Vivir para… ¿contarla o contarlo?, de García Márquez

Sanjuana Martínez

MADRID.- El universo literario de Gabriel García Márquez no sólo está implícito en el primero volumen de sus memorias Vivir para contarla, sino también en las correcciones que el Nobel de Literatura hizo hasta el último momento.

El original entregado a la Editorial Mondadori sufrió 400 correcciones en menos de tres meses; la última, precisamente el título, que en principio era Vivir para contarlo, y posteriormente cambió a Vivir para contarla.

El cambio fue de “ultimísima hora”, como dice Proceso Cristina Salazar, de la editorial Mondadori, que en su dossier de prensa aún lo envía bajo el primero de los títulos.

A sus 75 años, el narrador colombiano se rige bajo el mismo espíritu de perfección y continúa revisando meticulosamente sus obras antes de publicarlas.

El título Vivir para contarlo estaba previsto desde que el escritor colombiano inició la redacción de sus memorias en 1989, pero un mes antes de entrar a la imprenta, en concreto el 25 de agosto, el autor de Cien años de soledad llamó para hacer el cambio.

Las modificaciones provocaron también que la revista del Círculo de Lectores/Galaxia Gutemberg anuncie en su último número la obra bajo el primer título, y con una frase distinta a la que inicia el primer volumen de memorias en librerías desde el 10 de octubre: “La vida no es lo que sucedió, sino lo que uno recuerda y cómo lo recuerda”.

García Márquez cambió también esa frase, con la que explica en el inicio de la obra su último cambio: “La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

“¿Cómo debe decirse? No importa, lo que sea correcto: ‘contarla’ o ‘contarlo’. Lo importante es que el autor hizo ese cambio y hay que respetar su deseo”, dice Miguel Ángel Delgado, de Círculo de Lectores.

Salazar señala que para el 14 de septiembre se cerro el manuscrito y que el libro tiró 1 millón de ejemplares; en España, en su primer día en librerías, se vendieron 10 mil 500 ejemplares.

Según fuentes consultadas por Proceso, se han pagado por sus derechos entre 5 y 10 millones de dólares, pero el monto exacto es guardado celosamente en secreto por la agente literaria Carmen Balcells, quien ya está gestionando con el mismo éxito financiero los derechos de la edición a otros idiomas de Vivir para contarla.

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