Fragilidad europea en el caso Libia

BRUSELAS, (apro).- La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contribuyó con su apoyo a los rebeldes libios a la anunciada caída del régimen del dictador Muamar El Gadafi; no obstante, “Europa ha puesto en evidencia, una vez más, su debilidad política y su falta de capacidades militares”, señala Dimitry Queloz, experto en historia militar e investigador de la Universidad suiza de Neuchâtel, en una colaboración especial publicada el martes por el diario helvético Le Temps.

A pesar del aparente éxito de la Operación Protector Unificado de la OTAN –iniciada el 31 de marzo último–, “el elemento que sobresale es la incapacidad de Europa para implementar una verdadera política de seguridad”, considera el autor del libro De la maniobra napoleónica a la ofensiva a ultranza (2009).

Queloz explica que las divergencias en las posiciones de los aliados europeos en las primeras semanas de la crisis libia son “lo más significativo” de tales elementos: Catherine Ashton, la Alta Representante de la Unión Europea (UE) para la Política Exterior y la Seguridad, “descartó la posibilidad de emplear los magros dispositivos militares de la UE y limitó su acción a las sanciones económicas y comerciales y a la ayuda humanitaria”, mientras que Francia y Gran Bretaña, analiza, fueron partidarios de la intervención militar, aunque se mostraron incapaces de hablar con una sola voz”.

Peor aún, expone el especialista suizo, Alemania se opuso a una intervención extranjera, por lo que se abstuvo en la votación de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU), que autorizó la puesta en marcha de las acciones militares en Libia, en tanto que el gobierno británico abogó y logró, con el apoyo de Washington, transferir el comando de las operaciones libias a la OTAN.

“Esta cacofonía –plantea– muestra claramente que la Alianza Atlántica constituye hoy en día, y probablemente por
mucho tiempo más, ¡la única ‘defensa europea’ creíble!”.

Precisa: “La disminución de los efectivos humanos y materiales que inició al día siguiente de terminada la Guerra Fría y continuada a causa de la crisis económica de 2008, condujo a un real ‘sobrecalentamiento’ en el empleo de los medios militares convencionales.

“Ningún país europeo –continúa– está actualmente en guerra pero, al menos frente a las normas del derecho internacional, las fuerzas armadas europeas están comprometidas, desde hace una década, notablemente en Afganistán y en el Océano Indico, en el marco de la lucha contra la piratería, que ‘consumen’ la mayor parte de sus fuerzas clásicas. Así, la crisis libia no ha hecho más que llevar este fenómeno al colmo de su paroxismo: de los 28 países miembros de la OTAN, sólo la mitad participa en las operaciones y algunos de manera simbólica. Muchos Estados han tenido incluso que renunciar a participar a falta de medios disponibles”.

Incapacidad militar

De acuerdo con un parte de guerra actualizado al jueves 25, los aviones de la Operación Protector Unificado de la OTAN habían realizado 20 mil 262 “salidas de identificación y ataque de objetivos”, incluyendo 7 mil 632 misiones de bombardeo en territorio libio.

Sólo el día anterior, miércoles 24, la OTAN contabilizó 141 “salidas”, entre ellas 48 acciones contra instalaciones militares del ejército de Gadafi: en Trípoli destruyó dos almacenes de material militar, un camión de transporte de equipo militar pesado, dos baterías antiaéreas, una superficie para vehículos de artillería antiaérea, un lanzacohetes múltiple y un radar; en Sirte una instalación para vehículos lanza-misiles; en Okba, una instalación para misiles antiaéreos, y en Bani Walid un cañón antitanque.

En contraste, en esa intervención los seis aviones de combate belgas F-16 arrojaron 365 bombas en 448 salidas, según informó también el mismo jueves 25 el ministro de Defensa de Bélgica, Pieter De Crem. Esa cifra equivale a 2.2% de las salidas totales de la OTAN.

Según las resoluciones 1970 y 1973 de la ONU, la Operación Protector Unificado tiene el propósito de proteger a la población civil libia en áreas “atacadas o amenazadas de ser atacadas” por las tropas del coronel Gadafi, y consiste en “un embargo de armas, una zona de exclusión aérea y medidas de protección de civiles”.

Además de las misiones aéreas, la OTAN patrulla el centro del Mar Mediterráneo con 16 embarcaciones para asegurar el cumplimiento del embargo de armas: desde el comienzo de las operaciones, unos 2 mil 326 navíos habían sido controlados, 238 necesitaron ser verificados a bordo y 11 fueron rechazados a la navegación.

Queloz comenta en su artículo –titulado La defensa europea sin aliento– que Francia aportó una treintena de aviones de combate, que se encargaron de un tercio de los bombardeos, y desplazó un portaaviones –el único existente en Europa–, así como diversas embarcaciones.

Detalla: “Este esfuerzo, limitado, representa, sin embargo, todo lo que el país es capaz. El portaaviones Charles de Gaulle operó sólo con dos terceras partes de su potencial aéreo, ya que carecía de aviones suplementarios. Además, a partir de principios de agosto, el navío tuvo que regresar al puerto de Toulon, Francia, lo que significó una reducción de 30% de los recursos aéreos franceses comprometidos”.

El portaaviones, agrega, había estado en operación casi ininterrumpida durante ocho meses, superando así los días que puede anualmente estar en funciones, 120 normalmente, sin detrimento del mantenimiento del navío, el descanso y el entrenamiento de la tripulación.

El investigador helvético subraya que la situación de Gran Bretaña es todavía más precaria: debido a la crisis económica, el gobierno de David Cameron decidió suprimir a finales del año pasado los últimos medios aeronavales de la Marina Real (Royal Navy), que no será capaz de llevar a cabo operaciones de envergadura hasta 2020, cuando un nuevo portaaviones entrará en servicio.

En el dominio aéreo, prosigue Queloz, “Gran Bretaña no ha podido más que desplegar una veintena de aviones desde bases terrestres. Al igual que Francia, no está tampoco en condiciones de mantener ese esfuerzo”. Así, advierte, si las operaciones tuvieran que prolongarse más allá de septiembre, la presencia de la Real Fuerza Aérea británica solo sería sostenible afectando otras tareas, notablemente la instrucción de sus pilotos.

Guerra clásica

Tales dificultades militares en Libia fueron abordadas en una nota publicada por Apro el pasado 3 de mayo. La OTAN tomó el comando de las operaciones militares libias, que habían comenzado el 19 de marzo, el 31 del mismo mes.

La primera fase de la intervención estuvo bajo el liderazgo de Estados Unidos en la denominada Operación Odisea en el Amanecer; cuando la OTAN retomó el mando, los estadunidenses retiraron sus 50 aviones.

Según datos del sitio de Internet Bruxelles2, especializado en seguridad y defensa europea, la Alianza Atlántica únicamente contó para su campaña en Libia con la aportación francesa de 18 aviones de combate Rafale y Mirage2000D y unos diez más estacionados en el portaaviones Charles de Gaulle, mientras que Gran Bretaña contribuyó con 12 aeronaves Tornado GR4 y otras 10 Typhoons. Ambas naciones efectuaban la mitad de las misiones de ataque.

En ese momento la OTAN también disponía de otros 12 aviones F-16 de Bélgica, Dinamarca y Noruega (cuatro por país), así como de 6 aviones CF-18 canadienses.

En la misma nota se cita que el reporte 2010 del Instituto de Investigación de la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés) indicó que los países de la UE disminuyeron sus gastos militares 2.8% respecto de 2009, mientras que Estados Unidos los aumentó 2.8% en el mismo periodo.

En términos mundiales, el presupuesto militar franco-británico, que en 2000 significó 10.3%, diez años después se redujo a 7.6%; en cambio, el estadunidense aumentó en ese mismo lapso de 37 a 44.1%.

A ese respecto, Dimitry Queloz juzga que “la crisis libia muestra la necesidad (de los Estados) de disponer de medios de guerra clásicos y en cantidad suficiente”.

Explica: “Esos medios son considerados inútiles por muchos en tiempos de paz en Europa, pero son ampliamente utilizados en las operaciones exteriores. En Libia son los aviones de combate más modernos, notablemente los Rafale y Eurofighter, los que realizan las tareas de defensa aérea y los bombardeos. Las fuerzas navales son de la misma naturaleza, del tipo del portaaviones francés, los submarinos nucleares de ataque franceses, ingleses y estadunidenses, de destructores y de fragatas de diversos países”.

Continúa: “Lo mismo ocurre con los proyectiles usados, como las bombas guiadas o los misiles de crucero. Incluso la artillería de marina ha sido empleada de manera significativa. Muchos navíos han, literalmente, vaciado sus depósitos de municiones contra objetivos terrestres. Francia e Inglaterra han desplegado helicópteros de combate que fueron concebidos en los tiempos de la Guerra Fría y cuya misión primordial habría sido luchar ¡contra las poderosas formaciones de tanques del Pacto de Varsovia!”.

Y concluye: “Estos armamentos clásicos pueden llenar un largo espectro de misiones que van de la infra-guerra a la guerra convencional, que no es el caso de medios más particulares, sobre los cuales se insiste más en ciertos análisis actuales”.

Comentarios

Load More