Triste presente de Labastida y sus hombres

Refugiado en una entelequia llamada Centro de Estudios para el Desarrollo de México, protegido de sus amigos Vázquez Raña, abandonado y aun traicionado por otros, Francisco Labastida vive momentos delicados ante lo que él llama las “filtraciones” que lo involucran en el Pemexgate. Ajenos a la vida pública, sobreviviendo en actividades privadas, sus antiguos colaboradores digieren aún, penosamente, el fracaso priísta del 2000.

Después de su derrota el 2 de julio del 2000, Francisco Labastida Ochoa “lleva una vida más tranquila, viaja mucho y está con su familia, pero le molestan las acusaciones sin base que se le han hecho”, afirma Guillermo Ruiz de Teresa, quien fuera el coordinador de giras del priista sinaloense en la campaña presidencial.

A dos años y tres meses de fracasar en su intento por ganar la Presidencia de la República, la situación de Labastida ha sido y es complicada: endeudado, convirtió su casa en oficina; una parte de los dirigentes de su partido se convirtió en enemigo; varios de sus colaboradores de segundo nivel se volvieron delatores, y sus únicas trincheras han sido una colaboración periodística sin mucho efecto, y el Centro de Estudios para el Desarrollo de México, donde trabaja.

Desde que terminó el proceso electoral del 2000, Labastida trató de no mirar hacia atrás. “Como dice la Biblia: no hay que voltear para atrás porque se convierte uno en estatua de sal”, confió su esposa María Teresa Uriarte, en una entrevista ofrecida con su esposo un mes después de la derrota, a su regreso de un viaje por Europa.

Ahora, Ruiz de Teresa dice que tras la derrota del 2000, su exjefe en la Secretaría de Gobernación lleva una vida “más tranquila” y está dedicado a realizar “análisis del momento que atraviesa el país”.

Sin embargo, dice que cuando se le menciona el Pemexgate el sinaloense se siente “muy molesto porque no hay nada real” en las imputaciones que le ha hecho el gobierno de Fox.

Dulce María Sauri Riancho, senadora por Yucatán y presidenta del PRI durante la campaña del 2000, confirma la situación apremiante de Labastida desde hace 15 meses y también el disgusto que le han provocado las “filtraciones” en algunos medios acusándolo de haber incurrido en peculado.

“La situación de Francisco Labastida ha sido por demás delicada y compleja para él y para el PRI. Lo que he podido percibir es a un hombre sereno, íntegro, con una gran fortaleza para afrontar y resistir esta difícil situación”, apunta.

Precisa que lo frecuenta una vez al mes; solamente en los meses posteriores a la derrota trabajaron juntos para la organización de la 18 Asamblea Nacional del PRI, y en la etapa de sucesión en la presidencia de su partido.

“Reconozco su temple, otra persona hubiera reaccionado desalentadoramente a las acusaciones (del Pemexgate), pero tiene fortaleza”, dice Sauri, a quien también se le ha involucrado en la utilización de recursos de Pemex en la campaña de Labastida.

El abandono      

Tras su fracaso electoral, Labastida vio desmembrarse lo que alguna vez fue llamado el dream team:

Esteban Moctezuma, su coordinador de campaña, tras un largo encierro, apareció como asesor de Televisión Azteca y del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), apoyado por su amiga Elba Esther Gordillo.

Fernando Solís Cámara, su asesor de imagen, se desvaneció del escenario público y se refugió en un despacho particular desde hace más de dos años.

Marcos Bucio, su vocero, se dedicó a sobrevivir en una empresa de telefonía, y también escribe en los diarios.

Guillermo Ruiz de Teresa, el coordinador de giras y quizá el hombre más allegado a Labastida, trabaja ahora en su propia consultoría privada y está empeñado en promover la realización de la Feria Universal en Querétaro, para el 2010.

Se ignora el paradero de Jorge Cárdenas, el hombre de más confianza de Labastida, quien le manejó las finanzas desde que fue  gobernador de Sinaloa, y hoy está acusado de peculado electoral, igual que el también sinaloense Carlos Almada, exvocero de Zedillo y secretario de elecciones en la campaña del 2000.

José Guadarrama Márquez, responsable de la estrategia electoral labastidista, abandonó el PRI desde septiembre del año pasado, después de que fue acusado de llevarse 220 millones de pesos que serían destinados a la “promoción del voto”. Ahora, encabeza el Frente Democrático Hidalguense, mediante el cual pretende disputar el poder en su estado a la familia Rojo Lugo, con alianzas electorales con el PRD.

Adolfo Orive, el principal asesor ideológico de Labastida, un hombre identificado con la organización de corte maoísta Línea de Masas, que en los años 70 trabajó en regiones de Nuevo León, Coahuila y Chiapas, también desapareció del escenario político, luego de haber ocupado el año pasado la secretaría de Agricultura en el gobierno del Estado de México.

El refugio

Sin grupo de apoyo, Labastida se refugió en el Centro de Estudios para el Desarrollo de México, creado por él a principios de octubre del 2000.

Todavía despachó más de un año en la casona que fue la casa de campaña en  la avenida Chapultepec. Pero la falta de recursos lo obligaron a cambiar de domicilio. En mayo del 2002 mudó sus oficinas a su casa de Lomas Virreyes.

A partir de entonces sus amistades comenzaron a alejarse: Esteban Moctezuma reapareció casi dos años después de las elecciones, lo mismo que Solís Cámara.

Entre quienes lo acompañaron con más constancia están Marcos Bucio e Ignacio Lara, sus viejo amigos desde Sinaloa. También el senador Emilio Gamboa, su principal operador político en la Secretaría de Gobernación y en el equipo de campaña, donde “palomeó” la lista de quienes serían diputados y senadores este sexenio, incluido él mismo.

Labastida escribe una columna política en El Sol de México. Mario Vázquez Raña, dueño del diario, y su hermano de Olegario –uno de los principales respaldos económicos del sinaloense–  mantienen el apoyo a quien en campaña le prestaron aviones, espacios en hoteles y recursos en espera de que fuera elegido presidente.

Ahí Labastida se reencontró con su viejo amigo Carlos Salomón Cámara, quien desde hace un año es director adjunto de la presidencia de la Organización Editorial Mexicana y publica todos los miércoles la columna “Templete” desde finales del 2000.

Lo que venga

Atrás quedaron las Redes por Labastida, Jóvenes por Labastida y Empresarios por Labastida, tres organizaciones creadas por su esposa María Teresa Uriarte, su hermano mayor Eduardo y amigos sinaloenses en un intento por competir con Amigos de Fox.

Estas organizaciones funcionaban de manera paralela a la estructura del PRI –similar a Amigos de Fox y el PAN– captando recursos. Se llegó a estimar que a través de estas agrupaciones Labastida recibiría más de 5 millones de votos, pero el 2 de julio del 2000 fracasaron.

Tras la derrota, Labastida ha salido pocas veces a la luz pública. No aparece en foros académicos ni en los de su partido. Sus últimas intervenciones en el PRI fueron en la 18 Asamblea Nacional celebrada en octubre del 2001. Su apoyo a Beatriz Paredes para sustituir a Dulce María Sauri en la presidencia del PRI también fracasó.

Con Roberto Madrazo como presidente nacional del PRI, el grupo de simpatizantes de Labastida sólo se encuentra en las Cámaras de Diputados y de Senadores.

En medio de la tormenta del Pemexgate, Guillermo Ruiz de Teresa comenta: “Labastida está muy pendiente de lo que pasa en el país, haciendo sus análisis. Pero está molesto por las acusaciones que la ha hecho el gobierno. No hay nada real”.

Ante la posibilidad de ser acusado por el desvío de 640 millones de pesos de Pemex a su campaña, en una entrevista publicada el jueves 10 en el diario La Crónica, Labastida retó a Fox: “Estoy totalmente listo para lo que venga. Aquí estoy”.

Acerca del autor

José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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