Náufragos de plataforma no fueron advertidos a tiempo de tormenta

CIUDAD DEL CARMEN, Cam. (apro).- Los restos del técnico australiano Aaron Wesley Houweling, el último de los 10 trabajadores petroleros de la plataforma Trinity II que naufragaron hace una semana en la Sonda de Campeche al paso de la tormenta tropical Nate, fueron recuperados esta tarde.

El cadáver fue localizado por un helicóptero de la Armada de México a 60 millas náuticas –108 kilómetros– de la costa de Campeche y trasladado a Ciudad del Carmen en una lancha interceptora.

El cuerpo se entregó a la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) para someterlo a la necropsia de ley, con el fin de determinar la causa del deceso.

El jueves 8, el grupo evacuó la plataforma en un bote salvavidas al inclinarse la estructura por la fuerza de las marejadas de Nate.

Los trabajadores estuvieron a la deriva hasta el domingo 11, cuando fueron encontrados por el barco Bourbon Artavaze a 51 millas al este-noreste de la terminal marítima de Cayo Arcas, frente a las costas de Campeche.

Sólo siete fueron rescatados con vida, aunque uno de ellos falleció en el hospital, en Ciudad del Carmen.

Los sobrevivientes son los mexicanos Rubén López Villalobos, de 19 años, encargado de control de calidad; Eliaquin López Trinidad, de 35; Luis Manuel Escobar, de 33, jefe de calidad, y Rubén Martínez Velásquez, de 40 años, cocinero.

Además de los estadunidenses Ted Derice, de 32 años, marinero, y Jeremy Farfán, así como Khan Nadimuzzaman, de 42 años y originario de Bangladesh, quien falleció en el hospital a causa de un choque cardiogénico por deshidratación severa e inanición.

Los primeros dos cadáveres rescatados en el mar corresponden a los estadunidenses Nicholas Ray Reed, de 31 años, quien pereció de asfixia por inmersión, y a Craig Joseph Myers, de 32, cuya muerte se debió a un choque cardiogénico por deshidratación severa e inanición.

Los cuerpos de los estadunidenses fueron entregados al cónsul de EU en Mérida, Yucatán, Gregory Paul Segas, quien acudió a Ciudad del Carmen para encargarse del traslado de los occisos a sus lugares de origen.

Aunque las empresas involucradas prohibieron a los sobrevivientes dar declaraciones sobre lo sucedido a los medios de información, en sus declaraciones ministeriales narraron que no se les advirtió a tiempo de la tormenta y que abandonaron la plataforma cuando ésta comenzó a ceder a la fuerza del oleaje, en la única balsa salvavidas disponible, con capacidad para sólo cinco personas y provista de igual número de chalecos salvavidas.

Por ello, acordaron turnarse a bordo y, a los que les tocara chalecos salvavidas, amarrarse fuera de la lancha.

El salvavidas también carecía de provisiones, por lo que debieron beberse sus orines.

Comentarios