Ahora, las muertas de Nuevo León

A todas horas y en cualquier lugar del país, las mujeres son víctimas de delitos de género. Pero este riesgo se incrementa en estados como Nuevo León, donde la delincuencia organizada y las fuerzas de seguridad elevan los niveles de violencia a extremos nunca antes vistos. El año pasado se registró el récord de 74 feminicidios en la entidad, y 2011 pinta peor.

 

MONTERREY, NL.- “Esto es un mugrero”, escupió Lucila Quintanilla, refiriéndose a la inseguridad que se vive en el estado y a la ineficacia de las autoridades, horas después de reconocer a su hija Lucila Quintanilla Ocañas, universitaria de 21 años asesinada en medio de un tiroteo el 6 de octubre de  2010 en el centro de esta ciudad.

Estudiante de artes, Lucila  hablaba con su novio por teléfono celular mientras caminaba por el pasaje comercial Morelos, muy cerca de la avenida Juárez, un enclave comercial de la zona metropolitana de Monterrey.

Eran como las siete de la tarde. De repente, dos pistoleros bajaron de una pick up y comenzaron a disparar. Su objetivo era asesinar al custodio penitenciario Onésimo González Ruiz. Éste corrió rumbo a la calle Garibaldi y los sicarios fueron tras él, disparando a diestra y siniestra. Lograron herirlo, pero también alcanzaron a otras cuatro personas. Lucila murió en el tiroteo, atravesada por balas calibre 9 milímetros.

Además de Lucila, en 2010 alrededor de 74 mujeres murieron en Nuevo León por la persistente violencia, ejecutadas por el narco o abatidas en el fuego cruzado. Hasta el 8 de marzo, este 2011 sumaba una veintena de asesinatos de mujeres, con lo que está a punto de igualarse apenas en dos meses el récord de 22 feminicidios registrados en 2007. La brutalidad también va en aumento, pues el año pasado tres mujeres fueron mutiladas y otras dos calcinadas.

De acuerdo con los registros de Artemisas por la Equidad –organismo civil dedicado a combatir la violencia de género–, en 2010 este tipo de crímenes aumentó 370% respecto de 2008. El año pasado duplicó los registros de 2009, cuando 39 mujeres fueron asesinadas.

La estadística de Artemisas por la Equidad, presentada por la activista Irma Alma Ochoa en Nosotras, revista de temas de género que se edita en Monterrey, muestra que el incremento de la violencia contra las mujeres en los últimos 10 años ha escalado en cantidad y en brutalidad.

En 2000 hubo 23 feminicidios; en 2001 la cifra bajó a 17, y en 2002 a 14. Volvió a subir a 28 en 2003, fueron 27 en 2004, 22 en 2005, 28 en 2006 y 24 en 2007. 

Es decir, de los 322 asesinatos de mujeres registrados entre 2000 y 2010, sólo en este último año se registró 23% de los casos, con el aumento de la violencia por parte del crimen organizado y de las fuerzas gubernamentales.

El sábado 13 de noviembre de 2010, Olga Lidia Limón Hernández y María Mayela Contreras fueron ejecutadas en calles de la colonia Acero, de Monterrey. De acuerdo con informes policiacos, ambas se dedicaban al narcomenudeo cerca de la central de autobuses.

El 15 del mismo mes, Nancy Rubí Maldonado Pérez fue abatida por el Ejército en un enfrentamiento en General Terán. Oficiales indicaron que la joven formaba parte de una célula delictiva y abrió fuego contra los soldados junto con su pareja, Julio César Castañeda García, también muerto en la refriega.

De acuerdo con la información que difundieron las autoridades sobre cada uno de esos crímenes, de los 74 registrados en 2010, grupos de la delincuencia organizada participaron en alrededor de 40. Entre estos últimos figura el de María Magdalena Gallegos García, acribillada junto a su pareja, Julio César Fuentes Alemán, cuando transitaban en una camioneta Ford Lobo en la colonia Burócratas Municipales, en el sur de Monterrey.

Gallegos García era madre de Francisco Martín Zapata Gallegos, El Billy, quien fue detenido el 27 de agosto en Benito Juárez, Nuevo León, acusado de ser el jefe de Los Zetas en Monterrey. 

Otro de estos casos es el de Gabriela Elizabeth Muñiz Tamez, La Pelirroja, quien el 31 de diciembre apareció colgada de un puente en Monterrey. Cuatro días antes la mujer había sido liberada por un comando en una bien coordinada operación, ya que estaba presa por secuestro y era trasladada del penal de Topo Chico a un hospital.

 

Hacienda Calderón

 

El 30 de junio de 2010, Sonia Clara Villalobos llamó por teléfono a su mamá. La joven, de 18 años de edad, se escuchaba alterada. Había tenido un percance automovilístico en el bulevar Constitución, el más transitado de Monterrey y su zona metropolitana en hora pico.

Colgó precipitadamente y no se volvió a saber de ella. El vehículo, el percance y los participantes en éste se volvieron humo. Más allá de la llamada de Sonia Clara, nadie registró el accidente, a pesar de que ocurrió en hora pico.

Durante semanas la familia de Sonia Clara buscó en todas partes. Preguntó en agencias del Ministerio Público, acudió a todos los hospitales y recorrió oficinas gubernamentales, pero nadie les dio respuestas.

El 29 de julio, un mes después de su desaparición, el Ejército localizó una fosa con 51 cuerpos en Juárez, Nuevo León. Macabra ironía, el predio se llama Hacienda Calderón. Ahí estaba el cuerpo de Sonia Clara, que, según la procuraduría estatal de justicia, no parecía tener vínculos con delincuencia organizada ni contaba con historial delictivo.

Fuentes policiacas atribuyen la muerte de la joven, vecina del municipio de Guadalupe, a un percance vial con un comando de La Familia Michoacana.

Entre los cuerpos localizados en la Hacienda Calderón estaban los de otras cinco mujeres que hasta ahora todavía no han sido identificadas. 

El 20 de abril de 2010, al menos siete personas desaparecieron del hotel Holiday Inn en el centro de Monterrey. Un comando se llevó a empleados y huéspedes, entre los que se encontraba Arely Hernández, originaria de Reynosa, Tamaulipas, de quien no se volvió a saber nada.

De acuerdo al monitoreo de desapariciones y levantones que lleva a cabo la organización Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos en Nuevo León (CADHAC), los cuales publican medios de comunicación locales, al menos seis mujeres desaparecieron en 2010, cuatro de ellas junto con sus parejas u otros familiares. 

Por ejemplo, el 12 de agosto un comando a bordo de dos camionetas atacó de 18 balazos a un auto Nissan Altima que transitaba a las 6:15 de la mañana por la avenida San Nicolás, en San Nicolás de los Garza. De acuerdo con las versiones de testigos recabadas por la Policía Ministerial, sujetos armados se llevaron a una pareja con un bebé, pero no pudieron identificar a las víctimas.

Varios asesinatos de mujeres en Nuevo León fueron producto de tiroteos imprecisos, del fuego cruzado o de errores en los que se ha denunciado como responsables a las fuerzas de seguridad. Con sólo transitar por las calles, salir del trabajo o recoger a sus hijos en la escuela, estas víctimas se han convertido de pronto en “bajas civiles” de la guerra contra la delincuencia organizada.

Esto sucedió en el tiroteo del 4 de diciembre de 2009 en Juárez, Nuevo León. Los marinos atacaron una finca donde dieron muerte a Ricardo Almanza, El Gori 1, pero un convoy de sicarios logró escapar. Militares que patrullaban la zona se toparon de frente con el comando, que empezó a disparar. Estaban en pleno centro de la ciudad y era la hora de salida de las escuelas. Ahí murió la señora Sonia Hernández Ovalle, que acababa de recoger a sus hijos.

El jueves 3 de marzo de este año, en el municipio de Anáhuac, Juan Carlos Peña Chavarría y su esposa, Rocío Romely Elías Garza, murieron en un tiroteo. Las autoridades los “identificaron” como sicarios, incluso a Rocío le atribuyeron el alias de La Gata. En realidad iban saliendo de su turno en la maquiladora.

Días después, en Monterrey, Julio César Peña Rodríguez y su esposa, Sandra de la Garza Morales, se encontraron con un tiroteo y trataron de huir de ahí, convirtiéndose en blanco de los militares. Sandra recibió un balazo en la cabeza.

 

“Dejemos de contar”

 

Causa alarma la brutalidad de esos asesinatos. El 16 de febrero de 2010, Jesús Villanueva Silva llegó borracho a  casa de Juany Guadalupe Silva, con quien estaba en trámites de divorcio en el municipio de Galeana. Arremetió contra su esposa a puñaladas. Su hija Alondra, de un año, no paraba de llorar, por lo que el sujeto la apuñaló también hasta matarla.

La mañana del 8 de octubre, también del año pasado, Margarita Isabel Castro López, de 24 años, salió de su casa en la colonia Jardines de La Silla en Guadalupe, Nuevo León. Desde hacía cinco años había denunciado varias veces a su pareja, Eduardo Agustince López, por violencia intrafamiliar, pero volvía con él. Como a las siete de la mañana Eduardo se dirigía a su trabajo como albañil y encontró a Margarita platicando con un vecino. De acuerdo con la confesión que rindió el 8 de diciembre, cuando fue detenido, jaló del brazo a Margarita y la golpeó dos veces en el rostro. Luego la llevó a un terreno baldío, donde la golpeó con los puños cerrados y, ya en el suelo, la pateó hasta dejarla inconsciente. Horas después la mujer murió. 

Al respecto la coordinadora de la asociación civil Alternativas Pacíficas, Alicia Leal Puerta, asegura que en los casos de violencia de género hay factores que alertan sobre el riesgo de muerte inminente, y que cuando ésta se consuma es evidencia de la ausencia de políticas públicas de prevención.

E Irma Alma Ochoa, de Artemisas por la Equidad, explica que el entorno de violencia generado por la delincuencia organizada y los cuerpos de seguridad al combatirla sólo se agrega a la violencia preexistente: “No cabe duda de que en toda la geografía mexicana persiste la violencia, ni de que cada día se agrede con saña a las mujeres. (Pero) la conducta violenta se gesta lo mismo en la cocina que en las calles de cualquier poblado”.

En 2010, más de 25 mujeres han muerto baleadas; ocho fueron calcinadas; siete fueron acuchilladas; cuatro mujeres fueron golpeadas hasta la muerte y cuatro perecieron por asfixia; tres fueron lapidadas y otras dos estranguladas; una degollada, otra ahorcada y una mutilada. Una mujer murió en un choque automovilístico contra sicarios, y en tres casos no se dio a conocer la causa de muerte.

Aunque en 40 casos se asume que las muertes estuvieron relacionadas con delincuencia organizada, una cantidad semejante fue producto de violencia de género, y en muchos casos intrafamiliar.

Si se exceptúan las muertes supuestamente relacionadas con enfrentamientos o acciones violentas del narco y los cuerpos de seguridad, los 34 casos restantes de 2010 casi igualan la cifra de feminicidios registrados en 2009 (39). 

No obstante el récord de asesinatos de mujeres en 2010, la estadística oficial muestra una tendencia a la baja en denuncias por violencia intrafamiliar: según la directora del Instituto Estatal de las Mujeres (IEM), María Elena Chapa, para octubre de 2010 se habían registrado 6 mil 856 denuncias, en comparación con 9 mil 369 registradas durante 2009 (Milenio, 25 de octubre de 2010).

Juana María Nava, editora de la revista Nosotras y también activista de género, destaca las declaraciones de la funcionaria para explicarse la indiferencia gubernamental ante la creciente violencia de género. Llama la atención que en la citada entrevista con el diario Milenio, ante el aumento exponencial de feminicidios María Elena Chapa sólo comentó: “Es necesario dejar de contar muertas para tratar de ponerle remedio a la relación abusiva que viven muchas mujeres”. 

 

 

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