El Estado Mayor Presidencial en acción

Era el 6 de junio del 2000. En la sede nacional del PRI, el coronel Juan Manuel Espinoza Valencia, subjefe del grupo de seguridad del candidato  presidencial Francisco Labastida Ochoa, ordenó al capitán Julio Tapia Palacios escoger al personal militar necesario y ponerse a las órdenes de los dirigentes priistas.

Tapia se encargaba de coordinar las giras del candidato, las agendas, croquis e itinerarios de la campaña, para preservar su seguridad. Se presentó en las oficinas de Joel Hortiales Pacheco, secretario técnico de Finanzas del PRI, quien le pidió localizar una dirección. Se trataba de las instalaciones de la Caja General del Banco Mercantil (Banorte), ubicadas en Lorenzo Boturini, colonia Tránsito.

Hortiales le pidió a Tapia un chofer para la camioneta Cherokee negra y las credenciales de elector del personal militar que realizaría la misión. El capitán Tapia cumplió la orden. Antes, hizo un recorrido para ubicar la ruta más corta para llegar a la Caja General de Banorte.

A las 15 horas, Hortiales llamó por teléfono a Tapia y le pidió que llevara a sus hombres, todos miembros del Estado Mayor Presidencial (EMP) asignados al candidato priista, para efectuar el traslado de las primeras partidas de dinero proveniente del sindicato de trabajadores de  Petróleos Mexicanos (Pemex) hacia la sede nacional del PRI, según consta en las declaraciones ministeriales de los militares involucrados.

Así, los integrantes del EMP asignados a Labastida Ochoa resultaron implicados en el traslado de los recursos que, según la Procuraduría General de la República (PGR), dio Pemex, mediante la intermediación de su sindicato, para financiar la última parte de la campaña presidencial del 2000.

Entre los militares involucrados destacan: teniente coronel Alfredo Reyes Andrade;  mayor Tomás Francisco Cruz; capitán teniente de infantería Jorge Arturo Bueno Sauceda; general brigadier diplomado del Estado Mayor Presidencial, Gilberto Rafael Limón Félix, y capitán segundo Julio Tapia Palacios.

De acuerdo con la orden de aprehensión girada el 4 de octubre por el juez José Luis Moya Flores contra exfuncionarios de Pemex y cuatro exdirigentes del PRI, los militares, por órdenes de Hortiales Pacheco, cargaron y custodiaron bultos de lona repletos de billetes, cuyo peso, según calcularon ellos mismos, oscilaba entre cinco y seis kilos cada uno.

Dichos bultos –según los testimonios—fueron sacados del Banco Mercantil del Norte (Banorte) y de varios edificios propiedad del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana en una camioneta Cherokee negra blindada, propiedad de Labastida Ochoa.

Parte de esta historia también fue contada por Alfredo Reyes Andrade. En su declaración ante la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada (UEDO), rendida en abril pasado, dijo que presta sus servicios a la Secretaría de la Defensa Nacional desde 1986 y que se incorporó a la campaña de Labastida bajo las órdenes del general  Gilberto Limón, pariente del general del mismo nombre que fue secretario de la Defensa Nacional en el sexenio de Miguel Alemán Valdés.

En mayo o junio de 2000 –recordó  Reyes Andrade– se encontraba de gira con Labastida por el estado de Chihuahua, pero tuvo que solicitar una licencia de tres días por cuestiones familiares. Regresó a la Ciudad de México y se presentó en las oficinas del PRI.

El mayor Arellanes López, uno de los jefes operativos de la seguridad de Labastida, le dijo que permaneciera allí hasta que regresara el grupo al que pertenecía, pero el capitán Julio Tapia Palacios le pidió su credencial de elector para fotocopiarla. Luego le ordenó que se preparara porque iba a salir de escolta con otras personas.

Momentos después llegó el mayor Tomás Francisco Ruiz y le dijo que subiera a una camioneta Suburban, en la que iban Tapia Palacios y el capitán Jorge Arturo Bueno Sauceda. La orden fue expresa: escoltar a una camioneta Cherokee, color negro y blindada, que se dirigió a la empresa de valores Cometra.

A las instalaciones de esa compañía sólo ingresó la Cherokee y permaneció unos 40 minutos aproximadamente, dice Reyes Andrade en su testimonio. Luego se abrió un portón grande, salió la camioneta y la siguieron hasta llegar a las oficinas del PRI. Ya en el estacionamiento, el mayor Tomás Francisco Ruiz ordenó que ayudaran a bajar del vehículo unas maletas negras.

El testigo declaró también:  “Que las maletas eran de las de tipo bolsa grande, como de lona, de aproximadamente 40 centímetros de ancho por 60 de alto; que eran de color negro, con cierre, de cuatro a cinco kilos de peso… que las maletas las llevaron a la planta baja del edificio del PRI, donde fueron entregadas a una persona como de 45 años de edad, de complexión delgada, de 1.70 de estatura, con bigote y que vestía traje…”

En enero de 2000, el mayor Cruz recibió la orden de sumarse a la guardia de Francisco Labastida. Se dirigió a la sede nacional del PRI, donde estuvo bajo las órdenes del teniente coronel Salvador Cervantes Loza, subjefe administrativo del grupo de seguridad.

En la averiguación previa PGR/UEDO/182/2001, Cruz narra que los días 16, 17 y 20 de junio de 2000 recibió instrucciones del coronel Cervantes Loza y del capitán Tapia Palacios para integrarse a la escolta de valores que deberían ser recogidos en la caja general de Banorte, ubicada en la zona de la calzada de La Viga.

De inmediato organizó el grupo de apoyo, integrado por el capitán Jorge Arturo Bueno Sauceda y el teniente Alfredo Reyes Andrade. Según su testimonio, la operación fue similar a la realizada en Cometra: subieron a dos camionetas Suburban, una azul y otra color arena, para escoltar a la Cherokee negra, donde casi siempre iba Hortiales Pacheco, el chofer Miguel Angel Aguilar Benítez y otra persona.

Declaró que “en una ocasión, sin recordar si fue el licenciado Hortiales o Heredia” se le solicitó apoyo “para bajar cinco o seis bolsas color negro que fueron llevadas a la oficina del licenciado Hortiales; que sólo en una ocasión ingresó al interior de la caja general de Banorte en la Viga, desconociendo la cantidad que sacaron, y que en esa ocasión y en otras anteriores el dinero se llevó a las instalaciones del Comité Ejecutivo Nacional del PRI…”

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