Los palestinos, divididos y anquilosados

RAMALA, CISJORDANIA.- Aunque la primavera árabe está reactivando naciones del Atlántico al Índico, hasta el momento no ha podido sacudir la atmósfera de división interna y anquilosamiento político que prevalece en los territorios palestinos. Esto ocurre mientras tiene lugar una escalada de enfrentamientos con los israelíes y en vísperas de que se abra un periodo especialmente delicado, de mayo a septiembre.

Dicha etapa empezará en altamar. La primera Flotilla de la Libertad –siete barcos con ayuda humanitaria que pretendían romper el bloqueo impuesto por Israel a la Franja de Gaza– fue asaltada por tropas judías el 31 de mayo de 2010; hubo nueve activistas turcos muertos. La polémica se convirtió en un golpe a la imagen de Israel y trajo el aviso de que habría otros intentos similares.

Para el aniversario del incidente se pretende que llegue a Gaza una Flotilla de la Libertad II, aumentada a 20 buques con mil tripulantes y pasajeros. “Si las autoridades israelíes pensaron que su ataque del año pasado nos asustaría, se equivocaron”, se establece en un comunicado de los organizadores (ONG europeas, básicamente).

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, respondió el lunes 11 con una exigencia a Europa: “Deben detener esa flotilla”. Esto es parte de una ofensiva diplomática para que, si vuelve a recurrir al uso de la fuerza, “Israel pueda decir que hizo todos los esfuerzos para detener los barcos pacíficamente”, opina el diario Haaretz.

Ese mismo día, en la última de una serie de declaraciones de dirigentes palestinos, el ministro de Planeación y Desarrollo Administrativo de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Ali al Jarbawi, aseguró que el proceso de creación de instituciones para un gobierno independiente avanzaba a buen ritmo.

“Estaremos listos –agregó– para la declaratoria de septiembre”, cuando la Asamblea General de la ONU, órgano en el que ningún Estado tiene poder de veto, discutirá, y presumiblemente aprobará, la inclusión de Palestina como miembro de pleno derecho.

“Israel se encontrará entonces en una situación de diaria violación de los derechos de otro Estado miembro y esto tendría consecuencias diplomáticas y legales”, prevé Nabil Shat, miembro de Al Fatah, el partido político que controla a la ANP.

 

La lucha interna

 

El problema será resolver quién tiene la representatividad legítima y legal de los palestinos.

El presidente Mahmud Abbas ha extendido su gestión pese al término de su periodo, hace año y medio, y cerró el parlamento donde su partido, Al Fatah, está en minoría frente a su rival, el islamista Hamas, que ha impuesto violentamente un férreo control sobre Gaza y disputa el del otro segmento –el mayor– de los territorios palestinos: Cisjordania.

Los dos partidos enfrentan una crisis de credibilidad. Hamas está acusado de provocar sufrimientos innecesarios a los ciudadanos de Gaza tras entrar en una espiral de violencia con Israel, lo que culminó en la sangrienta invasión de diciembre de 2008 y enero de 2009; y también se critica que la base del dominio de Hamas es la represión y una exagerada severidad religiosa.

Al Fatah y la ANP, por su lado, quedaron exhibidos en enero por la difusión, por parte de Al Jazeera, de los llamados “papeles palestinos”: una serie de documentos secretos que revelan que sus dirigentes hicieron a Israel ofrecimientos cuestionables, como ceder el control total de Jerusalén y la renuncia al derecho de retorno de los refugiados de las guerras de 1948 y 1967, y también que su posición es de debilidad y colaboración con el gobierno ocupante.

Además los líderes palestinos tienen reiteradas denuncias de corrupción y enriquecimiento ilícito que no se investigan.

Por eso algunos vieron la primavera árabe como la oportunidad de renovar a la clase política palestina mediante una insurrección cívica-juvenil. Sin embargo el Movimiento 15 de Marzo (M15M, que convocó a una manifestación en esa fecha a través de Facebook) no se propuso ir tan lejos: su principal demanda es la unidad de Al Fatah y Hamas, a pesar del desprestigio de esas organizaciones.

Muchos de los jóvenes convocantes –conocidos como “los de Al Manara” (plaza principal de la sede administrativa palestina en esta ciudad) porque, como los egipcios en Tahrir, acampan ahí– son estudiantes y profesionistas de una clase acomodada, con preparación en el extranjero.

“Están completamente desconectados de los palestinos, que son mucho más conservadores”, explica un miembro de Al Fatah al compartir unas cervezas con el reportero. “Yo bebo contigo, pero no lo hago frente a otros. Ellos van a la plaza Al Manara con aliento alcohólico y la gente se da cuenta. No los apoyarán nunca”.

A diferencia de lo que ocurre en otros países árabes, donde las convocatorias a la movilización llegan a sociedades a las que las dictaduras dejaron sin experiencia política, en este caso la ocupación ha creado un pueblo muy politizado y organizado.

En Gaza los miembros del M15M tienen que esconderse porque Hamas ha amenazado con aprehenderlos y esto acarrea violencia y tortura. En Cisjordania la policía palestina los golpeó y dispersó durante una manifestación el 15 de marzo.

Y los miembros de Al Fatah los hostigan. El 30 de marzo Proceso atestiguó un ataque: jóvenes de ese partido celebraban la victoria de su planilla en las elecciones estudiantiles de la Universidad de Bir Zeit y al llegar a Al Manara se dedicaron a golpear a los opositores… con apoyo de policías.

“Nuestro objetivo es crear un bello espíritu de unidad”, afirma uno de los jóvenes lesionados en esa agresión, que reserva su nombre. “Pero sólo coinciden para patearnos”.

Aun así, pueden haber logrado algo. Mahmud Abbas y el primer ministro de Gaza –designado por Hamas–, Ismail Haniyeh, anunciaron su intención de reunirse en mayo y estudiar un posible llamado a elecciones generales en septiembre.

Eso podría ayudar a resolver el problema de la división interna. El anquilosamiento político es más complejo. l

 

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