La PGR dejó actuar al Cártel de Neza

Los movimientos de los integrantes del Cártel de Neza, incluido Carlos Morales Gutiérrez El Aguila,  eran conocidos con detalle, desde hace meses, tanto por la Procuraduría General de Justicia del Estado de México como por la General de la República. Inexplicablemente no actuaron, y vinieron las ejecuciones de por lo menos tres jefes policiacos.

Desde hace por lo menos seis meses, poco después de la muerte de Mario Roldán Quirino, director adjunto de Enlace Operativo de la Fiscalía Especializada en Atención de delitos contra la Salud (FEADS), las procuradurías General de la República (PGR) y de Justicia del Estado de México contaban con información puntual y suficiente para proceder penalmente contra varios de los integrantes del Cártel de Ciudad Nezahualcóyotl, incluido Carlos Morales Gutiérrez El Águila, el hombre más buscado hoy día por las policías federal, del Estado de México y del Distrito Federal.

Sabían dónde y con quién vivía, qué hacía, con quién se entrevistaba, en que autos viajaba, y, más aún, tenían plenamente identificada a parte de la red de distribuidores de droga, así como los sitios dónde se procesaba y vendía.

Además, conocían nombres de funcionarios y comandantes de las policías Judicial Federal y del Estado de México, principalmente, que vendían protección a la organización dirigida por Delia Patricia Buendía Gutiérrez, Ma Baker. Esta última fue detenida hace dos semanas, acusada de delitos contra la salud y posesión de armas de uso reservado al Ejército.

Inexplicablemente, la PGR y la procuraduría del Estado de México dejaron correr el tiempo y las consecuencias se vieron reflejadas en las estadísticas criminales del DF y del Estado de México al ser ejecutados, en un lapso de veinte días y en condiciones semejantes, tres mandos policiacos más: Arturo Pérez Estrada, responsable de la base Plata en la delegación Iztapalapa; Guillermo Robles Liceaga, director de Operaciones Mixtas de la Secretaría de Seguridad Pública del DF, y Nicolás Humberto del Águila Jiménez, agente del Ministerio Público Federal. La PGR acreditó los dos últimos ajusticiamientos al Cártel de Neza.

Proceso tiene en su poder los reportes en los que se informa sobre el seguimiento del Cártel de Neza,  efectuados y compartidos por Carlos Ernesto García García, director de Seguridad Pública de Ciudad Nezahualcóyotl, Roldán Quirino y Robles Liceaga.

En marzo último, por ejemplo, ya se tenía la ubicación del centro de operaciones de Carlos Morales. Según una tarjeta informativa, El Águila ocupaba indistintamente las viviendas ubicadas en Poniente 22 y 29, colonia La Perla, y en Luis García 244, colonia Ampliación Santa Marta Acatitla. En el primer sitio, la PGR detuvo posteriormente a Ma Baker y sus cómplices.

Especificaba, así mismo, que el exagente de la Policía Judicial del Estado de México utilizaba varios vehículos: un Volkswagen gris, placas 678KYM; una Voyager blanca placas 253LDR; un P.T. Cruise vino, placas 259LBY; una Expedition roja, placas 838LBG; un P.T. Cruise negro, placas 687LBX, y un Jetta gris, placas 969KND.

La investigación conjunta que realizaron García García, Robles Liceaga y Roldán Quirino, de la cual tuvieron conocimiento autoridades federales, estatales y capitalinas, los llevó a descubrir de igual forma que el subdelegado de la PGR en Ciudad Nezahualcóyotl, Víctor Manuel Bárcenas Coronel, vendía protección al Cártel de Neza.

Bárcenas –dice el informe– enviaba a sus secretarios, Fernando Serratos e Ignacio Castillo, a recoger “las rentas” en las tiendas donde Carlos Morales colocaba la droga. Por cierto, Serratos y Castillo, entre otras personas que colaboraban con el comandante, portaban credenciales de la PGR expedidas en la delegación de Toluca.

El informe contenía también direcciones de distribuidores y vendedores al servicio del cártel, así como la ubicación de algunas de las tienditas donde Carlos Morales colocaba la droga, entre las cuales había cervecerías, cremerías, bares, discotecas y viviendas particulares.

Vicisitudes de una familia

Pasaron casi seis meses para que la PGR hiciera la primera consignación formal de Ma Baker y de algunos integrantes de su organización. El único que logró evadir la acción de la justicia fue El Águila, cuyo padre y hermano rindieron el jueves 5 su declaración ante el Ministerio Público Federal, en relación con la Averiguación Previa 756/MPFEADS/02.

Carlos Morales Correa y Martín Alberto Morales Gutiérrez trabajan en la Secretaría de Seguridad Pública del DF, aunque por el momento están suspendidos. En su declaración ante Asuntos Internos de la dependencia, ambos aseguraron que desconocían las actividades de su pariente y que se enteraron por las noticias de que estaba vinculado con una organización de narcotraficantes.

Jefe de sector en Buenavista, Morales Correa mencionó que la última vez que vio a su hijo fue a principios de año, cuando acudió, en compañía de su esposa y de sus hijas Erika Jazmín e Ilse Sarai, la primera desempleada y la segunda estudiante de la carrera de administración de empresas en la Universidad del Valle de México, a una función de lucha en la arena de Ciudad Nezahualcóyotl.

Comentó que su hijo Israel, quien trabaja en la editorial Grijalbo, le llamó por teléfono para informarle que estaban acusando a su hermano de pertenecer a una banda de narcotraficantes y aclaró que “por tratarse de un asunto personal” decidió guardar silencio.

En otra parte de su declaración, Morales Correa contó que nunca estuvo de acuerdo con que su hijo, de 37 años de edad, ingresara a la policía por los riesgos y vicisitudes que entraña esa tarea. Posteriormente, supo se había entrado a la Policía Judicial del Estado de México, donde no estuvo exento de problemas: fue acusado de secuestro y estuvo encerrado en la cárcel del Bordo de Xochiaca un par de meses. “Pidió que me mantuviera al margen y que no lo volviera a ver”.

Una vez que salió libre, Carlos Morales hijo buscó reincorporarse a la policía judicial del Estado, pero no pudo. “Perdió mucho tiempo y luego me enteré de que andaba metido en un negocio de celulares”.

Mencionó que en una ocasión llegó a su casa con tres celulares en la bolsa y la única explicación que recibió fue que uno de ellos era de su esposa. Extraño le resultó también que en enero pasado su hijo le pidiera prestados 30 mil pesos, que nunca le pagó. “Sólo me comentó que el negocio no marchaba bien”.

Según Morales Correa, Carlos nunca lo visitó en su trabajo ni solicitó ayuda de ninguna especie, salvo una vez en que una grúa iba a llevarse su automóvil por estar mal estacionado a la altura del World Trade Center.

Con una antigüedad de nueve años en la Secretaría de Seguridad Pública y una foja de servicios impecable, Martín Alberto Morales Gutiérrez, hermano del prófugo de la justicia, declaró que desde que ingresó a la corporación ha visto a su hermano Carlos unas diez veces. “Fueron encuentros esporádicos, en la casa materna o en restaurantes”.

Expuso que lo último que supo de su hermano es que estaba casado con una joven de nombre Mónica Silvia, con quien procreó un hijo, y que la pareja vivía en la unidad habitacional San Cristóbal La Monera, en Ecatepec, Estado de México.

Personal confiable

En el número de la semana anterior, Proceso reprodujo la declaración ministerial que rindió, el 19 de junio último, el testigo protegido de la PGR y exintegrante del Cártel de Neza, José Félix de la Rosa Islas. El lunes 2, La PGR emitió un comunicado de prensa al respecto.

Según De la Rosa, a principios del 2001 atestiguó una conversación que sostuvo su jefe Carlos Morales con César Vidal Vázquez, a quien identificó como comandante de la Policía Judicial Federal adscrito al aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, en la que este último le confió que en las oficinas del procurador general de la República, Rafael Macedo de la Concha, la organización (el Cártel de Neza), contaba con un “padrino, un secretario de Macedo”, que, dijo, podía sacarlos de “cualquier apuro”.

El lunes 2, la PGR emitió un comunicado en el que aseguró que después de revisar sus expedientes, no encontraron uno solo que correspondiera a César Vidal Vázquez, ni de ahora ni de antes de la etapa de Macedo.

“Por otra parte –sigue la PGR—en el Reclusorio Preventivo Sur de la Ciudad de México, lugar donde el testigo José Félix de la Rosa Islas ubicó a una persona que se acreditó como César Alejandro Vidal Vázquez, a quien se le tomó declaración, y negó haber pertenecido a la Policía Judicial Federal, así como los hechos que le atribuye el testigo José Félix de la Rosa Islas.”

Un día antes, entrevistado en el Palacio Legislativo, antes de que el presidente Vicente Fox leyera su segundo informe de gobierno, Macedo de la Concha declaró a los reporteros de este semanario, Alejandro Gutiérrez y Rodolfo Montes, que su equipo de trabajo lo forman “gente muy escasa y muy confiable. No especulemos, no atentemos contra la dignidad de las personas, vamos a ser serios y responsables”.

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