Apoyo aliado

EL CAIRO.- Entre muchos de los manifestantes en la plaza Tahrir se extendió el pánico el pasado 30 de enero, cuando dos aviones F-16 de la Fuerza Aérea de Egipto hicieron un vuelo rasante sobre la gente. Las aeronaves, que valen 40 millones de dólares cada una, son fabricadas en Estados Unidos.

El miércoles 9, civiles desarmados se acostaron frente a las orugas de los tanques M1A1 Abrams y los carros blindados de combate, dispuestos a dejarse aplastar antes que permitir que el ejército avanzara sobre el territorio tomado por el movimiento de protesta. Estos vehículos se fabrican bajo licencia estadunidense. 

Desde el 25 de enero, cuando empezó la revolución, los opositores descubrieron que las bombas de gas lacrimógeno con que los atacaba la policía decían “made in USA”. Y encontraron además que aunque habían caducado en 2008, todavía hacían daño.

Washington no sólo le vende armamento al ejército egipcio: también le regala el dinero para comprarlo. Cada año el país recibe mil 600 millones de dólares de ayuda estadunidense, de los que mil 300 millones están etiquetados para el sector militar, según el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos. Se estima que equivalen a 60% del presupuesto militar egipcio. 

Egipto es el segundo receptor mundial de asistencia económica estadunidense después de Israel.

Desde los acuerdos de Campo David, en 1979, que sellaron la paz entre esas dos naciones, por cada tres dólares que Estados Unidos dona a Israel, otros dos van a Egipto.

Parte de ese dinero retorna a Estados Unidos a través de grandes compañías privadas a las que El Cairo compra armas: tanques Abrams a General Dynamics, helicópteros de transporte CH-47 Chinook a Boeing, aviones caza F-16 a Lockheed Martin, helicópteros Black Hawk a Sikorsky Aircraft y las bombas de gas lacrimógeno a Combined Systems.

Los mandos que controlan los aviones y los tanques, además, se han formado en escuelas militares de Estados Unidos. La generación que está ahora en la cúpula del ejército es de una época previa a 1977, cuando el asesinado presidente Anuar Sadat rompió la alianza con los soviéticos y se alineó con Washington.

Pero la que viene, formada por los cuadros medios superiores, ha pasado por América del Norte, según declaró el mayor general Robert Scales –quien dirigió el Army War College– a la National Public Radio el martes 1: “Los militares egipcios han tenido cuidado de enviar a los mejores, más brillantes y más prometedores oficiales a escuelas estadunidenses”.

En casi todas ellas, desde la Academia West Point hasta la Universidad Nacional de la Defensa, en Nueva York, hay egipcios becados por el International Military and Education Training Program, que tiene un presupuesto anual de 1 millón 400 mil dólares.

En círculos castrenses y diplomáticos de Estados Unidos la decisión del ejército egipcio de no atacar a los opositores se atribuye a la influencia de los militares estadunidenses. El pasado martes 8, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, declaró: “Creo que los militares egipcios se han conducido de una forma ejemplar durante todo el episodio. Han actuado con gran autocontención. Francamente han hecho todo lo que hemos indicado que esperábamos que hicieran”.

“Los beneficios tangibles de nuestra relación ejército-ejército son claros”, afirmó la embajadora estadunidense en Egipto, Margaret Scobey, en un cable confidencial del 31 de marzo de 2009 filtrado por WikiLeaks.

“Egipto sigue en paz con Israel y Estados Unidos goza de acceso prioritario al Canal de Suez y al espacio aéreo egipcio”, dijo. Añadió que el régimen de Mubarak veía el programa de asistencia militar como la “piedra fundamental” de esta relación y consideraba la ayuda económica como una “compensación intocable” por “hacer y mantener la paz con Israel”.

Además, Egipto tiene un gran valor para la lucha de Washington contra Al Qaeda y los movimientos fundamentalistas islámicos, así como para garantizar el flujo del petróleo del Pérsico al Mediterráneo. l

 

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