“Cuidado con Suauto”

Señor director:

Hace poco más de un año tuve la mala fortuna de ingresar al programa de autofinanciamiento de Chevrolet denominado “Suauto”, con la ingenua idea de hacerme de un vehículo nuevo atendiendo a su eslogan “sin enganche y sin intereses”, lo cual resultó totalmente falso, ya que esta empresa, sin prestarle al interesado un solo peso, incrementa en 30% el costo del automóvil, sin contar gastos de administración, seguro de vida, IVA y seguro del automóvil.

Fui invitada telefónicamente por el agente Martín Ramos, de la distribuidora Taxqueña Motors, en agosto del año pasado. Subasté en septiembre y me avisaron de la adjudicación de un Chevy Pop en los primeros días de octubre. Tras presentar todos los documentos y cubrir los requisitos, ya no recibí ninguna notificación. Cansada de esperar, acudí a la Profeco de la delegación  Cuauhtémoc (queja 3648/2001/801), ya que, de acuerdo con el contrato, la empresa cuenta con 25 días naturales para hacer la entrega.

Luego de tres audiencias infructuosas y de un sinnúmero de triquiñuelas legales para tratar de hacerme aparecer como la incumplida, el 15 de febrero de 2002 se cerró el caso y entró a dictamen por parte de Profeco, dependencia que tuvo que desahogar otra serie de recursos legaloides absurdos y, por fin, el 27 de junio salió la resolución que condenaba a la empresa a pagar una multa de mil 500 días de salario mínimo, dejando a salvo mis derechos.

No obstante, la empresa se ha negado a regresarme el dinero íntegro que deposité, además de dos aportaciones económicas por incumplimiento del contrato, y ahora pretende, como si nada, descontarme dos mensualidades como si hubiera sido yo quien decidió abandonar el autofinanciamiento.

Esto es una alerta para que los numerosos y asiduos lectores de Proceso no se dejen sorprender: el supuesto autofinanciamiento sale más caro que un crédito automotriz o bancario, y constituye un gravísimo atentado contra la economía familiar, pues si no se acepta el sobreprecio, el cliente es penalizado con dos aportaciones. Así el negocio es redondo, ¿verdad?

Por último, tengo una inconformidad con Profeco, por el hecho de que no quiso profundizar en la elevación desproporcionada del precio del automóvil, que a la larga perjudica igual o más que la lentitud para entregar los vehículos, si se toma en cuenta que, cada año, se integran por lo menos 10 grupos de 100 personas cada uno. (Carta resumida.)

Atentamente

Lucía Luna Herrera

lucialuna2002@yahoo.com.mx

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