Comenzó el juego de las alianzas en Brasil

Yana Marull

Apenas terminada la primera vuelta en las elecciones de Brasil, los principales candidatos –Luis Inacio Lula da Silva y José Serra– iniciaron rápidas alianzas políticas tanto para definir la estrategia de campaña para la segunda vuelta –que se inicia este lunes 14—como para establecer las “bases políticas” con las que gobernarían en caso de ganar las elecciones. A pesar del amplio triunfo en la primera vuelta de Lula, nada está decidido. La crisis financiera es ahora una arma de doble filo que puede jugar a favor o en contra de cualquiera de los candidatos.

SAO PAULO.- Inmediatamente después de la amplia victoria en la primera vuelta del líder de la izquierda brasileña, Luis Inacio Lula da Silva, los partidos políticos –nacionales y regionales—empezaron a negociar alianzas y estrategias.

Tratan de definir tanto la campaña electoral para la segunda vuelta –que oficialmente se inicia este lunes 14— como las futuras bases del gobierno del candidato que gane las elecciones del próximo domingo 27.

Lo hacen en medio de un difícil clima económico y financiero que afecta tanto a Lula como a José Serra, el candidato apoyado por el gobierno del presidente Fernando Henrique Cardoso.

Si se recurre a la historia, Lula –quien obtuvo poco más de 46% de los votos, contra 23% de Serra, candidato del gobierno socialdemócrata—resultaría el ganador. Y es que, según la consultora MCM –que realizó un estudio sobre las últimas 30 elecciones regionales en los estados decididas en segunda vuelta— apenas en 6 casos ganó el candidato que tenía menos votos en la primera vuelta, y apenas dos candidatos que tenían desventaja de más de 10% del favorito lograron vencer.

Pero nada está decidido. Serra –el economista de 60 años, delfín del presidente Cardoso—hizo una analogía futbolística: “El partido comienza de nuevo”, dijo para reafirmar su aspiración de darle la voltereta al marcador.

El frente antigobierno

Lula abrió el juego en la misma noche del domingo 6, día de las primera vuelta de las elecciones.

Después de esperar los resultados en un tenso comité de campaña en Sao Paulo, rodeado de directivos de su partido y de su familia, y escoltado en otra sala por  líderes de la izquierda latinoamericana –como el mexicano Cuauhtémoc Cárdenas–, Lula expresó su idea: aglutinar a toda la oposición en un gran frente antigobierno. Rápidamente se movió para sumar a los dos candidatos que no pasaron a la segunda vuelta: el centroizquierdista Ciro Gomes y el socialista Anthony Garotinho. Los votos en la primera vuelta de los tres candidatos sumaron 76%.

De inmediato el exlíder sindical llamó por teléfono al excandidato Ciro Gomes.  Luego abrió un frente de reuniones encabezadas por el tejedor de las alianzas y presidente del PT, José Dirceu, considerado el alma detrás de la campaña, quien se lanzó a una vorágine de llamadas telefónicas para conseguir el máximo de apoyos a Lula.

Lula fue claro sobre la amplitud de votos que espera recoger para asegurar su victoria. No quiere que se le escape de las manos su cuarta candidatura presidencial: “Queremos tener un discurso para el pueblo que no votó por el PT, pero que votó por la oposición. Intentaremos convencer a esas personas y, obviamente, será más fácil si traemos a nuestro lado a los candidatos” Gomes y Garotinho. “Vamos a intentar convencer a todos los electores de este país que votaron contra un modelo económico y por la oposición”.

Más aún: “Quiero el voto hasta de quien no quiere cambio. El 13 (número de su candidatura que marcaron sus votantes en las urnas electrónicas) es bueno para este país, sea un voto llegado de la derecha o de la izquierda”.

Atrás de esos apoyos, reconoce el secretario de Formación Política del PT, Joaquim Soriano, existe “una opinión de la dirección y de la coordinación de la campaña de que la coalición victoriosa en la segunda vuelta será invitada a participar del gobierno”, sí Lula gana las elecciones.

Lula convocará a la selección de Brasil con los mejores técnicos, y no pensando apenas en su afiliación partidista”, sugirió Aloizio Mercadante, senador, y uno de los hombres de confianza de Lula.

Una trampa se esconde detrás de los votos de Ciro Gomes y Anthony Garotinho, reconoció ante un pequeño grupo de periodistas el asesor internacional de Lula y secretario de Cultura de Sao Paulo, Marco Aurelio García. Y recordó lo que varias encuestas mostraron recientemente: que en el voto a favor de Gomes y Garotinho existe un componente “anti-Lula” que ahora se irá con Serra. Aún así, según García, con apenas un tercio de esos votos “ya tenemos la victoria”.

Del voto conservador Lula mantiene el del Partido Liberal (PL), no muy grande, pero con acercamiento al voto de los evangélicos y al empresariado, este último de la mano de su candidato a vicepresidente, el industrial multimillonario y liberal José Alencar.

La coalición del gobierno

José Serra –exministro de Salud que enfrentó a las grandes multinacionales farmacéuticas para conseguir insólitas rebajas en los precios de los medicamentos para el sida— fue el segundo en lanzar su estrategia: volver a construir la coalición que permitió a Cardoso gobernar durante dos mandatos.

Serra desapareció del mapa durante casi dos días después de terminada la primera vuelta. Estaba inmerso en un frenesí de reuniones claves con los principales dirigentes de los partidos que lo acompañarán en la segunda vuelta. Las reuniones las realizó en su casa, en un lujoso hotel de Sao Paulo, y en Brasilia.

En la primera vuelta Serra tuvo el apoyo de su Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y el centroderechista Partido de Movimiento Democrático (PMDB), que le aporta su candidata a vicepresidente, Rita Camata.

Para la segunda vuelta, Serra consiguió la recomendación del voto del conservador Partido de Frente Liberal (PFL). Utilizó para ello la mediación del vicepresidente Marco Maciel, alto cuadro de los ultraconservadores. El PFL abandonó la coalición con Cardoso en marzo último, cuando culpó al gobierno, e indirectamente a Serra, de la investigación e intervención en una empresa de su entonces prometedora candidata Roseana Sarney, escándalo que la obligó a dejar de ser presidenciable.

También se espera que vuelva a apoyar a Serra parte del otro gran partido conservador: el Progresista Brasileño (PPB).

“La avalancha de votos de izquierda en el Congreso encendió en los partidos de la antigua base gubernamental, sobretodo en el PFL, el fantasma de que Lula podría encabezar un gobierno de izquierda pura sangre”, analizó la semana pasada la revista de opinión política Primeira Leitura.

Pero esos apoyos de Serra tienen fisuras. El PMDB apoya en algunos Estados a Lula, entre ellos el clan del expresidente José Sarney, padre de Roseana Sarney. Tampoco algunos grandes del PFL seguirán a Serra, como el gran cacique y líder histórico de este partido, Antonio Carlos Magalhaes, quien nunca le perdonó al gobierno su destitución del Senado.

La estrategia

La campaña electoral, con menos de dos semanas por delante, será la que incline definitivamente la balanza hacia cualquiera de los dos candidatos.

La expresión “Lula paz y amor” –como él mismo llegó a definirse y que fue un lema de campaña para la primera vuelta–, será ahora difícil de sostener. Y es que, todos coinciden: ahora la campaña se radicalizará  en dos propuestas: Serra aglutinando a la derecha y la centro-derecha,  a pesar de ser socialdemócrata; y Lula a la centro izquierda, incluidos los socialistas de Garotinho.

A pesar de la ventaja de Lula, “Serra no está derrotado”, opina el analista del Instituto de Estudios Políticos Brasileño (Ibep) Luciano Dias.

Explica: “Las alianzas de Serra no le garantizan la victoria, sobretodo porque Cardoso ha perdido la parte que arrastra votos de la base que lo apoyó. Pero el desempeño de su campaña será importante y, sobretodo, las cartas que jugará en ésta. Seguramente tendrá que recurrir a una campaña negativa, y explotar contra Lula el hecho de que no tiene estudios superiores, su pasado radical de izquierda y el peligro de desestabilización del país”.

Para el analista, las alianzas que los candidatos están tejiendo definen la base de su gobernabilidad, ya que ninguno de los dos partidos, el de Serra y el de Lula, tienen mayoría absoluta en el Congreso. Serra, “presenta una mayor base de gobierno con el apoyo de los grandes partidos que permitieron la elección y formaron la base de gobierno de Fernando Henrique Cardoso”, según el analista Ney Figuereido, consejero de la Confederación Nacional de la Industria.

En las votaciones del domingo 6, el PT consiguió el mejor resultado de su historia: será la primera fuerza en la Cámara de Diputados y la tercera en el Senado. Si a ello se agrega “la fragmentación” de los apoyos de Sierra, éste tendría en un eventual triunfo una oposición mucho mayor que la de Cardoso, según Dias.

“En términos de gobernabilidad, si Lula es elegido (teniendo en cuenta las coaliciones que está tejiendo), podría contar con el apoyo de 309 diputados y 48 senadores. Sí Serra se convierte en presidente, puede contar con 308 diputados y 57 senadores. En ambos casos, alcanzan apenas los tres quintos” del Congreso,  necesarios para decisiones de gran envergadura, destaca el profesor de la Universidad de Brasilia, David Fleischer.

Como ocurrió desde el inicio de la contienda, otra vez la crisis financiera arremetió contra Brasil. El real perdió 3.2% de su valor frente al dólar el lunes 7, y su depreciación ha sido del 40% en apenas cinco meses.

“Para el mercado lo que cuentan son las definiciones, lo más claras y rápidas posible. Con una segunda vuelta electoral, retornan las indefiniciones al sector financiero”, ha dicho Roberto Troster, economista jefe de la Federación de Asociaciones de Bancos (Febraban)

Pero esta crisis financiera cae con igual peso tanto sobre la oposición –que no tiene asegurada la confianza de los mercados–, como del gobierno, que no consiguió calmarlos ni con el mayor paquete ya otorgado por el Fondo Monetario Internacional de 30 mil millones de dólares.

En los hechos, la crisis se convirtió en un arma de doble filo, según quién la utilice y cómo.

La crisis “empeora la situación de Serra, porque cae sobre el gobierno de su mentor: Cardoso. A no ser que (Serra) consiga convencer al electorado de que la culpa es de Lula“, según Dias.

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