Quiénes son, de dónde vienen…

Detrás de la conquista del Campeonato Mundial Sub-17, conseguida por jugadores surgidos como de la nada, se halla un sólido y disciplinado trabajo a prueba de improvisaciones… Aquí se presentan los perfiles deportivos y humanos de cuatro de los integrantes del conjunto que sorprendió en México y fuera de México: sus sueños, sus familias y sus anécdotas, sus pesares y sus éxitos… el historial de una escuadra que tiene mucho que enseñarle al futbol nacional viciado, corrupto y conformista.

Julio Enrique Gómez jugaba en la cuna con una pelotita de esponja mientras tomaba la mamila. Fue por influencia de su padre que se aficionó al futbol. Nacido el 13 de agosto de 1994 y con 1.70 de estatura, el destino le aguardaba un sitio especial.

El día que iba a nacer, su padre disputaría la final del torneo local en Tampico, Tamaulipas. No lo pensó demasiado. Se levantó temprano, tomó su uniforme y llevó a su esposa a un hospital de la beneficencia, donde permaneció internada mientras él jugaba en una polvorienta cancha de futbol. Regresó justo a tiempo para recibir a su vástago, a quien ya le tenía preparada una cuna y su primer juguete: una pelotita de esponja.

Cuando Julio tenía tres meses su papá lo vistió con el uniforme que llevaba cuando disputó la final. La estampa futbolera quedó plasmada en una fotografía que el niño llevó a la escuela primaria donde estudiaba el primer año. Cuando la maestra le preguntó qué quería ser cuando fuera grande, no dudó y escribió sobre la fotografía: futbolista profesional.

A los cuatro años su padre lo inscribió en la escuelita de futbol de Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. El entrenador Miguel Mendoza lo hizo ingresar al campo en la posición de defensa. En cuanto tuvo el balón corrió a la portería y anotó un gol… pero en su propia portería.

“¿Cuál es tu portería?”, le preguntó el profesor. El chico, azorado, no supo qué decir. “Vas a defender de aquí para acá y vas a tirar para allá. Vete arriba y el balón que te caiga te lo llevas igual y tiras a gol”, le dijo Mendoza. Así, sin más, tomó el esférico en la media cancha se perfiló a la meta y marcó el tanto del empate.

Por capricho de su padre, desde niño Julio jugaba con una pequeña venda blanca que le cubría la frente porque sudaba copiosamente y tenía una larga cabellera.

Permaneció en la escuelita de futbol hasta los 11 años, cuando pasó a las fuerzas básicas del Pachuca. Es el único jugador de la Sub-17 que alcanzó a debutar en Primera División antes del logro mundialista.

Su estreno ocurrió en el pasado torneo Clausura 2011 en el estadio TSM, de Torreón, el mismo donde le anotó dos goles a Alemania –el segundo de ellos de chilena y con una venda en la cabeza, luego del descalabro que sufrió en la jugada del gol olímpico de Jorge Espericueta– para otorgarle a México el pase a la final. Por esta hazaña en el portal de la FIFA se le consideró “El héroe de Torreón”.

“¿Cuántas veces de niño, y no tan niño, usted ha soñado con hacer un gol que clasifique a su país para la final de un Mundial? A esa ilusión agréguele convertir, no uno sino dos tantos; el segundo de ellos de media chilena sobre la hora y con la cabeza vendada”, destacó el sitio oficial del máximo órgano del futbol mundial.

La hazaña de Gómez dio lugar a la fabricación de pequeñas figuras que representan al jugador con los colores de la selección, el número 8 y una cinta blanca en la cabeza con manchas que simulan rastros de sangre. El día que se disputó la final, centenares de aficionados identificados con El héroe de Torreón se colocaron un vendaje en la cabeza. Afuera del estadio Azteca se ofrecían las vendas en 20 y hasta en 40 pesos.

Un drama familiar

 

Acostumbrado a una vida cargada de emociones y sorpresas, Carlos Fierro Guerrero, uno de los jugadores más populares y protagonista en el reciente título de la Copa del Mundo Sub-17, afronta ahora un drama familiar: la grave enfermedad de Gustavo, su único hermano e ídolo de toda la vida.

Todos sus goles (cuatro) y sus triunfos en el Mundial Sub-17 los dedicó a Gustavo, de apenas 22 años y quien desde hace cinco lucha por su vida.

Desde que eran niños Carlos y Gustavo compartían su anhelo de jugar en el futbol profesional. A falta de la figura paterna, Gustavo se convirtió en el guía de Carlos, El Güero, quien a los cuatro años y medio lo vio jugar por primera vez. Así nació su amor por este deporte: “Yo quiero jugar futbol como mi hermano y representar a México”, le decía a su mamá.

Ambos eran inseparables y entrenaban incluso con jóvenes mayores que ellos, hasta que Gustavo dejó el pueblo natal, Los Mochis, para iniciar su carrera en el profesionalismo con Dorados de Sinaloa, dirigido por José Luis El Güero Real. Cuando éste se hizo cargo de las fuerzas básicas del Necaxa se llevó consigo a Gustavo. También estuvo en las Chivas, donde jugó en la Segunda División hasta 2006, cuando se vio obligado a suspender su carrera. La causa: cáncer testicular y de pulmón.

Al recuperarse regresó a jugar con las Chivas. Sin embargo, tres años más tarde recayó en ese padecimiento. Para entonces, Carlos y Gustavo formaban parte de este club. De golpe, todos los planes se vinieron abajo: la madre decidió atender al hijo enfermo, quien abandonó el departamento en Guadalajara al tiempo que Carlos quedaba al cuidado de los padres de Giovani Casillas, otro de los adolescentes que el domingo10 levantaron la Copa del Mundo 2011 en el estadio Azteca.

En marzo pasado, las cosas empeoraron. Sin ningún avance significativo en el tratamiento de Gustavo y con la Copa del Mundo Sub-17 en puerta, la madre se obstinaba en ocultarle a Carlos la gravedad de su hermano.

A finales de mayo, en cuanto concluyó la gira del equipo Sub-17 por Sudamérica, el cuerpo técnico otorgó un día libre a los seleccionados nacionales. Carlos no dudó en tomar un avión y trasladarse a Los Mochis, sin previo aviso a la familia. Encontró a su hermano en muy malas condiciones.

Ahí, Carlos le prometió a Gustavo que entregaría buenas cuentas en el seleccionado nacional. Por su parte la madre le dijo que no se preocupara, ya que ella se encargaría de cuidar al enfermo.

Carlos Fierro cumplió a cabalidad: fue designado el tercer mejor futbolista del Mundial Sub-17, marcó cuatro goles, generó seis asistencias de gol y obtuvo el Balón de Bronce. Hoy el goleador está en la mira de clubes como el Barcelona, de España, y el Arsenal, de la Liga Premier.

El martes 12, Carlos llegó a Los Mochis para ver a Gustavo, quien –según los médicos– se encuentra “muy delicado”. “No tiene ánimos para aceptar entrevistas ni para salir en los espacios que le ofrecen las televisoras locales. No quiere despegarse de su hermano”, cuenta la madre.

Capitán “Pirrurris”

 

Nacido en el seno de una familia acomodada, Antonio Briseño, El Capitán Pollo, estudió la primaria y la secundaria en el exclusivo Instituto Alpes y Cumbres Guadalajara donde, a decir de su padre, Antonio Briseño, aprendió el liderazgo que hoy lo identifica. “Siempre ha sido un líder, pero parte de ese carácter se lo debe a nuestra familia y al colegio Cumbres”.

En la escuela, el Capitán Pollo aprendió a trabajar bajo presión. “El colegio tiene gran mérito porque realiza exámenes orales delante de todos los padres de familia o competencias de conocimiento que Antonio maneja muy bien”, comenta el padre.

Se aficionó al futbol a los cuatro años, aunque por influencia paterna se dedicó al motociclismo en la categoría enduro, en la que fue subcampeón nacional. Abandonó esta disciplina a los 12 años en cuanto recibió la oportunidad de jugar en las fuerzas inferiores del club Atlas. Eso ocurrió luego de una visoría en las instalaciones del equipo durante un torneo en el que participó con el equipo de su colegio.

“Atlas marcó mi vida; ahí empezó mi carrera. Me dieron la oportunidad de jugar lo que más me gustaba, y a veces dejé al lado a la familia porque mientras ellos se iban de viaje yo me quedaba a jugar finales”, recuerda.

Un día, ya como jugador de fuerzas básicas del Atlas, le comentó a su papá: “Todos mis compañeros creen que soy niño rico. Que vean a mis compañeritos del Cumbres”.

El progenitor le respondió. “Para que veas hijo, la vida siempre depende de dónde o con quién te compares”.

Cuando el Atlas convocó a Antonio, su padre, comerciante del ramo papelero y electrónico, pensó: “Ojalá que al mes me lo corrieran. Pero al ver que realmente era lo que él quería y que tenía lo suficiente para llegar al profesionalismo lo he apoyado, y ahora más. Incluso, siendo piloto de motociclismo ya hasta me hice futbolero”.

Briseño hijo posee un carácter fuerte que ha sabido encauzar. Una vez a los nueve años le pidió al entrenador que le diera oportunidad de jugar en la portería, sin ser guardameta. Se disputaba un partido importante y al portero ya le habían metido dos goles de tiro penal. El profesor puso a Antonio en la portería y éste detuvo el resto de los tiros.

En otra ocasión se presentó con la playera equivocada al juego de vuelta de los cuartos de final entre Atlas y Santos en la categoría Sub-17. El resultado global favorecía 3-1 a los de la Comarca Lagunera. Había mucha tensión y el entrenador Alberto Clark lo regañó: “Pollo, vamos perdiendo y tú estás desconcentrado hasta con la camisa”. Sacó la casta y anotó tres goles con los que el equipo avanzó a las semifinales contra Pumas.

En la final contra Uruguay El Capitán Pollo mostró su carácter y liderazgo cuando apareció en el momento oportuno para aprovechar un servicio del puma Kevin Escamilla y anotar el gol que inició el camino de la Selección Sub-17 a su segundo título mundial.

El “cachirul” de Satélite

 

La estrella de Kevin Rafael Escamilla estuvo marcada por la influencia de su padre. Al principio enfrentó el desprecio de los equipos; no lo aceptaban por “malo”. Con frecuencia le dijeron que no servía para el futbol. Incluso varias veces fue acusado de cachirul cuando jugaba en la zona norte de la liga Satélite. Por sus rasgos físicos y estatura hasta ahora hay quienes dudan de que tenga 17 años.

Los jugadores de los equipos contrarios e incluso sus padres no concebían que un chico menor de edad los superara en la cancha. Kevin mide 1.78 y es el quinto jugador más grande entre los 21 seleccionados nacionales Sub-17.

Debido a esos conflictos, su padre, Rafael Escamilla, fanático de las Chivas, decidió formar su propio equipo en la categoría 94. También fundó la escuelita de futbol donde su hijo se convirtió en el mejor jugador.

“Era el que hacía todo en el terreno de juego, el que subía y bajaba, el que anotaba los goles y el que evitaba las anotaciones, mientras los demás chicos jugaban a la tierrita. Como alma del equipo él llevó a los niños a ganar. Él los hizo campeones”, cuenta Bertha Hernández, comadre de Rafael.

Kevin siempre destacó en todos los equipos en los que estuvo. Fue el jugador que todos querían superar. Posteriormente el conjunto desapareció y su padre formó un equipo llamado Pumas, que por algún tiempo fue filial de ese club universitario. Después creó el Toluca de la zona, donde Kevin se distinguió en todas las categorías.

Fue durante un torneo que visores de los Pumas de la Universidad invitaron a Kevin a probarse junto a su hermano Jorge,  quien juega en la categoría Sub-15. Ambos permanecen en la cantera universitaria.

Con el despunte de Kevin en la Selección Sub-17 se cumplió un sueño de su padre, quien decía: “Cuando mi hijo esté en el estadio Azteca lleno y juegue por México con la camiseta de la selección…”.

Una tercera parte de este equipo que obtuvo el campeonato mundial proviene del proceso de Jesús Ramírez –en la categoría Sub-15–, el técnico que condujo al tricolor a su primera gran conquista, en Perú 2005. Ellos son Giovani Casillas, Luis Alfonso Solorio, Jorge Espericueta, Enrique Isidoro Flores, Juan Pablo Tostado y Kevin Escamilla.

El portero Richard Sánchez, uno de los emblemas del equipo campeón, juega para el FC Dallas, de la MLS –la liga estadunidense de futbol–, y durante ocho meses permaneció en las ligas inferiores del Atlético de Madrid. El guardameta titular del Tri decidió volver a Estados Unidos para concluir sus estudios.

Giovani Casillas estuvo a un paso de firmar con el Real Madrid en 2010 y posteriormente el Arsenal, donde milita Carlos Vela –campeón mundial en 2005–, fue otro de los equipos que se interesó por el delantero.

De origen argentino, Dilan Axel Nicoletti Moscato es el portero suplente. Decidió representar a México no obstante que también pudo hacerlo para la escuadra albiceleste. Actualmente juega en las fuerzas inferiores del Newell’s Old Boys, de Argentina.

El entrenador Raúl Potro Gutiérrez estaba en deuda con el futbol mexicano desde que una pifia suya cuando jugaba como defensa contribuyó a que Argentina ganara en la final de la Copa América 93. Desde que asumió la responsabilidad en la Sub-17, tuvo claro que debía realizar su mejor esfuerzo para que sus pupilos obtuvieran el campeonato mundial.

Pudo lograrlo el domingo 10 ante un repleto estadio Azteca. Dieciocho años después, Raúl Gutiérrez se sacó la espina.

 

Acerca del autor

Reportero con 30 años de experiencia en temas deportivos, egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha cubierto Copas del Mundo de Futbol, Gran Premio de Fórmula Uno, peleas de boxeo de título mundial, mundiales de ciclismo, Juegos Panamericanos y Juegos Centroamericanos.

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