Entrevista: Jerome Rothenberg, el poeta de las letras vivas

CIUDAD JUÁREZ, Chih. (apro).- El extraño hombre angloparlante de avanzada edad camina a paso lento acompañado de su esposa y se introducen en un aula de eventos múltiples de la escuela Universidad Americana del Noreste. Allí, decenas de estudiantes les observan primero con curiosidad y después con indiferencia.

Todos se encuentran reunidos para escuchar una de las mesas del Encuentro Internacional de Escritores en el que participan los mexicanos José Eugenio Sánchez, Myriam Moscona y el luxemburgués Pierre Joris.

Sonriente, reflexivo, siempre escuchando no sólo a los lectores, sino observando con avidez las reacciones del público, el extraño hombre anglo aplaude y en sus ojos hay la viveza de un chiquillo que se divierte en el parque: es Jerome Rothenberg.

El escritor, nacido en 1931 y originario de Estados Unidos, visitó durante tres días Ciudad Juárez para participar en el Encuentro Internacional de Escritores “Literatura en El Bravo”, donde además obtendría la Medalla al Mérito Literario, dentro de las actividades del VII Festival Internacional Chihuahua.

De regreso al hotel sede del encuentro, Rothenberg es acompañado por su esposa Diane y por el poeta y entrañable amigo, Pierre Joris.

Al llegar a su habitación, Jerome bromea sobre la posibilidad de hacer la entrevista en la alcoba al estilo de John Lennon y Yoko Ono cuando hicieron “En la cama por la paz”.

Para Rothenberg estar en Juárez va más allá del reconocimiento que se le hace en esta ocasión por su trayectoria en el quehacer artístico: es una forma de hermanarse con la ciudadanía y la situación que padece.

“Me siento muy honrado de recibir la medalla y lamento completamente lo que está ocurriendo aquí y no sólo en esta ciudad”, dice mientras enciende un cigarrillo Seneca light.

Esta es la segunda ocasión que el creador de la etnopoesía visita esta frontera. Hace seis años, en noviembre de 2005, realizó una presentación en el desaparecido bar Beep boop, presentado por el escritor José Vicente Anaya.

Sin embargo, en ese entonces las circunstancias de Juárez eran distintas, los índices de violencia permanecían dentro de los límites “normales”.

Empero, fue esa circunstancia, la de acompañar en el dolor a los juarenses, la que motivó al escritor precursor de la corriente beatnik a regresar a suelo chihuahuense.

“Me sentí realmente conmovido y decidí venir a esta ciudad que ha sido tan golpeada por la violencia y llegar a encontrarme con escritores de otras partes del mundo y ver la participación de la gente, ha sido muy impresionante”, comentó.

La violencia de México, dice, aunque diferente no le es ajena a la que se vivió por décadas en Nueva York, donde los índices de criminalidad alcanzaron altos niveles.

Para el contemporáneo de escritores como Jack Kerouac, Gregory Corso y Allen Ginsberg, leer en México es una experiencia completamente distinta a leer en Estados Unidos, ya que –asegura- el peso de la palabra adquiere mayor dimensión.

En una mirada retrospectiva, Rothenberg considera que el movimiento beatnik le permitió a la generación de los cincuenta conocer a través de Howl, de Allen Ginsberg, y trabajos de otros contemporáneos, una manera distinta de concebir el arte.

“Nos abrieron los ojos indicando que todo era posible otra vez, replanteándonos, dándonos valor para tomar postura en una lucha por desarrollar la imaginación con miras a los mágicos sesentas, donde a la mitad de esa década vio a los poetas autoproclamarse como beats, o dadaístas o miembros de otras corrientes que crecían en la época”, mencionó.

Sin embargo, reconoce que en el país ese movimiento era tachado también por algunos sectores por su “holgazanería” o por simplemente no adecuarse al sistema del estilo de vida americano tradicional.

En este punto, Rothenberg reflexiona sobre la generación “nini”, como se le llama a los jóvenes mexicanos que no estudian ni trabajan, y que por las circunstancias de precariedad en las que viven algunos de ellos, han sido arrastrados para unirse a bandas del crimen organizado.

En este sentido, dice que si bien las circunstancias son distintas entre un país y otro, la necesidad de expresión entre los jóvenes sigue siendo similar en la búsqueda por nuevos caminos de conciencia social.

El escritor señala que entre las heridas aún sensibles de la Segunda Guerra Mundial y el terror a la era atómica, la generación beat promovió la autopublicación y por ende se generó una mayor difusión de los trabajos y obras de los artistas de la época, en un Estados Unidos que en ese entonces gozaba de una economía prospera, refirió.

“Vivíamos, si se me permite el término, una situación bipolar, en la que la exaltación y la depresión profunda invadían el sentimiento colectivo”, mencionó.

Fue ese sentir el que generó la movilización para que publicaciones independientes fuera difundidas en cafés, en espacios públicos no institucionales que eran utilizados para realizar lecturas y performances enfocados a la poesía a nuevos trabajos artísticos, dijo.

Para Rothenberg la figura de un poeta en los movimientos sociales recobra vida en México, a raíz de lo que ha observado en la Caravana por la Paz, que encabeza Javier Sicilia, donde el poder de la poesía y el arte pueden despertar sensibilidades en la gente.

“Cuando eso ocurrió nos encontrábamos en San Diego con el poeta Alberto Blanco, quien es amigo cercano de la familia”, dijo.

Al creador de libros como 25 caprichos a partir de Goya, traducido por Heriberto Yépez, cuya presentación se tiene programada para próximo martes 13 en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, en el centro y sur del continente americano la palabra poeta aún tiene un sentido de respeto y admiración.

“Al ser nombrado como poeta, en español cobra mucha más fuerza que decirlo en Estados Unidos, allá se ha vuelto de cierta manera cotidiano, sin embargo, aquí suena todavía como un referente del respeto al artista”, comentó.

Jerome Rothenberg lejos de ver el internet como una amenaza a la creatividad, considera que debe ser utilizada por las nuevas generaciones de manera correcta.

Considera que es una herramienta que no sólo permite la difusión internacional, sino que acerca a públicos inusitados, pero aclara, falta mucho aún para que el e-book sustituya al libro convencional.

“En internet encontramos formas de hacer poesía que no están a nuestro alcance en ocasiones, hablo de herramientas como Youtube en donde podemos encontrar lecturas sin necesidad de estar viajando”, afirmó.

Si bien internet impide la cercanía entre lector y escuchas, puede por otro lado generar una mayor interacción en cuanto a los comentarios sobre una obra, lo que no ocurre cuando se edita un libro y no hay un contacto inmediato sobre la reacción del impacto que el texto tuvo, añadió.

Una de las ventajas es que a través del video y la publicación en internet ésta se mantiene y puede ser vista en más de una ocasión, lo que no ocurría antes, por ejemplo en los perfomances, que algunos de ellos sólo quedaron en la memoria de quien tuvo oportunidad de apreciarlos, porque eran irrepetibles”, ejemplificó.

Desde hace algunos meses, diversos medios de comunicación en el orbe han manejado a Rothenberg como uno de los posibles candidatos a recibir el Premio Nobel de Literatura.

La postulación y más aún, ganarlo “es algo muy poco probable”, asegura, ya que no cree que el tipo de poesía que representa sea considerada para ser acreedora a la presea.

“Algunos de los grandes poetas del siglo pasado no fueron considerados para ganar el Premio Nobel, es más una plataforma donde el ganador habla de su posición en contra de la guerra, de la pobreza, el hambre, pero el premio está muy lejos de determinar si se trata un gran poeta quien lo recibe, está lejos, no tiene nada que ver con eso”, puntualizó.

Jerome Rothenberg cuenta con más de 60 libros publicados y aún continúa escribiendo. Dice no sabe cuándo va a parar, ni siquiera lo ha pensado como posibilidad, a el mundo entero le dice, gracias poeta.

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