“El diván de Valentina” y otros cuentos

Son muchos los títulos de la barra Niños del Once, un total de 25. De éstos, elegimos dos, uno de fractura local: El diván de Valentina, y otro realizado en Canadá: Zooboomafoo.

El primero es una ficción con una niña como protagonista y tres más como personajes secundarios. Además de los papás, la tía, la abuela y otros parientes. Es decir, una familia como muchas, de clase media urbana. El segundo también ficción, pero tiene momentos educativos en forma de documental. Intervienen dos jóvenes y el resto son plantas y animales reales, otros de peluche que hablan y tiene algunas partes totalmente dedicadas al dibujo animado.

El diván de Valentina es para niños que ya tienen capacidad para seguir una historia hilada con todo y sus interrupciones para anuncios. Hay partes dedicadas a los que ya van a la escuela y saben leer, puesto que Valentina  es una gran lectora que casi siempre tiene un volumen en la mano. En la serie se hace alusión al texto en el que la niña está interesada. Y se aplican  algunas de sus tesis. Ello sirve para hacer menos acuciosas las preocupaciones de Valentina. Y de cierta manera para interesar a los niños en los cuentos que la pequeña lee y disfruta.

Los guiones son muy sencillos y en la escenificación intervienen cuatro niños, uno es un bebé que apenas comienza a caminar, y varios adultos. Esto hace que la trama sea divertida y variada, aunque el tema no tenga ninguna complicación. Los que actúan mejor, de manera más natural, son los pequeños. Por lo general se trata de asuntos de la vida cotidiana y el espacio es la casa y el jardín. Los televidentes de corta edad pueden identificarse así con niños que pasan su tiempo libre haciendo algo más que mirar una pantalla, aunque ésta sirva para educarlos y entretenerlos.

La serie Zooboomafoo es mucho más compleja en su realización, aunque carezca de una historia lineal. Al conjugar los tantos elementos, los niños no pueden perder a atención. Los colores, las formas, el movimiento y dentro de todo la inclusión de dos jóvenes que explican, participan, corren aventuras, se caen, se mojan, se ensucian le da un ritmo extraordinario al programa.

Parece una serie pensaba para que la disfruten niños de varias edades, desde los que aún no hablan por la música y los dibujos animales de seres que no son copia fiel de los existentes en la naturaleza, sino invenciones a gusto del productor muy plásticos y de rápida transformación, hasta para los de siete y ocho años que ya disfrutan co las peripecias que sufren los adultos y observan de manera más definida a los animales reales, a las plantas que se presentan y a los procesos que son ejemplificados, en tiempo acelerado. Por ejemplo la siembra de una semilla y su crecimiento, así como la polinización de las flores por medio de abejas y otros insectos.

En Zooboomafoo todo sucede de prisa, en un aparente desorden, sin guión previo, pero todo dejado a la improvisación y a lo que va sucediendo. Entran y salen de escena personajes, situaciones, animales y los muñequitos dibujados. No es necesario estar muy atento, pues después de pocos minutos cada quien tendrá lo que espera. Animalandia da para todos y los expertos en este mundo, Cris y Martin, están ahí para intentar algunas explicaciones.

Zoboo es un animal de peluche animado que habla y que junto a los dos expertos se ocupa de dar las noticias que va cosechando con sus investigaciones. También inventa aparatos para hablar con las plantas que le sirven solamente a él.

El diván de Valentina tendrá nuevos capítulos, lo mismo que la serie canadiense. El primero sólo se difunde el miércoles a las 15:30, mientras que Zooboomafoo de lunes a jueves. Ambos forman parte de una constelación que inicia a las 13 horas con Ventana de colores y termina a las 17:30 cuando comienza la programación destinada a los jóvenes.

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