Triunfalismo que no convence

Desde hace un año el presidente Felipe Calderón ha enfatizado, con base en datos organizados por sus colaboradores, el discurso triunfalista de que su gobierno va ganando la “guerra” contra el narcotráfico.

No obstante, otras veces reparte culpas y responsabilidades a gobernadores, a Estados Unidos, a los medios de comunicación y a los ciudadanos, dando a entender que no contribuyen lo suficiente, aun cuando la facultad constitucional para combatir al narco es sólo suya. Esto causó que el presidente estadunidense, Barack Obama, señalara la “frustración” de Calderón en la entrevista con CNN en Español trasmitida el martes 22.

A mediados de 2010, el número de muertes provocadas por la violencia era de alrededor de 28 mil y se señalaba a los cuerpos armados del Estado como responsables de asesinar civiles y de violar los derechos humanos, pero desde entonces Calderón ya cantaba victoria, aunque empezó a rechazar que hubiera llamado “guerra” a su política anticrimen.

“El propio término de guerra yo generalmente no lo utilizo, pero aun siendo así, si de guerra habláramos y fuera una guerra de Estado con los criminales, la verdad es que, independientemente de que hay actos muy cobardes de ejecuciones y emboscadas a autoridades del Ejército y sobre todo Policía Federal, la verdad es que la gran mayoría de los enfrentamientos entre las fuerzas federales y los criminales han sido ganados por elementos federales”, dijo el 10 de agosto ante dirigentes de partidos.

El mismo día, cuando los portales ya reproducían sus afirmaciones, el presidente tuvo que rectificar en su cuenta de Twitter: “Nunca dije que ganamos la guerra al narco”.

Ya le había ocurrido. Al calor de la polémica por la muerte de dos estudiantes del Tec de Monterrey en el campus matriz de la institución, donde soldados manipularon la escena del crimen, el 16 de abril de ese año Calderón aseguró que 90% de los muertos eran delincuentes, 5% policías y soldados, y el resto eran civiles abatidos en el fuego cruzado. Días después, ante el alud de críticas, pidió un minuto de silencio por los estudiantes inocentes, cuyo asesinato no ha sido esclarecido.

El pasado 2 de enero, en su mensaje de Año Nuevo, Calderón volvió a celebrar: “Puedo asegurarles que estamos avanzando por la ruta correcta y que vamos a derrotar a los criminales para construir finalmente un México de paz, un México seguro, un México donde nadie esté al margen de la ley y donde nadie viva con temor”.

El día 7 encabezó la reunión anual de embajadores y cónsules mexicanos, donde les dio línea al minimizar el impacto de la violencia. Según Calderón, los índices de homicidios en Honduras, El Salvador, Guatemala, Jamaica, República Dominicana, Venezuela y Brasil superan por mucho la estadística mexicana.

Desde entonces, en todas sus actividades públicas y señaladamente con grupos empresariales, el presidente vuelve a destacar las detenciones de capos, decomisos y operaciones de las Fuerzas Armadas.

Por ejemplo, el dato de que 20 de los 37 mayores capos del narcotráfico mexicano fueron detenidos o abatidos lo utilizó el 22 de enero en la comida anual con la comunidad libanesa, el 16 de febrero en su reunión con 58 altos ejecutivos de empresas trasnacionales con inversión en México, el 22 de febrero ante el Comité Empresarial México-Japón y el 14 de marzo en el encuentro con la comunidad judía.

En este encuentro además acusó a las policías estatales de corrupción y aventuró que, cuando éstas se limpien, la situación del país cambiará. Con todo y eso, añadió, casi 5 mil secuestradores han sido detenidos durante su gobierno.

“Quiero enfatizar, además, que 83% de los delitos que se cometen en México son robos… Y vale la pena recordar que el robo, la extorsión e incluso el homicidio simple son delitos del orden común; es decir, son delitos que deben atenderse por las procuradurías de justicia estatales, por las policías estatales. Nosotros estamos actuando en esos delitos, sí.”

En la ronda de preguntas y respuestas Calderón dijo que al país “le han hecho falta políticos orientados al bien común, no al bien personal o al partido, o, peor aún, a las fortunas inmensas que se han hecho en México al abrigo del poder”.

 

“Polvo en la casa”…

 

Desde que asumió el poder, Calderón sólo ha concedido dos entrevistas a periódicos mexicanos. Una fue al inicio de su administración, con el diario La Jornada, y otra con El Universal, publicada el pasado 22 de febrero.

En ésta Calderón dijo: “He encontrado tanto con el presidente Bush como con el presidente Obama cooperación en ese tema (seguridad), pero evidentemente la cooperación institucional termina por ser notoriamente insuficiente”.

“¿En qué tienen que cooperar los estadunidenses?”, le preguntó Roberto Rock. Calderón respondió: “En reducir el consumo de drogas, no lo han reducido. Y dos, en detener el flujo de armas, y no lo han reducido, sino lo han incrementado”.

Sobre los cables publicados por WikiLeaks, comentó: “Ahí los embajadores o quienes generaron los cables le echaron mucha crema a sus tacos. Siempre querían levantar sus propias agendas ante sus propios jefes, y han hecho mucho daño por las historias que cuentan y que, la verdad, distorsionan”.

Calderón presumía con frecuencia la cooperación binacional y hasta admitió ante la cadena CBS, el 12 de noviembre de 2010, que el gobierno estadunidense equipó un búnker secreto en la Ciudad de México porque él “quería tener todos los juguetes” antiespionaje tras las filtraciones de WikiLeaks, por las cuales se supo que él autorizó a Estados Unidos el uso del espacio aéreo mexicano.

En la entrevista citada volvió a quejarse, esta vez de los gobernadores: “Me parece que si todos hubiéramos asumido con la misma entereza la tarea de enfrentar la criminalidad, desde hace rato estuviéramos viviendo un escenario mucho más alentador en México, y no me refiero al crimen organizado nada más, hay que recordar que el robo constituye 83% de los delitos que se cometen en México”.

Como parte de su campaña para socializar los costos de la “guerra”, Calderón le cambió de nombre; ahora le dice “lucha contra la delincuencia organizada trasnacional”. En actos cívicos y efemérides la compara con gestas históricas, e incluso adopta actitudes de prócer.

Un ejemplo fue la Marcha de la Lealtad, que conmemora el retorno del presidente Francisco I. Madero al Palacio Nacional, escoltado por cadetes del Colegio Militar de Chapultepec el 9 de febrero de 1913. Este año Calderón decidió participar montando una yegua, mientras el secretario de la Defensa Nacional, Guillermo Galván Galván, les exigió a civiles y militares que mantuvieran “lealtad a la patria”.

El 21 de marzo, al conmemorar el natalicio de Benito Juárez, el presidente parafraseó con insistencia al Benemérito y exhortó: “Enfrentamos desafíos y adversidades, como todo pueblo, como las tuvo entonces Juárez. Durante esos retos los mexicanos debemos unirnos para enfrentar a quienes con su actuar pretenden debilitar la democracia, las instituciones y la legalidad”.

Durante su administración se ha empeñado en defender su guerra anticrimen aun en actos ajenos al tema, como el 22 de marzo, cuando inauguró un tramo de la autopista Durango-Mazatlán y expresó que seguiría trabajando en el problema de la seguridad, porque es medular en Durango.

Sin embargo, le molesta que otros pongan el asunto sobre la mesa. El 27 de mayo de 2010, en Toronto, se reunió con el Consejo Canadiense Internacional, cuyos integrantes manifestaron sus dudas por la inseguridad en México. Calderón replicó que el país “es mucho más” que la lucha contra la delincuencia, pues se encuentra en una etapa de transformación. “Si ven polvo en el aire, es porque estamos limpiando la casa”, remató. l

 

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