Robo, móvil del asesinato de periodistas, confirma la PGJDF

MÉXICO, D.F., (apro).- El procurador capitalino Miguel Ángel Mancera confirmó que el único móvil del asesinato de Ana María Marcela Yarce Viveros y Rocío González Trápaga, ocurrido el pasado 1 de septiembre, en la delegación Iztapalapa, fue el robo de un millón de pesos.

Además, dijo, ambas periodistas fueron ultimadas porque conocían a sus victimarios: Oscar Yahir Quiñones Emer y Lázaro Hernández Ángeles, de 29 y 26 años, respectivamente, quienes confesaron su participación en el asesinato.

Por estos hechos, el juez 21 Penal concedió un arraigo por 30 días en contra de los dos sujetos, quienes, anticipó, serán consignados por los presuntos delitos de feminicidio “diversos 2” y robo agravado calificado.

En conferencia de prensa, el procurador de Justicia del Distrito Federal relató que, de acuerdo con las investigaciones ministeriales que se realizaron, además de la confesión de los detenidos, se pudo determinar que Oscar Yahir invitó a Lázaro Hernández a un negocio de venta de dólares “con unas señoras”, por el que recibirían una ganancia.

Según el funcionario local, había una relación entre Marcela Yarce Viveros y Quiñones Emer, pues éste se desempeñaba como administrador de un estacionamiento cercano a donde ella laboraba y donde solía estacionar su coche.

Incluso el sujeto le hacía algunos favores, como tramitarle las tenencias de su automóvil y alguna vez le consiguió un autoestéreo.

Señaló que debido a la relación de confianza que había entre ambos, Quiñones Emer convenció a Yarce Viveros de realizar una transacción para cambiar un millón de pesos a dólares, a un costo por debajo del valor en el mercado. El dinero, según Quiñones, lo conseguiría a través de sus patrones, de origen chino.

Confiadas en la veracidad de la oferta, González Trápaga –dueña de una casa de cambio en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México– y Yarce Viveros acudieron a una cita en la estación del Metro Iztacalco, a bordo del Pontiac negro de la primera.

De ahí, los presuntos asesinos las subieron a una camioneta Lobo y las llevaron a una casa en la delegación Iztapalapa. Atrás de ellas iba otra camioneta Explorer.

De acuerdo con el relato de Mancera, las periodistas y los victimarios llegaron a un inmueble ubicado en el número 33 de la calle Paraíso, en la colonia Mirador, donde se realizaría el supuesto intercambio.

En ese lugar, Quiñones Emer las amagó con un arma de fuego y las obligó a desvestirse, según dijo en su declaración, “para revisarlas”.

Yarce Viveros, fundadora de la revista Contralínea, fue obligada a subir al segundo piso del inmueble, y cuando bajó encontró a su amiga tendida en el piso, sofocada con una cuerda. Marcela corrió la misma suerte.

Los asesinos subieron a ambas a la camioneta Lobo y las abandonaron en el predio Las Maravillas, también localizado en la colonia El Mirador. Previamente dispararon a cada una en dos ocasiones.

Luego de ultimarlas, los victimarios fueron a recoger el coche de Rocío González, que había dejado en la colonia Álvaro Obregón de la delegación Iztapalapa.

El hallazgo del vehículo, dos días después del asesinato, fue lo que permitió a la Procuraduría general de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) recoger las huellas dactilares de los ahora detenidos, además del cruce de las llamadas telefónicas de los celulares de las víctimas.

Quiñones Emer y Hernández Ángeles fueron detenidos en la colonia Campamento 2 de Octubre, en Iztacalco.

Hasta ahora, según la PGJDF, no se ha logrado establecer que el millón de pesos de la supuesta transacción se haya retirado del centro cambiario del AICM, y también se indaga la participación de un tercer implicado en el asesinato, de quien no se proporcionó su identidad.

En entrevista con Carmen Aristegui en MVS Radio, Miguel Badillo, director de la revista Contralínea, señaló que ambas periodistas fueron asesinadas porque efectivamente conocían a quienes se convirtieron en sus victimarios.

Relató que Quiñones Emer trabajaba en un estacionamiento en la calle Humboldt, a media cuadra de la revista. “Era el encargado de un pequeño estacionamiento conocido por varios de los compañeros de la revista, lo veían ahí acomodando vehículos. De esta manera se vinculó con las dos compañeras periodistas y, por esta relación de dejar el vehículo ahí, se ofreció a hacer compra y venta de dólares a menor precio”, explicó.

Badillo reconoció que fue una “terrible equivocación” de las periodistas el haber ido al lugar donde supuestamente se haría el cambio del dinero, y calificó como “pulcro y muy profesional” el trabajo de la PGJDF para identificar y detener a parte de los responsables del crimen.

Comentarios

Load More