Proyecto Konfort

Podemos ubicar los orígenes de lo que es hoy la música compuesta y realizada por los más avanzados medios de la tecnología, en la década de los años cuarenta.

Si bien Filippo Tommaso Marinetti (1976-1944), Francesco Balilla Pratella (1880-1955) y Luigi Russolo (1885-1947), constituyen los primeros antecedentes de una ampliación radical en la concepción del arte musical, en los inicios del siglo pasado, es con el francés Pierre Schaffer (1910) con quien da comienzo una expansión más, una renovación de las filosofías estéticas de la música actual.

Hacía 1948, en Radio Francia, Schaffer solía coleccionar y explorar con los sonidos ambientales (de la ciudad, así como los producidos por objetos diversos) empleados en las radionovelas, para finales de ese mismo año, llevó a cabo su Concierto de Ruidos con materiales sonoros que, grabados en un disco, tenían la posibilidad de modificar su velocidad original y así dar por resultado sonidos –ruidos- inusitados hasta entonces, en un contexto y elaboración propiamente musical.

De tal suerte, nació la música concreta, antecesora inmediata de la música electrónica, que sin soslayar las fuentes de la primera, al contrario, las enriquece al tomarlas y manipularlas para crear nuevos sonidos. Por otra parte, la música puramente electrónica excluye todo elemento sonoro que no sea sintético.

Al principio, los resultados de sonido considerados primero obras musicales (electrónicas o concretas), frecuentemente eran concebidos, estructurados y desarrollados por el compositor, pero realizados con la asistencia y conocimientos especializados de un ingeniero o técnico en electrónica.

Después, la evolución de los equipos desembocó en la construcción de los primeros sintetizadotes ideados por Robert Moog (1934) y Donald Buchla (1936).

En México, Carlos Jiménez Mabarak (1916-1994) introdujo con su obra El paraíso de los ahogados, para la coreografía homónima de Guillermina Bravo (1920); y el ingeniero Raúl Pavón (1931) creó antes que Moog y Buchla, el Omnifón, primer sintetizador mexicano.

Hasta antes de la aparición de esas corrientes y estéticas musicales, la creación de este arte consistía exclusivamente en “inyectar” nuevos lenguajes y formas de organización de la materia prima; después, el compositor tuvo también la opción de inventar la propia materia prima, en donde –lógica y necesariamente-, el ruido y el silencio adquirieron personalidad musical relevante, tanta como los sonidos de los instrumentos convencionales.

Hoy, con el uso de la computadora, los sintetizadores, y una gran variedad de equipos periféricos para generar, procesar y modificar el sonido, así como para estructurar discursos diferentes, el compositor tiene ante sí una cantidad de posibilidades cuyo único límite son su imaginación y capacidad.

Discos Konfort es una nueva etiqueta en México que inicia con dos producciones discográficas que aún no se distribuyen  comercialmente: Minimas texturas (Konfort 001) y Máximas texturas (Konfort 002).

El material reunido en los CD, de jóvenes músicos, no consiste sino en distintas tendencias, semejantes (o mismos) sonidos y equipos, así como resultados similares, no obstante la aparente variabilidad de los postulados.

Por su instrumental, genéricamente es fácil ubicarla toda dentro de la música techno, con ciertas influencias (evidentes o a veces no tan explícitas), provenientes de músicas más Light y suaves como el  new age, o la música disco de los setenta, sólo que aquí la frívola repetición mediante el empleo de loops, parece ser gene medular y determinante de un camino que, por ya andado, se vuelve estéril (musicalmente) paso a paso y sobre las mismas pisadas.

Por principio, toda música es válida en sus propios términos y para sus propios objetivos; ésta es una manifestación de jóvenes para jóvenes, en la que Discos Konfort y Grabaciones de Cuarto Blanco han aceptado y tomando el riesgo de grabar una música rítmicamente encuadrada de manera totalizadora (y limitante), en compás de cuatro cuartos, acordes y giros armónicos elementales, y de casi nula imaginación en las construcciones melódicas y formales. En todo caso, el color instrumental de algunos pasajes se vuelve la luz en tal contexto.

En el concierto de presentación que tuvo lugar en el X Teresa Arte Actual en días pasados, la incapacidad de los músicos para balancear tanto la sonorización como la estructura –y duración en tiempo real- de las piezas, evidenció y comprobó la inaplazable necesidad de realizar algunos estudios musicales que les permitan orientar sus inquietudes artísticas para “armar” mejor sus trabajos musicales, y no convertirse en simples y malos epígonos.

Así mismo, hace falta documentarse par ano explorar lo explorado y pretender que se ha innovado cada sonido; al mismo tiempo, con pleno conocimiento de causa –saber acerca de ataques y articulaciones, envolventes y decaimientos, modulaciones de frecuencia, etcétera-. Entregar a sus escuchas un producto artístico de mejorada calidad, puede ser un objetivo útil.

 

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