“¿¡Cómo puede ser el próximo presidente!?” Entre risas George Bush se encamina a la Casa Blanca

WASHINGTON.- Cuenta el chiste que George W. Bush llamó por teléfono a una agencia de turismo para preguntar qué documentos necesitaba para viajar a la India.
-Necesita el pasaporte y la visa -le explicó una empleada.
-El pasaporte lo tengo. Pero… ¿aceptarán mi American Express?
Así se divierten muchos estadunidenses, riéndose a costillas del hombre que el jueves 3 fue nominado, por aclamación, candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos y al que los sondeos de opinión señalan -“si las elecciones se realizaran ahora”- como el próximo primer mandatario de la más grande potencia mundial.
Es el mismo del cual los demócratas se burlan cuando exhibe su ignorancia confundiendo Eslovaquia con Eslovenia y a los fundamentalistas islámicos afganos de los Talibán con un grupo de rock. El que intenta borrar las pocas diferencias que existen entre republicanos y demócratas (ubicadas básicamente en el campo de la acción social) inventando un “conservadurismo compasivo”, que incluye recortes de impuestos (como prometen, sin excepción, todos los candidatos) y masivos programas de enseñanza de lectura para los niños. Es el que provoca, cuando asoma en las noticias de la televisión, que muchos se pregunten, agarrándose la cabeza: “¿¡Cómo puede ser que este hombre sea el próximo presidente de Estados Unidos!?”.
Pero es, también, un personaje al que finalmente hay que tomar en serio: tiene el apoyo del clan familiar Bush, del Partido Republicano y de las tradicionales clases poderosas del país.
Dick Cheney, el ministro de Defensa de Bush padre durante la Guerra del Golfo, elegido como su compañero de fórmula, llegó para sostenerlo, para que su ineptitud en temas de política internacional no sea un problema y para apoyarlo en posiciones duras en temas como el aborto o la pena de muerte.

La herencia

Puede decirse que la primera experiencia vital de George W. Bush fue la muerte de su pequeña hermana Robin, que falleció de leucemia en 1953. Los biógrafos dicen que ese doloroso episodio marcó para siempre el liderazgo familiar de la madre, Barbara, y su relación especial con su hijo George. También, que esa tragedia está detrás de la filosofía de “vivir el momento” que desarrolló el candidato. A Robin le sobrevivieron todos sus hermanos mayores, en orden cronológico: John Ellis (Jeb, el actual gobernador de Florida, casado con la mexicana Columba, cuyo padre es el miembro “latino” del clan Bush), Neil, Marvin y George W.
A los 15 años, el benjamín dejó Texas para estudiar la preparatoria en la escuela de Andover, Nueva Inglaterra, la misma donde 19, años antes, su padre se había graduado y donde había iniciado su brillante carrera pública. “Me pasé de un mundo a otro”, explicó George. Pero ese nuevo mundo era el que había habitado su padre. Casi una previsión de lo que podría esperarle el año próximo, cuando eventualmente pase a habitar otro “mundo”: el de la Casa Blanca.
Los años estudiantiles de George, tanto en Andover como, luego, en Yale, tienen poco para destacar. Fue un alumno mediocre que sólo lucía como presidente de su fraternidad, los Delta Kappa Epsilon, y a la hora de empinar el codo en las fiestas del campus. A duras penas se recibió con un título en historia que, al parecer, no le sirvió para poder entrar en la escuela de leyes de Texas. Previsor, el candidato no permitió a las autoridades escolares y universitarias difundir sus calificaciones.
Luego, en los tiempos de Vietnam, y como otros muchos hijos de destacados dirigentes, George se enroló en la Guardia Nacional, donde pasó dos años aprendiendo a volar los obsoletos F-102. En un intercambio de favores, la Guardia Nacional usó su figura y apellido para una pequeña acción de propaganda. En un mensaje de prensa de 1970, la fuerza se enorgullecía de “George Walker Bush, un miembro de las jóvenes generaciones que no necesita ‘empujarse’ con mariguana, hachís o anfetaminas. Oh, pero él puede estar muy ‘alto’, aunque no gracias a los narcóticos… En cuanto a ‘sacudones’ se refiere, el teniente Bush los obtiene de los rugientes motores de su F-102”.
Al parecer, los que escribieron esta publicidad fueron poco previsores. El año pasado se desató una polémica tras de que Bush junior admitió que nunca había usado drogas, al menos desde que tenía 28 años. “Veinte años atrás -dijo el candidato, que tiene ahora 54 años- hice algunas cosas, cometí algunos errores y aprendí mucho de esas experiencias”.
El “error” habría tenido la forma de la cocaína, una sustancia cuya posesión, en la Texas de 1974, implicaba el riesgo de ser encarcelado hasta por 20 años. En plena campaña, ante las cámaras de la cadena de televisión CNN, el candidato presidencial dijo que ya tenía bastante con esos “rumores deformes”.
Menos tajante es con la cuestión del alcohol. George Bush hijo no tiene problemas en admitir que bebía bastante hasta que, en 1985, conoció al telepredicador evangelista Billy Graham, quien “plantó una semilla en mi corazón” y logró que “empezara a cambiar”. Ahora, le confesó al Washington Post, “nunca bebo durante el día”.
Del álbum familiar se pueden recortar también las fotografías de cuando, con las puertas del mundo abiertas para él de par en par, George W., decidió lanzarse al campo de los negocios e, inevitablemente, al de la política. Otra vez siguió los pasos del padre: eligió los negocios del petróleo, en los cuales -aunque no tuvo mucha suerte con su compañía “Arbusto” (traducción al español de “Bush”)-, se dedicó a practicar el uso de las influencias. Así lo recordó el diario La Nación, de Buenos Aires, que describió cómo el ahora candidato logró suculentos contratos para la controvertida petrolera Enron en los yacimientos argentinos. Después de las elecciones presidenciales que ganó su padre, relató el diario, George W. llamó por teléfono a un ministro argentino para decirle que si el gobierno de Buenos Aires aprobaba los contratos con Enron, eso sería “muy favorable” para las relaciones bilaterales.

Nacido para ganar

Las imágenes de Filadelfia -la ciudad elegida para celebrar la convención republicana- lo mostraron tal cual es: un “ganador irresponsable”, un hombre que parece destinado al poder a pesar de no hacer prácticamente nada para lograrlo… salvo haber sido nieto del senador Prescott Bush, y ser hermano de Jeff, el gobernador de Florida, e hijo del expresidente George Bush.
Y es que, dicen muchos estadunidenses, Bush exhibe la imagen del “hombre blanco rico que merece ser presidente”. Su comportamiento es el de un tipo “común y corriente”. Y eso, dicen, es ahora una virtud. “Casi es gente como uno: mantiene los valores tradicionales de la familia, apela a Dios, aun cuando apoya férreamente la pena de muerte, y hasta pronuncia en cada oración la palabra que empieza con ‘f’ (fuck)”.
Bush hijo, gobernador de un estado fronterizo como Texas, parece ser más abierto que el promedio de los republicanos en las cuestiones de inmigración. En especial en relación con los hispanos, a quienes viene seduciendo con divertidas frases en español pronunciadas con acento gringo. “Gracias por todo”, les dijo a sus seguidores latinos apenas llegado a la sede de la convención en Filadelfia, donde fue recibido con mariachis y grupos de salsa de Miami.
Sabedor de que ésta es su película, eligió como primer acto a su llegada a esa ciudad, el miércoles 2, un desfile que le armaron sus seguidores hispanos. Fue en las escalinatas del Museo de Arte, famosas por haber servido para la escena de la película Rocky en la que Sylvester Stallone completa su épica sesión de entrenamiento con saltitos y un puño en alto.
Durante el esplendor de la convención de Filadelfia, el presidente Bill Clinton decidió bajar a la arena proselitista y atacó a Bush hijo. Durante una velada para la recolección de fondos para la campaña demócrata, el mandatario lo describió como un mimado niño rico que puede ser candidato republicano solamente porque daddy fue presidente.
El primero en reaccionar fue, precisamente, daddy: advirtió que si siguen los ataques presidenciales contra su heredero, dejará de lado la discreción para “salir de mi reserva”. Añadió: “Esperaré un mes, y luego le diré al país lo que pienso de él (Clinton) como ser humano y persona”.
El máximo jefe de Estados Unidos entre 1988 y 1992 hasta ahora siempre se abstuvo de hacer comentarios sobre la gestión de Clinton y, en especial, durante el escándalo Monica Lewinsky. Pero esto es otra cosa, porque el clan familiar está otra vez en la carrera hacia el poder. Su propia madre, Bárbara, completó el coro: “George, creánme, tiene grandes condiciones. Tiene una maravillosa historia en los negocios y como gobernador de Texas. Y la verdad es que hizo también un gran trabajo con su equipo de beisbol”(los Texas Rangers).
En medio de la próspera economía que vive Estados Unidos y la dorada historia familiar como apoyo, y a pesar de los chistes, Bush empieza a ser mirado con mucha más benevolencia por la prensa y por los políticos. “A pesar de su inexperiencia en asuntos internacionales, George W. Bush es visto en el extranjero como un internacionalista pragmático y un defensor del libre comercio, rodeado por consejeros confiables”, señaló la agencia Reuters en un análisis de su editor diplomático.
Dan Balz, del Washington Post, dijo en su columna que Bush llegó a Filadelfia con un objetivo: “Demostrar al pueblo estadunidense que es presidenciable”. La misión de Bush es ahora “remover cualquier duda que los votantes tengan sobre su aptitud para dirigir al país y demostrarles que tiene un programa para solucionar los problemas que les preocupan”.
En su discurso ante la convención, Cheney dijo que “las cualidades de George W. Bush” fueron las razones que lo movieron a retomar la actividad política pública. Cuando junior tomó la delantera hacia la nominación republicana, el gobernador de Illinois, George Ryan, aseguró que su colega de Texas es, “sin ninguna duda, el mejor candidato disponible” para encabezar la fórmula republicana para las presidenciales de noviembre. Otro gobernador, Tommy Thompson, de Wisconsin -que también quería ser presidenciable- ilustró las posibilidades de triunfo del candidato republicano: “Su nombre es Bush, es de Texas, puede recolectar un montón de dinero. Y encima, es más guapo que yo”.
Hay quien dice que la liviandad de su imagen y su discurso será la llave mágica que lo llevará a la Presidencia. Nada qué ver con la “imagen adusta” y la “conducta acartonada” de su contrincante, el demócrata Al Gore.
Y es que, dentro de Estados Unidos, país donde no es obligatorio votar y donde los que acuden a las urnas son menos de la mitad de los habitantes, ¿a cuántos les importa realmente la plataforma política de los candidatos?
Se prevé que Bush aplicará una política exterior más orientada a América Latina que la del actual titular de la Casa Blanca. Que seguirá adelante con sus duras posiciones contra el aborto y a favor de la pena de muerte (135 ejecuciones en Texas desde que es gobernador, récord absoluto). Que poco tienen que esperar de él quienes luchan por los derechos de los homosexuales. O por el medio ambiente, en especial teniendo en cuenta que es el gobernador del estado más contaminado del país. En cuanto a la economía, poco se puede hacer por aquí bajo la sombra casi topoderosa de “San” Alan Greenspan, el jefe de la Reserva Federal. Religiosamente, George ya prometió que va a recortar los impuestos. Y todos parecen creerle.
Sus seguidores afirman que Bush tiene gran voluntad para hacer grandes cambios en, por ejemplo, las políticas de educación y migración. Pero hasta ahora nadie ha visto un programa en serio sobre esas cuestiones.
Así que, probablemente, en noviembre Estados Unidos se felicite a sí mismo por su actual grandeza, y se dé el lujo de elegir un presidente como George W. Algunos lo disfrutarán, muchos otros se agarrarán la cabeza preguntándose entonces: “¿¡Cómo puede ser que este hombre sea el presidente de Estados Unidos!?”. Pero algo es seguro: los estadunidenses podrán reírse con un montón de chistes nuevos sobre los dislates del flamante number one.

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