Morelos, tierra franca para el narco: Carrillo Olea

Conocedor de los entretelones políticos de Morelos, el exgobernador Jorge Carrillo Olea asegura que la lucha antinarco en la entidad sólo es una farsa, pues los cárteles de las drogas no han sido molestados por los mandatarios panistas en los últimos 10 años. Fundador del Cisen y obligado a renunciar al gobierno morelense por los escándalos derivados del desbordamiento de la delincuencia organizada en el estado, achaca su defenestración a una maniobra de la guerra entre Ernesto Zedillo y Carlos Salinas de Gortari.

 

CUERNAVACA, MOR.- Epicentro del hartazgo por la violencia de los cárteles del narcotráfico y de la estrategia del gobierno de Felipe Calderón para enfrentarlos, Morelos pasó del uso político de la inseguridad para ajustar cuentas entre priistas a la protección institucional de la delincuencia organizada en los 10 años en que lo ha gobernado el PAN.

Esto se desprende de lo dicho por el coronel retirado del Ejército Jorge Carrillo Olea, protagonista del primer escándalo que puso a Morelos en el centro de la atención por la presencia del narcotráfico y quien asegura que su salida obligada del gobierno estatal fue orquestada desde Los Pinos como parte de la pugna entre el expresidente Ernesto Zedillo y su antecesor, Carlos Salinas.

En una entrevista en la que por primera vez cuenta los entretelones de su salida, dice también que, con la llegada del PAN, el narcotráfico se consolidó en Morelos al amparo de las autoridades estatales y ante la indolencia de los gobiernos de Vicente Fox y Calderón, que han protegido a sus respectivos amigos, el exgobernador Sergio Estrada Cajigal y el actual, Marco Antonio Adame Castillo.

Con priistas o panistas, la entidad ha padecido el mismo mal: la presencia de importantes narcotraficantes, desde el fundador del cártel de Juárez, Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos a mediados de los noventa, hasta el cártel del Pacífico Sur, que se dio a conocer en la entidad en abril del año pasado y que según el Ejército y la Secretaría de Seguridad Pública Federal fue responsable del asesinato de Francisco Javier Sicilia Ortega y de otras seis personas el 28 de marzo pasado.

Punto de quiebre de la violencia en el estado fue la ejecución de Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, el 16 de diciembre de 2009 por fuerzas especiales de la Infantería de Marina, en lo que el militar retirado describe como el inicio de la experimentación de la Armada de México en operaciones contra el narcotráfico.

Carrillo Olea –quien durante el gobierno de Carlos Salinas fundó el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y en la Procuraduría General de la República (PGR) el Centro Nacional contra las Drogas (Cendro)– afirma que las acciones contra el narcotráfico en la entidad son una simulación.

“En Cuernavaca hay una gran actividad: retenes por todos lados, un helicóptero que se la pasa dando vueltas por las ciudad, pero los patrullajes se hacen a la mitad del día y los retenes, cerca de las escuelas mientras que en comunidades cercanas como Ocotepec, Ahuatepec y Santa Catarina prevalece una gran violencia, y en otras más alejadas, como Tlayca, de plano no entra ninguna autoridad.

“La verdad absoluta es que no hay inteligencia; y si no la hay, ni con todas las ganas ni con operativos espectaculares se va a lograr algo. Todo mundo está simulando”, asegura quien fuera jefe de Inteligencia del Estado Mayor Presidencial en el gobierno de Luis Echeverría.

 

La nota del “New York Times”

 

Truncado su sexenio en mayo de 1998, a dos años de terminar, en medio de una crisis de inseguridad por una ola de secuestros, dice: “No me lavo las manos” de lo ocurrido en materia de seguridad pública durante mi gestión.

Pero asegura que su salida anticipada la provocó Zedillo, apoyado en el actual senador perredista Graco Ramírez. En su pugna con Salinas –explica– Zedillo quiso cortar de tajo cualquier control que tuvieran personas vinculadas con su antecesor y “había dos que conocían el corazón de la República: (el actual senador del PRI) Manlio Fabio Beltrones y Carrillo Olea”.

En ese momento, gobernadores de Sonora y Morelos luego de haber participado en el aparato de seguridad e inteligencia del gobierno salinista, ambos fueron señalados por el periódico The New York Times (NYT) de estar involucrados con el narcotráfico. De Carrillo Olea el diario dijo que su relación era con El Señor de los Cielos y que había sido detectada por un “informe de inteligencia militar” en 1992, cuando estaba al frente del Cendro.

La arremetida de Zedillo “no fue contra cualquiera”, dice el exgobernador, quien acusa al secretario particular de Zedillo, Luis Téllez, actual director de la Bolsa Mexicana de Valores, de haber manipulado al NYT. Nombrado secretario de Comunicaciones y Transportes por Calderón, Téllez tuvo que renunciar en abril de 2009 por la filtración de grabaciones en las que acusó a Salinas de haber robado la mitad de la partida secreta de la Presidencia de la República.

–Pero la acción de Zedillo fue a partir de un hecho concreto: la presencia del narcotráfico en Morelos…

–Se ha hablado con mucha ligereza de que, en mi tiempo, Morelos se convirtió en un nido de narcotraficantes. Quisiera que explicaran puntualmente cómo estuvo eso. Sacan a cuenta, que es absolutamente cierto, que a cuatro cuadras de la casa de gobierno había una propiedad de un narco, ese Señor de los Cielos, y me imputan la responsabilidad de por qué yo no sabía.

“Le digo lo que he dicho siempre: ¿usted sabe quién vive en el edificio junto a su casa? Son señalamientos de mala fe con la convicción de que es muy fácil acusar. Además, la colonia Reforma, donde está esa casa, es una zona con grandes mansiones, grandes bardas, anónimas absolutamente.”

–Pero como gobernador con experiencia en actividades de inteligencia, ¿no lo sabía?

–Tendría que andarlo buscando. Aquí hay dos elementos que tampoco se mencionan con el propósito de seguirme señalando. Había una delegación de la PGR, cuya función central es la persecución del delito federal. También una delegación del Cisen, que aunque lo policial no es su función sí tiene relación con la actividad política. Pero nunca hicieron ni dijeron nada.

 

“Una trampa de Téllez”

 

A 14 años de su salida del gobierno da a conocer lo que describe como una operación política para su salida en la que intervinieron Zedillo, Téllez, Liébano Sáenz, titular de la Oficina de la Presidencia;  Jorge Madrazo, procurador general de la República y el director de la Lotería Nacional, Carlos Salomón, además del exembajador de México en Estados Unidos, Jorge Montaño y Graco Ramírez, actual senador del PRD por Morelos.

Relata: “Un día Jorge Montaño me dice: ‘Oye, hay un periodista del NYT que te quiere hacer una entrevista’. Al domingo siguiente llegó con el reportero Sam Dillon. Platicamos de la manera más superficial. Cuando noté que la conversación no iba para ningún lado, el periodista sacó de su portafolios un papel –que era copia al carbón– que decía que los gobernadores de Sonora y Morelos eran protectores del narco y que no sé qué. Cuando lo leí, dije: ‘Esto es una fantasía, una barbaridad’. Y se lo aventé”.

Se dirigió entonces al diplomático: “Jorge, esto es una barbaridad”. Hasta ahí llegó el encuentro. De Montaño dice: “Nunca le agradeceré haberme llevado a Sam Dillon sabiendo lo que estaba buscando y no advertirme. Fue una falta de lealtad. Yo no me hubiera negado a la entrevista sabiendo de qué se trataba”.

Asegura que Téllez fue quien le entregó la información a Dillon. “Lo llamó y le dijo: ‘Me dice el presidente que te entregue esta nota’. O sea que el presidente de la República, quedando bien con el NYT, empina a un gobernador”, exclama Carrillo y agrega: “El periodista no juzgó si era cierto; sólo tomó en cuenta que se la había dado el presidente. Nunca dudó del origen de esa versión”.

Cuando el NYT publicó la información y se reprodujo en México “me voy de espaldas”.

Recuerda: “Era temprano. Estaba aún en mi recámara cuando me avisaron de la nota. Dije: ‘¡Qué barbaridad, el NYT acusándome de narcotraficante! Ni siquiera me vestí. Me puse a hacer llamadas a todo el mundo, sin ningún efecto. Entonces apareció otra vez la mano de Zedillo, quien a través de Liébano y con dinero de la Lotería Nacional empezó a dirigir y financiar una campaña en mi contra”.

Después “pude saber que Zedillo le ordenó a su procurador, Jorge Madrazo –defensor de los derechos humanos, dice sarcástico– abrirme una averiguación previa como responsable de delitos contra la salud. Y Madrazo, tan corrupto moralmente, declaró reiteradamente a la prensa que la investigación avanzaba.

“Publiqué entonces una carta en el periódico El Universal titulada ‘Procurador, ¿por qué me persigue?’ Lo emplacé, de acuerdo con el artículo octavo constitucional, a que a la brevedad me contestara. Lo hizo al otro día con un encabezado de lo más torpe para un procurador: ‘Ningún mexicano tiene derecho a no ser investigado’. Pero además decía que en la PGR no había ninguna averiguación por lavado de dinero y una sarta de estupideces”.

Pero siguió la ofensiva mediática y de movilización, dice el exgobernador. “Para ello Zedillo utilizó recursos de la Lotería Nacional y a Graco Ramírez. Trajeron camiones llenos de gente a las movilizaciones y alquilaron un cine donde dispusieron de televisores y proyectaron una imagen de 10 metros con mi imagen. Todo eso lo operó Graco, que recibía los recursos del entonces director de la Lotería, su compadre y tabasqueño como él, Carlos Salomón”.

Detalla un encuentro que tuvo con Liébano Sáenz en medio de las acusaciones en su contra. Le preguntó: “¿Cómo es posible que si a un gobernador le cuesta tantísimo trabajo hablar un minuto con el presidente, cada vez que Graco quiere a él sí lo recibe?” El jefe de la oficina presidencial le respondió: “Es que durante la campaña Graco le resolvió algunos problemas con unos izquierdosos. Entonces cada vez que se puede lo subo con el presidente para que se tomen un cafecito”.

Esa conversación ocurrió en la oficina de Sáenz, “cuatro metros arriba del escritorio de Zedillo” y delante del entonces secretario de Gobernación, frustrado candidato presidencial y actual senador Francisco Labastida.

“Todavía Liébano me dijo: ‘Aquí vas a tener siempre las puertas abiertas con el jefe, que te aprecia mucho, y conmigo, tu amigo’. Le dije: ‘Mira Liébano, no nos hagamos; en el momento que yo salga por esa puerta no me vuelves a tomar las llamadas’. ‘¡No, ¿cómo crees?! Si somos amigos…’, me dijo. Me dirigí entonces a Labastida: ‘Ni tú Paco, conozco el sistema’.

 

El caso Martínez Salgado

 

Su salida se precipitó por el homicidio de un secuestrador a manos de agentes de la Policía Judicial del estado, entre ellos su coordinador, Armando Martínez Salgado. Recuerda: “Lo habían detenido en Jiutepec y lo trajeron a la Procuraduría. Lo empezaron a interrogar y se les muere. Lo quisieron tirar en Guerrero. Cuando están en la maniobra pasa una patrulla de la (entonces) Policía de Caminos y los detienen. Se los llevaron a Iguala”.

Continúa: Graco Ramírez, “que es un tipo muy hábil”, comenzó de nuevo las movilizaciones y la presión mediática. “Contra el consejo de mis abogados, Xavier y Víctor Olea, y del exgobernador de Puebla, Mariano Piña Olaya, decidí pedir licencia porque la vida en el interior del estado se estaba descomponiendo mucho”.

Dice que ante “la ignorancia y la tibieza” de Labastida, él mismo decidió y operó para que el Congreso designara sucesor a Jorge Morales Barud, a pesar de que “Juan Salgado Brito había convertido lo que fue el hotel Maximilian’s en un mercado sobre ruedas de votos. Ahí se compraban y vendían los votos de los diputados a millón de pesos”.

El coronel retirado demandó por difamación a los reporteros Sam Dillon y Craig Pyes por la publicación de la nota en el NYT. Explica que el proceso judicial acabó cuando la PGR emitió un boletín para decir que de acuerdo con el tratado de asistencia jurídica recíproca, lo que no existía en el lugar de origen de los demandados no se podía sancionar en México.

“Solamente por eso no los metieron al bote, porque se comprobó la difamación ya que nunca presentaron ni una sola prueba. Ni el periódico ni ellos dos pudieron sostener nunca que yo tenía vínculos con el narco. Las acusaciones en mi contra sólo se quedaron en averiguación previa y nunca se pudo consignar el expediente ante un juez”, dice el exgobernador.

A los reporteros les dieron el premio Pulitzer en 1998 –el reconocimiento más importante al periodismo en Estados Unidos– “para sobarles el chipote”, festeja ahora Carrillo Olea, quien sin embargo en 2000, todavía en el sexenio de Zedillo, tuvo que salir del país por “el temor de que Madrazo emitiera en cualquier momento una orden de aprehensión”.

Durante dos meses estuvo en Madrid y París “con la ayuda de unos queridos amigos, porque yo no tenía dinero”.

Hasta el triunfo de Fox: “Los abogados me dijeron que después de eso ni Zedillo ni Madrazo ni Labastida eran capaces de hacer nada en mi contra. A los tres o cuatro días regresé”.

El PAN ganó la Presidencia de la República y el gobierno del estado con Sergio Estrada Cajigal. Dice Carrillo Olea: “Sergio se deslumbró, supo lo fácil que es enriquecerse y ser famoso. En su frivolidad hubo un proceso evidente de enriquecimiento de él y algunos de sus colaboradores.

“Se enredó con un pariente de su segunda señora que era un ladrón de coches. No dudo que se haya dejado querer por mucha gente y una de ellas, su propio secretario de Seguridad Pública”, Luis Ángel Cabeza de Vaca a quien el actual gobernador Marco Adame mantuvo en el cargo hasta poco antes de que lo detuvieran por sus relaciones con el narcotráfico.

Menciona también el caso de José Agustín Montiel López, excoordinador general de la Procuraduría estatal, encarcelado por proteger a Vicente Carrillo Leyva, del cártel de Juárez, y a José Esparragoza Moreno, El Azul, del cártel de Sinaloa, a cuya hija se le atribuyó una relación con Estrada Cajigal. “Gracias a Fox se diluyeron todas las responsabilidades. No pasó nada, como no fuera encarcelar al policía judicial. El gobernador libró todas”.

En Morelos, dice, “hay una terrible debilidad de las fuerzas del orden y de justicia”. Ejemplifica: el actual procurador Pedro Luis Benítez Vélez no manda ni a su chofer. Carece de prestigio en el medio jurídico. Cuando yo era gobernador él salió del estado escondido en una cajuela porque al ocupar el cargo de director en Transportes se metió en un enredo de robo de coches. Dice que yo lo encerré pero yo ni me enteré”.

Menciona también a Luis Adame, hermano del entonces candidato a gobernador, quien fue detenido en mayo de 2006 acusado de participar en una banda de robacoches. En cuanto Marco Adame asumió el poder “no sólo le diluyeron cargos sino que encarcelaron a los que lo persiguieron”.

“Hoy Morelos es una referencia nacional del hartazgo en México. Pero el gobernador está muy tranquilo. Primero porque se le escurre todo. Segundo porque tiene el apoyo de Calderón”, como se demostró en una reciente reunión en la Secretaría de Gobernación en la que Francisco Blake buscó al PRI para que no atacara a Adame”, asegura.

 

 

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