Fallo oficial: la Guadalupana es de origen divino

El arzobispo primado de México, Noberto Rivera Carrera, ha convertido a la imagen de la Virgen de Guadalupe en un jugoso negocio del que no rinde cuentas,  a través de lo que se denomina la Lotería Guadalupana, un sorteo que viola varias leyes federales y hasta el  Catecismo de la propia Iglesia Católica. Las autoridades civiles se han negado a intervenir argumentado, entre razones, que la imagen de la Virgen del Tepeyac es de “autoría divina” y por tanto nada pueden hacer para controlar su uso.     

 

“La Lotería Guadalupana, el juego de azar manejado desde hace años por el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, atenta contra varias disposiciones legales, debido a que utiliza con fines de lucro

la imagen de la Virgen de Guadalupe, que es un bien nacional cuya explotación comercial está prohibida”, asegura Jesús Ferral Novoa, director de Cronopolis, organización social dedicada a defender el patrimonio cultural del país.

Desde 1999, Ferral Novoa ha interpuesto demandas ante la Procuraduría General de la República (PGR),  la Secretaría de Gobernación y el Instituto Nacional del Derecho de Autor, para que impidan al cardenal seguir lucrando con la imagen guadalupana.

“Ninguna autoridad nos ha hecho caso. Tienen miedo de citar a declarar al cardenal Rivera Carrera, quien maneja la imagen guadalupana como si fuera suya. Y no es así. Esa imagen es un bien nacional protegido por la Ley de Monumentos Arqueológicos. Pertenece al pueblo de

México”, dice Ferral Novoa.

Entrevistado en su domicilio particular, el director de Cronopolis coloca al cardenal al mismo nivel de los grandes magnates mexicanos del juego, como Justo Fernández, Ramón Aguirre Velázquez y la familia Hank Rhon, permisionaria de las casas de apuesta Caliente.

Comenta: “La Lotería Guadalupana provoca el mismo desplumadero de dinero que los famosos centros Caliente. ¿Qué personas se han sacado el premio guadalupano? No lo sé. Quisiera saberlo. Obviamente que, para obtener el permiso y poder operar este sorteo, se está manejando mucho dinero por debajo de la mesa. Atrás del sorteo opera la delincuencia organizada. Hay cosas muy oscuras en todo esto. Pero no hay nadie que

le diga a Rivera Carrera: ‘¡Oiga, señor cardenal, ya párele, deje de usar un símbolo nacional y también sagrado para sacar dinero!’”.

Gallos, dados y bolita

En 1984, Ferral Novoa, con el apoyo del entonces arzobispo primado de México, Ernesto Corripio Ahumada, logró que la empresa vitivinícola Pedro Domecq suspendiera una publicidad televisiva con alusiones religiosas: asociaba el Arca de Noé con los brandis de la casa.

A mediados de los 90, Ferral fue uno de los principales opositores a la construcción de los modernos malls –se llamarían Plaza Jaguares– que el empresario Isaac Hilú Alfille proyectaba levantar en la zona de las pirámides de Teotihuacán.

Y durante la visita que el Papa Juan Pablo II realizó a México en enero de 1999, Cronopolis protestó y se logró detener un jugoso negocio que Rivera Carrera tenía con la empresa Sabritas: publicitar en las bolsas de papas fritas la visita papal. En los envoltorios venía una cinta adherida con el escudo del Vaticano y una leyenda que decía: “Totus tuus. IV visita de su santidad Juan Pablo II a México”. Y en las bolsas había diversas imágenes religiosas coleccionables  –Juan Pablo II, la Guadalupana, etcétera— que se  pegarían en un álbum.

Recuerda Ferral Novoa: “Norberto Rivera aparecía entonces en la televisión promoviendo las Sabritas. Para él, era una campaña moderna de evangelización. Logramos detener esa campaña. Sin embargo, jamás se mostraron los contratos mercantiles entre Sabritas y el arzobispado. Antes de esto ya había arrancado el sorteo guadalupano. Y en nuestras demandas de aquel tiempo, protestamos por ambas cosas. Hoy sólo sigue el sorteo.

No pudimos detenerlo”.

–¿Pero cuál es el problema, si sus ganancias se destinan a obras de beneficencia?

–Ese es el argumento clásico para violar la ley. Y se utiliza para organizar conciertos, tanto en zonas arqueológicas como en el Castillo de Chapultepec. Siendo así, pues entonces que los narcotraficantes destinen a los pobres parte de sus ganancias para no tener problemas con la justicia.

El Sorteo Guadalupano se inició en diciembre de 1997, y su objetivo –según el arzobispado– fue recaudar 2 millones de dólares para construir

la Casa del Peregrino, que serviría para alojar a los fieles que vienen a la Basílica de Guadalupe.

La imagen de la Virgen estampada en los boletos, así como la

oración del Ave María en su reverso, motivaron a los apostadores, al grado de que, a los tres meses, ya se habían vendido más de 5 millones de

boletos. Entusiasmado Rivera Carrera instaló módulos en las estaciones del Metro para vender su lotería, al igual que en tiendas de autoservicio.

Y Ventura Martínez del Río Arrangoiz, responsable del sorteo, declaraba satisfecho: “Al mexicano le gusta la jugada. El juego forma parte de su idiosincrasia, pues lo mismo apuesta en la baraja que en los gallos, los dados, la lotería, la bolita, y en infinidad de juegos clandestinos.”

Finalmente, la Casa del Peregrino se edificó en un área de 23 mil metros cuadrados, con capacidad para 6 mil personas. Cuenta con un estacionamiento para 150 autobuses. Se inauguró en diciembre del 2000.

Sin embargo, el Sorteo Guadalupano continúa. Y el arzobispado de México no explica a qué obras pías destina ahora sus ganancias, ni a cuánto ascienden. De ahí que Ferral Novoa sostenga que se está lucrando con el sorteo.

Violación del Catecismo

Actualmente, la oficina de la curia encargada de atender a los apostadores es Comunicación Humana, a cargo de Alfonso Navarro, señalado como miembro de los Legionarios de Cristo, quien además maneja la relación con los medios de comunicación.

El boleto del Sorteo Guadalupano cuesta 5 pesos. Es realmente un “ráscale” cuyos premios fluctúan entre 5 y 200 mil pesos. Su última emisión es de 4 series de 2 millones 400 mil boletos cada una.

El juego impulsado por Rivera Carrera es contrario incluso a los lineamientos morales de la Iglesia. El Catecismo de la Iglesia Católica indica que los juegos de azar “resultan moralmente inaceptables cuando privan a la persona de lo que le es necesario para atender a sus necesidades o a las de los demás. La pasión del juego corre el peligro de convertirse en una grave servidumbre. Apostar injustamente o hacer trampas en los juegos constituye materia grave”.

La propia Conferencia del Episcopado Mexicano emitió, el 19 de abril de 1996, una declaración dirigida a todos los fieles para condenar los juegos de azar, ya que, decía, por medio de ellos se despoja al prójimo de lo que ha ganado con su trabajo. Indicaba que el gancho de

estos juegos es el “dinero fácil” que hace apostar y ser esclavo de un “providencialismo temerario”. Le oponía el principio bíblico de “ganarse el pan con el sudor de la propia frente”.

Derechos de Autor ante “obras divinas”

En el terreno de las leyes civiles, según Ferral Novoa, esta lotería viola tres disposiciones: la Ley Federal de Monumentos Arqueológicos; la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público; y la Ley Federal de Derechos de Autor.

La violación a la primera, dice, consiste en que la imagen guadalupana, de acuerdo con el artículo 35, es realmente un “monumento arqueológico”, un bien nacional que debe ser resguardado por la Iglesia, la cual está obligada a promover su respeto, no su comercialización.

La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público estipula, en su artículo 8, que dichas agrupaciones deberán abstenerse de perseguir fines de lucro o preponderantemente económicos, cosa que, según Ferral Novoa, está haciendo el arzobispado mediante su lotería.

Finalmente, los artículos 157 y 158 de la Ley Federal de Derechos de Autor, dice Ferral, protegen la imagen guadalupana por ser una obra artística anónima y de carácter popular que forma parte de una tradición mexicana.

Hasta el momento, las demandas del quejoso sólo han recibido respuesta del Instituto Nacional del Derecho de Autor, dependiente de la Secretaría de Educación Pública (SEP). El instituto le comenta que sólo puede proteger las obras artísticas hechas por seres humanos, pero como la imagen guadalupana se estampó en la tilma de Juan Diego y es producto de un milagro, entonces no puede hacer nada.

Esta respuesta la recibió el 12 de agosto, en una carta firmada por Víctor Manuel Guízar López, director de Protección contra la Violación del Derecho de Autor. Guízar López señala que, de acuerdo con la ley, sólo puede proteger obras de tres tipos de autores: conocidos, anónimos y seudónimos. Y agrega que la ley “no contempla alguna categoría que infiera la posibilidad de una autoría no humana, como es el caso que nos ocupa”.

Por lo tanto, recalca, “la imagen de la Virgen de Guadalupe no puede ser tutelable por el ordenamiento legal” debido a que “ésta es cultural y socialmente reconocida como una imagen creada por una entidad divina”.                 Para Ferral Novoa, esta respuesta de la SEP es muy ilustrativa de la actitud que adoptan las autoridades actuales ante los atropellos de la

Iglesia: “Simplemente se salen por la tangente. Eluden su responsabilidad argumentando que la imagen guadalupana es una obra divina ante la cual

el Estado no puede hacer nada. En este caso concreto, hay un contubernio muy claro entre la arquidiócesis de México y la Secretaría de Gobernación, que fue la que otorgó el permiso para operar el juego de azar. Es, vuelvo a repetir, una mafia organizada que está dispuesta a comercializar todo lo

que le deje dinero. Están prostituyendo la imagen de la Virgen”.

Javier Moctezuma Barragán, subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos, considera que el sorteo no viola la Ley de Asociaciones Religiosas: “Una cosa son los fines de lucro y otra, muy distinta, es que las asociaciones religiosas se alleguen recursos para su mantenimiento. Para esto, cualquier Iglesia, ya sea la católica, las evangélicas o la que sea, pueden organizar rifas y colectas”.

Sostiene que la denuncia de Ferral Novoa carece de fundamento: “Las asociaciones religiosas no tienen fines lucrativos. Y obtienen recursos de manera lícita para construir sus templos o realizar sus festividades religiosas”.

“Vía libre” para otros sorteos

En el edificio de la Dirección de Juegos y Sorteos, de Gobernación, ubicado en la calle de Hamburgo, hay diariamente un constante ajetreo de galleros, palenqueros y empresarios de casas de juego que acuden a realizar todo tipo de trámites. Aguardan en una sala de espera, para luego ser atendidos por un grupo de solícitos “asesores” que los apoyan en sus gestiones.

En el primer piso están las oficinas del director, José Guadalupe Vargas Barrera, un hombre corpulento, de bigote pronunciado y trato abierto.

“Aquí no es ninguna institución religiosa para ponernos a ver si en los sorteos aparece o no la figura de un santo o de una virgen”, aclara de entrada.

Le sorprende que existan denuncias por el hecho de que el cardenal use a la guadalupana en su sorteo: “Yo por todos lados veo la imagen de la Virgen de Guadalupe, hasta en la publicidad de las medicinas. No sé por qué se quejan. Es más, el PRI siempre pone la bandera de México en sus sorteos. Y la bandera también es un símbolo de todos los mexicanos, ¿o qué no? Además, a estas oficinas no ha llegado ninguna denuncia. Y si algunos desean emprender una acción legal, pues que la fundamenten. Que digan qué ley se está violando para ver si es cierto. Con mucho gusto atenderemos las denuncias que se nos presenten”.

–¿El Sorteo Guadalupano cumple con todos los requisitos que piden aquí?

–Por supuesto. No hubiera obtenido el permiso si no cumpliera con nuestros requisitos. Y aquí también otorgamos permisos a otras asociaciones religiosas que organizan sorteos.

Y señala que si el clero zacatecano quiere obtener recursos mediante una lotería del Santo Niño de Atocha, puede hacerlo. Lo mismo si al jalisciense algún día se le ocurre organizar la lotería de la Virgen de San Juan de los Lagos.

Eso sí, advierte, la Dirección de Juegos y Sorteos jamás permitirá

que la Iglesia haga trampa a los apostadores: “Nuestro papel es garantizar los intereses del público en cuanto a la legalidad del sorteo. La función de nuestros interventores es vigilar la realización del sorteo y, obviamente, dar cuenta de los premios, los números premiados, levantar el acta de entrega de premios o, en su caso, hacer un reclamo de aquellos que no fueron entregados”.

–¿Ustedes vigilan que las ganancias de los sorteos de la Iglesia se apliquen efectivamente en obras de beneficencia?

–¡No!, ¡no! Eso no va con nosotros, ni la ley nos obliga a hacerlo.

No estamos para vigilar ese tipo de cosas. No podemos meternos en los asuntos internos de la Iglesia para ver en qué cosas están aplicando sus utilidades.

–¿Qué instancia gubernamental interviene entonces en esto?

–No sé si exista esa instancia. Y si la hay, ignoro cuál sea.

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