Aceitaron a tiempo la maquinaria foxista Los magnates regiomontanos empiezan a obtener su recompensa

Carlos Acosta Córdova, Antonio Jáquez y José María Alanís

Para mí las amistades no cuentan”, repite una y otra vez Vicente Fox, y asegura que la cercanía con hombres de negocios no implica un intercambio de favores, un toma y daca.
En los hechos, sin embargo, se han incorporado ya al equipo foxista personajes del mundo empresarial que contribuyeron a su campaña, como es el caso notable de los industriales regiomontanos Alfonso Romo Garza y Federico Sada González, presidente de Pulsar y director general de Vitro, respectivamente.
Otros magnates regios cercanos al presidente electo, sin ser parte todavía de su equipo, son José Antonio Fernández, que maneja los negocios de su suegro Eugenio Garza Lagüera, y Lorenzo Zambrano, presidente de Cemex y del patronato del Tecnológico de Monterrey.

Todos ellos están ligados al clan Garza Sada, familia que ha dominado los negocios de Monterrey por más de un siglo, con presencia nacional en giros que van de la cerveza al cemento, y cuyo éxito se explica por su visión y empuje, pero también por su habilidad  para relacionarse  con el poder político o para tomar distancia, según sea lo que convenga.
A tiempo, los industriales regios aceitaron la maquinaria foxista y hoy son de los primeros en subirse al jet de la transición. Por lo pronto, ahí están Romo y Sada, en calidad de miembros del equipo internacional, al lado de Valentín Díez Morodo, vicepresidente del Grupo Modelo, y los intelectuales Adolfo Aguilar Zinser y Jorge G. Castañeda, entre otros.
Curiosamente, en las funciones de ese equipo -anunciadas el martes 1- no destaca alguna que se inscriba en el ámbito de los negocios, pues de lo que se trata es de formular un proyecto de política exterior para los primeros mil días de gobierno; recibir ordenar y preparar las propuestas de agenda en política exterior; coordinar los contactos con representantes de gobiernos extranjeros y formular propuestas de reestructuración de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Los vínculos de Fox con los empresarios regios se remontan a la época en que fue directivo de la Coca-Cola. A Federico Sada lo conoció cuando Vitro fue proveedor de botellas para la refresquera. Además, Luis Ernesto Derbez, cercano colaborador de Fox al que se considera virtual secretario de Hacienda, fue asesor de Vitro. Igualmente, Fox y Romo se conocieron cuando éste trabajaba en el grupo cervecero que compró lo que ahora es Coca-Cola-Femsa.

Hacia las alturas

Vendedor de pasteles y cabrito en el principio, uno de los principales productores de semillas en el mundo y próspero empresario con actividades en todos los continentes en la actualidad, Alfonso Romo Garza es, desde la semana pasada, flamante miembro del equipo de transición de Vicente Fox. Ajeno a la diplomacia, el empresario forma parte de la Coordinación Internacional de ese equipo que, entre otras tareas, formulará el proyecto de política exterior del próximo gobierno.
A su habilidad para los negocios -sus empresas, encabezadas por los grupos Pulsar y Savia, tienen actividades en más de 120 países, en rubros tan disímbolos como la agrotecnobiología, los seguros, la banca de inversión, telemarketing, Internet, salud y la construcción, entre otros-, Romo sumó dos grandes hechos en su vida: el primero fue ser amigo desde la infancia del exsecretario de Hacienda, Pedro Aspe -hoy subordinado suyo, presidente de Vector casa de bolsa-, y el segundo, su matrimonio con Maca Garza Lagüera, hija del empresario Alejandro Garza Lagüera, hermano de Eugenio Garza Lagüera, presidente del Grupo Femsa, lo que lo incrustó de lleno dentro de la aristocracia empresarial regiomontana.
Nacido en una familia de clase media alta, Romo Garza llegó a Monterrey a finales de los años sesenta, para estudiar la carrera de ingeniero agrónomo en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). En sus inicios, en 1974, el ahora próspero empresario, arrancó con la compraventa de cabritos, pero no tuvo mucho éxito y prefirió buscar otras alternativas. Le llegó su oportunidad al casarse con Maca Garza Lagüera, hija de Alejandro Garza Lagüera, hermano del presidente de Femsa, Eugenio Garza Lagüera, herederos directos del patriarca empresarial y creador del Grupo Monterrey, Eugenio Garza Sada.
Antes de iniciar los negocios propios que lo encumbrarían, Romo debió entrenarse en el grupo Visa, de su tío político, donde coordinó proyectos de inversión en el área agropecuaria. Luego pasó a la Cervecería Cuauhtémoc, del mismo grupo, como director de Planeación y Desarrollo. Se le atribuye el mérito de arrancar la División de Refrescos y Aguas Minerales (embotelladoras de Coca-Cola y manantiales de Tehuacán); fue en esa época cuando conocó a Vicente Fox, quien ya era ejecutivo de la Coca-Cola.
Pero en 1981, por decisión propia y porque su agresividad para los negocios no era bien vista por su familia política, emprendió solo el vuelo. Y con vértigo: ese año fundó Pulsar Internacional, que con el tiempo se convertiría en uno de los principales grupos empresariales del país; cuatro años más tarde, adquirió Empresas La Moderna (hoy Savia) y a sus subsidiarias Cigarrera La Moderna -líder en la producción de tabacos- y Aluprint, proveedor de empaques. En 1988 compró Seguros La Comercial a Eloy Vallina e inició las operaciones de la casa de bolsa Vector.
Más tarde, en 1992, arranca su empresa Agroindustrias Moderna y crea Bionova. Un año después compra Seguros América y la fusiona con su aseguradora, para crear Seguros Comercial América, la más grande de América Latina. Ese año, Bionova adquiere Agrícola Bátiz e International Produce, líder en el continente en la producción y distribución de tomate y chile morrón.
En 1994, La Moderna adquiere el control accionario de Ponderosa Industrial, líder en la producción de cartoncillo, y compra Asgrow Seed Co. Un año después, fusiona ésta con Petoseed y Royal Sluis para crear Seminis, líder mundial en semillas para frutas y vegetales. También en 1995 crea Contec, empresa de construcción que emplea la más alta tecnología.
Al año siguiente fusiona Bionova con DNA Plant Technology y crea DNAP Holding Corp., dedicada a la producción, empacado y comercialización de productos frescos, con alta tecnología genética de plantas. Ese año, 1996, crea Orbis, comercializadora de gran escala, Merkafon, compañía de mercadeo telefónico, y Desarrollo Inmobiliario Omega, para impulsar desarrollos residenciales. Además, crea Empaques Ponderosa y compra la Aseguradora Mexicana (Asemex).
En 1997, Pulsar hace alianza con CMS del Sur, empresa controladora del Hospital Médica Sur. Ese año se deshace del negocio de los cigarros al vender Cigarrera La Moderna a los ingleses. Un año después, compra el Hospital Santa Engracia y, mediante Seminis, adquiere las compañías coreanas de semillas Hungnomg y Choong Ang. A un tiempo, incrementa su participación en Nat Sluis, de la India. A su vez, Seminis se alía estratégicamente con LSL Biotechnologies, empresa líder en la investigación y desarrollo de productos frescos de larga vida en anaquel.
Sin el negocio de los cigarros, Alfonso Romo decide cambiar el nombre de La Moderna a Savia en 1999. En este año, Seguros Comercial América se asoció con ING Group, uno de los grupos financieros más grandes del mundo.
Todo ello, según información oficial de Pulsar Internacional, que también da cuenta de la incursión de Romo Garza en otros ámbitos. En educación, creó DUXX, Escuela de Graduados en Liderazgo Empresarial; en arte y cultura, el grupo cuenta con una amplia colección de obras, de las cuales más de mil 600 piezas de arte contemporáneo y popular mexicano han ganado el concurso “Gran Premio Nacional de Arte Popular”, también instituido por Romo.
En ecología, desarrolla el Proyecto Selva Lacandona con programas para evitar su deterioro; hace donativos para el mantenimiento y conservación del Parque Ecológico Chipinque, y continuamente hace exposiciones públicas para que escolares aprendan a cuidar el ambiente y la naturaleza. En materia de deporte, Romo dio rienda suelta a su pasión por los caballos, al crear tres concursos, uno internacional, con todas las variantes del hipismo.
Pese a su intrepidez, Romo se abstuvo de participar en la subasta salinista de los bancos, que permitió que industriales de Monterrey acumularan más de 40% del total de los activos bancarios del país. El tiempo le dio la razón: todos los bancos comprados por regiomontanos acabaron mal, entre otras razones porque fueron usados para autopréstamos. En tanto, en enero de 1996, Romo sumó a su equipo a Aspe -el artífice de la fallida privatización bancaria- como presidente del consejo de administración de Grupo Vector.
En política, Romo también ha sido cuidadoso, actuando por lo general a trasmano. En la campaña presidencial de 1994, por ejemplo, expresó su apoyo a Ernesto Zedillo, pero no figuró en la lista oficial de donantes, rescatada por Proceso (1152) del Archivo General de la Nación en noviembre de 1998; pero en esa lista saltó el nombre de un cercano colaborador de Romo:  Bruno Ferrari García de Alba, también asesor de figuras panistas de Nuevo León y articulista cercano a las posiciones de dos grupos apoyados por Romo, el Opus Dei y los Legionarios de Cristo.
Por cierto, en esa lista de contribuyentes a la campaña de Zedillo aparecen Valentín Diez Morodo, ahora integrante del equipo de Fox, y dos de los empresarios invitados a la primera gira internacional del presidente electo: Fabio Covarrubias Piffer, presidente del grupo textil Covarra y accionista del banco que dirigía Carlos Cabal Peniche, y José Serrano Segovia, presidente de Transportación Marítima Mexicana.

El tropezón de Serfin

Federico Sada González, que también figura como miembro de la Coordinación Internacional del equipo de transición de Vicente Fox, sí, en cambio, apostó -junto con su padre y su hermano Adrián- por un banco. Con Serfin quisieron repetir la experiencia de sus antepasados, cuando en 1936 crearon Banpaís y lo convirtieron en el brazo financiero de las empresas de la familia Sada, con el grupo Vitro a la cabeza, que hoy dirige precisamente Federico.
Pero los Sada González no pudieron con el banco y por poco llevan a la quiebra a Vitro. Por ser el tercer banco más grande del país, el gobierno impidió su quiebra: en su rescate invirtió más de 120 mil millones de pesos, a costa de los contribuyentes y, de plano, tuvo que hacerse cargo de él antes de vendérselo al español Santander… en una décima parte. En el ínter, Serfin ya había arrastrado a Vitro, que debió hacer continuas inyecciones multimillonarias desde la crisis de 1994-95, además de las aportaciones adicionales de los Sada: el propio Adrián, que fue presidente del Consejo de Administración del banco, debió inyectar casi 70 millones de dólares al banco en 1995.
Al año siguiente decidieron separar ambos negocios, toda vez que reconocieron que con Serfin no había futuro. El propio Federico dijo en junio de ese año que la situación del banco afectaba la imagen y las operaciones de Vitro, dentro y fuera del país, y que por ello él se deslindaba del negocio financiero.
Pero ya era tarde: el grupo se había contaminado. Tomaron medidas emergentes para evitar la ruina: diluir la participación accionaria de Vitro en Serfin, vender Anchor Glass -una de las más importantes vidrieras de Estados Unidos, que compraron en 1989, operación que de hecho permitió a Vitro ser una de las primeras empresas mexicanas en trasnacionalizarse-, en una especie de “venta de garaje”, que también incluyó el desprenderse de importantes paquetes accionarios de otras cuatro empresas del grupo.
Lejos se ven los años en que los Sada fulguraban, de la mano de Vitro, por décadas uno de los grupos industriales más importantes del continente. Todavía en 1994, Forbes los mostraba como una de las familias más acaudaladas del mundo. En la prensa internacional, inclusive, Adrián, el hermano mayor, era comparado con un príncipe renacentista, por su elegancia y su fortuna.
Apenas pasó un año y, al calor de la crisis económica más severa del país, la reputación de la familia lucía tan deteriorada como la salud de Vitro y Serfin. En particular, Adrián Sada estuvo buen tiempo bajo el reflector: en 1996 se dieron a conocer pruebas de sus tratos financieros con Raúl Salinas de Gortari, durante el sexenio pasado, en circunstancias que lo colocaron bajo sospecha, inclusive, de la DEA.
Más aún, el nombre de Adrián Sada González salió involucrado en las averiguaciones que la PGR realizaba sobre el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, del que se acusa como presunto autor intelectual a Raúl Salinas. Por lo menos un testigo declaró que, unas horas después de ese crimen, se reunieron en casa de Raúl varios personajes, entre ellos, Adrián Sada.
Pero Federico no se queda atrás en cuestión de reputaciones deterioradas. Apenas en mayo pasado, información de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), dio cuenta de que recibió, junto con otros accionistas de Serfin, créditos millonarios, entre 1992 y 1996, que lo mismo le sirvieron para terminar de pagarle al gobierno que para capitalizar a la institución en crisis. Y esos créditos se pagaron con otros créditos, y éstos con otros, y al último muchos de éstos fueron préstamos que cayeron en la panza del Fobaproa.
Nada de toda esa historia importó a Vicente Fox para incluir a Federico Sada, con quien trata desde cuando aquél presidía la Coca-Cola y Vitro surtía botellas a la refresquera.
Aún no incluidos en el equipo de Fox, José Antonio Fernández -director general de Femsa, consorcio que incluye la embotelladora Coca-Cola- y el magnate cementero Lorenzo Zambrano son parte de su círculo desde sus tiempos de campaña. Fernández, por ejemplo, le facilitó su residencia al candidato panista, en mayo pasado, para que se reuniera con Henry Kissinger.
Zambrano, por su parte, fue más reservado en su apoyo a Fox, pero hay registros de sus encuentros privados. Reconocido como priista -fue uno de los multimillonarios convocados por Salinas a la cena del charolazo en casa de Antonio Ortiz Mena-, Zambrano se enlaza al proyecto foxista, presumiblemente invitado por su socio en Banamex, Roberto Hernández.
En  cambio, su hermana Nina Zambrano, directora del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey y accionista de Cemex, manifestó abiertamente su simpatía por Fox, en sus artículos en El Norte de Monterrey.
Además, Zambrano colocó ya a uno de sus colaboradores más importantes en el equipo de Fox. Se trata de Rafael Rangel Sostman, rector del Sistema ITESM, cuyo patronato preside Zambrano luego de que se retiró Eugenio Garza Lagüera.
Rangel estará encargado del área educativa del equipo de transición y ya se le candidatea como secretario de Educación Pública.
Por acuerdo de las partes, los montos aportados por los magnates de Monterrey -y otras regiones- a la campaña de Fox se mantienen en secreto. Las consecuencias de esos vínculos, sin embargo, son cada vez más públicas.

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