Gran Bretaña: potencia en decadencia

LONDRES (apro).- Gran Bretaña, cuna de la llamada Revolución Industrial y que durante siglos se preció de ser una potencia económica, está en peligro de perder su estatus líder global, debido al rápido crecimiento de países en desarrollo de Asia y América Latina.

La alerta fue dada por el ministro para la Cancillería británica (Foreign Office), Jeremy Browne, quien indicó que sin una “reestructuración mayor”, el Reino Unido enfrentará un “declive inevitable” y será superado en la próxima década como potencia global por naciones como México, Brasil o Corea del Sur.

“No tenemos el derecho supremo a ser uno de los países más ricos e influyentes del mundo. Eso se gana. Si no nos adaptamos, entonces declinaremos”, afirmó Browne al periódico Sunday Times en su edición del pasado domingo 6.

“No hay una regla eterna que diga que Gran Bretaña seguirá siendo de forma indefinida una fuerza global de prominencia en la política mundial”, agregó.

El político liberal democrático dijo, además, que en tiempos de enormes cambios en la estructura del poder mundial, “el Reino Unido enfrenta un enorme desafío para seguir siendo competitivo económicamente” al tiempo de mantener su posición como líder político global.

Gran Bretaña es la sexta economía más importante del mundo, detrás de Estados Unidos, China, Japón, Alemania y Francia, aunque ese lugar se ve cada vez más amenazado como consecuencia de la crisis económica mundial, los problemas de deuda de la zona euro y la recesión que amenaza con golpear nuevamente al Reino Unido.

“La economía china se ha duplicado en tamaño cada siete u ocho años. Hay muchos países que son menos espectaculares, que están en el G20 pero siguen creciendo, como México, Corea del Sur o Indonesia, que experimentan un fuerte crecimiento económico de acuerdo con los estándares europeos y se están volviendo cada vez más importantes en el mundo”, destacó Browne.

Para el funcionario, la única forma que tiene Gran Bretaña para mantener su estatus de potencia económica mundial es crear alianzas políticas más amplias, mejorar la infraestructura, asegurarse que el país siga siendo competitivo en materia de educación, y aprender más acerca de la historia y cultura de los países en desarrollo.

“De todos los países en Europa, nosotros tenemos que hacer enormes proyectos de reestructuración para convertir esta nación en globalmente competitiva en la nueva generación”, continuó.

Todo esto ocurre cuando el país se encamina, según los analistas y expertos, a una doble recesión, principalmente por un estancamiento de la producción industrial y un leve incremento en las actividades del sector de manufacturación.

Para Chris Williamson, principal economista del grupo de análisis Markit, “todo indica que el crecimiento económico británico se debilitará incluso más para el último trimestre del año”.

Howard Archer, economista jefe del grupo IHS Global Insight, sostuvo que el estancamiento de la producción en septiembre “se debió a las presiones de los sectores de petróleo y extracción de gas”. “Esto significó que la producción industrial se expandió en 0.4% de trimestre a trimestre, en lugar del 0.5% estimado. Esto tendrá un efecto negativo en el PIB británico”, destacó el economista.

Las cifras económicas son poco alentadoras.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS, por sus siglas en inglés), el PIB británico creció sólo a 0,5%, un aumento de 0.4% desde el segundo trimestre de 2011.

Con una inflación que ya trepa a 5.2% anual, y un índice de Precios al Productor que sube a 17.5%, no es sorpresa que el poder adquisitivo de los británicos decaiga mes a mes.

Respecto del mercado laboral, el índice de desempleo en Gran Bretaña subió a 8.1% entre julio y agosto pasado, aunque podría saltar a 8.5% el próximo año si la situación en la zona euro empeora.

En el país ya hay un millón 590 mil personas que cobran seguro de desempleo, según cifras de septiembre, un incremento de 17 mil 500 casos con respecto al mes previo.

Lo más grave para el Tesoro británico es el endeudamiento Neto del Sector Público, que ya llega a 966.8 billones de libras esterlinas, comparado con 833 billones en septiembre de 2010.

Para colmo, el gobierno de coalición que encabeza el conservador David Cameron enfrenta este mes una batalla con los sindicatos del país por una reforma al sector de pensiones y se ve cada vez más presionado por la oposición laborista para crear un plan que impulse al crecimiento económico sin diluir sus promesas de reducir el déficit fiscal.

Cameron también es presionado por sus propios parlamentarios conservadores para pelear por una devolución de más poderes de Bruselas a Londres, al tiempo de convocar a un referendo por la membresía de Gran Bretaña a la Unión Europea.

La coalición gobernante, en el poder desde hace 18 meses, espera que las marchas callejeras previstas para este mes por parte de sindicalistas, maestros y estudiantes, no lleve a una repetición de los disturbios, saqueos e incidentes de violencia que azotaron en agosto pasado Londres y otras ciudades inglesas.

En ese mes la violencia comenzó con el asesinato, por parte de un policía, de un hombre negro de una zona pobre del norte de Londres, aunque los analistas y politólogos sostienen que las verdaderas causas de los disturbios fueron el creciente descontento social y popular en el país, el alto índice de desempleo y los bajos estándares de educación.

Lo cierto es que al menos 200 activistas anticapitalistas acamparon desde hace más de tres semanas fuera de la Catedral de St. Paul’s, en un gesto que simboliza el cada vez mayor sentimiento de protesta entre los británicos contra un sistema financiero y económico que consideran injusto y corrupto.

El apoyo a los conservadores se ha mantenido relativamente estable, a pesar de los disturbios de agosto pasado y del impopular programa de austeridad, el más profundo en el país desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que busca reducir el gasto público en 81 mil millones de libras para los próximos cuatro años, y de esa forma achicar el déficit fiscal en más del 10%.

Según una encuesta publicada el pasado lunes 7 por la consultora Ipsos MORI, el gobierno sigue contando con apoyo popular de 38%, superando a la oposición laborista por cuatro puntos.

El Partido Laborista sostiene que los ajustes llevarán al despido de unos 330 mil empleados públicos, algo que considera ahogará aún más a la alicaída economía británica.

El gobierno de Cameron ha dicho que no cuenta con un “Plan B” para aliviar su programa de austeridad en caso de que la economía caiga en recesión, y por ello está presionado para hallar formas de hacer crecer la actividad económica y reducir el desempleo.

Pero la debacle para Gran Bretaña no sólo podría llegar desde el plano económico, sino también desde el de Políticas de Exterior.

Londres está tratando de evitar por todos los medios que el vacío de poder en Libia –provocado luego de la deposición de Muamar Gadafi– lleve a una repetición de la violencia similar a la de Irak, donde la posguerra generó el caos y la muerte de miles de civiles inocentes.

El caos en suelo libio podría debilitar aún más al gobierno británico.

La campaña militar iraquí le costó a Gran Bretaña 260 millones de libras, y ahora el gobierno de Cameron espera que los costos por eventuales problemas en Libia no hagan trepar los gastos militares británicos.

También surgen dudas por parte de la oposición laborista acerca de la posición del Reino Unido por Siria, donde los países occidentales aliados se han mostrado más cautelosos a la hora de imponer políticas de “intervencionismo militar”.

Gran Bretaña cuenta además con 10 mil soldados desplegados en Afganistán, donde busca erradicar a la insurgencia talibán.

El estatus de potencia mundial del Reino Unido está contra las cuerdas. Los próximos meses y años dirán si los temores estaban bien fundados o el país seguirá ejerciendo su poder económico, político y diplomático en el mapa global.

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