Regreso del infierno

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EL SALUM, EGIPTO.- Esta pequeña comunidad beduina en la costa egipcia, a 12 kilómetros de la frontera con Libia, no había visto tanto ajetreo desde que los ejércitos de Gran Bretaña, Alemania e Italia se disputaban la región durante la Segunda Guerra Mundial.

Los pasos fronterizos están saturados de vehículos enviados por El Cairo para llevarse de aquí al menos a 15 mil egipcios que huyen de Libia. 

Los minibuses parten cargados hasta el tope. Muebles, colchones, lámparas y equipajes forman pequeñas montañas en el techo de cada vehículo, en cuyo interior 30 o más personas se apretujan en un espacio que normalmente ocupan 12.

“Del otro lado hay un infierno, ¡estamos muy contentos de haber salido!”, dice Karim, un joven de 15 años que viaja con sus padres y dos hermanas y que vivía en Bengasi. “Toda la gente porta armas y los mercenarios que trajo Gadafi del extranjero vagan en camionetas disparando contra todo lo que se mueve”.

Karim trae muchas cosas, pero lo único que arrulla entre sus brazos es una consola de videojuegos: “Durante días fue lo único que hicimos: sentarnos a jugar porque estábamos encerrados, sin comida ni poder salir, con muchísimo miedo. Nos costaba trabajo dormir porque con frecuencia escuchábamos disparos y gritos en la calle”.

Otras personas no han sido tan afortunadas y salen apenas con la ropa que traen puesta, tras haber sido víctimas de asaltantes en el camino.

Algunos refugiados muestran imágenes que grabaron con sus celulares: enfrentamientos a tiros y personas tiradas en las calles, sangrando, posiblemente ya muertas. 

En una de esas imágenes aparecen personas armadas. Su apariencia es de extranjeros. Varios son negros. Algunos refugiados aseguran que son mercenarios que Gadafi llevó a Libia.

“El presidente dice que tiene dinero para pelear hasta destruir el país. Yo quiero saber, ¿en qué lugar de Europa guarda ese dinero?”, exclama un hombre de unos 50 años que dice llamarse Mafuz. “¿Por qué no congelan sus cuentas y evitan que pague con ellas los ejércitos que está trayendo para matar a todo el mundo?”

Del lado libio el puesto fronterizo que fue abandonado por los soldados el martes 22 está controlado por fuerzas rebeldes que agilizan la entrada y la salida de personas, a quienes incluso regalan jugo de naranja.

Los guardias egipcios, en cambio, hacen las cosas difíciles al practicar rigurosas inspecciones aduaneras a sus aterrorizados compatriotas. Esto ha creado una larga fila de vehículos y personas en el kilómetro de desierto que hay entre los controles fronterizos de ambas naciones.

Lo que se ve en El Salum es sólo una parte del éxodo de extranjeros residentes en Libia que pelean por cada asiento disponible en el aeropuerto de Trípoli o que tratan de conseguir un lugar en algún transbordador en el puerto o que se amontonan también en la frontera con Túnez.

Además de cuello de botella para los refugiados, El Salum se ha convertido en una especie de centro internacional de periodistas: decenas se concentraron en esta población en espera de entrar a Libia. El martes 22 lo lograron reporteros del diario The Guardian, de las cadenas de televisión BBC y CNN, y de la de radio NPR.

Tras un recorrido de 12 horas desde El Cairo, el enviado de Proceso llegó la noche del miércoles 23 y encontró una nueva camada de reporteros intentando ingresar a territorio libio. Hay polacos, escandinavos, turcos, españoles… prensa de todo el mundo.

Esto no ha hecho nada feliz a Gadafi, cuyo régimen siempre ha rechazado la presencia de periodistas y que, desde que empezó la revuelta, había logrado mantenerlos fuera del país. La única información que fluía era la que proporcionaban por teléfono residentes extranjeros y algunos libios, así como la que era enviada por ciudadanos que grababan imágenes con sus celulares. 

Mientras tanto, los rebeldes reciben a los periodistas con entusiasmo. Quieren que el mundo conozca el daño que ha provocado Gadafi. Preguntan en especial por algún enviado de Al Jazeera, la cadena árabe en la que todos quisieran ver sus caras. 

El ministro de Relaciones Exteriores, Jalid Kayem, declaró el miércoles 23 que los reporteros “están entrando ilegalmente” y, por lo mismo, “serán considerados fuera de la ley” y “colaboradores de Al Qaeda”. l

 

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