Graco revira a Carrillo Olea: él incubó al narco

“Jorge Carrillo Olea fue quien incubó el huevo del narcotráfico en Morelos. Él es el responsable de la desgracia que vive la entidad”, sentencia el senador perredista Graco Ramírez Garrido Abreu. 

E insiste: el narcotráfico se avivó en Morelos cuando Carrillo Olea fue gobernador priista en el estado, de 1994 a 1998.

Pero lo más grave está por venir, enfatiza el legislador, si el PRI regresa al poder.

Consultado por la reportera sobre las declaraciones del coronel retirado del Ejército (Proceso 1801), Ramírez Garrido Abreu, sostiene que él nunca pactó con el presidente Ernesto Zedillo la renuncia de Carrillo Olea. Incluso aclara que estaba pendiente un juicio político contra el mandatario morelense por el incremento de la delincuencia organizada en la entidad durante su gestión.

Nacido en Jojutla, Morelos, Carrillo Olea inició su carrera política en el PRI en 1962 y tuvo diversos cargos dentro de la administración pública. Fue subsecretario de Gobernación de 1982 a 1988; fundador del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y de la Comisión para la Atención contra los Delitos de la Salud de la Procuraduría General de la República (PGR).

Según el entrevistado, el incremento del crimen organizado en Morelos data del periodo en que Carrillo era funcionario en la Secretaría de Gobernación, pues controlaba las aduanas, donde se manejaba el contrabando de mariguana.

Dice que, durante el sexenio de Miguel de la Madrid (1988-1994), Carrillo Olea se vinculó a Carlos Salinas de Gortari para ser candidato a gobernador. Antes, en 1989, fundó el Cisen, desde donde comenzó a controlar la información política del gobierno federal.

“Nos percatamos de la presencia de autos blindados con gente del norte del país y entonces se habla de que viven narcos en Morelos”, relata el legislador y menciona ejemplos: en Vistahermosa, a tres calles de la casa de gobierno de Morelos, se construyó la mansión del narcotraficante Amado Carrillo, El Señor de los Cielos; y en Tetecala, en los límites con Guerrero, se hacían fiestas de gente vinculada al trasiego de drogas.

 

Los primeros vínculos

 

Aún no cumplía un año como gobernador de Morelos, cuando los morelenses decían que Amado Carrillo vivía ahí. Para el segundo año de gestión de Carrillo Olea, la presencia de personajes vinculados al narcotráfico era notoria. Incluso llegó a comentarse que una hija del gobernador estudiaba con Cristian Esparragoza, hijo de Juan José Esparragoza, El Azul; también, que Aerolíneas Internacionales, cuya ruta iba de Cuernavaca a Culiacán y de Culiacán a Hermosillo, era manejada por El Señor de los Cielos.

“La broma de toda la gente era que esta aerolínea repartía ‘la Coca-Cola’”, recuerda Graco Ramírez. El aeropuerto era controlado por la Secretaría de Gobierno, encabezada por Guillermo Malo Velasco, sobrino del gobernador.

El martes 17, Malo Velasco fue detenido por elementos de la Policía Federal en posesión de un auto Cherokee gris modelo 1998 con placas de circulación PVG 2885 del estado de Morelos que había sido reportado como robado. No obstante, fue liberado y hoy continúa manejando la obra pública en el ayuntamiento de Cuernavaca.

En la época de Carrillo Olea como gobernador empezaron los secuestros en Morelos. En particular los de la banda que lideraba Daniel Arizmendi, El Mochaorejas, quien durante mucho tiempo operó sin que nadie lo molestara.

Graco Ramírez asegura que en una ocasión le reclamó a Carrillo Olea por el incremento de la delincuencia organizada en la entidad, pero el mandatario lo criticó por su “actitud protagónica” y rechazó las acusaciones.

El senador perredista comenta que fue en 1995 cuando se realizó la primera marcha del silencio. Hubo otras: una en 1996 y otra al año siguiente. Se documentaron también 370 secuestros ocurridos en Morelos. Y cuando volvió a reclamarle al gobernador Carrillo Olea, fue amenazado. El Cisen, encabezado por Wilfredo Robledo, tuvo que mandarle escoltas para que lo protegieran.

A principios de 1998, Graco Ramírez y otros legisladores promovieron un juicio político contra Carrillo Olea, pero el entonces secretario de Gobernación, el priista Francisco Labastida, le pidió retirar la solicitud. Como el perredista se negó, Labastida le pidió que permitiera que Carrillo Olea presentara su renuncia. En mayo de ese año dejó el cargo.

“Lo inhabilitaron por 14 años”, plazo que se cumple en 2012, recuerda Graco. Además, dice, la procuraduría de Morelos abrió una investigación contra Carrillo Olea, incluso se giraron órdenes de aprehensión que no procedieron. “Él supo negociar su silencio”, afirma el senador.

Comenta que el exmandatario filtró información sobre seguridad nacional y difundió, entre otros asuntos, los presuntos víncu­los de familiares del entonces presidente Ernesto Zedillo con el narcotraficante Manuel Salcido, El Cochiloco.

Por eso, insiste Graco, los señalamientos que hizo Carrillo Olea a Proceso tienen un mensaje: impedir que sea candidato a gobernador de Morelos. Según él, los priistas saben que tiene posibilidades reales de ganar los comicios en 2012, que se empatan con los presidenciales.  l

 

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