Emilio García Riera y su obra inconmensurable

GUADALAJARA, JAL.- El investigador y guionista de cine Emilio García Riera no cesaba de trabajar a pesar de su enfermedad. En las últimas entrevistas con este semanario, del cual fue el primer crítico cinematográfico, habló de que últimamente se dedicaba a sus novelas. Iba en la cuarta: “Tengo dos publicadas y otra está entregada a Cal y Arena. Me gusta mucho escribir novelas.”

Aquejado desde hacía tres años por una fibrosis pulmonar que sólo le permitía respirar con el auxilio de un tanque de oxígeno al lado –fue un fumador de toda la vida-, murió el viernes 11 a las ocho y media del mañana en su residencia de la colonia Lomas del Valle, en Zapopan.

Ganador de un Premio Xavier Villaurrutia por su libro autobiográfico El cine es mejor que la vida, García Riera iba a cumplir 71 años el 17 de noviembre. Nació en Ibiza, España, en 1931, y llegó a México en 1944.

En 1986 el rector de la Universidad de Guadalajara, Raúl Padilla, quien fundó la Feria Internacional del Libro invitó a García Riera a radicar en la capital tapatía y fundar ahí un CIES (Centro de Investigación y Estudios Cinematográficos) para que pudiera dedicarse de tiempo completo a la investigación, según contó a este semanario dos años después (Proceso, 616).

Autor prolífico –entre sus obras destacan los 18 tomos de la Historia documental del cine mexicano, obra que alcanzó 18 volúmenes y dos ediciones, la primera entre 1969, y 1978 y la segunda entre 1992 y 1997, además quería sacar la tercera, seis tomos de México visto por el extranjero y Breve historia del cine mexicano-, también acababa de terminar una segunda parte de su autobiografía e iba a recibir el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Guadalajara, y el Mayahuel de Oro en la Muestra de Cine Mexicano de 2003, que surgió también como impulso suyo. El historiador del cine mexicano que empezó escribiendo en 1957 en el suplemento  de Novedades “México en la Cultura”, y quien dijo arias veces haber visto al rededor de 3 mil películas  de toda clase, buenas, regulares y malas, fue catedrático de la Universidad de Guadalajara.

Conocido de todo el mundo de la cinematografía mexicana, amigo de algunos de los más grandes de sus protagonistas y formador de varias generaciones, García Riera tuvo, hace cinco años, enfrentamientos verbales con el cineasta Jaime Humberto Hermosillo, quien lo acusó de que la U. de G. le retirara un apoyo económico mensual porque, según él, el crítico había presionado al rector Padilla López para que no apoyara cine de homosexuales (Proceso 1081). García Riera lo refutó y rechazó enfático “cualquier connotación homofóbica”.

Al lado de su perfil como investigador de cine, hizo los guiones de películas como En el balcón vacío (1964) y Los días del amor (1971), de Alberto Isaac. Así mismo, tuvo su etapa de actor en Tiempo de morir (1965), de Arturo Ripstein; El mundo loco de los jóvenes (1966), de José María Fernández Unsaín, y Reed México Insurgente (1970), de Paul Leduc, entre otras.

Además de los reconocimientos prometidos recientemente –y sobre los cuales su esposa Cristina Martín aseguró que muy probablemente no acudiría a recibirlos por su estado de salud, pero que lo reanimaban-, García Riera recibió este año el Ariel de Oro de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Entonces dijo entre risas por teléfono a este semanario:

“No sé si lo merezco.”

Cristina Martín recogió el galardón.

Cuando en diciembre de 1999 recibió el Premio de Periodismo Cultural Fernando Benítez en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, lo acompañaron algunos de sus amigos, entre ellos el diseñador Vicente Rojo y el crítico Leonardo García Tsao.

Rojo expresó entonces:

“Él (García Riera) dijo que el cine es mejor que la vida, pero Emilio es mejor que el cine.”

Antes de que sus restos fueran velados en Funerales El Carmen recibió un homenaje en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara en donde el rector, José Trinidad Padilla López, anunció el otorgamiento del doctorado honoris causa post mortem.

A García Riera le apasionaba el cine de los años treinta “porque hay una industria que nace, una industria que despega”, pero aseguraba que en su mayor parte el cine mexicano había sido malo:

“Muy obediente a pésimas razones económicas de mercachifles, pero al mismo tiempo es un documento social interesantísimo.”

De lo último vio poco, pero señaló:

“El cine actual y ano tiene el aroma de la nostalgia.” (Con información de Columba Vértiz)

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