Recordando a Augusto Monterroso

Ahora sus cenizas permanecen en su casa de Chimalistac Augusto Monterroso, “Tito”como se le conocía cariñosamente, fue para muchos el cuentista guatemalteco más importante del siglo XX y para otros uno de los más famosos cuentistas del continente
Falleció de un paro cardiaco el pasado 7 de febrero En estos días ha sido recordado por su composición “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, considerada como el relato más breve de la literatura universal Pero también viene a la memoria su cuento “Fecundidad”: “Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea”
Nació en Tegucigalpa, capital de Honduras, el 21 de diciembre de 1921 de familia guatemalteca Se crió en Guatemala Salió al exilio en 1944 por sus actividades en contra del dictador Jorge Ubico Castañeda y decidió radicar desde ese año en México
Desde muy joven se involucró en la actividad política de su país y al mismo tiempo comenzó su actividad en el campo literario Participó en la fundación de la revista “Acento”, la cuan fue uno de los núcleos intelectuales más importantes de Guatemala en una época difícil: la presidencia del liberal Ubico Castañeda, los alzamientos populares de 1944, sucesivos cuartelazos y la omnipresencia en todos los órdenes de la vida nacional de la empresa estadounidense United Fruit Company, en fin

En sus memorias “Los buscadores de oro”, editado por alfaguara en 1993, se encuentran estas palabras de Monterroso:

“Soy, me siento y he sido siempre guatemalteco; pero mi nacimiento ocurrió en Tegucigalpa, la capital de Honduras, el 21 de diciembre de 1921 Mis padres, Vicente Monterroso, guatemalteco, y Amelia Bonilla, hondureña; mis abuelos, Antonio Monterroso y Rosalía Lobos, guatemaltecos, y César Bonilla y Trinidad Valdés, hondureños En la misma forma en que nací en Tegucigalpa, mi feliz arribo a este mundo pudo haber tenido lugar en la ciudad de Guatemala Cuestión de tiempo y azar Por otra parte, cuando a partir del triunfo de la revolución sandinista he estado en varias ocasiones en Nicaragua, en ningún momento ha pasado por mi mente que yo sea allí un extranjero Y he sentido lo mismo en Costa Rica y en El Salvador”
Narrador, ensayista, traductor y dibujante, Monterroso comenzó a publicar sus textos a partir de 1959, cuando entregó a la imprenta “Obras completas (y otros cuentos)” Una colección de historias donde ya se anticipan los rasgos fundamentales de lo que sería su personalísima narrativa: una prosa concisa, sencilla, accesible, con humor negro y la paradoja
He aquí del libro “Obras completas (y otros cuentos)” el relato “El eclipse”:
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo
Tres años en el país le habían conferido un mediano demonio de las lenguas nativas Intentó algo Dijo algunas palabras que fueron comprendidas
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida
–Si me matáis –les dijo– puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirán eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya había previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles
Otras publicaciones de cuentos son “La oveja negra y demás fábulas”, “Movimiento perpetuo” y “Sinfonía concluida y otros cuentos” También es autor de la novela “Lo demás es silencio” y los ensayos “La palabra mágica”, “La letra e”, “Viaje al centro de la fábula”, “La vaca” y “Pájaros de Hispanoamérica” Tradujo “Poesía de nuestro tiempo”, de J M Cohen

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