempo, concluyeron que (la imagen) era de origen divino”

Al enviar ese estudio al Vaticano, Schulenburg advirtió en las cartas al respecto que no se trataba de dañar, sino de proteger y preservar la credibilidad de la Iglesia, y que lo remitía como “un signo de honestidad y de amor a la verdad”

Pero apelar a la “honestidad” y al “amor a la verdad”, frente a una jerarquía eclesiástica que históricamente ha hecho de la mentira un arte y un negocio –no otra cosa es la canonización de Juan Diego, que sin duda elevará la recaudación de la Basílica de Guadalupe—, es predicar en el desierto Inclusive la mayor parte de los devotos de la Guadalupana no se verán impactados por este ni por ningún otro estudio que pueda presentarse, por riguroso que sea, en virtud de que, si algún éxito rotundo ha tenido la jerarquía eclesiástica, éste consiste, justamente, en alejar la fe de la verdad

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