El brazo político de las FARC, alternativa real de poder: comandante Alfonso Cano

Aram Rubén Aharonian

LOS POZOS, COLOMBIA.- “El antropólogo era otro”, dice Alfonso Cano bajo una carpa en Los Pozos, en referencia a su anterior vida, la de Guillermo Sáenz Vargas, un antropólogo bogotano con esposa e hijo, hoy asilados.
Y es que este barbudo y canoso Alfonso Cano -de hablar pausado y quedo- es ahora comandante y miembro del secretariado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Con 51 años, 22de ellos en el monte, es considerado uno de los ideólogos de este movimientos insurgente que se mantiene en lucha desde hace más de 36 años. Su credo es el socialismo, pero rescata las ideas bolivarianas para ir dando forma y cuerpo, aún desde la clandestinidad, a la lucha en el terreno político “contra una sociedad cada vez más injusta, cada vez más desproporcionada desde el punto de vista de la riqueza, porque cada vez grupos más pequeños se apropian de más cosas”.
Mientras prende un cigarrillo Imperial tras otro, y con la música de Radio Resistencia de fondo, recuerda a Mohamed Alí
-“volaba como una mariposa, pegaba como una abeja y se iba”- y destaca que siempre duerme “allá arriba” en el monte, porque  “nuestra actividad revolucionaria se desarrolla en forma de guerra de guerrillas; nosotros tampoco nos podemos quedar quietos porque nos noquean”.
Cano considera que la ayuda estadunidense a Colombia es “un plan de guerra” del Estado y del Pentágono, que agredirá directamente a la población civil y no a los combatientes. “Habrá más instrumentos, más intimidación, más represión y eso acrecentará la explotación de nuestra gente”.
Habla con sumo cuidado del presidente venezolano Hugo Chávez, y sobre los eventuales “bolivarianos” de otros países, y señala que cada país tiene su propio desarrollo. Cano comparte el temor de Chávez sobre la posible vietnamización de la situación en caso de una intervención foránea. También siente empatía por las ideas del mandatario brasileño Fernando Henrique Cardoso y se muestra seducido con la idea de “Petroamérica”, una eventual fusión de las petroleras sudamericanas.
El 19 de abril Cano sorprendió a colombianos y extranjeros: lanzó el llamado Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, organización política no armada, que intenta obtener el apoyo de la sociedad civil y que, pese a ser clandestina, apoyaría a candidatos a alcaldes populares en las elecciones. Es, para muchos, el brazo político de las FARC.
-¿Cómo va el Movimiento Bolivariano?
-Está estructurado… Y no tiene estatutos. Hay dos limitantes para ser parte del movimiento: no estar comprometido con luchas antipopulares como el paramilitarismo; y no estar sindicado ni ser responsable de actos de corrupción administrativa. En la medida que la historia reciente del país nos ha mostrado que cualquier movimiento que quiera enfrentarse al régimen político para cambiarlo ha sido violentamente agredido y aniquilado -como la Unión Patriótica de fines de los ochenta, el M-19 y la Reunión Bolivariana del Pueblo de 1990- decidimos que la estructura tenía que ser clandestina, una limitante que dificulta el trabajo porque no podemos hacerlo con amplitud, con sedes, con propaganda abierta, con movilización, con inclusión de listas de candidatos.
Comenta que “por ser un movimiento que nace en plena confrontación  y que supone graves riesgos para la militancia, aún no está definida la participación en las elecciones de alcaldes y concejales que se celebrarán en diciembre, pero de hacerlo, los candidatos no serán identificados, pues ello sería cometer la irresponsabilidad de exponerlos a la amenaza paramilitar”.
Señala los propósitos de este movimiento: “Lo primero es formar un grupo que reivindique las raíces históricas colombianas; lo segundo, que recoja el pensamiento e ideario político del Libertador Simón Bolívar,  y lo tercero, que sea una alternativa real de poder -amplia y democrática- frente a los partidos tradicionales colombianos”.
-¿Se puede tomar su creación como un gesto de paz?
-No. Nunca he entendido la palabra gesto. Esto no es un partido, es un movimiento amplio, policlasista. Es consecuencia de un momento político, el de la de crisis de los partidos, de las instituciones tradicionales en Colombia y del proceso de conversaciones que se adelanta con el gobierno. La idea es avanzar en la conquista de espacios políticos, de nuevos escenarios, llevar nuestro mensaje y nuestro aliento a nuevos sectores de la población colombiana. Hay mucha gente cansada de la violencia, de la guerra, de la confrontación, pero que se identifica con nuestros planteamientos.
“La crisis política en Colombia es muy grande: no hay credibilidad, no hay líderes, porque han robado mucho y han hecho las cosas muy mal. A los de izquierda los han matado. Hoy Colombia necesita una opción distinta a la que existe, y bien puede ser el Movimiento Bolivariano.”
-¿Usted, está cansado?
-No, hermano, los revolucionarios no podemos cansarnos, no podemos desfallecer. Lo que sí está claro para uno es que la violencia que hay en Colombia, la confrontación, es muy costosa. Es mucho tiempo, pero eso ni por un momento nos lleva a vacilar en lo que estamos proponiendo que es precisamente liquidar esa situación (…) Y es ahí, diluidos en las organizaciones que trabajan en las próximas elecciones para alcaldes y concejos como vamos a manifestarnos electoralmente.
“Si eso puede cambiar posteriormente, no lo sabemos. Ojalá llegue el momento en que seamos tantos y con tanta fuerza que podamos hacerlo, garantizando que ya no pasará lo que pasó con la Unión Patriótica.”
-¿Qué tipo de grupos podría sumarse al Movimiento Bolivariano?
-Es una posibilidad, pero no es lo que tenemos en la cabeza. Hay mucha gente suelta en Colombia que está de acuerdo con los planteamientos políticos que hacen las FARC; está desesperada con la situación actual; no encuentra alternativas para luchar por conseguir un cambio. Son las personas a las que hemos querido dirigir nuestro mensaje. Son muchas, la mayoría. Hay grupos por allí interesantes, importantes, serios, pero lo que queremos es marcar una distancia con la forma tradicional de hacer política de la derecha o la izquierda. Para eso tiene que servirnos la experiencia.
-¿Por qué las FARC giran del
pensamiento marxista-leninista hacia el
bolivarianismo?
-No hemos girado. Tenemos unos principios revolucionarios: creemos en el socialismo, en la lucha de clases, que el capitalismo no es la solución de los problemas de la humanidad. Tenemos profundas convicciones y manejamos, desde el punto de vista del marxismo-leninismo, una metodología para aproximarnos al análisis de la realidad, para poder interpretar lo que pasa en el mundo. Utilizamos las herramientas del marxismo, pero no sus esquemas. Creo profundamente en el socialismo, creo en la sociedad sin clases, y por eso lucho.
-¿Para usted el marxismo no ha
fracasado?
-En absoluto. Lo que estamos haciendo hoy es lo que hemos estado haciendo durante 34 años: dar mayor énfasis al comportamiento social y político de nuestro pueblo en el transcurso de toda su historia. Siempre hemos reinvidicado a Bolívar y las luchas de nuestras naciones contra el imperio español. Lo que hemos hecho ahora es colocar eso como un elemento significativo de las propuestas que estamos haciendo al país. Estamos por un solo camino y eso es lo que nos ha permitido sostenernos, luchar, desarrollarnos. Si por un solo instante hubiéramos torcido el camino, si nos hubiéramos abrumado porque se derrumbó el muro de Berlín o porque el señor Fukuyama instrumentó teóricamente a la humanidad para decir que después de eso no habría nada, no existiríamos.
-¿Qué significa ser bolivariano?
-Un hombre como Bolívar es patrimonio de todos los pueblos. Cada pueblo, cada lugar, cada situación lo vive, lo siente, lo lee de acuerdo con sus propias condiciones, circunstancias. Grosso modo, quisiéramos rescatar de Bolívar su criterio de la unidad latinoamericana, su visión antiimperialista de defender por encima de todo la soberanía de nuestros pueblos, una posición visionaria porque hoy más que nunca es una necesidad frente a unos polos de desarrollo del mundo, muy poderosos y unificados; su visión de que la lucha de quienes quieren contribuir al desarrollo de nuestras naciones debe ser al lado de los pobres, y su desprendimiento personal. Él luchó por estos pueblos empobreciéndose (…) si uno se pone a pensar en la situación de otros países, pues perfectamente (el pensamiento bolivariano) puede ser recogido en otras partes.
-¿Cómo afectará a las FARC la aprobación del Plan Colombia?
-Sí, va a incidir porque es un plan de guerra que desestabiliza más la situación del país. En qué grado, no lo sabría decir. A las FARC particularmente desde el punto de vista militar no nos afectará, pues simplemente enfrentaremos una ofensiva como tantas otras,  (aunque) con nuevos elementos de la tecnología -satélites, aviones y helicópteros- y, seguramente, más cantidad de hombres. Pero esa ha sido la historia de nuestro país.
Cano explica que los que sufrirán las consecuencias de esa agresión “no serán los combatientes, sino los civiles”. Además, dice, “se les facilita a los gobiernos implementar medidas de tipo económico y sociales que van a lesionar profundamente a los sectores populares de Colombia y los van a reprimir más en la medida que van a tener que protestar más”.
Prevé: “Habrá más instrumentos, más intimidación, más represión y eso acrecentará la explotación de nuestra gente. (…) Al Gore está perdiendo las elecciones y el Partido Demócrata necesita una excusa internacional que le permita mejorar sus resultados electorales. Y, desde el punto de vista geoestratégico, Colombia es para ellos vital, y la disculpa es el narcotráfico.
-¿Y cómo les ha ido con los europeos?
-Europa no es monolítica, pero estamos muy esperanzados por las conversaciones que se han tenido con ellos. Está claro que entienden que la forma concreta de ayudar a Colombia no es atizando la guerra, y son proclives a que la inversión sea en materia social y no a incentivar la guerra. Pero por favor, que no le den el dinero al gobierno, porque se lo roban.
-¿Cuáles son los nexos que tiene con el narcotráfico?
-El narcotráfico es un problema social y estructural, del capitalismo, y no es como lo presentan los gringos. Nosotros pensamos que la legalización de la droga solucionará el problema porque acaba con las enormes cantidades de dinero que se mueven entre la venta del cultivador y el hombre que en Nueva York está metiéndose “eso” por las narices. Nuestra propuesta pública es un plan piloto de sustitución de cultivos. Hay que tener en cuenta que el narcotráfico es un fenómeno nuevo, de tres o cuatro lustros y hay que aclarar que la guerrilla colombiana no se financia con el dinero del narcotráfico. Nos critican que no acabemos con eso sabiendo que es malo, pero nosotros no somos el Estado. Y, además, podríamos contribuir a la erradicación si pudiéramos ayudar al campesino a sembrar otra cosa.
Cano admite que “en esa relación que establecemos con los cultivadores (de coca), ellos nos ayudan… claro que sí”. Pero, aclara, “el cultivador no es parte de la cadena del narcotráfico, que comienza a partir de los intermediarios que la hacen llegar a los países desarrollados. El cultivador es un campesino más, y eso es lo que se tiene que entender. Los indígenas cultivan la coca desde hace 500 años. ¿Vamos a decirles que son criminales?”.

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