Venezuela, dividida y enfrentada Peleado con medio mundo, Chávez aún tiene aire para ganar

Aram Rubén Aharonian

CARACAS.- Seguro de que ganará las elecciones de este domingo 30, el presidente Hugo Chávez se apresta a iniciar la segunda fase de su “revolución bolivariana” y a hacer de Venezuela un país de clase media.
Enfático, dice a Proceso: “La revolución tiene varias fases. Nosotros comenzamos la primera, de manera concreta y formal el 2 de febrero de 1999, y culminará el 2 de agosto, cuando se cumplan 18 meses”.
Y agrega: “¿Qué no hemos hecho, Dios, en este lapso? Hemos hecho una revolución política, tenemos un nuevo texto constitucional, unas instituciones que apenas están naciendo. Echamos abajo el andamiaje de medio siglo y está abierto el horizonte. Aquí se estaban acumulando fuerzas explosivas, y en año y medio, en lo social, logramos comenzar un proceso de transformación de las mismas en fuerzas expansivas, constructoras”.
En la entrevista, afirma que el pueblo venezolano “anda por ahí con fe”, a pesar de que, reconoce, “esté desempleado, subpagado, sin educación, sin techo, sin tierra. Pero tiene una esperanza en expansión, y por ellos asumimos el reto: la segunda fase que comenzará el 2 de agosto o cuando asumamos el gobierno para los próximos seis años”.
Entonces, “entraremos al fondo de la revolución económica y social para hacer de Venezuela un país de fase media en promedio”.
Y es que, según Chávez, “Venezuela tiene condiciones para ser un país de clase media, sólidamente estructurado. Yo pongo plazo para ello: 11 años. Y esto no tiene nada que ver con mi período de gobierno”.
El polémico mandatario venezolano anuncia que cuando deje de ser candidato, “llegará la paz y me ocuparé de gobernar y de atender los agudos apremios sociales y económicos. También se abrirán las compuertas del diálogo y la negociación”.

“Plomo parejo”

La oposición, empero, considera que todo eso dependerá de los porcentajes que se logren en las elecciones. Otros, en cambio, lo ponen en duda. Dice a Proceso el exministro de Información, Pastor Heydra: “Chávez no sabe sino hacer eso que está haciendo todos los días y de lo que se ufana: echar plomo parejo. Si no tiene un freno fuerte en la Asamblea Nacional, en las gobernaciones, en las alcaldías y en los otros poderes públicos, esto continuará, al lado del deterioro del país”.
Todo indica que Chávez ganará de nuevo la presidencia de Venezuela con similar fuerza electoral que en diciembre de 1998, pero con un entorno completamente diferente, debido a que en poco más de dos años se peleó con medio mundo: partidos políticos tradicionales, la Iglesia, los sindicatos, los empresarios, medios de comunicación…
Más aún, sufrió la división del grupo que lo llevó al poder -el llamado Polo Patriótico- y surgió la disidencia dentro del sector que lo formó: el ejército.
Ahora, el único apoyo que tiene es su propio liderazgo y el arraigo que ha logrado conseguir en el pueblo, que todavía lo ve con fe esperanzadora… Pero cada vez menos: si al asumir la Presidencia en febrero de 1999 las encuestas le otorgaban 80% de confianza, está se ha reducido -según los últimos sondeos- a 59%.
Chávez ha debilitado a las elites “con plomo parejo”, como él mismo suele comentar. Su propósito -según ha explicado- es hacer un corte horizontal en su proyecto de revolución pacífica y democrática. “Elites no, bases sí”, afirma. Al mismo tiempo, intenta reafirmar el “capitalismo de Estado” como modo de evitar la concentración de la riqueza y lograr la redistribución del poder político.
Analistas económicos señalan que tras los comicios, el incremento brutal de los precios del petróleo le permitiría financiar el gasto público en, al menos, los próximos dos años. Será ésta, dicen, su principal variable política. Así, las grandes incertidumbres se postergarán en la medida en que se mantengan altos los precios del crudo, mientras que su gobierno espera superar sus cortocircuitos con el sector empresarial y comience el esperado despegue económico y social.
Los sociólogos, por su parte,  coinciden en que hasta el momento el liderazgo de Chávez es emotivo y no se puede mantener sin rendición de cuentas, sobre todo cuando se ha perdido el optimismo y la percepción positiva sobre el país que reinaban hace apenas 18 meses. Ya es hora de que pase a ser un liderazgo racional, legal, y para ello debe entregar algo concreto, real a la población.
La evaluación del gobierno sigue cayendo y 77% de la población se muestra insatisfecho con el empleo y 90% por la inseguridad.
“Hoy se vive un proceso de implosión, pero puede avanzar hacia la explosión si se articula una oposición seria y coherente”, advierte Luis Vicente León, director de la empresa consultora Datanálisis.
Pero la campaña electoral fue tan pobre como la mayoría de la población venezolana, sin más propuestas que la descalificación del adversario. La previsible amplia diferencia de votos de Chávez sobre su más cercano rival, Francisco Arias Cárdenas, dejó en claro que éste no se ha consolidado como una verdadera opción.
“Lo que pasa es que no ha aparecido la novia nueva y, mientras tanto, uno sigue con la que tiene, aunque ya no esté enamorado de ella, no sea cosa que se quede sin salir el fin de semana”, ejemplifica Vicente León.
Las encuestas revelan que 70% de la población sigue exigiendo cambios radicales, pero, sobre todo, la solución de sus problemas más acuciantes: empleo, reactivación económica, costo de vida y seguridad.
Según las proyecciones electorales, por Chávez seguirían votando los sectores más empobrecidos, los que, a pesar de que su situación económica ha empeorado, le dan un lapso de entre 14 y 16 meses para resolver los problemas del país.

Divide y vencerás

Si bien, en 18 meses Chávez ha logrado una serie de cambios políticos estructurales, entre ellos la aprobación de la constitución “bolivariana” y el recambio de todas las instituciones, aún le resta tomar el control definitivo de las mismas.
Y, para ello, es imprescindible lograr una mayoría amplia en la próxima unicameral Asamblea Nacional, que también se elegiría este domingo 30. El gobierno necesita tener 60% de los asambleístas para dictar una Ley Habilitante a favor del presidente, que según la nueva constitución no se limita a temas fiscales, sino que le concede poderes discrecionales. Los analistas coinciden en que sólo el nuevo Legislativo podrá poner freno a “las tendencias concentradoras de poder y al autocraticismo”, que parecen dominar los planes oficiales.
La previsible heterogeneidad de la asamblea unicameral -garantizada por la representación proporcional de las minorías- presagia un incremento en el balance de fuerzas y la búsqueda de consensos, indispensables para la designación del Tribunal Supremo de Justicia, el fiscal general de la República, el contralor, el defensor del Pueblo y el Consejo Nacional Electoral, que requieren mayoría de tres tercios.
Pero la oposición está también en la misma encrucijada. Los grupos con mayores posibilidades de triunfos regionales se debaten entre inclinarse por los consensos o sucumbir ante el posible drenaje de los fondos públicos hacia las guarniciones militares leales a Chávez en las regiones donde la oposición pudiera ganar. Sería una manera de socavar los gobiernos regionales no afectos al poder central. Otros, de plano, parecen adoptar una postura más inflexible, de ningún acuerdo con el gobierno, sea por desconfianza o por el ánimo de desconocer la legitimidad de las instituciones sometidas a elección.
Pero no sólo la oposición está fracturada. El mismo chavismo confronta serias divisiones en la alianza Polo Patriótico: las profundas heridas en la relación del sumiso Movimiento V República (MVR) con Patria para Todos (PPT) logró el alejamiento de este grupo, mientras el Movimiento Al Socialismo (MAS) hace todo lo posible para seguir aliado al oficialismo.
Leopoldo Puchi, secretario general del MAS y exministro de Trabajo defiende, contra una corriente mayoritaria, el papel cumplido por la coalición oficial Polo Patriótico (PP) desde su formación en 1998. Señala que se logró unir electoralmente a diversos grupos, pero que no se consiguió la sustitución de la vieja dirigencia política y la creación de las nuevas instituciones.
Para Puchi, el Polo fue “una alianza que no cumplió a cabalidad sus objetivos de naturaleza política, pero tampoco los de naturaleza electoral”. Señala que la alianza se rompió por contradicciones de naturaleza electoral, por no haber tenido una dimensión más amplia en la reconstrucción institucional y el proceso constituyente.
Indica que tras las elecciones se entra en una nueva etapa y hay que reconstruir una alianza para las nuevas tareas. “El proceso no ha terminado. Todavía está pendiente la reconstrucción de los partidos políticos para que correspondan a la nueva realidad del país. Tanto el Movimiento V República, como el MAS son embriones o fuerzas incipientes de lo que debe ser un auténtico partido, con verdadero poder de convocatoria y con un engranaje sólido con la sociedad”, señala.
Lo cierto es que el presidente se ha echado encima a la clase media, parte de la cual lo respaldó hasta ahora, al mundo empresarial, a los medios de comunicación, a la Iglesia y hasta a Estados Unidos.
Chávez amenazó durante la campaña: “Si no logramos la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, ponemos en peligro el desarrollo del proceso revolucionario, al menos el pacífico”.
Teodoro Petkoff -exguerrillero, fundador del MAS, ministro de Planificación en el gobierno anterior, hoy director del vespertino Tal Cual- manifestó que el mayor problema que tiene Chávez es su ruptura con la clase media: “Tendría que hacer un esfuerzo por reconciliarse con ella, que es indispensable para la gobernabilidad en América Latina, porque sin ella o contra ella es difícil mantener la estabilidad por largo tiempo”.
Y advirtió sobre “la peligrosidad de un punto de apoyo social que es solamente el de los más pobres, porque ése es un sector muy fácilmente manipulable. De hecho, los fascismos se edificaron con base en ese tipo de relación”.

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