El cuarto libro

ESTOCOLMO.- Eva Gabrielsson es terminante: no debe publicarse ni un tomo más de Millennium para evitar que la industria editorial y del entretenimiento arrebate el “alma” a Mikael Blomqvist, Lisbeth Salander y el resto de los personajes de la célebre trilogía sueca.

En entrevista con Proceso Gabrielsson admite que prefiere no publicar el cuarto tomo –como lo había propuesto a los parientes del autor, Stieg Larsson–, incluso si ella obtuviera los derechos morales de la obra. Ese cuarto libro ya tiene nombre: La venganza de Dios.

En la introducción del libro Millennium, Stieg y yo, Gabrielsson había reiterado la propuesta que, desde agosto de 2005, hizo a Erland y Joakim Larsson (padre y hermano de Stieg, respectivamente): a cambio de los derechos de la trilogía ella les entregaría el cuarto tomo de Millennium para su publicación. Los Larsson no aceptaron porque, dice la entrevistada, ya habían vendido esos derechos a la industria cinematográfica.

El pasado 12 de enero, en una entrevista con el diario español La Vanguardia Gabrielsson llegó a decir que ella misma podría corregir y pulir el texto de Larsson para que fuera publicado.

No obstante, el 6 de agosto de 2010 Gabrielsson declaró a la cadena estadunidense ABC que ella “seguramente podría” terminar de escribir las 400 páginas que faltan del cuarto libro (Stieg dejó unas 200). Pero advirtió que no lo haría porque “no era su problema” y, además, la ley no se lo permitía.

En la entrevista con Proceso Gabrielsson señala que la publicación del cuarto tomo, a condición de recibir los derechos intelectuales de las novelas y los artículos de Larsson, ha dejado de ser una propuesta vigente para ella.

Aclara que en 2005 no había tantos intereses y dinero en juego como ahora. Por lo tanto, dice, la calidad de Millennium todavía podía ser controlada.

“Si yo trabajo el cuarto tomo –confiesa a este corresponsal– estaría abriendo la puerta a la explotación ilimitada de Millennium”, ya que “iríamos directos a la aparición de 10 o 15 libros más y otras 10 películas”, y “ese es un camino muy peligroso”; es “la pesadilla de cualquier autor de calidad”.

“Dejemos a los lectores –abunda Gabrielsson– que lean los libros (de Millennium) donde los personajes pueden moverse en su propio estilo” y no de manera “distorsionada” para poder seguir vendiéndolos.

Secreto

 

En octubre de 2005 los Larsson le exigieron a Gabrielsson que les entregara el cuarto tomo o, de lo contrario, ellos no le devolverían la mitad del departamento que ella y Stieg habían adquirido a principios de los noventa.

Gabrielsson cuenta que más tarde, en diciembre, Joakim se comunicó telefónicamente con su hermana Britt, a quien le advirtió que si Eva publicaba por su lado el cuarto libro de Millennium, Norstedts (la editorial) suspendería la salida al público del segundo y el tercer tomos.

El primero ya había sido publicado en Suecia en julio de ese mismo año.

Britt le explicó a Joakim que la laptop donde podría estar el manuscrito no pertenecía a Stieg sino a Expo, la revista de investigación sobre la extrema derecha en la que el periodista trabajaba como jefe de redacción y que fundó en 1995.

El abogado de los Larsson envió entonces una comunicación formal a Expo preguntando dónde se hallaba esa computadora portátil. La respuesta del Consejo de Dirección de la revista, a finales de enero de 2006, fue lacónica: “No sabemos”.

Al respecto Gabrielsson da más detalles en el último capítulo de su libro, titulado “El cuarto tomo”. Ahí platica que el 10 de noviembre de 2004, un día después de la muerte de Larsson, ella le pidió a Britt pasar a la oficina de Expo con Erland y entregar la mochila de Stieg, que contenía su agenda, el sumario detallado del siguiente número de la revista y su laptop.

En ésta Stieg guardaba sus artículos, su correspondencia con Searchlight (la revista británica contra el racismo en la que colaboraba desde 1982), sus investigaciones y los nombres de sus informantes.

Narra Gabrielsson: “Por ese motivo (la computadora) está protegida por la ley, que indica que las fuentes de los periodistas son sagradas. Ese ordenador, que no tenía ningún código de acceso secreto, permaneció más de seis meses ahí (en la sede de Expo). En esa época alguien llegó a sugerir que se guardara en la caja fuerte de la revista, pero estaba cerrada ¡y únicamente Stieg sabía el código!”.

Stieg Larsson dejó escritas unas 200 páginas del cuarto libro. La mayoría, “más de 160”, las escribió durante sus últimas vacaciones. Y mientras releía el primer tomo terminaba de redactar el tercero y editaba Expo. Larsson sólo pudo escribir unas 50 páginas adicionales antes de morir, precisa Gabrielsson.

Comenta a Proceso que ella conoce el esquema y la historia de La venganza de Dios, además de que Stieg le dejó sus propias observaciones.

Según Gabrielsson, la pareja había planeado que los ingresos que generara el cuarto tomo serían depositados a la cuenta bancaria de Expo con el fin de apoyar su independencia periodística y su estabilidad financiera.

(Los ingresos del quinto tomo ayudarían a crear un centro de atención para mujeres víctimas de la violencia; mientras que las ganancias de los tres primeros hubieran servido para saldar la deuda hipotecaria de 48 mil euros de su departamento.)

Gabrielsson no quiere develar la trama del cuarto tomo en su libro ni en la conversación con este semanario. Sin embargo lanza algunas claves que seguramente ya han comenzado a despertar una enorme curiosidad y todo tipo de conjeturas entre los fanáticos de Millennium.

Anuncia: “En este libro Lisbeth se libera poco a poco de sus fantasmas y de sus enemigos. Cada vez que ella logra vengarse de una persona que le ha hecho mal, física o psicológicamente, borra el tatuaje que encarna para ella esa persona. Mientras que sus piercings corresponden a un fenómeno de moda adoptado por jóvenes de su edad, los tatuajes son para Lisbeth una pintura de guerra”.   l

 

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