Neonazismo en el ciberespacio

BERLÍN.- Sobre la pantalla van creciendo letras rojas que dicen: “¡Inmigrantes!”. “¡Inseguridad!”. “¡Corrupción!”. De repente, un rayo láser subraya una nueva palabra que eclipsa a las demás: “¡¡¡Defiéndete!!!”.
Es la página en Internet del falangista Frente Nacional.
“Hijos de puta los del Centro Simón Wiesenthal” (dedicado a la cacería de nazis), dice de entrada la página del grupo
neonazi Hammerskins. Luego aparece un hombre que se baja los pantalones y orina en la estrella de David.

Hace un año, la policía europea se movilizó para atrapar a quienes producían y vendían pornografía infantil por Internet. La cacería va dirigida ahora contra los neonazis que lanzan sus mensajes racistas y xenófobos por el ciberespacio.
No es tarea fácil, pues no se trata de un grupo central, sino de una red que puede abrir sus páginas desde cualquier punto del planeta. Utilizando los “portales” más importantes, se organizan manifestaciones, se intercambia información y se pone a la venta todo tipo de artículos, desde playeras con suásticas y calendarios hasta algunas armas o manuales sobre explosivos. Lo más demandado son discos compactos de rock, vehículo idóneo para difundir sus mensajes. Cuestan entre 14 y 20 dólares, más gastos de envío. En casi todos los países europeos tales productos están prohibidos, por eso la solución fue la venta mediante Internet. No obstante, la entrega se hace discretamente en apartados postales.
Los cazadores de nazis -como los grupos antifascistas mejor conocidos como Antifa- calculan que existen 10 mil páginas neonazis en la red mundial.
Algunas páginas son muy llamativas, otras son discretas. Llama la atención la de los skinheads (cabezas rapadas), pues tienen un estilo heavy metal: monstruos, figuras oscurantistas, letras góticas en rojo con fondo negro y escurriendo sangre. Otras utilizan motivos germanos de la Edad Media o vikingos como símbolos de fuerza y virilidad.
Lo más grave es que los neonazis están ganando muchos adeptos no sólo en Alemania o en los países ricos, donde supuestamente “los extranjeros, los judíos, los negros y demás razas inferiores son los culpables de las crisis económicas, del desempleo, de la contaminación racial y cultural”, sino también en lugares como Croacia, Checoslovaquia o Chile.
Estados Unidos parece ser el país con el mayor número de radicales de derecha. La red estadunidense más importante de la década de los ochenta se llamó Aryan Nations Liberty Net. Actualmente es la Stormfront White Nationalist Ressource Page. Por su puesto, con diversos enlaces con las páginas alemanas, danesas, inglesas, canadienses y francesas.
En la red hay para todos los gustos, incluso una página para nazis gays llamada Los Chicos Arios. El hecho parece extraño porque los neonazis ven a los homosexuales como enemigos. El Ku Klux Klan sentencia en su sitio: “Es contra la voluntad de Dios, recuerda Sodoma y Gomorra. Creemos que Dios creó a Adán y a Eva, no a Adan y a Steve”.
No es tan fácil acceder a los datos de los neonazis. Se cuidan de que algún periodista o enemigo se les cuele en su red. Para esto utilizan buzones y claves de seguridad, candados y códigos que sólo conocen quienes están metidos en eso.
Así pasa, por ejemplo, con la red neonazi más conocida: la Thule-Netzes, que es una unión de docenas de buzones. Cada buzón es una computadora que se acciona con una llamada telefónica en la que se pueden dejar o escuchar mensajes. No hay direcciones, sino un “apartado postal”, y con una clave personal (como la de los cajeros automáticos) para acceder a los mensajes.
Este sistema les permite organizar discusiones, difundir las revistas nacionalsocialistas y preparar tácticas de corte militar para sus mítines, marchas y ataques. Internet ha sido un buen instrumento para la formación de cuadros, ya que se hace casi de manera anónima y eso dificulta el trabajo a la policía y a los Antifa.
Por su parte, los grupos Antifa han abierto gran cantidad de páginas con contrapropaganda, en las que, además de información, se ofrece ayuda a las víctimas potenciales de los neonazis: extranjeros, personas de raza negra, judíos, homosexuales, prostitutas, intelectuales, activistas políticos de izquierda o defensores de los derechos humanos, o simplemente para quien tenga interés en el tema.
En Alemania están, por ejemplo,
la biblioteca de la extrema derecha (https://www.nadeshda.org/bib/bib.html); el servicio informativo sobre violencia
de la derecha (https://alertnet.com/ga/); el centro de información y documentación para el estudio del racismo (https://www.uni-marburg.de/dir/) y el gran archivo en línea sobre el holocausto (https://www.almanac.bc.ca.)
En las discusiones cibernéticas neonazis, uno de los temas más recurrentes es “la mentira del siglo”. Se trata de convencer de que el holocausto no existió, que son cuentos difamatorios, que nunca hubo un asesinato sistemático y en masa de judíos ni de nadie, y que se trata de propaganda de los aliados. La corriente teórica que hace esas afirmaciones es conocida como “Los Revisionistas” e, incluso, tienen un organismo llamado Institut for Historical Review. Sus “investigaciones” se traducen al inglés y se ponen en la red.
Los visitantes a estas páginas no son exclusivamente viejos o nuevos nazis, sino los creyentes en la superioridad de la raza blanca. Los temas son diversos, por ejemplo, que los homosexuales no merecen vivir. En el plano económico, los análisis y las conclusiones son curiosas, porque la extrema derecha se opone a la globalización y a lo que llaman el gran capital. Para ellos, la globalización significa mezcla de hombres y de culturas. En términos políticos, cuestionan el sistema parlamentario y dicen que la democracia no es tal, que no funciona, por lo que hay que prepararse para El día X. Por su puesto, no falta el antisemitismo.
El presidente del Consejo Central Judío en Alemania, Paul Spiegel, exige la prohibición y el castigo por la difusión de ideas nazis en Internet. De hecho, desde que el Tercer Reich perdió la Segunda Guerra Mundial, en Alemania está estrictamente prohibida la transmisión y hasta la alusión a los principios nazis. El libro de Hiltler Mein Kampf (Mi lucha), por ejemplo, está prohibido y sólo se consigue clandestinamente.
Pero las prohibiciones dan risa a la ultraderecha cibernética. Cornelie Sonntag-Wolgast, alta funcionaria de Ministerio del Interior alemán, pidió ayuda a los demás gobiernos para “ rastrear a estos criminales que realizan sus actividades desde el exterior’’, dijo al periódico alemán Die Welt.
Señaló que el problema se complica porque en Alemania está estrictamente prohibida la difusión de ideas nazis, pero en otros países la libertad de expresión, como en Estados Unidos, lo permite. Afirmó que a eso se debe que muchos de los servidores de las computadoras estén instalados allá. “Es un país con muchas posibilidades técnicas; además, en este rubro las leyes son más laxas”.
Debido a que los convencionales les han negado la entrada, los neonazis han creado sus propios proveedores de Internet. Las autoridades alemanas han contado 320 páginas.
En Madrid, el Movimiento Contra la Intolerancia calcula en 20 mil el número de personas que integran esos “grupos violentos organizados”, señala que los sitios en Internet contados pasaron de 30 en 1996 a 300 en este año.
El Movimiento Contra la Intolerancia advierte: “Las nuevas técnicas de comunicación incrementan la atracción de su propaganda, especialmente para jóvenes, con el uso de gráficas y efectos especiales”.
Cosa común es encontrar en Internet emisiones de radio y videos con calidad digital. Se pueden bajar gratuitamente de la red desde marchas militares de los nazis de los años treinta hasta la música neonazi-techno. Los grupos tienen nombres como Sangre Aria o Gestapo.
Los voceros del Movimiento contra la Intolerancia agregan: “Los sitios en Internet ofrecen Mi lucha, y con líneas telefónicas de alta velocidad y computadoras de gran capacidad permiten la transmisión de grandes cantidades de datos en poco tiempo, de modo que un libro de muchas páginas puede ser transferido en pocos minutos y a un mínimo costo. Con una ventaja adicional para el interesado: el anonimato”.

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