El viaje del ensueño… Entre los muertos del Concorde, multimillonarios en busca del paraíso

Boris Kanzleiter y Marta Durán

BERLÍN.-Iban al paraíso y murieron en una explosión infernal. Tenían preparadas unas vacaciones que pocas personas en el mundo se pueden permitir. El viaje, que duraría dos semanas, sería a todo lujo y empezaba con un vuelo en el Concorde de París a Nueva York.
Las víctimas del accidente del vuelo AF-4590 de Air France no eran personas comunes y corrientes, sino acaudalados empresarios de uno de los países más ricos del mundo. Por ejemplo, entre los 95 pasajeros germanos que fallecieron estaba el multimillonario Andreas Schranner, que había invitado a su esposa, hija, yerno y nietos de ocho y 10 años de edad. Pagó más de 69 mil marcos alemanes, unos 345 mil pesos por el viaje.
Schranner era empresario inmobiliario. Poseía más de 400 inmuebles, entre casas y departamentos en la próspera Munich. Su pasatiempo: coleccionar automóviles. Claro, sólo modelos antiguos. Irónicamente, él, al igual que los pasajeros del Concorde, llegarían a Nueva York para embarcarse en el lujoso yate MS Deutchland (Alemania en castellano), que sirve de escenario para la serie de televisión Traumschift ( La nave del ensueño) que es una versión alemana del programa estadunidense El crucero del amor, donde Schranner había participado como extra.
El yerno de Schranner era Christan Eich, gerente de la BMW, que tiene su sede en Munich. Eich fue director del museo y de los archivos de esta empresa, una de las más grandes y poderosas de Alemania.
El martes 25 de julio era el primer día de sus vacaciones que tanto habían esperado. A las 16:42 hora de Francia despegó su vuelo en el aeropuerto Charles De Gaulle en París. Iban en el avión más rápido y caro del mundo, el legendario Concorde. Su destino era Nueva York, de donde saldrían en el crucero de cinco estrellas, en un recorrido por el Caribe, pasando por el canal de Panamá hasta llegar al puerto de Manta, en Ecuador. Pero sólo 80 segundos después del despegue, el Concorde se estrelló envuelto en llamas contra un hotel en la localidad Gonesse, a pocos kilómetros del aeropuerto. Todos los pasajeros murieron instantáneamente. También perdieron la vida los nueve miembros de la tripulación y cuatro personas que se encontraban en el comedor del Hotelissimo, donde el avión se estrelló.

Los ricos también lloran

La región Mönchengladbach -en el oeste de Alemania, cerca a la frontera con Bélgica- está conmocionada. De esta localidad, con 250 mil habitantes, provenían 17 de los accidentados en el Concorde. Habían comprado sus boletos para ir de vacaciones en la agencia de viajes Clemens, en el centro de la ciudad. El gerente Christian Stattrop está horrorizado. Eran sus clientes de siempre. Dice que los conocía muy bien. “La mayoría eran empresarios bien acomodados de entre 50 y 70 años de edad. Algunos eran amigos y frecuentemente viajaban juntos”.
“Cuando nos enteramos del avionazo el martes por la noche, nos aterramos. El viaje en el Concorde se lo habíamos vendido como si fuese una diversión extra”, recuerda el gerente.
Una de estas víctimas era el señor Tellmann, dueño de una gran tienda de muebles ubicada en el centro de Mönchengladbach. Al igual que los otros 16 fallecidos de esa ciudad, era un personaje de la vida pública. Sus hijos Reiner y Manfred Tellmann están conmovidos. “La muerte de nuestro papá es una enorme pérdida. Va a pasar mucho tiempo antes de que lo podamos superar”. En la puerta principal de su mueblería cuelga un cartelito: “Por razones familiares la tienda permanecerá cerrada”.
En Mönchengladbach la gente se conoce. La alcaldesa Monika Bartsch dice: “Para mí es un golpe tremendo, porque conocía a varias de las personas que iban en el Concorde”. Narra que un cercano colaborador iba a volar en ese avión, pero cambió de línea aérea poco antes de la salida. “Cuando llamó de Nueva York y dijo ‘estoy vivo’ fue un gran alivio para mí”.
El vocero de la policía en Mönchengladbach, Peter Spiertz, dice que sus agentes fueron los encargados de dar la mala noticia a los familiares. Muchos ya se habían enterado por la televisión, “pero siempre hay esperanza de que alguien haya cambiado de avión. Sin embargo, cuando nosotros damos la notificación de la muerte de alguien, la información ya es oficial”.
El párroco Ulrich Meissner también visitó a los deudos y comenta que los comportamientos fueron muy diferentes: “Una persona reacciona de manera ofensiva y llora y grita. Otra se vuelve depresiva”.
El canciller Gerhard Schröeder, tras asistir a una misa celebrada el miércoles 26 en Hannover con casi todo su gabinete, dijo: “Alemania está en duelo por los muertos. Alemania está emocionada y consternada”.
La última vez que cayó un avión con turistas alemanes fue en 1996 en República Dominicana, cuando 189 personas perdieron la vida.
Schröeder ordenó que las banderas estuvieran a media asta. También el presidente francés Jacques Chirac participó en una misa en la iglesia de Gonesse, lugar de la tragedia.
El grupo de los 96 alemanes partiría en un periplo turístico que ofrecía la agencia de viaje Deilmann, una de las más exclusivas de Alemania, fundada por su dueño Peter Deilmann en 1968. Un vuelo con el Concorde a 2 mil 200 kilómetros por hora -que requiere para el trayecto trasatlántico menos de la mitad del tiempo normalmente que necesita un Jumbo- sería el principio de un viaje excitante y exótico.
Los paseantes llegarían a Nueva York, donde pasarían dos días de shopping en exclusivas boutiques, combinado con un variado programa que incluía boletos para una obra musical en Broadway. Después se embarcarían con otros 419 turistas en el Deutchland.
Primero estarían en La Habana, Cuba, donde durante tres días visitarían el Centro Histórico y por la noche bailarían en el Tropicana. En el itinerario estaba programada una visita a la casa-museo de Ernest Hemingway, el famoso escritor estadunidense.
De Cuba partirían hacia Playa del Carmen, en Quintana Roo, para relajarse en las playas de blanca arena del Caribe mexicano. Posteriormente, tendrían paseos culturales en Tulum y luego en Chichen Itzá, en Yucatán. El grupo se embarcaría nuevamente para navegar hasta la isla caribeña de San Andrés, en Colombia, y luego cruzaría el Canal de Panamá. La travesía de 16 días concluiría en Manta, Ecuador, de donde regresarían a Alemania.
El viaje en el MS Deutchland en la cabina más barata cuesta unos 42 mil 450 pesos mexicanos. El camarote de lujo sale en 110 mil 650 pesos. El boleto del Concorde costó 14 mil 750 pesos y no venía incluido en el paquete. Era una oferta especial, ya que un boleto viaje redondo del Concorde  normalmente cuesta 100 mil pesos.
Los comentaristas políticos alemanes de línea crítica entablaron una polémica al afirmar que en los países de Tercer Mundo la gente muere por causas relacionadas con su pobreza y por no tener los medios para protegerse de las catástrofes naturales, como el huracán Mitch, que hace dos años causó muerte y destrucción en Centroamérica. En cambio, dijeron, los alemanes “mueren por su riqueza”,  ya que cada vez buscan diversiones más exóticas y nuevas. Esto es un reflejo de su alto nivel de vida y de consumo.

Sólo para gente bien

El Concorde y el crucero MS Deutchland son de lo más exclusivo que un turista pueda disfrutar. El Concorde no es para el turismo de masas, sino para los hombres más ricos y poderosos. Si se vuela en este avión supersónico del Este al Oeste, el viaje dura una hora menos por los usos horarios y se llega a una hora más temprana de la que se partió de París o de Londres.
Las estrellas de la farándula, como la modelo alemana Claudia Schiffer y el exBeatle Paul Mc Cartney, lo usan tanto como el presidente francés Jacques Chirac. En el Concorde no hay clase turista, todos sus pasajeros documentan y embarcan en premiere. Durante el vuelo se puede disfrutar una cocina excelente y el Duty free ofrece joyas y artículos exclusivos que sólo se pueden adquirir durante el viaje.
Los ecologistas afirman que el medio ambiente paga el lujo de unos cuantos, ya que el Concorde utiliza más turbosina que un Jumbo 747. De igual manera sufren las personas que viven por donde pasa el controvertido avión.
Los vecinos de la localidad Gonesse tienen años denunciando el ruido insoportable del superavión. El alcalde dijo en una entrevista con la televisión alemana que desde hace años los habitantes habían advertido que podría ocurrir una catástrofe, ya que los aviones pasan a  poca altura sobre los techos de la comunidad. Para los habitantes de Gonesse el fallecido piloto Christian Marty, de 54 años de edad, ya es un héroe, pues cambió el curso del avión para no caer en una zona densamente habitada.
La industria del turismo es un buen negocio en un país tan próspero como Alemania. El último año los germanos gastaron casi 43 mil millones de dólares (430 mil millones de pesos) en viajes por todo el mundo. Con novedosas y exóticas ofertas, las agencias de viajes compiten por el mercado más grande de turismo en el mundo.
Los clientes de la empresa Deilmann son conocidos artistas, empresarios, altos funcionarios y miembros de las familias de más  rancio abolengo. El actor Günther Pfitzmann, muy popular en Alemania, se salvó el martes por un pelito del accidente. Ya había comprado su boleto para el fatídico viaje, pero se enfermó y prefirió quedarse.
La publicidad para este viaje anuncia: “Belleza y elegancia hasta en los detalles más pequeños (…) Equipado con el estándar de los cruceros de cinco estrellas, el MS Alemana se presenta en el estilo lujoso y regio del Gran Hotel de los años veinte. Para cada huésped, el camarote o la elegante suite, es un oasis de tranquilidad y punto de partida para todo tipo de actividades”.
Y promete: “En los exclusivos restaurantes le esperan los placeres de la categoría plus”. Varias piscinas, gimnasios y saunas están a disposición de los turistas, así como bares, salones de baile y cafeterías.
“La Sala Emperador es impresionante y cuenta con una variada programación de espectáculos y diversión. Planeación precisa y servicio perfecto, hacen del viaje una experiencia singular, que no tiene comparación en los siete mares.”
En una conferencia de prensa frente a la sede de su empresa en Neustadt, en las costas del mar Báltico, al norte de Alemania, Peter Deilmann dijo que los otros 419 turistas que compraron boletos para el MS Deutchland no quisieron cancelar su viaje. El crucero salió de Nueva York el jueves, pero el ambiente era deprimente. La pasajera Helga Ewald estaba consternada: “El viaje ya no será lo mismo”, declaró a los periodistas cuando le informaron sobre el accidente, pero tampoco quiso interrumpir el viaje. “Ya no se puede cambiar nada”.
El pasajero Willi Schöneberg dijo: “El capitán debería suspender el viaje. Siempre vamos a pensar en los muertos cuando veamos sus asientos vacíos en los restaurantes”.

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