El valor del tiempo

Siempre intensa, la amistad entre Octavio Paz y Julio Scherer García no estuvo exenta de desencuentros. Con todo, aun desde la lejanía física respecto del periodista, el Premio Nobel se abstuvo hasta su muerte de dinamitar los caminos alternos, así como el fundador de Proceso evitó reprocharle a Paz su colaboración con el títere presidencial que confabuló para echar de Excélsior a su director. En el texto que adelantamos enseguida –fragmento de un libro en preparación–, Scherer García repasa momentos álgidos de su relación con Paz, en vísperas de que el poeta sea objeto de un homenaje en la sede del Senado de la República.

El cáncer, siempre el cáncer. En un principio me dije que Octavio Paz vencería el abominable mal, como Gabriel García Márquez. Había sufrido Gabo con su salud, pero de cáncer no moriría. Otras desventuras han empañado su vida, pero no ésa. Lo recuerdo abatido en los inicios de la enfermedad y poco a poco más confiado en la bienaventuranza que en muchos sentidos ha sido su vida.

De lunes a lunes buscaba por teléfono a Octavio para saludarlo y preguntarle por su ánimo. En la brevedad de unos minutos, omitía el tema de su salud, derrumbada. Alguna vez me dijo:

“Del cuello para arriba todo está bien, pero del cuello para abajo todo es un desastre”.

Yo quería verlo, estrecharle la mano. Desde hacía muchos años, la lectura de El laberinto de la soledad me había permitido asomarme a su talento inmenso. No tuve duda: sería un personaje de la literatura universal.

En octubre de 1968 renunció a la embajada en la India y poco después escribió Posdata, enfrentado al Presidente Gustavo Díaz Ordaz por la matanza de Tlatelolco. De regreso a México no hubo quien le ofreciera trabajo. Hablaba entonces de radicar en un país de Europa o en los Estados Unidos. Si de Europa se hubiera tratado, yo tenía por cierto que habría elegido París, sabido su amor por Francia y casado con Marie Jo, la única compañera del resto de su vida. (Extracto del texto que se publica esta semana en la edición 1824 de la revista Proceso, ya en circulación)

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