Desde Miami, Ángel González ejerce el control Monopolio estilo mexicano en la televisión de Guatemala

CIUDAD DE GUATEMALA.- Al viejo estilo de Televisa, el empresario mexicano Ángel González ha cimentado en este país, en menos de dos décadas, un monopolio que incluye los cuatro canales de televisión abierta.
Lo ha hecho con base en un amplio abanico de relaciones con políticos de todos las orientaciones, a los que generosamente otorga, en campaña, tiempos gratuitos de publicidad.
Emulando a Emilio Azcárraga, comparan sus críticos, González encontró la fórmula para mantener el dominio del espectro televisivo y buena parte del radial: autocensura y noticiarios poco críticos calificados de “oficiales”, buenas relaciones con el gobierno y con políticos de todas las filiaciones.
Pero, a diferencia del caso mexicano, el empresario no ha sido soldado de un solo partido, y ha sabido adaptarse al frecuente vaivén de partidos en el poder, cultivando buenas relaciones con todos. Tampoco ha asumido, como El Tigre, un papel protagónico, sino un bajo perfil, sin presencia pública, despachando desde sus oficinas en Miami y administrando sus negocios en Guatemala a través de representantes legales.
Nunca, como ahora, la propiedad real de los canales, la publicidad discrecional en campañas políticas y las relaciones entre González y el poder habían sido tan cuestionadas. Desde la perspectiva de periodistas, opositores y voceros de organismos no gubernamentales, ha sido en este gobierno encabezado por el Frente Republicano Guatemalteco (FRG) cuando las buenas relaciones de González con el gobierno han sido más evidentes. El exrepresentante legal de González y exdirectivo de sus negocios, Luis Rabbé, es ministro de Comunicaciones y es perfilado por algunos políticos eferregistas como uno de los posibles precandidatos a la Presidencia de Guatemala.
El pacto del empresario mexicano con el actual grupo en el poder se hizo evidente desde la pasada campaña, cuando Luis Rabbé aún desempeñaba abiertamente un doble papel: como candidato del FRG a la alcaldía de la capital, dirigía Radio Sonora y Notisiete y, a la vez, era representante legal del grupo de González en algunos de sus negocios.
En las campañas de 1999, la prensa escrita detonó el caso Chilpancingo, que señalaba al entonces candidato presidencial Alfonso Portillo como prófugo de la justicia mexicana por el asesinato de dos jóvenes guerrerenses en el marco de un conflicto universitario. Los noticiarios televisivos y radiales del grupo González hicieron el vacío, con una excepción: el programa noticioso T-mas de noche de Eduardo Zarco, quien en una entrevista difundida por el Canal 13 local y después por la televisión mexicana, confrontó a Portillo con la versión de que había matado a un estudiante en México. “No fue uno, fueron dos”, respondió entonces el candidato.
El atrevimiento le costó caro a Zarco. A principios de febrero, apenas semanas después de instalado el nuevo gobierno de Portillo, T-mas de noche fue clausurado. Los directivos de la televisora argumentaron que Zarco no pagaba por el espacio noticioso y mantenía un bajo rating. Zarco aseguró que fue advertido por González de que el presidente y sus funcionarios se quejaban de sus programas. Portillo, según sus voceros, se comunicó telefónicamente con González para pedirle que reconsiderara su decisión, negó haber influido en el cierre del programa e invitó al relator especial de la OEA para la Libertad de Expresión, Santiago Cantón, a visitar el país para verificar la denuncia.
El caso generó una oleada de críticas a González y acusaciones de que mantiene en Guatemala un monopolio encubierto con la televisión abierta. El artículo 130 de la Constitución prohíbe el establecimiento de monopolios. Durante el tiempo en que González se hizo del control de sus primeros canales en Guatemala, la Ley de Radiocomunicaciones prohibía a un extranjero controlar los medios locales. Los noticiarios televisivos y radiales propiedad de González respondieron con una campaña contra Zarco en la que llegó a acusársele de corrupción.
A principios de abril, el relator especial de la OEA, Santiago Cantón, visitó Guatemala para analizar la denuncia de Zarco. En un informe preliminar, difundido el 14 de abril, Cantón hizo públicas sus recomendaciones al gobierno del presidente Portillo: estudiar la actual estructura de los medios de comunicación y someter al Congreso las iniciativas de ley pertinentes a fin de corregir cualquier problema y evitar que prácticas monopólicas afecten el derecho a la libre expresión.
En entrevista con Proceso durante una reciente visita a Guatemala, Santiago Cantón precisó que en 30 reuniones, sostenidas con periodistas, funcionarios y representantes civiles, se reconoció el monopolio de González. Otra de las denuncias recurrentes fue la ausencia de contenidos críticos al actual gobierno en los noticiarios.
Frente al caso de González, el presidente Portillo reconoció la existencia de un monopolio de hecho, pero ha rehuido comprometerse con acciones concretas para revertirlo. Mientras tanto, mantiene al frente del Ministerio de Comunicaciones a Rabbé, cuñado del mexicano.

El control de la imagen

De acuerdo con registros de la Superintendencia de Telecomunicaciones, el grupo de Ángel González controla 30 estaciones de radio y más de 20 frecuencias televisivas, incluidos los cuatro canales de televisión abierta en la banda de Muy Alta Frecuencia (VHF) -3, 7, 11 y 13- y otras en la banda Ultra Alta Frecuencia (UHF). Los negocios del empresario mexicano se extienden a una cadena de restaurantes y salas de cine.
Director en la década de los ochenta del telenoticiario 7 días, clausurado entre acusaciones de censura, y actual director editorial del matutino Prensa Libre, Gonzalo Marroquín cuenta que Ángel González llegó a Guatemala en la década de los setenta y trabajó como ejecutivo de ventas del Canal 7.
Cuando José López Portillo llegó a la Presidencia de México, González, amigo cercano de Margarita López Portillo, regresó a su país y se convirtió en proveedor de Imevisión. En 1981 volvió a Guatemala, adquirió los canales 3 y 7 a nombre de su esposa y su suegra, para sortear una prohibición legal que impedía a extranjeros comprar medios radioeléctricos. A partir de ese momento, inició una fuerte competencia con los canales 11 y 13, a los que finalmente, en quiebra, adquirió.
Marroquín recuerda que, a finales de los ochenta, cuando González consolidaba su control en los medios electrónicos de Guatemala, diarios mexicanos informaron sobre la detención del empresario, acusado de fraude por Gustavo Alatriste. De acuerdo con estas versiones, González permaneció recluido cerca de un año.
El tropiezo no fue obstáculo para que González continuara ampliando sus relaciones de negocios y políticas. Según datos de la Superintendencia de Telecomunicaciones, el grupo de González maneja 31 concesiones otorgadas por acuerdo gubernamental y sólo cuatro obtenidas mediante el nuevo procedimiento de subastas.
En todos los casos, las empresas fueron registradas como sociedades anónimas y sólo aparecen los nombres de sus representantes. Entre éstos han figurado, además de su esposa y su suegra, los guatemaltecos José Fernando Villanueva y Rabbé.
González, estima Marroquín, apuesta a las relaciones con los políticos guatemaltecos cimentadas en casi dos décadas de control de las televisoras. Comenta que “mediante una antigua relación con Alfonso Cabrera, exempleado televisivo y político de la Democracia Cristiana, González conoció a Vinicio Cerezo, a quien apoyó para la Presidencia, que alcanzó en 1986. En las elecciones siguientes (1990) respaldó a Jorge Serrano, quien ganó pero salió del país después de un autogolpe de Estado. Con su sucesor, Ramiro de León Carpio, González vivió una de sus mejores épocas de cercanía con el poder, y en el siguiente proceso electoral (1995) apoyó a Álvaro Arzú, quien también llegó a la Presidencia. En ésta última campaña apoyó a Portillo mediante sus noticiarios, aunque otorgó publicidad a todos”.
-¿Qué tipo de televisión promueve González?
-La puramente comercial. Detrás de la programación no se ve un fin específico. Diría que sus fines políticos sí son preocupantes porque manipula mucho lo que tiene que ver con propaganda electoral, los telenoticiarios los utiliza fuertemente para favorecer a los gobiernos.

El poder del mexicano

Punto de referencia para políticos de todas las filiaciones, la prensa local suele describir las peregrinaciones que en cada campaña electoral hacen a Miami políticos guatemaltecos de diversos partidos para gestionar con González publicidad para sus campañas, y él otorga espacios que le sirven de puentes con los hombres en el poder.
La única vía para comprobar la existencia de un monopolio en la televisión guatemalteca sería una investigación exhaustiva “y que se tomara como prueba lo que todo mundo sabe, que es González quien toma las decisiones”, plantea Marroquín.
-¿Cómo se manifiesta la presencia de González en los canales televisivos?
-Las decisiones importantes las toma él. Uno sabe que él existe, que no es un fantasma. Los ejecutivos de cierto rango viajan a entrevistarse con él a Miami o él viene aquí a reuniones con cuadros medios o con políticos de muy alto nivel.
Marroquín dice que, en los últimos años, González ha extendido sus negocios con la adquisición de canales en República Dominicana, Ecuador, Brasil, Paraguay, Chile, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica bajo sociedades anónimas. “Repite patrones similares, sin apariciones públicas, tratando de influir en los políticos”.
La buena estrella de González se extiende hasta el Congreso. Después de la recomendación emitida por Santiago Cantón, el relator de la OEA, quien pidió investigar y terminar, en su caso, con el monopolio televisivo, el presidente del Congreso, Efraín Ríos Montt, descartó reformar la Ley de Telecomunicaciones o la legislación antimonopolio.
A Mario Rivera, jefe de la bancada eferregista, mayoritaria en el Congreso, el tema del monopolio televisivo no le preocupa: “Los monopolios del cemento o el pollo sí afectan los intereses de los guatemaltecos, el hecho de que haya monopolio en la televisión no afecta en absoluto”, dice en conversación con Proceso.
Sostiene que, por tanto, “no está en nuestra agenda” una investigación respecto de la supuesta propiedad encubierta de González.
“El hecho de que se revise el monopolio no va hacer a este país más democrático, ¿a cuenta de qué?”.
Marroquín no ve posibilidades de que el imperio de González en Guatemala pueda verse afectado. “Quisiera creer que, por lo menos, habrá una reforma a la Ley Electoral para evitar que los propietarios de radio y televisión dispongan de millones de quetzales en publicidad para favorecer a un candidato, porque esto conlleva compromisos muy serios que luego tienen que pagar los presidentes”.

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