EU: Ante los recortes militares, venta de armas a Irak

WASHINGTON (apro).- Mientras se prepara a afrontar los alrededor de 400 mil millones de dólares en recortes ya ordenados por el gobierno del presidente Barack Obama, el Pentágono y el complejo industrial de defensa de Estados Unidos ya están abriendo a todo vapor un nuevo frente de negocios: la “reconstrucción” de las Fuerzas Armadas y los servicios de seguridad en Irak, que incluye la contratación de decenas de miles de contratistas y la venta de aviones caza y otros sofisticados aparatos de guerra.

La semana pasada, durante una audiencia del Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara baja del Congreso, el representante republicano Jason Chaffetz, de Utah, citó reportes oficiales que señalan que el año pasado el número de contratistas del Pentágono en Irak llegó a 260 mil, de los cuales 46 mil eran estadunidenses.

Después de la salida de los soldados estadunidenses de Irak, programado para finales de diciembre de este año, solamente el Departamento de Estado contará con 17 mil contratistas en Irak, dijo Chaffetz, quien destacó que, además, la Casa Blanca y el Departamento de Estado adquirirán los servicios de 5 mil 500 contratistas adicionales para compensar la retirada de efectivos de Washington.

“Este ejército privado”, al que Estados Unidos deberá armar y entrenar, “ocupará el vacío que dejarán nuestras tropas”, completó el legislador.

A finales de septiembre, el Pentágono confirmó que consiguió concretar la venta de 18 aviones caza F-16 por 3 mil millones de dólares a Irak, un país que hasta hace poco era parte del “eje del mal” y que sigue invadido por tropas estadunidenses.

“Estos aviones ayudarán a brindar soberanía aérea para Irak y para proteger su territorio”, explicó la vocera del Departamento de Estado, Victoria Nuland, al anunciar el “primer pago” de Bagdad por los F-16 Block 52. La portavoz aseguró que esta “significativa venta militar es el símbolo del compromiso que hemos hecho ante el gobierno iraquí de mantener una asociación estratégica de largo plazo” entre ambos países.

El “compromiso” incluye además la jugosa oportunidad de vender otros 18 aviones de este tipo a Irak. Esta segunda parte de la venta tiene que ser todavía aprobada por las autoridades estadunidenses, pero miembros del Parlamento iraquí presionan para que se concrete lo más rápido posible.

El legislador Mudher Khdir Nasir, miembro del Comité de Seguridad y Defensa del Congreso iraquí, afirmó al diario Iraq Daily Times que 18 cazas es un número “ridículo” para la Fuerza Aérea de su país que se está rearmando, mientras que Ali Musawi, un alto asesor del gobierno de Bagdad, aseguró que los aviones forman parte de “una primera tanda, y esperamos que pronto haya otros 18, para conformar un total de 36”.

“Viendo la posición (geopolítica) de Irak en la región –continuó Musawi–, tener esos aviones no es mucho, pero es un principio”.

En declaraciones desde Irak, el general mayor David Perkins, uno de los comandantes de las fuerzas de ocupación, dijo que la compra de los F-16 “es otra acción que capacitará a los iraquíes para proveerse de cierta defensa externa, en este caso vigilancia aérea y actividad de soberanía aérea”.

El militar advirtió que “esto no ocurre de la noche a la mañana. Existen planes de largo alcance para que Estados Unidos siga involucrado con los iraquíes al tiempo que ellos trabajan para concretar esas capacidades”.

Cabildeo

La confirmación de la venta de los aviones a Irak llegó pocos días después de una reunión que el ministro de Defensa, Leon Panetta, mantuvo en Washington con los representantes de las principales corporaciones del negocio de las armas, entre ellos General Dynamics, Northrop Grumman y BAE, quienes le presentaron su inquietud frente a los recortes de presupuesto, que ya son de unos 400 mil millones de dólares y podrían elevarse todavía más en el marco de los desesperados intentos del gobierno del presidente Obama por reducir el déficit de cerca de 15 billones de dólares.

En esa reunión participaron también directivos de Lockheed-Martin, la empresa que fabrica los F-16 desde principios de los años noventa, cuando compraron ese negocio a General Dynamics.

Mientras se preparan para soportar el ajuste fiscal, los directivos de Lockheed se pusieron creativos y están reforzando el cabildeo para exportar. Trascendió que Lockheed envió a varios legisladores en el Capitolio unos informes titulados Taiwán-Los beneficios de los nuevos F-16 C/D, en referencia a los modelos más modernos que se quiere vender a la provincia china. El gobierno de Obama ya había rechazado vender los aparatos nuevos a Taiwán y tenía planes de ofrecerle la modernización de 145 de sus viejos F-16 A/B a cambio de 5 mil 300 millones de dólares, que evidentemente a Lockheed le parecieron insuficientes.

Por ello presiona ahora a través del Congreso para directamente cumplir con el antiguo pedido de las autoridades de Taiwán, que sueñan con 66 aviones del modelo más nuevo F-16 C/D y no tendrían problemas en desembolsar 8 mil 300 millones de dólares.

Lockheed tiene mecanismos bien aceitados para impulsar sus ventas desde el Congreso, adonde contribuye con grandes sumas a las campañas tanto de demócratas (es el caso de la centrista Kirsten Gillibrand, senadora por Nueva York) como de republicanos, entre ellos la representante conservadora Kay Granger.

Un reporte de la revista Salon indicó que los legisladores demócratas que forman parte del “supercomité” del Congreso –cuya misión es establecer los mecanismos para recortar el déficit en otros 1.5 billones de dólares– recibieron más de un millón de dólares en aportes de campaña de parte de corporaciones de defensa en los últimos cuatro años, incluyendo por supuesto a Lockheed.

Una venta semejante de modernos aviones de guerra a Taiwán seguramente enfurecerá a China, país con el cual Estados Unidos ya mantiene relaciones complicadas.

Mercaderes de la muerte

Pero la entrega de cazas a Irak desafía algunos sentidos de la lógica, empezando por el hecho de que Estados Unidos pasará a armar a un país que invadió hace apenas ocho años, y marcado además por la corrupción.

En Bagdad por ahora reina la alegría de saber que existen operaciones de este tipo que pueden proveer negocios a todos aquellos ubicados en posiciones de privilegio. La llegada de los aviones vienen a cubrir “la urgente necesidad estratégica y de defensa, al tiempo que Irak reconstruye su Fuerza Aérea”, celebró, por ejemplo, el legislador iraquí Abbas Al Bayati, otro miembro del Comité de Seguridad y Defensa del Parlamento del país persa.

“Irak no está amenazado por ninguno de sus vecinos. ¿Por qué necesitan ellos entonces armas ofensivas?”, se preguntó el exsenador estadunidense Mike Gravel, famoso por su papel en la difusión de los Pentagon Papers que en 1971 pusieron al desnudo la política del Pentágono para la guerra en Vietnam.

Gravel dijo a Apro que los gobiernos de George W. Bush y de Obama “pontificaron hipócritamente sobre la necesidad de llevar paz a la región. ¿Entonces por qué ellos llevan las herramientas de la guerra adonde no se las necesita?”.

Peor aún, este negocio militar en dos direcciones llega después de saberse “que miles de millones de dólares encontraron su camino hasta las manos de los insurgentes iraquíes como resultado del programa de soborno a los sunnitas puesto en marcha por el general David Petraeus”, afirmó Gravel.

La noticia de la venta de los F-16 a Irak enojó no solamente a los progresistas de Estados Unidos, sino también a los ultraconservadores, aunque por otros motivos, en particular por su teoría de que el gobierno de Bagdad es un “satélite” de Irán.

Enviar los aviones a Irak, dijo por ejemplo la columnista Debbie Schlussel, “significa que básicamente le estamos vendiendo cazas a Teherán, y para eso, directamente le podemos vender los aviones a Hezbollah”.

Otra es la mirada del blogger estadunidense-iraquí Raed Jarrar, quien destacó que las Fuerzas Armadas de Bagdad “fueron destruidas durante y después de la invasión” estadunidense y que, a su juicio, el país “necesita armas para defenderse y refrenar cualquier ataque”, aunque no señaló desde dónde podrían llegar esas agresiones.

En un diálogo con Apro a través de correos electrónicos, Jarrar estimó: “No creo que los iraquíes estén en contra de la idea de tener un ejército fuerte y comprar nuevas armas pero, por supuesto, la pregunta en este caso es qué ejército se está construyendo”.

Jarrar señaló que “las actuales Fuerzas Armadas iraquíes, apoyadas por Estados Unidos, han cometido graves abusos de los derechos humanos, mataron y torturaron a su propia gente durante los últimos ocho años”.
Según este comentarista, las Fuerzas Armadas “no son vistas por la mayoría de los iraquíes como profesionales leales a su país”.

En todo caso, el problema no es económico, si se tiene en cuenta que Irak está reconstruyendo a todo vapor su sector petrolero y cuenta con “ingresos anuales de más de 100 mil millones de dólares”, según estimó Jarrar. Y como prueba de ello se puede apuntar la adquisición “a la carta” de más de 10 mil millones de dólares en vehículos blindados, helicópteros y materiales para construir nuevas bases.

“Irak se puede dar el lujo de reconstruir sus fuerzas armadas y reconstruir todo el país –continuó Jarrar–, pero las autoridades corruptas y disfuncionales no han sido capaces de usar los recursos nacionales en favor de la nación”.

Gravel apuntó que el gobierno liderado por Nouri al-Maliki, primer ministro de Irak, “está plagado de corrupción, y uno no puede menos que preguntarse quiénes se quedaron con las comisiones por la compra de los aviones de la Lockheed-Martin, una práctica muy común de los contratistas estadunidenses en el Medio Oriente”.

Además, advirtió el exsenador, “esta transacción será el pretexto para insertar contratistas militares estadunidenses en Irak de manera permanente”, algo que fue denunciado incluso por el propio Al Bayati, el legislador iraquí, quien reveló que los mayores partidos políticos del país están de acuerdo en armarse con equipamiento estadunidense, pero “están divididos acerca de la concesión de inmunidad” a los entrenadores que el Pentágono enviará junto con los F-16.

Los negocios de armas y de entrenamientos seguramente permitirán que cientos de contratistas de Estados Unidos permanezcan en Irak, pero Jarrar cree que “la venta de esos armamentos no está, ni debería estar, ligada a la retirada de las fuerzas estadunidenses” del país, cuyo calendario ya fue vagamente anunciado por Obama y debería concluir hacia el 2014.

“Existen algunos intentos de los militares estadunidenses de dejar algunos miles de efectivos después de que se retiren –continuó–, pero tengo la esperanza de que esa salida será cumplida de manera oportuna”.

De todas maneras, Jarrar no dejó de expresar su amargura por el hecho de que “el gobierno de Estados Unidos fue el que destruyó el ejército iraquí y ahora le está vendiendo a Irak uno nuevo”. Para el blogger se trata de una maniobra “despreciable”, en particular porque –dijo– “muchas de las armas y de las capacidades de defensa de Irak fueron destruidas después del final de los combates, y una de las razones de hacer eso fue precisamente que Irak tenga que terminar comprando armas de Estados Unidos”.

Para Gravel no hay muchas dudas. La venta de los aviones forma parte del “clásico modelo del complejo industrial militar que el presidente Einsenhower nos advirtió que destruirá nuestra democracia”.

“Y no es solamente eso –prosiguió–: Estados Unidos vende en el bazar de armas del mundo más que cualquier otro país, nos hemos convertido en los mercaderes de la muerte”.

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