Serbia: la nación más odiada del mundo

MÉXICO D.F. (apro).- En 1984, un desconocido autor serbio publicó una novela que se puede leer de innumerables maneras, ya sea de la forma tradicional, de atrás para adelante, siguiendo a un personaje, un asunto, o de plano perdiéndose en sus páginas.
Además, el lector también puede escoger entre adquirir el libro en su versión masculina o femenina y comparar las tres fuentes que lo conforman: la islámica, la cristiana y la judía.
Estas innovaciones literarias del Diccionario Jázaro han sido el tema central del debate sobre la obra del hoy más conocido autor serbio, Milorad Pavic.
Sin embargo, el diplomático y escritor Viseslav Simic reveló a Apro que un aspecto poco tratado sobre esta obra es la advertencia que hace sobre el destino su pueblo.

“Pavic dio una advertencia: los jázaros eran una metáfora sobre los serbios”, explica.
En el libro, el pueblo jázaro aparece como un enigma. Los rastros y las claves sobre ellos son confusos. Se sabe que llegaron del Este en una migración, que se borraron como fantasmas cuando se convirtieron a alguna de las tres religiones monoteístas, y que los que exploran la verdad sobre ellos perecen.
“Nos escribió este libro para decirnos lo que pasa como artista”, explica Simic, “nos lo dijo de una manera especial. Este Diccionario Jázaro es una historia del futuro de los serbios, aunque se trate del pasado”.
Los primeros serbios llegaron a la región hacia el año 395. Posteriormente, el emperador Heraclio los dejó establecerse en Macedonia. Se convirtieron al cristianismo en 867 a 869 y fundaron un Estado que duró hasta la invasión en 1371 de los turcos, quienes se asentaron en las minas de plata de Srebrenica. A partir de entonces, algunos serbios se convirtieron al Islam.
En el siglo XIX, los serbios se rebelan contra los turcos y se crea una tensa situación política que se hereda a todo el siglo XX.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el mariscal Josip Broz Tito establece la República Federal Socialista de Yugoslavia, oficialmente una república multiétnica donde cada región tenía cierta autonomía.
Pero al morir Tito y al caer el Muro de Berlín, Eslovenia y Croacia se declaran independientes de Yugoslavia (25 de junio de 1991). Posteriormente lo hacen Macedonia (8 de septiembre), Bosnia (5 de abril de 1992), Montenegro (3 de junio de 2006) y Kósovo (17 de mayo de 2008). Todas las escisiones tuvieron el apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea.
“Ahora tenemos sólo la parte central”, aclara Vlasislav Simic, “cortan y cortan cada vez más el territorio serbio. Los serbios de la zona croata o les matan o ser convierten al catolicismo, y ahora son croatas”, denuncia Simic, “esa fue la política católica y del Islam en los Balcanes”.
Actualmente, los serbios temen la separación de la municipalidad autónoma de Voivodina, dominada por el reino de Hungría de 1526 a 1716 y poblada por 65% de serbios y 14% de húngaros.
De acuerdo con el escritor y diplomático, la detención el 26 de mayo del general serbio Ratko Mladic, acusado de genocidio en Srebrenica, Bosnia, por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) y la cercanía del 16 aniversario de los eventos de Srebrenica –uno de los hechos más controversiales de la historia moderna de los Balcanes– hacen necesaria la exposición del punto de vista del pueblo más “satanizado” durante el conflicto: el serbio.
La polémica sobre Srebrenica
El punto más álgido de la guerra de secesión de Bosnia se alcanzó con el asedio del general Ratko Mladic a la ciudad de Sarajevo (1992-1995) y los eventos de Srebrenica (julio de 1995).
El número de muertos de ambos bandos es todavía indeterminado. De acuerdo con el TPIY, el ejército comandado por Mladic asesinó a más de 8 mil hombres y niños bosnio-musulmanes. El tribunal califica a este hecho jurídicamente como “genocidio”.
Esta etiqueta es mayormente aceptada en el mundo Occidental. Sin embargo, es apelada por algunas personalidades como el economista estadounidense de izquierda, Edward S. Herman, o el director de cine serbio, Emir Kusturica.
Existen análisis como el libro Srebrenica: la política de los crímenes de guerra, publicado por el Grupo de Investigación sobre Srebrenica, integrado por periodistas, académicos y dos antiguos empleados de la Organización de Naciones Unidas, Carlos Martins Branco y Phipil Corwin, autor del libro Un mandato dudoso: una memoria de Naciones Unidas en Bosnia, verano de 1995.
El libro Srebrenica: la política de los crímenes de guerra cuestiona la versión oficial del TPIY por la supuesta manipulación del número y el cuerpo de los muertos, la desubicación de la masacre en el contexto de la guerra y la presunta politización de las resoluciones.
Dos de los colaboradores del libro, el documentalista, escritor y publicista George Bogdanich y el experiodista de la BBC, Jonathan Rooper, escriben que durante el ataque serbio, Srebrenica tenía cerca de 40 mil habitantes.
“Si el gobierno Bosnio y la Organización Mundial de la Salud reportaron en agosto de 1995 que un número de 35 mil 632 personas fueron desplazadas de Srebrenica. La tesis es que hubo más de 38 mil sobrevivientes en un pueblo de 40 mil hace inconsistente el número de 8 mil víctimas”, escriben.
De acuerdo con el testimonio que el general de la Misión de Naciones Unidas para Yugoslavia, Philippe Morillon, dio al TPIY en 2005, centenares de serbios fueron asesinados en las zonas aledañas por las fuerzas del bosnio Naser Oric antes de que fuera ocupada Srebrenica.
“Naser Oric se involucró en ataques durante la navidad ortodoxa (7 de enero de 1993) y destruyó villas, masacró a los habitantes. Esto creó un grado de odio extraordinario en la región”, declaró Morillon.
Los autores del libro sospechan que muchos de los cuerpos presentados como víctimas de genocidio no eran bosnios, sino los cuerpos de los serbios asesinados meses atrás, o incluso esqueletos desenterrados de la Segunda Guerra Mundial.
“Lo que pasó en Srebrenica no fue una singular masacre de musulmanes por parte de los serbios, sino una serie de sangrientos ataques y contraataques durante un periodo de tres años que tuvo su pico en julio de 1995”, dice el libro.
El primer evento de la guerra de los Balcanes fue la Guerra de los 10 días de Eslovenia, posteriormente fue la llamada Guerra de Independencia de Croacia (1991-1995) y las posteriores guerras de Bosnia y Kósovo.
Para el Viseslav Simic, la guerra en Bosnia no fue comenzada por los serbios, sino por los musulmanes, pues en marzo de 1992, un bosnio, presuntamente el comandante Ramiz Delalic, atacó una boda de Sarajevo y asesinó al ciudadano Nikola Gardovic.
Dos meses después, el 15 de mayo de 1992, el oficial bosnio-croata Ilija Jurisic ordenó un ataque paramilitar sobre un tanque de las fuerzas de Yugoslavia. Murieron 200 soldados, hubo 33 heridos y 140 capturados y torturados. La guerra en Croacia ya había comenzado, pero en Bosnia todavía no.
“Este fue el primer ataque de la guerra (…) Todos sabían todo” cuenta.
Simic trabajó de 1989 a 2004 para el Departamento de Estado estadunidense. De 1995 a 1996 fue recomendado por el Departamento de Estado para el Tribunal de la Haya para el Equipo de Negociación y Estabilización Bosnia-Estados Unidos de 2005 a 2007 y en la Embajada de Bosnia y Herzegovina de 2000 a 2005. Hoy forma parte de la Unión de Escritores Serbios.
Simic revela que los medios estadounidenses comenzaran a hablar de un genocidio sólo cuando los bosnios recibieron una respuesta de los serbios.
“Pero los serbios son malos, son comunistas, son Nazis, cometen genocidios”, ironiza Simic. “Estos grandes mitos son que los serbios cometieron genocidio y que son los únicos responsables de la guerra en Yugoslavia”, señala.
Esta idea sobre los serbios todavía prevalece en algunos programas y medios de comunicación. A propósito del concierto que Amy Winehouse dio en Serbia el 19 de junio, donde fue expulsada por llegar tarde, desafinar e interpretar alcoholizada, el programa estadounidense Chelsea Lately hizo declaraciones racistas en contra del país.
“No puedo creer que todavía dejen a los serbios ir a conciertos”, dijo la presentadora Chelsea Chandler.
Sin embargo, recientemente han aparecido perspectivas que tratan de hacer un balance de la guerra. El 30 de septiembre de 2009, Amnistía Internacional lanzó un comunicado en el que urgía a tender a las a las víctimas de violación en Bosnia (un promedio de 30,000). La organización de Derechos Humanos dijo que durante la guerra, los croatas bosnios, los serbios y los musulmanes, todos, participaron en violaciones sistemáticas como parte de una extendida limpieza étnica.
El 15 abril de 2011, el propio TPIY condenó la llamada Operación “Tormenta” durante los juicios contra los generales croatas, Ante Gotovina, Mladen Markac e Iván Cermak.
“(Fue) una asociación criminal, formada por los jefes de estado croatas, incluyendo al fallecido ex presidente Franjo Tudjman y otros cuatro jerarcas, destinada a la expulsión masiva de población serbia (250.000), desapariciones, torturas (violación de mujeres incluida), destrucción sistemática de viviendas, saqueos, crímenes de lesa humanidad y homicidios de 150 personas”.
El general Ante Gotovina fue declarado culpable por crímenes contra la humanidad el mismo 15 de abril. El general Ratko Mladic, serbio, tendrá su juicio a partir del 3 de julio.
“Uno es un general que defendió y protegió a su gente (Mladic). El otro fue un líder que hizo un genocidio y una expulsión de los ciudadanos de su país (Gotovina)”, dice Simic.
“La Krajina (zona serbia de la actual Croacia) fue invadida por los croatas, pero era una zona separada y se llamaba el condado serbio en el Imperio Austro-Húngaro. Este general organizó una invasión y les echó de su tierra”.
Para Vasislav Simic, la condena de Gotovina sería una “concesión” que Occidente quiere dar a Serbia para mostrar cómo se persiguen a los que cometieron crímenes contra los serbios.
Sin embargo, de los 153 supuestos criminales de guerra buscados, 94 son serbios, 29 croatas, 9 albaneses, 9 bosnios, 2 macedonios y 2 montenegrinos. El total de serbios condenados es de 53, cuatro tienen condenas de por vida. Las penas de los croatas no pasan de los 25 años (Gotovina) y las penas de los 5 bosnios condenados no pasan de los 18 años.
De acuerdo con Simic, el general serbio Ratko Mladic fue declarado culpable por los medios de comunicación de Occidente antes de que se le hiciera un juicio, pero fue un general que “siguió las reglas de la guerra”; sin embargo, todavía se le tiene que comprobar su culpabilidad ante la TPIY.
Entrevistada por Apro, la filóloga y periodista independiente serbia Dusica Petronijevic narra sus impresiones sobre la guerra:
“En Serbia, algunas personas piensan que Ratko es un héroe. Otros piensan que es sólo una persona normal, que el país importa más”.
Petronijevic dice que hay un sentimiento de dolor porque el mundo habla siempre mal de los serbios, no de los croatas o los Bosnios.
“Hubo una guerra civil y todas las partes se involucraron. También los musulmanes y los croatas atacaron, pero cuando acabó la guerra la política del mundo dijo que sólo los serbios eran culpables”, dice.
“Mladic causó muchas víctimas, estoy de acuerdo. Pero también salvó mucha gente serbia en Croacia y Bosnia. Sin él, todos estarían muertos”, sostiene.
Actualmente, Petronijevic escribe un drama sobre una famosa pareja de actores de Serbia: él es un albanés de Kósovo y ella es mitad serbia y mitad croata para barrer con los prejuicios.
“Yo lloré cuando vi las imágenes en televisión de Srebrenica. Sin embargo, del lado musulmán, antes organizaron matanzas serbias (…).
Ellos jugaban el juego de Estados Unidos, mientras había muertos de los dos lados. Tudjam (premier croata), Milosevic (serbio) y Iztbegovic (premier bosnio) bebían juntos y se hacían más ricos. Somos marionetas en manos estadounidenses, como Libia ahora y como muchos otros países”.
Geopolítica Balcánica
“Los Balcanes es una región estratégica, está en medio de las vías de comunicación entre Europa, Medio Oriente, Asia y África”, declara Simic. “Para Estados Unidos es importante colocar bases militares en la zona para controlar la posición de Europa y Medio Oriente y estar cerco del Mar Negro y Adriático”.
En Kósovo, cuya declaración de independencia sólo fue apoyada por 76 miembros de Naciones Unidas, existe la base militar más grande de su tipo en el sudeste de Europa.
El sitio militarybases.com muestra un mapa de Campo Bondsteel, que cuenta con 7 millas de perímetro, más de 7 mil efectivos y sirve como cuartel también para la OTAN. Además, fue construida por ingenieros militares estadounidenses con la ayuda de la corporación KBR, filial de Haliburton, acusada por operar sin licitaciones y constructora de bases en Afganistán, Cuba e Iraq.
En 2005 hubo controversias sobre Campo Bondsteel ya que el director de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Alvaro Gil-Robles, calificó a la base como un “pequeño Guantánamo” donde se detenían sospechosos por la “guerra contra el terror” de George Bush.
“Se cruzan en este punto de tiempos antiguos. Griegos, romanos, Bizancio, Cruzadas, todos pasaban y pasaron por esta ruta”, comenta Simic.
En Bosnia, se encuentra la Base Aérea de Tuzla, durante los tiempos de Yugoslavia funcionó como una base de entrenamiento de pilotos militares. En la guerra de Bosnia fue recuperada por las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN. El control del espacio aéreo fue devuelto a los bosnios en 2007, pero no el control de la base.
Según Simic, “desde ahí se pueden controlar todas las rutas de aviones civiles y militares y llegar a Rusia en 15 minutos. Igualmente a Italia y Alemania. Estas bases están en unos cuasi-Estados como Bosnia y Kosovo y ellos no pueden pedir ningún permiso ni nada. Para usar una base en Alemania deben pedir permiso. En Kosovo pueden entrar por Albania. Nadie sabe cuántas armas ni qué cosas tienen”.
Desde la caída de la exYugoslavia, los Balcanes se han convertido en un lugar estratégico para el tráfico de armas, drogas y personas. En 2007, el Instituto para la Política Europea de Berlín reportó que las ganancias de la mafia kosovar llegaban a 550 millones de euros, un cuarto del PIB del país. El reporte califica a Kósovo como una “región multifuncional criminal”, especialmente por el tráfico de heroína desde Afganistán.
En diciembre de 2010, el Consejo de Europa el primer ministro kosovar, Hashim Taci, fue ligado al tráfico de armas, drogas y órganos de víctimas serbias.
De acuerdo con el reporte de 2010 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de Naciones Unidas, la droga pasa por Turquía, llega a Serbia, Albania y Bulgaria y se aprovecha de los espacios en Kósovo y Bosnia.
La mafia Bosnia, integrada por grupos distintos de bosnios, croatas y serbios, tiene una ganancia anual de 150 millones a 300 millones de euros, el total del gasto del Estado bosnio. Nombres claves de la mafia como Ramiz Delalic y Jusuf Prazina también fueron parte de los paramilitares o del ejército bosnio durante la Guerra de la exYugoslavia.
“Ahora nadie tiene ningún derecho en estos territorios, ni albaneses ni bosnios ni serbios ni croatas”, denuncia Simic.
Reconciliación
De acuerdo con el escritor, sólo con la verdad se puede llegar a la reconciliación, entera y totalmente abierta. Esta verdad debe estar acompañada con una revisión histórica sobre lo que ocurrió en las dos Guerras Mundiales, la Guerra de la exYugoslavia y la Guerra de Kósovo.
Cuenta que en la Segunda Guerra Mundial, el gobierno colaboracionista nazi-croata Ustacha protegió a los musulmanes bosnios (cuyos combatientes fueron incluidos en las Waffen SS de Hitler) cometieron una limpieza étnica que acabó con la vida de cerca de 700 mil serbios, judíos y gitanos.
“Usaron fosas y echaron los cadáveres. Ahora descubren los cuerpos y son huesos de la Segunda Guerra y los pasan como los musulmanes matados por los serbios”, afirma.
Simic opina que los serbios son los únicos que aceptan su responsabilidad en la guerra, especialmente los intelectuales. Sin embargo, los croatas y especialmente los bosnios no lo hacen, pues se presentan únicamente como víctimas del conflicto.
“Lo más importante es que Estados Unidos y Europa no van a permitir porque se vería qué hicieron ellos”, denuncia.
El escritor y diplomático advierte que una reconciliación es muy difícil debido a los intereses de por medio. Incluso, hay peligro de que estalle otra guerra.
“No podemos soportar todo esto. Te dicen que eres un criminal, un monstruo. Sabes que no es verdad”, dice.
Simic propone como alternativa una comisión multinacional independiente de los gobiernos, formada por personas que se dediquen al derecho internacional y doméstico e historiadores que hagan una investigación sobre los documentos. Esta investigación permitiría “ver cómo fuimos unos idiotas por aceptar y permitir que los extranjeros desmembraran nuestro país”, se lamenta.
La Coalición de Asociaciones de Refugiados se Serbia pidió el 21 de junio que su país haga un diálogo abierto con Croacia. Lleva más de 70 mil firmas recolectadas para que haya una solución como la devolución de la propiedad y los derechos de los desplazados serbios, establecer estándares iguales en los juicios de guerra y la exhumación de más de 600 fosas comunes.
El Oficina de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) anunció en el marco del Día Mundial del Refugiado (20 de junio) que Serbia tiene más de 250 mil desplazados internos, el número más alto de Europa y el treceavo del mundo (Bosnia tiene 113 mil y Croacia 2 mil 125). De estos refugiados, 43 mil viven debajo de la línea de la pobreza y necesitan ayuda urgente.
“Nosotros matamos todo, conquistamos todo, ¿pero cómo puede ser que nosotros tengamos todos los refugiados y no hay el mismo número de otros lados?”, señala Simic.

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