Romero Deschamps, historia de un líder menor

Carlos Romero Deschamps ya no dirige un sindicato petrolero tan económicamente poderoso como lo fue en tiempos de Joaquín Hernández Galicia, La Quina, sino a una agrupación sumida en el desprestigio y en la debilidad financiera, que constantemente pide apoyo financiero a Petróleos Mexicanos (Pemex)

Tampoco ha tenido el protagonismo político y la influencia que tuvo La Quina, su compadre y tutor político, sino que prefirió mantenerse alejado de las candilejas

A lo largo de sus nueve años como secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), su actuación ha sido considerada como ambivalente: Manifestó su lealtad incondicional a Carlos Salinas de Gortari, a quien llamó “presidente de lujo”, pero también marcó su raya al advertir que el sindicato ya no toleraría más despidos masivos; comprometió el voto de todo el gremio a favor de Ernesto Zedillo, pero durante su gobierno impidió la venta de los complejos petroquímicos de Pemex; a pesar de ser priista, manifestó su solidaridad al gobierno de Vicente Fox, pero rechazó su decisión de incorporar como consejeros de Pemex a cuatro prominentes empresarios, y se opone a los Contratos de Servicios Múltiples, por considerarlos anticonstitucionales y una privatización disfrazada

Al diputado federal por el PRI no le gustan los reflectores ni las entrevistas, como lo demostró en los últimos días, cuando apenas habló de la petición de desafuero en su contra presentada por la Procuraduría General de la República a la Cámara de Diputados

Ilan Bizberg, profesor e investigador de El Colegio de México, que durante 15 años se ha dedicado al estudio de los problemas sindicales, asegura que, en los últimos 20 años, se ha debilitado mucho el poder de los sindicatos en todas las empresas:

“Se han reestructurado, han cambiado los contratos colectivos de trabajo y se han flexibilizado Antes, el sindicato petrolero controlaba mucho de lo que pasaba en la empresa, ahora cada vez menos Eso le quitó poder El sindicato era el que contrataba a los trabajadores Lo sigue haciendo, pero menos Ya no recibe el 2% de las obras de Pemex ni las comisiones de los contratistas ni tiene las tiendas, las fábricas y los ranchos que creó La Quina”

Agrega que Romero Deschamps ha podido controlar al sindicato: “Tiene los mecanismos para hacerlo: la cláusula de exclusión y los estatutos que hacen del STPRM un sindicato muy centralizado La misma estructura le da mucho poder al líder Eso no ha cambiado La disidencia no es numerosa ni importante, por el temor a ser expulsado del sindicato y perder el empleo Para que haya una verdadera disidencia, se tiene que eliminar la cláusula de exclusión y cambiar la Ley Federal del Trabajo, porque hay ciertos puestos que sólo son para los sindicalizados”

Según Bizberg, aun así, el STPRM “sigue siendo la organización más importante del país, como unidad Dudo en decir de poder, pero Romero Deschamps fue senador y hoy es diputado federal, con cierta influencia en el PRI A pesar de estar disminuido, el sindicato es el único poder que hay en Pemex y es incómodo Pero lo fue más para los gobiernos priistas tecnocráticos, que querían hacer reformas, las mismas de Fox, y se opuso Pero hoy es una cuña dentro de Pemex, gobernado por el PAN, por los foxistas que quieren hacer las reformas El sindicato, de esta manera, se relegitima”

Y menciona un procedimiento mediante el cual el gobierno de Vicente Fox podría restar poder al sindicato: la Secretaría del Trabajo puede impedir que se castigue y se expulse a los trabajadores sindicalizados e investigar cómo se han realizado las elecciones de los dirigentes y los delegados, y calificar si fueron legales o no las convenciones No sé si los actuales gobernantes sean tan hábiles para hacer esto Eventualmente tienen esa arma, si el sindicalismo se pone muy radical”

Cambio de línea

Desde que se convirtió en secretario general del STPRM, el 25 de junio de 1993, Romero Deschamps marcó un estilo diferente al de Joaquín Hernández Galicia

El sindicato petrolero, sostuvo, ya no sería un Estado dentro de un Estado ni se crearían divisiones artificiales para mantener el poder ni iría tras el “personalismo que busca consolidar un prestigio que sólo la posteridad puede dar”

A La Quina lo llamó “cacique de horca y cuchillo”, y reveló que “fue un espejismo la posesión por parte de trabajadores de ranchos, fábricas, ganado o tiendas, que siempre lo atribuyó a lo bondadoso de su administración Ocultó que la procedencia de esos bienes, que nunca estuvieron a nombre del sindicato, era el despojo a sus compañeros”

Explicó el mecanismo: en cada revisión contractual o salarial, Pemex calculaba en pesos el estímulo que debía dar a sus trabajadores por su esfuerzo, por su entrega y por la exposición al riesgo La Quina forzaba a Pemex a reducir los aumentos salariales, pero a cambio de que le entregaran el dinero para destinarlo, según su dicho, a obras sociales, pero también lo utilizaba para dar regalos a gobernadores y patrocinar campañas políticas, aun de partidos políticos distintos al suyo

“Ese dinero era de los trabajadores y de sus familias Presumió lo ajeno Y por las reducciones de salario que propuso, la economía de los trabajadores se vino abajo Todo esto le sirvió para crearse la fama de redentor, lo que nunca fue”

Andrés Narváez, trabajador jubilado que en 1992 fue el primero en organizar a un grupo de petroleros para reclamar el patrimonio del STPRM que fue saqueado bajo el liderazgo de Sebastián Guzmán Cabrera, antecesor de Romero Deschamps, dice que la democracia no se ha conquistado en el gremio

Explica que el sistema de escrutinio, de “mano alzada, toda la vida se ha usado para controlar a los trabajadores, pero, aclara, Hernández Galicia y Romero Deschamps tienen dos estilos diferentes: “La Quina habla hasta por los codos, definitivamente Romero es más parco, casi no se nota, es muy seco Con Romero Deschamps no ha habido asambleas, a pesar de que los estatutos marcan que debe haber una cada tres meses Cuando se negocia el contrato colectivo, hay una asamblea informativa de 20 minutos y nada más La gente se molesta, se enoja, pero no pasa de ahí Ya no hay debate, ya no hay peticiones Nos dan lo que quieren”

El ascenso de un líder

Carlos Antonio Romero Deschamps nació el 17 de enero de 1944 en Tampico, Tamaulipas Su madre, Clementina Deschamps, oaxaqueña, falleció en 1984 Su padre, José Romero García, jalisciense, campesino revolucionario, fue trabajador petrolero y ferrocarrilero, y murió en 1986

Tiene tres hermanas del primer matrimonio de su papá Romero Deschamps se casó con Blanca Rosa Durán, con quien tuvo a José Carlos, Alejandro y Paulina

De joven, Carlos Romero solía cortar leña a una señora, cuyo esposo, un superintendente de Pemex, lo invitó a trabajar en la refinería de Salamanca, Guanajuato

En Ciudad Madero, Tamaulipas, La Quina recuerda que Romero Deschamps empezó a trabajar como eventual en Salamanca, hasta que su primo hermano Víctor Deschamps lo ayudó a conseguir la planta y fue quien, cuando era secretario de la Sección 24, lo presentó y recomendó con Hernández Galicia

“Le agarramos confianza por ser de Tampico y porque se mostraba muy apasionado de las ideas sindicales”, relata Hernández Galicia

Trabajó en el área de Operación en la Ciudad de México, y cuando el entonces poderoso líder del sindicato viajaba a la capital, Romero Deschamps le servía de chofer

Entre 1970 y 1975, recuerda La Quina, “lo empezamos a apoyar para que se diera a conocer en la Sección 35 de Azcapotzalco, donde fue ayudante del secretario general Héctor Martínez”, quien, en medio de una parranda, se fue al carnaval de Río de Janeiro Cuando regresó de Brasil, se encontró con que Romero Deschamps, por órdenes de Hernández Galicia, ya era el secretario general, cargo en el que fue confirmado en 1980

Aunque el secretario general del sindicato Salvador Barragán Camacho “no lo quería, porque Romero Deschamps se manejaba siempre con trabajadores transitorios”, La Quina cuenta que él le tenía confianza y lo respaldó para que en 1985 la Sección 35 creciera con la incorporación de los sindicalizados de Tula, Hidalgo

“Era un buen administrador, lo apoyé con cuatro tiendas y dos ranchos, y los manejó bien Además de que era uno de los secretarios generales que defendía con más apasionamiento la autonomía financiera del sindicato, se pronunciaba por la defensa de Pemex y los derechos de los trabajadores”

Agrega: “Siempre se mostró como el más servil de todos los secretarios generales, el que estaba más dispuesto a alabarme, a echarme porras, a apoyarme en todo, llegaba al grado de ser arrastrado, pero se enmascaró bien”

Desde que estaba en la cárcel, La Quina lo acusó de traición, pues supuso que lo había entregado al gobierno de Salinas de Gortari Argumentó que Romero Deschamps no asistió a la reunión a la que lo había convocado ese 10 de enero de 1989 y que sospechosamente había llamado un día antes a su oficina para confirmar la cita “Era un espía”, acusa

Sin embargo, según Alfonso de los Reyes, escritor, periodista e investigador, Romero Deschamps fue el único secretario de sección que paró parcialmente, en protesta contra la detención de Hernández Galicia, la refinería de Azcapotzalco en la Ciudad de México

El gobierno de Carlos Salinas de Gortari impuso en la secretaria general del STPRM a Guzmán Cabrera, a pesar de que estatutariamente no podía serlo, ya que estaba jubilado por órdenes de La Quina Empero, Guzmán Cabrera había objetado esa decisión ante la Junta de Conciliación y Arbitraje y fue reinstalado (Proceso 639)

Durante más de cuatro años, la gestión de Guzmán Cabrera se caracterizó por el saqueo de las propiedades y recursos del sindicato petrolero, y por el servilismo al gobierno que hizo posible el despido de más de 100 mil trabajadores Con la ayuda, sobre todo, del secretario general de la Sección 1, Jesús Suárez Mata, vendió, remató y se quedó con el patrimonio sindical Para impedir reclamos posteriores, la documentación de las propiedades desapareció en un incendio en el edificio del STPRM

En su momento, Romero Deschamps se deslindó del saqueo de Guzmán Cabrera: “Yo era secretario de Estadística y Sebastián era quien marcaba las directrices Fue una época de zozobra y doloroso desmembramiento de nuestra organización sindical Tuvimos una dirigencia blandengue que aceptó, sin chistar, caprichos de algunos malos funcionarios de Pemex”

Unidad a toda prueba

A condición de no tocar el caso Pemex-PRI, Carlos Romero Deschamps aceptó una entrevista en julio último, limitada a hablar de la disidencia y su exigencia de tener democracia en el STPRM

Aseguró que la disidencia y la pluralidad son necesarias en el sindicato y que las busca, pero “no comparto la opinión de quienes pretenden que se conceda mayor validez al grito de 200 personas que a la voz de 70 mil trabajadores que participan en las elecciones internas de nuestra organización”

Niega que el voto a mano alzada prevalezca en el gremio petrolero Explica que los estatutos señalan cuatro formas de elegir: a mano alzada, plebiscito, nominal (el votante expresa por su propia voz su voluntad) y por escrutinio (mediante el uso de cédulas)

En 1998, las elecciones de los 36 secretarios generales fueron: 34 por escrutinio y sólo dos por mano alzada En 2001, todas fueron por escrutinio

“La mano alzada fue característica del quinismo y no se registraba competencia En los muy pocos casos en que hubo oposición, fue acallada rápidamente La diferencia de antes y ahora es que hoy las elecciones se hacen con apego al estatuto, y en ningún caso dejaron de participar cuando menos cuatro planillas Antes sólo había una”

Afirma que sus diferencias con Hernández Galicia y Sebastián Guzmán Cabrera se debían precisamente a que no se apegaban al estatuto Considera que este documento no necesita reformas, sino su cumplimiento Sin embargo, menciona que en la XXIII Convención Extraordinaria de febrero de 2000 se reformó el estatuto para garantizar a todos los sindicalizados la libertad de militancia en el partido político de su preferencia, dando fin al corporativismo

Otro cambio, “no de fondo, sino de forma”, fue la ampliación de dos a tres años los períodos de secretarios generales locales y de cuatro a seis años el del secretario general

Dijo que, “además del ejercicio democrático de respetar las determinaciones populares, la lucha por alcanzar la justicia que merecen los petroleros es lo que ha permitido la paz interna y la unidad en el sindicato, a pesar de sus detractores Se logró algo tan profundamente sentido como la pensión vitalicia, la protección médica de por vida a las viudas y los aumentos automáticos a los jubilados, que en cada revisión sentían que se les iba la vida”

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