Informe de Dolores Padierna para la próxima Legislatura El gobierno tapó las irregularidades de Banorte

Roberto González Barrera, principal accionista del Grupo Maseca y presidente del Grupo Financiero Banorte (GFNorte), logró influir en el ánimo de las autoridades para ocultar las irregularidades de su banco, que fueron “lavadas” posteriormente al amparo del rescate de la banca.
Y no fueron pocas las anomalías que en Banorte detectó la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), cuyo presidente, Eduardo Fernández García, decidió no hacer públicas: autopréstamos, créditos relacionados con familiares de González Barrera, amigos, socios, funcionarios de su grupo financiero; desvío de fondos, préstamos quirografarios (a la palabra), recompra de acciones de Banorte con recursos del propio banco y el otorgamiento de créditos sin garantías, que finalmente fueron trasladados al Fobaproa.
Estas irregularidades fueron encontradas por la CNBV e incorporadas en un informe de auditoría, el cual, junto con otra documentación oficial, forma parte de un amplio informe que prepara la diputada federal Dolores Padierna, secretaria de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, que será entregado a los diputados de la fracción parlamentaria del PRD que integrarán la LVIII Legislatura, con el fin de que continúen las investigaciones en torno del rescate de la banca, que involucra recursos fiscales por más de 873 mil millones de pesos, equivalentes a 19.3% del Producto Interno Bruto (PIB).
El informe -adelantado a Proceso en sus partes medulares- revela la mecánica mediante la cual se favoreció a González Barrera, consuegro de Carlos Hank González, para que pudiera adquirir posteriormente el Banco del Centro (Bancen) y Banpaís.
La compra por Banorte de esos bancos no fue casual, porque entre los accionistas de las tres instituciones había créditos relacionados, no pagados muchos de ellos, trasladados al Fobaproa.
Los auditores de la CNBV encontraron, por ejemplo, que la empresa Surticredi obtuvo un préstamo para comprar 60 mil acciones del GFNorte y otro para fortalecer el grupo económico mediante la adquisición de empresas. Con ello se violó, según el informe de auditoría, el artículo 31 párrafo cuarto de la Ley para Regular Agrupaciones Financieras y las normas de capitalización de instituciones de banca múltiple.
Entre los acreditados aparece, también, Rodolfo Barrera Villarreal,  accionista y primer vicepresidente de Banorte con participación de 2.78% sobre el capital. Se detectó que fue beneficiario de préstamos quirografarios, sin estudios de viabilidad crediticia, otorgados con el aval de Roberto González Barrera. No se identificó la aplicación de los recursos y hubo una aparente liquidación de adeudos mediante sustitución de pasivos.
La empresa New Holland de México, relacionada con el grupo Quimmco, cuyo principal accionista es también Barrera Villarreal, obtuvo un crédito para la compra de acciones y créditos cruzados.
Copamex Industrias, donde Carlos Maldonado Elizondo figura como principal accionista, obtuvo créditos quirografarios sin estudio de viabilidad crediticia para la compra de acciones de GFNorte. La misma situación fue para la empresa Senda Express, de Jaime Rodríguez Silva, en la que no se identificó la aplicación de los recursos.
Otro acreditado es Policarpo Elizondo Gutiérrez, accionista de CBI, Inverméxico, Banpaís, Banamex, Accival, Grupo Financiero Multivalores y GFNorte. Entre las presuntas anomalías, destacan los créditos para la compra de acciones en las instituciones de las que es accionista. También se observó la existencia de créditos cruzados y crédito irregular por haber vendido a Fobaproa sin cumplir requisitos.
Aluminio de Norteamérica, perteneciente al Grupo Quimmco de Barrera Villarreal, recibió un crédito que fue desviado para la compra de acciones del GFNorte.
Grupo Maseca obtuvo préstamos con renovaciones continuas de capital. Los recursos fueron aplicados a empresas de Gruma, perteneciente también a González Barrera, sin identificar la aplicación de los recursos. Se mencionan transferencias electrónicas “extrañas” que relacionan al Bank of America, Chase Bank of Texas y Texas Commerce Bank.
Entre los créditos relacionados otorgados en Banorte, destacan los de Gerardo y Othón Ruiz Montemayor, éste último, director general del banco; Roberto González Moreno, Alicia Rebeca Montemayor de Villarreal, integrante del consejo de administración de Banorte; Javier Martínez Ábrego Gómez, accionista de Banorte, Banpaís y Bancen, a quien se le dio un crédito sin abrirle expediente.
Isaac Becker, consejero de Banorte, también fue beneficiario de los créditos relacionados a través de su empresa Becktel; lo mismo que Carlos Ortiz Salinas y Juan Antonio González Moreno, ambos del Grupo Maseca. Los créditos de González Moreno estuvieron relacionados y enlazados directamente con Banpaís y Bancen.
Jesús Pérez Garza, accionista de Banorte, recibió préstamos con cartas de crédito irrevocables en dólares a sabiendas de que no tenía capacidad de pago. Los recursos fueron desviados para la compra de acciones del GFNorte.
A Arturo Lomelí Villalobos, empresario que aparece en muchas reestructuraciones crediticias en la Unidad de Coordinación para los Adeudos Bancarios Empresariales (UCABE) y en el subcomité del Fobaproa, se le detectaron créditos relacionados y cruzados a sus empresas destinados a la compra de acciones del GFNorte, Serfin, Confía, Bancrecer, Banco Obrero, Banca Cremi, Probursa y Atlántico.
Jesús Canavati Fraige, accionista de Mexival y Banorte, recibió créditos quirografarios para la compra de acciones del Grupo Financiero Mexival, Banpaís y Banorte.
La Arrendadora Financiera Margen, perteneciente al grupo financiero del mismo nombre, de Marcelo y Ricardo Margáin Berlanga, dueños también de Banorie -banco intervenido por la CNBV por los malos manejos administrativos y desvío de recursos por esos empresarios-, recibió préstamos quirografarios para la capitalización de su grupo financiero.
En adición a todo esto, al adquirir Banpaís y Bancen, Roberto González Barrera envió créditos a Fobaproa de los siguientes acreditados:
Jorge Lankenau (290.9 millones de pesos), Carlos Cabal Peniche (62.7), Vicente Chalita Noemi (4.4), Mario Rodríguez Saez (71.1), Elías Zacal Zetune (80.9), Compañía Real del Monte (90.9), Emilio Díaz Castellanos (32.3), Promotora Guadalajara (60), Envases de Acero Guadalajara (80.1), Mex Lub (44.2), Antonio O´Farril González (500 mil pesos), Grupo Turístico Escorpión (64.9 millones), Salvador Martínez Garza, dueño de Promotora de Guadalajara y Mex Lub (20.9); Envases Rassini (104.1), Isaías Álvarez Olivos (110.8), e Ignacio Santos de Hoyos (59.2 millones).

Compras a descuento

Roberto González Barrera hizo una fortuna espectacular al sustituir a Conasupo en el comercio de granos y en productos fundamentales como la tortilla. Bajo la euforia privatizadora de Carlos Salinas de Gortari, adquirió el Grupo Financiero Banorte. Él y sus socios, como Ignacio Santos, Policarpo Elizondo Gutiérrez y Roberto Villarreal -según el informe mencionado- recibieron beneficios especiales que les permitieron participar en dicha privatización sin erogar recursos propios, es decir recibiendo créditos del sistema bancario.
Después de la crisis económica de 1994-1995, los principales accionistas del GFNorte lograron salir adelante sin la necesidad de materializar pérdidas, gracias a las quitas financieras, apoyos a sus empresas y traslado de pérdidas al Fobaproa.
Las acciones que desembocaron en la adquisición del Banco del Centro (Bancen) y luego de Banpaís por Banorte, no fueron casuales.
Dice el informe que la adquisición de Bancen fue la consecuencia lógica de los créditos relacionados entre los accionistas de ambas instituciones. Grupo Financiero Multivalores, de Hugo Villa Manzo, adquirió Bancen, el último banco privatizado, compra que fue apoyada por Banorte.
La deuda de Bancen con Banorte se disparó con la devaluación del peso en diciembre de 1994 y prácticamente se volvió impagable; entonces Banorte envió parte de esa cartera al Fobaproa y, mediante negociaciones con las autoridades encargadas del rescate, acordó tomar la administración del banco y hacer efectiva una parte de los adeudos, cambiándolos por capital para quedarse con la institución.
La cartera de Bancen llegaba casi a 20 mil millones de pesos y fue enviada al Fobaproa, para luego ser recomprada, una parte con descuento.
Además, la Secretaría de Hacienda, en coordinación con el Banco de México y la CNBV, concedió beneficios fiscales a los accionistas de Banorte en la adquisición de Bancen, permitiéndoles deducir las pérdidas generadas por el banco, hecho que significó, en la práctica, que mediante complejas estrategias fiscales, Grupo Maseca y el Grupo Financiero Banorte escamotearan al fisco el pago de utilidades futuras.
Además, el llamado loose sharing -pérdidas compartidas- de la cartera de Bancen que se envió a Fobaproa, se pagaba con los ingresos que el fondo bancario acordó pagar a Banorte por la administración de dicha cartera.
De acuerdo con el informe, González Barrera fue también ampliamente favorecido con la adquisición de Banpaís, propiedad de Ángel Isidoro Rodríguez, El Divino. Cuando Hacienda y la CNBV decidieron poner a la venta ese banco, en 1996, entre los postores iniciales fue descartado Banorte, porque en aquellos momentos todavía se hablaba de la relación entre Raúl Salinas de Gortari y el dueño de Maseca.
Por ello fue excluido inicialmente del proceso de venta de Banpaís, que fue pospuesto hasta 1997. En la etapa final, las autoridades financieras dieron su anuencia a los accionistas de Banorte para que participaran en la subasta. Resultado final: González Barrera y sus socios se quedaron con el grupo financiero de El Divino.
Los beneficios que obtuvieron los nuevos accionistas de Banpaís fueron extraordinarios -dice el informe-, transformándose en una de las compras más baratas en el sistema bancario mexicano.
Banpaís tenía pérdidas acumuladas de casi 9 mil millones de pesos, generando a los accionistas de Banorte excelentes beneficios fiscales; González Barrera rechazó casi toda la cartera crediticia de Banpaís y la mandó al Fobaproa. Además, Banorte administraría la cartera de Banpaís, recibiendo del Fobaproa comisiones extraordinarias por ello, mediante las cuales pagaría una parte sustancial de la compra de Banpaís.
Una vez enviada la cartera de créditos al Fobaproa, Banorte recibió pagarés Fobaproa (hoy bonos IPAB), que, al ser posteriormente garantizados por el gobierno, hicieron de Banpaís el banco mejor capitalizado del sistema, y de Banorte, “el banco fuerte de México”, según su lema publicitario.

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