La política exterior se trazó antes de las elecciones

Pocos meses antes de las elecciones de julio de 2000, Jorge G. Castañeda entregó al candidato Vicente Fox un memorándum titulado “Apuntes de política exterior 2000-2006”, según el testimonio de Oppenheimer, el cual, finalmente se convirtió en el eje de las directrices aplicadas en el actual sexenio por la Cancillería mexicana

Una de las pocas áreas donde el gobierno de Fox marcó un cambio positivo fue en política exterior, donde el nuevo gobierno cumplió rápidamente casi todas sus promesas de campaña.

Fox, que tenía una noción general de lo que quería hacer en materia de política exterior pero nunca la había articulado en propuestas concretas, había pedido a varios de sus asesores durante la campaña que le prepararan propuestas específicas para la futura política exterior de México. Pocos meses antes de las elecciones, Castañeda le había entregado un memorando de nueve páginas, titulado “Apuntes de política exterior 2000-2006”, que dejaron claramente impresionado al futuro presidente. El documento, cuya copia pude obtener posteriormente, había varias propuestas ambiciosas encaminadas hacía un cambio sustancial en la política exterior del país.

El memorando comenzaba diciendo que “la política exterior de México requiere determinados ajustes a las nuevas circunstancias nacionales e internaciones. Si bien ha sido objeto de un virtual consenso en el país a lo largo de por lo menos el último medio siglo, también es cierto que el país, el mundo y las relaciones de México y el mundo han cambiado…”. Continuaba diciendo que “los principios y las premisas tradicionales de la política exterior permanecen vigentes y nos sirven como marco de referencia”, pero hacían falta “ajustes” para ponerla al día. El documento proponía cinco “tareas por cumplir”.

-Construir una imagen de país “honesto y en paz”: México tiene una imagen internacional de ser un país de reformas económicas importantes, pero plagado de corrupción inseguridad y conflictos armados, decía el memorando. Para cambiar esa imagen, hay que cambiar las cosas internamente. “De nada sirve que vaya nuestra secretaria de Relaciones Exteriores a Europa a hablar de los avances de la negociación en Chiapas si al día siguiente Marcos, que tiene mucha más presencia en determinados círculos  europeos que la Cancillería, dice exactamente lo contrario”, continuaba. Lo que había que hacer, entonces, era “poner la casa en orden”. Sugiriendo que ya era hora de permitir monitoreos internacionales de los derechos humanos en México, afirmaba: “Para poder seguir enarbolando la consigna de la no intervención, debemos dejar de temerla internacionalmente”.

-Construir “nuestra propia agenda con Estados Unidos”: El memorando decía que México se encontraba “sin brújula, sin ambición, sin agenda” en sus relaciones con Estados Unidos, y proponía una “profundización” del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el mismo acuerdo que Castañeda había criticado pocos años antes. “No hay razón alguna para pensar que es un documento negociado de una vez y para siempre inamovible”, decía ahora. Había que pedir “mecanismos de financiamiento compensatorio” para obras de infraestructura y gastos de “cohesión social” en México, como los que la Unión Europea le había dado a España para construir puentes y caminos que habían impulsado un crecimiento económico impresionante en ese país para beneficio de todos sus vecinos.

Había que incluir un acuerdo migratorio con Estados Unidos. “No es evidente que poamos seguir con la actual política mexicana, la misma desde hace muchísimos años, basada en una relativa indiferencia frente al tema migratorio” decía el memorando. La época dorada de la migración mexicana a Estados Unidos había llegado a su fin y la nueva tendencia de Washington era recortar cada vez más el número de migrantes.

“Estos esfuerzos repercuten de modo inevitable en el flujo”, decía. “Por tanto, resulta difícil imaginar que pueda sostenerse durante mucho tiempo la tesis o la realidad de un flujo generalizado y libre. Habrá que decidir si le conviene al país negociar un acuerdo migratorio con Estados Unidos que permita conseguir un número más elevado de visas y entradas documentadas a Estados Unidos del que tenemos hoy, a cambio de algún tipo de corresponsabilidad para regular el flujo no documentado”.

Así mismo, había que exigir a Estados Unidos terminar con su proceso de certificación unilateral de la cooperación de los países en la lucha contra las drogas. Agregaba que, “de ser posible, sería deseable evitar que a cambio e impusiera una certificación multilateral, como la que se ha impulsado erróneamente en la Organización de Estados Americanos. Lo ideal es evitar cualquier juicio externo, de cualquier índole”.

Finalmente, en el capítulo sobre Estados Unidos, el memorando señalaba que la experiencia de las organizaciones supranacionales de la Unión Europea mostraba que éstas habían servido más a las naciones más pequeñas de Europa que a las más poderosas. “Si concluimos que las instituciones supranacionales auxilian más bien a los países pequeños y menos a los grandes, entonces debemos determinar si dentro de la profundización del TLC con Estados Unidos Y Canadá No podemos abanderar la creación paulatina de distintas instituciones supranacionales, desde el North American Development Bank de San Antonio, que nunca despegó, hasta muchas otras de gran interés para México. El proceso podría abarcar también, por supuesto, la construcción de instituciones políticas”.

-Construir “un mercado común de la Cuenca del Caribe”: México debía impulsar la creación de un mercado común con Centroamérica y el Caribe. “El proyecto puede ser muy atractivo para México desde el punto de vista de la ampliación de nuestro mercado, de la búsqueda de nuevos proveedores y también como un contrapeso frente a Estados Unidos”, decía el memo.

-“Revigorizar nuestra presencia en los organismos internacionales”: México debía dinamizar su presencia en la diplomacia internacional ocupando un asiento como miembro permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ya habían pasado casi dos décadas desde que México había ocupado esa posición, y los recientes gobiernos -por motivos de políticas interna y externa- habían omitido esa oportunidad para ejercer un liderazgo mayor en la agenda internacional.

-“Resultaría casi imposible revigorizar la presencia mexicana en los organismos internacionales en su conjunto si mantenemos una renuencia o franco temor ante la participación en los foros de mayor importancia y prestigio”, decía el memorando. “Si nosotros queremos el apoyo de otras naciones para nuestra agenda, debemos corresponder a solicitudes análogas de otros, y para ello la ocupación de espacios es indispensable”. Así mismo, había que aumentar las cuotas de funcionarios mexicanos en organismos internacionales y ser “mas propositivos en lo tocante a la creación de la llamada nueva arquitectura del sistema financiero internacional”.

-Proyectar la cultura mexicana, tal como lo h hicieron España o Francia, como la carta de presentación del país ante el resto de países. México debía encontrar su particularidad en el mundo. “Propongo hacer de la difusión de la cultura mexicana la piedra angular y la ventaja comparativa de nuestra política exterior, en lugar de un pretencioso y engañoso primermundismo, de un tercermundismo inviable o de una ilusa excelencia macroeconómica y una competitividad esclavista”, decía el memorando. “Debemos multiplicar y fortalecer los institutos culturales mexicanos en el mundo, reclutar a artistas, escultores, académicos y otras figuras culturales de México para convertirlos en abanderados de esa presencia, promover becas… (y) repetir, hasta donde sea posible, la experiencia de países como Francia con la Alliance Francaise, España con el Instituto Cervantes, Alemania con el Instituto Goethe, Inglaterra con e British Council, de fomentar el conocimiento de México”.

-La cultura mexicana “es nuestra ventaja comparativa: no el petróleo o el sol, ni las naranjas o jitomates del TLC, ni los talentos de nuestros funcionarios. En épocas en las que las que naciones como Francia e Italia enfatizan su diferencia a través de su pasado y su manufactura cultura, México, cuyos esplendores culturales no le piden nada a países como ésos, debería deciarle4 la misma importancia, los mismos recursos, la misma voluntad política a esta tarea”, concluía. “El país se ve obligado hoy a reencontrar y reconquistar su lugar en el mundo…”.

 

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